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MARCELA Y RAFA

Abr 14, 2024   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Publicado en Rubio de bote, magazine ON (diarios Grupo Noticias). 13/04/24. Foto de Patxi Cascante, en el homenaje que hicierona Marcela y Rafa los corredores del encierro.

Cuando entras a la librería de Marcela y Rafa, a la izquierda, junto a los periódicos del día, no te encuentras en ese lugar preferente libros de Pérez-Reverte o de Paz Padilla, sino de autores de la tierra: noveles, glorias locales, autoeditados… Y también libros sobre Navarra, los sanfermines, sobre etnografía, lengua, cartografía de Euskal Herria… Si a Marcela le ha gustado el libro (porque Marcela no es una vendedora de libros, sino una librera a la antigua usanza, o sea, una librera que lee) puede incluso que lo coloque en el mostrador, y que lo recomiende entusiasmadamente a sus clientes, o que lo haga en alguna de sus colaboraciones en la radio, o cuando le pregunten en la Feria del libro cuál ha sido el más vendido (aunque sea una mentirijilla y puede que el más vendido haya sido uno de algún influencer).

El párrafo anterior, sin embargo, tiene fecha de caducidad. El próximo 16 de mayo será un día muy triste. Marcela y Rafa echan la persiana de la pequeña librería que desde hace tres décadas regentan en la cuesta de Santo Domingo de Iruña, en el conocido primer tramo del encierro (durante los encierros, por cierto, la tienda se transforma en improvisada consigna en la que los corredores dejan en custodia sus carteras o sus móviles).

Rafa y Marcela se jubilan, merecidamente, después de años trabajando de luna a luna, como licántropos de los libros: preparando, a deshoras, pedidos, cuadrando facturas y albaranes, rastreando como sabuesos libros descatalogados, avisando a los clientes cuando llegan, fotocopiando carnets, desempaquetando cajas con gomas Milan, lapiceros Alpino, colocando con mimo en el escaparate olentzeros o kilikis de goma…

No han conseguido, a pesar de buscar con ahínco, que nadie tome el relevo para que su negocio, sacrificado pero rentable, continúe siendo un pequeño oasis para lectores empedernidos, euskaldunes, nostálgicos del trato personal y humano… y la tienda reabrirá, sí, con otros dueños, pero reduciendo su oferta a lo concerniente a los souvenirs. ¿Quién nos hará saber ahora que un autor del barrio ha escrito un libro sobre el mono Txarli? ¿Quién preparará con la misma diligencia los pedidos para las bibliotecas? ¿Quién nos prestará las mesas para comer en la calle el día 6 de julio o nos invitará al aperitivo después del txupinazo?…

Cuando la persiana de Abarzuza se cierre definitivamente, tras ella se derrumbará todo un mundo. Es el signo de los tiempos. Estos tiempos en los que en todas las librerías el libro más vendido es el de una folclórica y en los que los lectores de periódicos se convierten en exploradores urbanos. Pero no tenemos ningún derecho, por supuesto, a que Marcela y Rafa sientan ni siquiera una pizca de culpabilidad, al contrario. El próximo martes, 23 de abril, es el Día del libro y ellos sacarán por última vez sus libros a la calle. Será un buen momento para darles un gran abrazo, agradecerles todos estos años de felicidad lectora y desearles un gozoso retiro.

EGKERRIK AGKO, IRUÑA!

Abr 14, 2024   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
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La banda tributo Leña al mono homenajeó ayer en la sala Totem de Atarrabia al legendario trío Leño, en el 45 aniversario de la creación del grupo madrileño.

Patxi Irurzun/ Atarrabia. Foto: Idoia Zabaleta
https://www.naiz.eus/…/20240406/egkerrik-agko-irunea

