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ENTREVISTA EN GARA/NAIZ

Jun 1, 2021   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
El rock radikal vasco se ha desactivado como elemento subversivo» | Cultura  | Naiz
Foto: Gara

“El Rock Radikal Vasco se ha desactivado como elemento subversivo”

Miren Lacalle /GARA/NAIZ 30/05/21

Tras la buen acogida de “Tratado de hortografía”, Irurzun entrega con “Chucherías Herodes” un nuevo capítulo de esta serie de novelas en la que el Rock Radikal Vasco es un decorado de fondo sobre el que traer a escena temas como las relaciones con hijos adolescentes o la precariedad, siempre con el inconfundible tono tragicómico del escritor txantreano.

Su anterior novela, Tratado de hortografía, ha tenido tres ediciones y ha sido publicada en México. Con Chucherías Herodes el escritor y colaborador de Gara Patxi Irurzun retoma las peripecias del cantante de la ficticia banda punk y ochentera Los Tampones. En esta ocasión nos encontramos al protagonista participando en un concurso televisivo, en el que aparece vestido con camisetas de Eskorbuto o Lendakaris muertos (pero donde también baila el baile de los pajaritos), pidiendo en la calle disfrazado de Spiderman o grabando una versión trap del único éxito de Los Tampones: “Estamos contra las reglas”. La novela intercala varios códigos QR sobre rock vasco, los 80, etc. y se completa con tres relatos, dos de ellos inéditos.

Chucherías Herodes es la continuación de Tratado de hortografía, que  tuvo una gran acogida. ¿Ha sido eso lo que le ha llevado a escribir esta segunda parte?

La verdad es que Tratado de hortografía es una novela que ha tenido muchos lectores, varias ediciones, ha sido publicada en México, y, sobre todo, desde el primer día que se publicó he recibido, casi a diario, mensajes de personas que se han sentido muy identificadas con lo que cuento en ella, se han emocionado y se han reído con la novela… Todo eso, desde luego, anima para retomar la historia, pero en realidad era algo que ya tenía decidido con anterioridad, mi idea es escribir un ciclo de varias novelas con este personaje y ese trasfondo del Rock Radikal Vasco, que es un decorado sobre el que poner en escena otras cuestiones que me interesan (las relaciones intergeneracionales, el paso del tiempo, la vida en la periferia, los sueños y anhelos de juventud y en qué han quedado…) o un tono narrativo,  esa mezcla de humor, corrosión y ternura, con el que me siento muy cómodo. También tengo que aclarar que Chucherías Herodes funciona de manera autónoma y autoconclusiva, se puede leer perfectamente sin necesidad de haber leído antes Tratado de hortografía.

¿Con qué nuevas peripecias del personaje nos vamos a encontrar esta vez?

En esta ocasión nos lo encontramos en varias encrucijadas. Lleva ya varios meses en paro, después de perder su trabajo en una biblioteca, y en una situación desesperada tiene que buscarse la vida de maneras un tanto rocambolescas: por una parte pidiendo en la calle disfrazado de Spiderman (con un disfraz que se ha comprado en los chinos y le queda pequeño); y por otra participando en un concurso televisivo de preguntas, en el cual se ve obligado a hacer monerías; por otra parte, cuando ya la había desechado de su vida la idea de volver a enamorarse, comienza algún que otro escarceo erótico-festivo con cierto escepticismo y un montón de temores y dudas; y finalmente, continúa la tensa relación con sus hijos adolescentes, en la que a pesar de todo hay un acercamiento a través de la música.

A través de la música y en concreto del trap y más en concreto aún del autotune…

Sí, el protagonista (que sigue sin tener nombre) hace un ejercicio de humildad, abandona su posición paternalista o de superioridad, que le llevaba por ejemplo, desde su visión punk, a rechazar o mirar con desconfianza nuevas expresiones culturales como el reguetón o el trap, y se da cuenta de que en realidad, como siempre ha sucedido, son los jóvenes quienes tienen razón, aunque se equivoquen, y quienes van por delante; que no son ellos los que están perdidos, confundidos, sino más bien al revés; que es él, el protagonista, el que se ha convertido en un viejales y su mundo, el mundo del rock radikal vasco, ya se ha desactivado como elemento subversivo o de confrontación. Con todo esto me pasó una cosa curiosa porque en la novela los hijos del protagonista escuchaban a grupos como  Chill Mafia, Ben Yart, y justo entonces estos dieron el pelotazo, lo cual me chafó un poco (no por ellos, por ellos me alegro, sino por mi novela, en la que tenían cierto halo todavía de grupos emergentes, underground), pero por otra parte venía a confirmar que esos jóvenes vienen pegando fuerte y arreándonos patadas en el culo a los pollaviejas, patadas que igual nos merecíamos.