La de Leño con Iruñea es una larga historia de amor. Desde que el trío madrileño publicó su primer disco, de título homónimo (Leño), sus canciones comenzaron a sonar y a volar cabezas −con sus melenas correspondientes− en los bares de lo viejo. Y Rosendo y los suyos no tardaron en llegar a la ciudad. Los más veteranos aún recordarán conciertos como el de la gira ‘El rock de una noche de verano’ en la Plaza de toros, junto a Miguel Ríos y a una desconocida por entonces Luz Casal, en 1983; o el de un año antes en un Anaitasuna convertido en una olla a presión; o, retrocediendo aún más en el tiempo, el concierto casi fundacional en el salón de actos del colegio Salesianos, en 1979, al que asistieron como público, entre otros, unos todavía bisoños Alfredo y Boni, de Barricada. La cantera del rock urbano iruindarra ya comenzaba a extraer sus primeros frutos y a convertir la ciudad en uno de los bastiones del género. Y es que −con el permiso de grupos como Asfalto, Burning, Cucharada o Coz− Leño fundó los estatutos de un estilo musical que todavía, aunque ya sin melenas, mantiene en Iruñea un nutrido y fiel número de seguidores, tal y como quedó demostrado en el concierto homenaje que en la noche de ayer ofreció en la abarrotada sala Totem de Atarrabia el grupo tributo Leña al mono, junto con un selecto puñado de invitados, y que se presentaba bajo el título ‘Fiesta 45 aniversario Leño’.

Jugando en casa

La gira, después de haber pasado por Madrid, Barcelona o Sevilla, recalaba en casa, nunca mejor dicho, pues Leña al Mono es un combo formado por auténticas leyendas del rock navarro, como el guitarrista y cantante Juanjo Ojeta (Mugre, Txarrena… «¡El mejor guitarrista de rock de la ciudad!», lo proclamó un tipo al lado de este cronista) o el baterista Javier Lizarazu ‘Puntxes’ (Tahures Zurdos, Mugre…), a los que se sumó la sangre nueva al bajo de Guillermo Soloaga, en sustitución del miembro original Patxi Garro (Los Insoportables, La Síntesis…).

Con semejantes mimbres, el grupo no podía sino arrancar −tras una introducción en la que se escuchó la sintonía de ‘El hombre y la tierra’− como un trueno, con un sonido demoledor, a lo cual sin duda contribuyó que se interpretaron de un tirón, para empezar, tres trallazos leñeros (‘Este Madrid’, ‘Entre las cejas’ y ‘No lo entiendo’), recibidos con entusiasmo juvenil por un público mayoritariamente cincuentón e incluso sesentón que no había ido al concierto a hablar ni a grabarlo con el móvil porque de lo que se trataba era de corear los estribillos y los solos de guitarra forjados a fuego en las meninges desde los quince años.

Tributo a Onán

Llegaron después más temazos, aunque ¿cuál no lo es en el caso de Leño?: ‘Donde está la salvación’, ‘Sí, señor’, ‘Apágalas’…, antes de que interrumpiera en el escenario el primer invitado: Juan ‘Conan’ Carmona, de La Leñera (no hay malos rollos entre los grupos tributos), un «doble» de Rosendo, al menos si atendemos, haciendo honor a su alias, a su envergadura física (vamos, que doblaba a Rosendo en corpulencia) pero sobre todo por el timbre de su voz, que tanto nos recordó al de Carabanchel.

A este respecto, es también reseñable que Juanjo Ojeta, por el contrario, canta a Rosendo sin imitarlo, pero que los dos cantantes, cada uno en su estilo, tiene su pellizco, como demostró Conan con ‘La fina’ o con ‘Hoy va a ser la noche de que te hablé’, poniendo a saltar a un público con rodillas para pocos trotes. El de La leñera se despidió con un «Egkerrik agko, Iruñea!», pronunciado con un exagerado acento madrileño, que hizo reir ala concurrencia.Fue el turno después de ‘Castigo’, una de las canciones más largas y con más minutaje instrumental de Leño, en la que Juanjo Ojeta se lució sobre el escenario, llevando a los amantes de los punteos al orgasmo («¡un momento, no es posible!», el tipo de al lado, «¿está ahora haciendo un tributo a… Onán? Ah, no que es solo un guitar-air»).