De nuevo utiliza ese tono “tierno y cabrón”, como han calificado en alguna ocasión su estilo, de hecho bajo ese tono divertido late siempre una literatura de corte social, combativa…

A veces con el humor se corre ese riesgo, que no te tomen en serio. Pero a mí me parece efectivamente, o esa es mi intención,  que debajo de ese tono cómico, o tragicómico, que yo creo que es el de esta novela, sí discurre esa literatura social, que señala temas como la precariedad, la vida en los barrios o las periferias, el control social a través de una policía, unas fuerzas de seguridad con bula para abusar de la gente… Eso creo que es a lo que se refiere lo de literatura cabrona, me gusta esa definición, literatura tierna y cabrona, porque creo que se refiere a un humor que tiene algo de sarcástico, corrosivo, que intenta rascar y llegar más abajo. Lo de literatura combativa quizás sea exagerado o demasiado pretencioso, no voy a hacer temblar a nadie ni a cambiar nada con una novela, pero sí que me parece que puedo al menos desahogarme, expresar cierta furia o hartazgo, no callarte ni quedarte quieto si te zarandean o se ríen de ti, en ese sentido en el libro creo que hay algo político, una reivindicación de cierta conciencia de clase, es como decir: cuidadito con nosotros que nos estáis jodiendo pero tontos no somos y estamos cabreados.

La novela transcurre con un segundo plano algo tenso de la pandemia, el estado de alarma…

Sí, pero es una especie de decorado de fondo, no aparece en primer plano porque creo que lo que menos nos apetece en estos momentos es ponernos la mascarilla también para leer una novela. Esta ahí al fondo, inevitable, pero creo que de una manera bastante natural, sin agobiar.

Intercala en cada capítulo una serie de códigos QR, con los que se accede a información sobre grupos, canciones, etc.

Sí, me parece interesante que el lector pueda acceder de una manera sencilla y rápida a algunos de los materiales que he usado, al contexto histórico, los referentes reales de la novela, las canciones o grupos a los que aludo, en lugar de colocar una nota al final. Los códigos QR me parecen muy prácticos, muy instantáneos, estaban ahí desde hace años, aunque medio olvidados, o casi convertidos ya en una antigualla, pero la pandemia nos los ha revelado como trabajadores esenciales. Por otra parte creo que también tienen algo de making of, muestran cómo convierto algunos de esos materiales en ficción  (por poner un ejemplo, Katakrak, aquel movimiento okupa de Iruña, se convierte en mi novela en Patapún).

¿Qué aportan los tres relatos que ha añadido al final de la novela?

A veces me sucede, con Tratado de hortografía, por ejemplo, que hay lectores que me dicen que han leído el libro de una sentada, o que se han quedado con ganas de más, yo entiendo que lo hacen como un halago, que es algo positivo, pero a la vez me siento un poco mal, y esta vez he querido recompensarles con esta pequeña propina. Son tres relatos que se cruzan levemente con la trama de la novela. Dos de ellos son inéditos, los he escrito para este libro, y el tercero, titulado Kaperu, es un cuento que ha tenido un recorrido interesante, porque lo han leído en institutos, universidades y centros educativos en diferentes partes del mundo, para trabajar temas como los michomachismos, la violencia de género, ha sido también adaptado para cortos, obras de teatro, ha aparecido algún estudio académico sobre él… El relato transcurre en Jamerdana, la misma ciudad imaginaria de la novela, y me pareció que encajaba, con alguna mínima adaptación, en el libro. En cuanto a los otros dos, uno es una especie de guía beoda de los bares de Jamerdana, y el otro, Supercuto, está contado desde el punto de vista de uno de los hijos del protagonista, años atrás, cuando todavía era un niño.

Para acabar, parece, por lo que cuenta, que la historia tiene ramificaciones. ¿Quiere eso decir que habrá más novelas con estos protagonistas?

Sí, esa es como he dicho antes mi intención, escribir un ciclo. Chucherías Herodes viene a ser como Las tribulaciones de Wilt, de Tom Sharpe, un libro necesario después de Wilt para que después vengan ¡Ánimo Wilt! y los demás. No sé hasta dónde llegaré con esto, supongo que pararé cuando me canse. Y entonces me pondré con otra cosa.