Fiesta final

Se sucedieron después más hits y nuevos invitados. Mariano Montero, batería de Rosendo, continuó dando más leña al mono con otra nueva ráfaga de temas infalibles, como ‘Sorpredente’ o ‘El tren’; Rafa J. Vegas, bajista también de Rosendo, interpretó ‘Cucarachas’, ‘Qué desilusión’…Todo ello antes de los bises. Cualquier canción de Leño en realidad serviría para los bises (incluso las, pocas, que Leña al mono dejó de tocar, como ‘Todo es más sencillo’, que echamos de menos), pero en el tramo final del concierto las elegidas fueron ‘Sodoma y Chabola’, ‘No se vende el rock & roll’, e ‘Insisto’, con la participación en esta última de Chusaco, cantante del grupo barcelonés Chatarra, y de Ángel Urbano, hermano del fallecido bajista de Leño Tony Urbano, en uno de los momentos más emotivos de la noche.

El remate final, como no podía ser de otro modo, fue para el himno ‘Maneras de vivir’, con la presencia de todos los invitados de la noche sobre el escenario. Dos horas, en fin, de puro rocanrol, rememorando temas (¡temazos!) de un grupo que ya es un clásico del rock callejero y cuya música se mantiene todavía fresca en nuestra memoria, a pesar de que Leño se separara hace ya más de cuarenta años. Todo lo cual, lejos de las polémicas que suscitan en ocasiones las bandas tributo, creemos que da todo el sentido a esta en concreto, pues resultaría del mismo modo absurdo rebatir que pueda seguir interpretándose en directo, por ejemplo, la ‘Quinta Sinfonía’ si no es bajo la batuta del mismísimo Beethoven. ¡Larga vida, pues, a Leño! ¡Y leña al mono!

SIEMPRE LUZ

Mar 30, 2024   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Publicado en «Rubio de bote», colaboración quincenal para magazine ON, diarios Grupo Noticias. 29/03/24

El otro día iba conduciendo y me topé con un accidente. Era un coche de autoescuela, al que había arrollado un camión. El aspirante a conductor estaba en el arcén, con una brecha en la frente y un gesto entre Steve Urkel − “¿He sido yo?” − y el de un condenado a muerte. Me pareció una escena muy triste. Pensé que quizás esa fuera la última clase de ese alumno de autoescuela, que quizás el “shock” −nunca mejor dicho− le impidiera volver a ponerse nunca al volante. Una especie de sueño abollado.

Al rato, llegó una ambulancia. Las sirenas de las ambulancias también me parecen muy tristes, son como los aullidos de dolor de la ciudad. Y cuanto más grande es la ciudad menor es la sensibilidad hacia esos aullidos. En las grandes ciudades las sirenas son solo un elemento más del paisaje acústico. Un taladro neumático, el camión de la basura, el silencio del vagón del metro, la sirena de una ambulancia.

Me deprimió un poco pensar en todo eso y, por si fuera poco, mientras esperaba en el atasco, sintonicé las noticias en la radio. El locutor dijo que los palés de víveres que el Ejército de Estados Unidos lanzaba sobre la franja de Gaza habían descalabrado ya a varias personas. Era un buen resumen de la situación. Los americanos, los principales valedores de Israel, quienes habían vetado una y otra vez en el Consejo de Seguridad de la ONU las peticiones de tregua, se presentaban ahora como supermanes de la asistencia humanitaria. Por un lado lanzaban paracaídas con alimentos y medicinas y por otro abastecían con armas a quienes bombardeaban y asediaban a los gazatíes.

Quité, asqueado, las noticias y puse música. Desde hacía algunos días oía en bucle Palabras mágicas, una canción de Koma incluida en su último disco. Es una canción de reconocimiento hacia esas personas que nos salvan cada día, que siempre están a nuestro lado, cuando nada puede ir peor, aquellas que nos arrojan siempre luz, y a las que rara vez se lo agradecemos o a las que, por el contrario, reprochamos solo sus errores. La canción supongo que va dirigida a alguien en concreto, pero cada vez que la oigo siento que a mí también me salva de mis pequeñas tragedias cotidianas, que me llena de esperanza, a pesar de todo, en el género humano. Siempre luz. El mundo es un barrizal, con todo su fango de noticias deprimentes, pero en los atascos de tráfico siempre se abre un hueco para que pasen las ambulancias. Y, quién sabe, quizás el profesor de autoescuela también encuentre las palabras mágicas para que su alumno accidentado regrese a la siguiente clase, cuando se recupere del susto y las heridas. Siempre luz, aunque sea la de una sirena.