TASIO, TASIO

Jun 1, 2021   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Publicado en «Rubio de bote», colaboración quincenal para magazine ON (diarios Grupo Noticias), 29/05/21

En un vídeo del grupo Guarimba Patxi Bisquert, el inolvidable Tasio de Montxo Armendariz, regresa casi cuarenta años después al frontón de Viloria para danzar una cumbia sobre el mismo suelo sobre el que, en la película, jugaba descalzo a pelota para no destrozar las alpargatas y poder bailar después con la chica de las trenzas gordas y negras.

“Tasio, Tasio”, repite pegadizamente el estribillo de la canción de Guarimba.

Dice Patxi Bisquert que se convirtió en actor por casualidad (su primer papel fue en La fuga de Segovia, en la que le invitaron a participar puesto que él mismo había formado parte del grupo de presos que planeó dicha fuga), y que también por casualidad anda liado ahora como productor de la película Ombuaren itzala (La sombra del ombú), sobre la vida del bertsolari y poeta guipuzcoano Pello Mari Otaño. Pero no es por casualidad, es por necesidad, porque no queda otra, y, sobre todo, porque Bisquert nunca ha podido despegar de su piel el espíritu salvaje del carbonero Tasio.

Vuelve Bisquert a descalzarse las alpargatas, en esta ocasión para recorrer todos los pueblos de Euskal Herria, y llamar a un auzolan multitudinario y nunca visto (nos resistimos a usar el palabro crowdfunding) con el que pretende vender por anticipado treinta mil entradas que le permitan financiar su proyecto. Dice también Patxi Bisquert en las presentaciones del mismo que si hoy alguien propusiera el guión de Tasio a un productor este no tardaría ni cinco minutos en rechazarlo. Por eso se ha liado la manta a la cabeza con Ombuaren itzala. Porque ese auzolan es la única manera de sacar adelante películas como esa, historias pequeñas y al mismo tiempo enormes, que cuentan con el mayor de los presupuestos, pues lo que se empeña en ellas es el corazón. Cine, además, para el pueblo, por el pueblo y con el pueblo: la idea de Bisquert es proyectar después esa película en los cines, salones de actos, frontones, colegios…, de los pueblos que visita incansable (tiene que conseguir antes del verano el dinero que le permita, a él y a su equipo, desplazarse a Argentina, a rodar las escenas que allí transcurren).

Ombuaren itzala recreará, como decimos, la vida de Pello Mari Otaño, nacido como el propio Bisquert en un caserío de Zizurkil y criado en la famosa Karidadeko Benta, la posada que regentó la familia del poeta y que se construyó gracias a otro auzolan, de ahí su nombre. Bertsolari afónico, liberal entre carlistones, protoinsumiso (huyó a Argentina para evitar el reclutamiento), irakasle en Buenos Aires (donde inventó un avanzado método de aprendizaje del euskera)…, Otaño escribió inspirados bertsos que durante mucho tiempo fueron una referencia para la cultura vasca. Bisquert, no obstante, siente que el eco de esa voz se apaga  y es otra de las razones por las que reivindica la figura e importancia del bardo de Zizurkil.

“Tasio, Tasio”, repite el estribillo de la canción de Guarimba.

Y Patxi Bisquert corre, atraviesa furtivo e indomable el bosque, llega infatigable a los pueblos buscando nuestro aliento (en la web https://pellomariotañoauzolana.eus se puede contribuir al auzolan), con las alpargatas en la mano, reservándolas para cuando toque bailar de nuevo con la chica de las trenzas gordas y negras, esta vez sobre una alfombra roja.

EL RISITAS

May 17, 2021   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Publicado en RUBIO DE BOTE, colaboración quincenal para magazine ON (diarios Grupo Noticias) 15/05721

Me da la impresión de que últimamente solo escribo gansadas. Pero luego escucho el último disco de Robe, cuando canta eso de “Todo lo que te hace sonreír me vale la pena” y a mí también, a mí también me vale la pena.

Hace unos días se murió el Risitas. Se acuerdan de él ¿verdad? ¡Cuñaooo! Ramoneando en internet encontré un vídeo en el que el Risitas no es que no se riera, es que transmitía una tristeza insondable. Al parecer, pasó los últimos años de su vida en un asilo, enfermo. En el vídeo en cuestión regresaba a ese asilo, tras una visita al dentista.