HELADOS

Mar 18, 2024   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
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¡Estaban comiéndose un helado! Macron y Biden. Delante de un enjambre de cámaras y micrófonos, mientras hablaban sobre Gaza. ¡Sobre Gaza y sus miles de muertos asesinados en hospitales, convoyes humanitarios o escuelas! Comiéndose un helado, sonrientes, casuals, mundanos. En realidad, ni siquieran se comían el helado, solo lo sostenían entre sus manos, temerosos de que en alguno de los lametones les cayera un plastón en la corbata, o, sin que lo advirtieran, se quedara pegado a la punta de su nariz o en la comisura de los labios, convirtiéndolos en carne de meme. Puede incluso que lo de dentro del cucurucho ni siquiera fuera helado, sino puré de colores, como el que usan en publicidad para que no lo derritan los focos.

Supongo que estaba todo programado por alguno de sus asesores. ¿Con qué objetivo? No lo sé muy bien, resulta difícil encontrar una salida en el laberinto de hielo que debe de ser la mente de uno de esos genios majaretas de la macropolítica y el márquetin. Los marquetinianos no son humanos, son unos máquinas. Son gente, por ejemplo, capaz de convencer a otra gente de que es una buena idea cortarte la reproducción de una canción para insertar publicidad. A mí, personalmente, me meten una cuña de Securitas en mitad de, no sé, el Wish you were here de Pink Floyd y me entran unas ganas locas de poner alarmas y cámaras por toda la casa. Hasta en la jaula del conejo (y eso que hace meses que está vacía).

Es ironía, por supuesto. Pero me imagino que esas técnicas publicitarias estarán fríamente estudiadas y darán sus resultados. En lo de Biden y Macron el fin tiene que ser humanizar a esos dos Masters del Universo. Míralos, qué majos, ahí, comiéndose un helado, como cualquier ciudadano de a pie, charlando de sus cosas, Ucrania, la industria armamentística, Netanyahu, qué sobrado el tío, n’ est pas?, está que se sale, ouh, yeah, pero ya sabes qué carácter tiene, y además, ponte en su lugar…

La imagen del presidente de Estados Unidos y del de Francia hablando sobre Gaza con un helado entre los dedos, esos dedos que lo mismo pueden sostener un cucurucho que apretar un botón rojo, es en realidad de una desolación y una deshumanización aterradoras, piensen lo que piensen los máquinas de los marquetinianos. Lo que expresa en el fondo ese gesto es el valor −ninguno− que dan a todas esas vidas que cada día se pierden de manera brutal e injusta en Palestina.

En la desvergonzada comparecencia de los dos mandatarios, Biden vaticinó un alto el fuego en Gaza para el 4 de marzo. Dos días después de la escena del helado el ejército israelí bombardeaba y tiroteaba una cola de reparto de alimentos, asesinando a más de cien personas.

Publicado en «Rubio de bote», colaboración quincenal para magazine ON (diarios Grupo Noticias). 16/03/24

Entrevista a Unidad Alavesa

Mar 12, 2024   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

“La izquierda oficial de hoy en día me parece vomitiva”

Haritz Artola “Cántaro Garrafa”, cantante y compositor de Unidad Alavesa

El quintento de Ataun 'Unidad Alavesa' actuará mañana en el patio de Sagarbide.
Publicado en Igandea Plus, suplemento dominical de los diarios de Grupo Noticias (10/03/24)

El grupo de Ataun publica nuevo trabajo, Motoki, Zakurreki, Egurreki, diez canciones nuevas con esa mezcla, marca de la casa, cruda y delicada, bruta y poética, de la que podemos empezar ya a disfrutar estos días con los primeros conciertos de presentación

Se llaman Unidad Alavesa pero viven en Ataun (Gipuzkoa). Nacieron en 2016, una década después de que el partido político de cuyo nombre se han apropiado desapareciera. Todos ellos han formado parte de diferentes aventuras musicales: Bizardunak, Benito Lertxundi, Ancha es Castilla, Brigada Criminal, Zopilotes Txirriaos… Con Unidad Alavesa parecen haber encontrado estabilidad y una personalidad propia, que, sin demasiados aspavientos −son ellos quienes autogestionan, felizmente, su viaje− atrae cada vez a más seguidores, en un boca-oreja que alcanza por igual a los viejos rockeros que a la chavalería, la cual corea sus temas con entusiasmo espirituoso. La mezcla que Haritz Artola, alias “Cántaro Garrafa” (guitarra y voz), Eneko Dorronsoro “San Pete” (triki y banjo), Iker Artza “Papas Aja” (bajo), Unai Munduate “Nabosin Origen” (batería) y Gurutz Bikuña “Bartolo Pichi” (guitarra) ofrecen a sus seguidores es de alta graduación, un aguardiente de rock, folk, americana, punk, que entra, en algunos tragos, con la suavidad y el peligro de los medios tiempos y deja en la garganta la amargura chispeante y meláncolica de unas letras que hablan sin filtros ni pedantería sobre perdedores, carlismo, posmodernismo… Acaban de publicar su cuarto trabajo, Motoki, Zakurreki, Egurreki. Sobre él y sobre la trayectoria de Unidad Alavesa charlamos con Haritz Artola, voz, autor de las letras y compositor principal del grupo.

Me imagino que se lo habrán preguntado mil veces, pero ¿por qué decidieron usurparle el nombre a aquella formación política alavesa, con la que aparentemente tampoco tienen mucho que ver?

Pues no lo sé exactamente, pero fue una mezcla entre las prisas porque le hacía falta el nombre a un colega para meternos en un concierto y todavía no lo teníamos, y cierta fascinación por lo looser, más “si la caída es desde muy arriba, tipo Unidad Alavesa o Paul Gascoigne, lo mismo me da”.

El grupo lo componen músicos que han formado parte de diferentes aventuras musicales, de diferente signo, y lo que tienen en común es Ataun, donde creo que todos viven…

Todos vivimos en Ataun menos Nabosin, aunque Papas y yo seamos de Lazkao, un pueblo más feo pero de mayor población que nos ha permitido una mayor mezcolanza sanguínea y mayor distanciamiento al coqueteo endogámico, que al otro trío lo persigue como Putin a Navalny. Todo es más cómodo al vivir todos aquí, pero en cuanto a referentes y gustos cada uno es de una madre.

En este nuevo trabajo volvemos a encontrarnos en las letras buena parte del imaginario del grupo: historias de perdedores, referencias históricas también a un mundo perdido, el carlismo…… ¿Qué le atrae de ese mundo de la derrota?

Yo no es que sepa mucho de historia, pero siempre he tenido la sensación de que todo aquello por lo que siento cierta simpatía acaba siendo derrotado, bien sea política, personal o deportivamente, y, ya que la historia siempre la escriben los vencedores, yo trato de pensar por mí mismo e insertar mis ideas en canciones sin mucho pudor ni complejo. Intento plasmar sensaciones.

Respecto a lo primero, esas historias de perdedores, por ejemplo en canciones anteriores como “Cansado y derrotado”, ha dicho en alguna ocasión que es una historia que no tiene nada que ver con usted, que está felizmente casado, y en el disco nuevo volvemos a encontrarnos con temas como el del padre de fin de semana ¿De qué se nutren esas historias?

Lo de los padres de fin de semana clama al cielo. Suelo pasar mucha vergüenza ajena bastantes veces con los hooligans de sus hijos, y siempre llego a la misma conclusión: les quieren dar en un día lo de cinco, tipo zumo concentrado, y esa sobreactuación suele ser ridícula. Está bien que quieras medrar en tu curro de mierda o mejorar tiempos en tus deportes extremos a costa de que los abuelos cuiden a tus hijos, pero ¡deja de sobreactuar el finde que pareces medio mongolo!

También están esas referencias al carlismo, ¿eso va también un poco por ahí, una especie de épica o estética del fracaso?

Es un poco lo que te comentaba antes, un poco como elegir lo menos malo. Está claro que el carlismo no era la panacea, pero para mí que no soy cristiano era algo cien veces mejor que el liberalismo, y a los hechos me remito. No es que admires a Putin o a Lukashenko, sino que ves a los oponentes liberalotes y dices… ¡a por ellos, hombre! La izquierda oficial de hoy en día, me parece vomitiva, tan políticamente correcta, tan modosita, tan sistémica… no sé si pensar que no se enteran de nada o realmente actúan tal y como piensan. Prefiero pensar lo primero.