“¡Enseña los dientes nuevos!”, le decía alguien, y entonces el Risitas abría la boca y aparecía una dentadura nueva, completa, resplandeciente, tan perfecta que se diría irreal, o que se confundía con un meme, un filtro del móvil. Estaba hasta guapo, el Risitas. No parecía él.

“¡Di un cuñaooo!”, le jaleaba el mismo pelma de antes.

Y entonces el Risitas repetía esa expresión que lo había hecho famoso y que había pasado a formar parte, con su particular entonación, del vocabulario y la gestualidad populares, lo mismo que los “no puedor” de Chiquito de la Calzada o el “It´s very difficult todo esto” de Rajoy (me pregunto qué pasará con esas muletillas dentro de unos años, cómo languidecerán, o de qué modo sobrevivirán cuando ya nadie las vincule con sus creadores; la vida de algunas palabras es ciertamente apasionante, por ejemplo, ¿quién era la tal marimorena?; o ¿sabían ustedes que ramonear, que quiere decir pacer, triscar aquí y allá, no debe su etimología a ningún ocioso Ramón sino que deriva de rama? ¿O que la expresión “salvados por la campana” no es un término pugilístico, sino que se explica porque antiguamente se enterraba a los muertos con un cordelito atado por un extremo a un dedo y por otro a una campanilla, ya que se daban muchos casos de personas que resucitaban, a las que se les había dado por muertas sin estarlo?).

La cuestión es que cuando el Risitas entonaba ahora su famoso “cuñaooo” este sonaba raro; daba incluso un poco de tirria en boca —nunca mejor dicho— de ese nuevo Risitas profidén; no tenía, en definitiva, ninguna gracia, algo de lo que el propio Risitas se daba cuenta inmediatamente y que le provocaba un abatimiento terrible: se le veía en el vídeo con los ojos brillantitos, conteniendo las lágrimas, consciente de que el dentista le había robado el alma, había matado al Risitas a golpes de electrobisturí…

Me pregunto quién lo habría convencido de ese suicidio, qué le habría prometido: ¿turrón del duro, novias, portadas del Hola? Pues bien, ahora el Risitas podía comerse un chuletón, pero ya no podía contar chistes, ya no veía a su alrededor a la gente sonriendo, sino sintiendo lástima por él.

Y eso lo mataba.

Más vale que al menos le habían dejado la campanilla a mano, pues minutos después el Risitas aparecía en el mismo vídeo sin dentadura (era, pues, postiza) y explicaba que con ella sentía mucha fatiga, se veía muy raro, no era él…

Y tenía razón, el Risitas.  ¿Acaso hay algo más gratificante que alegrar la vida de quienes te rodean? ¿Qué te queda si te arrebatan eso?

Del mismo modo he llegado a la conclusión de que yo nunca escribiré columnas que cambien el curso de los acontecimientos, enciendan la mecha de revoluciones, se estudien en las facultades de periodismo, reciban premios o demandas —bueno, esto nunca se sabe—, pero si al menos consigo que alguien al leerlas, al leer estas gansadas, sonría, me vale la pena. ¡Cuñaoooo!

Entrevista a Alberto Rodríguez

May 14, 2021   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

 “A los más puristas del género este libro les parecerá horrible”

Con su primera novela, Cielos clausurados, el escritor iruindarra Alberto Rodríguez ha ganado el XXV Premio UPC de ciencia ficción convocado por la Universidad Politécnica de Catalunya. La obra, que publica la editorial Apache, cuenta una historia heterodoxa dentro del género, en la que prevalece el humor, y está protagonizada por personajes como Dios, El diablo o La muerte, que es un comercial que se llama Jesús Mari.

Patxi Irurzun / Gara / 13/05/21

“Arriesgada e iconoclasta”, así calificó el jurado que premió Cielos clausurados la novela de Alberto Rodríguez.  Y desde luego lo es. En ella podemos encontrarnos a a Dios leyendo cómics, a San Pedro  ingresado en un manicomio de Tijuana o a La Muerte y al Diablo camino de Chernobil y contando los putetxes e iglesias que se encuentran a su paso. Cielos clausurados, el debut literario del inquieto y polifacético escritor pamplonés (es también director del salón del cómic de Nafarroa, toca el bajo en el grupo indie Juárez y edita el fanzine El Mono) es un libro marciano, excepcional dentro del género de la ciencia ficción, puesto que contribuye a ella con factores inusuales como el humor o el costumbrismo (es maravilloso por ejemplo que El Diablo Jesús Mari se dedique a estampar logos de empresa en mecheros y viseras, en un trabajo gris, aniquilante, un infierno en la tierra). Hablamos de todo ello con él.

Ha empezado con buen pie, primera novela y premio…

Lo del premio me pilló bastante por sorpresa, yo estaba muy contento con lo que había hecho, me esperaba alguna mención o algo así, pero no ganarlo. Creo que ha sido clave el no tener prisa por publicar, tomarme mucho tiempo y no correr. Para ser una historia tan corta he tardado muchísimo, más de año y medio, creo. No ponerme fechas límite ni presión ha sido fundamental.

¿Por qué se decidió por la ciencia ficción para debutar?

La verdad es que controlo bastante, sobre todo de la nueva ola que hubo a partir de los años sesenta. Me gustan gente como Brian Aldiss, Kurt Vonnegut, Philip K. Dick, Ursula K. LeGuin, Richard Matheson, Theodore Sturgeon, Satnislav Lem, Alfred Bester, J.G. Ballard, Harlan Ellison… A la hora de empezar la historia no me planteé un género concreto, todo partía de una premisa muy simple, casi un chiste, la pérdida de las llaves, y de ahí fui tirando. Ahora leo géneros muy distintos pero pasé muchos años leyendo sólo ciencia ficción y eso, supongo, acaba emergiendo en lo que hago.

En todo caso, su novela aporta algunas particularidades a la ciencia-ficción, que no son habituales, como el humor…

Es porque soy un poco payaso. Creo que tomarse muy en serio a uno mismo y a lo que está escribiendo puede acabar pasando factura al libro. No me suelen gustar las historias cargadas de épica y solemnidad. Supongo que tiene que ver con cómo veo yo el mundo. En esta línea humorística me gusta mucho lo que hacían Vonnegut o Brautigan o lo que hace ahora Santiago Lorenzo. De todas formas, como usted ya ha comentado, la ciencia ficción es sólo una pequeña parte de la historia, hay muchos más elementos. A los más puristas del género y a los fans de las corrientes más hard o tecnológicas supongo que este libro les parecerá horrible.

-No se anda con chiquitas a la hora de elegir personajes, La Muerte, Dios, el Diablo…

Todos son arquetipos, ideas muy potentes que he tratado de humanizar, de bajar a la tierra. A pesar de ser figuras tan importantes, todas viven esclavas de su condición y les resulta difícil seguir afrontando la realidad. El Diablo tiene un punto prometeico que me gusta mucho, es un sufridor nato, algo muy alejado de lo que nos ha contado la Iglesia sobre su figura, la Muerte es el típico hombre de negocios neoliberal y Dios no es más que es un jefe vago caprichoso. De todas formas mi personaje preferido es el de Merche, me resulta muy real.

-Es usted también uno de los directores del Salón del Cómic de Navarra, edita el fanzine el Mono… ¿ Cielos Clausurados se nutre en parte de todos esos referentes –el comic, la música, etc.-?

Por supuesto. Todo eso que se ha llamado subcultura ha sido parte esencial en mi formación, más, creo, que lo que haya podido aprender en el colegio o la universidad. El tono de la novela viene muy marcado por los miles de páginas que mis amigos y amigas hemos escrito en la revista El Mono en los últimos nueve años. Cada artículo, cada entrevista, cada editorial, cada relato, cada chiste o cada horóscopo han sido un pasito que me ha ido acercando a esta novela. Sin todo ese entrenamiento previo esta historia sería muy diferente. Y seguramente peor.

-Y tiene usted un portadista de lujo…

Se ha encargado Miguel Ángel Martín (Subterfuge, Brian the brain, Rubber Flesh…), a quien ya conocía por que montamos una exposición suya en el Salón del Cómic de Navarra. Yo tenía una idea para la portada pero no le dije nada, le mandé la novela por email para que se la leyera y a los días me envió un boceto que era prácticamente lo que yo había pensado. Y yo encantado, claro. Sigo muy de cerca su trabajo, me encanta ese estilo suyo tan pop y ese futuro tan frío y aséptico que ha imaginado. Puede ser una visión un tanto pesimista del mundo y de los seres humanos pero creo que es bastante acertada.

-Tras este debut tan rutilante, ¿tiene nuevos proyectos literarios?

Sí, tengo empezada otra novela pero voy muy lento. Entre la revista, el salón del cómic, tocar el bajo en Juárez y las clases de euskera, apenas saco tiempo para escribir. Igual para finales de 2022 la termino. En uno de los últimos capítulos de Cielos clausurados doy una pista sobre qué tratará. A ver si la gente la encuentra.

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