El primer tema que lanzaron de este nuevo disco fue Morir en Argentina, un país con el que los vascos tenemos muchos vínculos… ¿De donde viene ese amor por un país en el que, como dice la canción, usted nunca ha estado?

Los primeros recuerdos nítidos vienen del Mundial de México 86, y era que escuchaba apellidos vascos en aquel equipo en el que El Pelusa hacía maravillas, y si con diez años mitificas algo es muy difícil desmitificarlo después. Luego hay más cosas, por supuesto, pero comparado con los mundiales 86 y 90 están en segundo plano. No voy a ir aquí de intelectual guay porque no lo soy. De hecho, tuve que buscar en internet los nombres de los pueblos para la canción ¡ja,ja!

En ese mismo tema hay un sonido de bandoneón, a cargo de Eneko Dorronsoro, ese esjunto con su inconfundible voz y el tono electroacústico de la banda uno de los signos distintivos de Unidad Alavesa: la triki, el banjo, el saxo en alguna canción… ¿qué peso tienen en este nuevo trabajo?

Eneko es nuestro Jordan. De hecho el resto somos casi unos analfabetos musicales y le queríamos comprar un bandoneón pensando que valdría unos cien euros y él nos hizo ver la inopia musical en la que vivíamos: ¡¡valen un pastón!! Te acostumbras muy mal teniendo a alguien como él en el grupo, pues tiene la capacidad de sacrificar su virtuosismo por el bien de la canción. Muy enemigo de la pedantería aun tocando de la hostia. Aunque, claro, sabe que si fuese pedante no estaría tocando con nosotros, sino que estaría en las sesiones chungas esas de Movistar, dándose jabón unos a otros con bigotes y peinados malasañeros del nuevo milenio.

Y junto con ello, su característica voz, personalmente cada vez que la escucho me parece que es la de alguien que disfruta cantando, inflando el pecho, una voz como de ochote o de sobremesa tras una buena comida con café, copa y puro, una voz muy natural, sin imposturas, no sé si me estoy flipando…

Estás flipando bastante sí. No soy de los que cantan en la sobremesa, y aunque me encantan las canciones zuberotarras a capela los ochotes me dan asco. Los primeros me llegan al alma y los segundos acrecentan mi odio al PNV y a su entorno de monaguillos enfermos de modernitis.

Volvemos a encontrarnos también con una mezcla de estilos, medios tiempos, folk, americana, canciones más rabiosas, incluso un tango … ¿Qué nos puede contar sobre eso?

No suele ser preconcebido, lo de la variedad. Está claro que no puedes ser un “Pistol”Maravich de la música todo el tiempo, pero permanecer anclado en un estilo como un poste telefónico te condena a muerte tal vez lejana pero indigna. Yo escucho desde Niko Etxart hasta Darkthrone, pasando por los Tatxers, Víctimas Club o Sega Sound Killers.

Ahora toca presentar el disco en directo, pero antes de entrar en eso creo que es destacable que en sus conciertos hay una mezcla de gente de diferentes generaciones, es decir, que, además de a la vieja guardia rockera, han tocado la fibra a los chavales y chavalas jóvenes…

Eso la verdad es que mola y mucho. Al final lo último que querríamos sería tocar para una especie de secta, me da igual de qué tipo, en la que todo el mundo tenga los mismos gustos y piense y actúe igual. Y eso que somos unos sosos en el escenario. Imagínate si diésemos saltos simiescos como algunos grupos sistemizados.

Y, por último, sobre lo de los directos ¿Qué expectativas tienen? ¿Irán a Argentina?

Nos suelen llamar mogollón y obviamente no podemos tocar ni la cuarta parte de lo que nos ofrecen, pues curramos todos. Lo llevamos todo nosotros y eso es un honor pero un coñazo a la vez. Tenemos todo cerrado hasta octubre sin mucha saturación veraniega. En marzo tocamos en Ondarru, Mondra, Bilbo, Gasteiz, Igorre e Iruña, y luego bajamos el ritmo por el bien de nuestras próstatas. Respecto a lo de Argentina, la línea entre un terrorista y un premio nobel de la paz es muy fina en mi mente como para que el Gobierno Vasco nos subvencione un tour por las euskaletxeas de allá. Por lo demás yo iría encantado, ¡no olvides que quiero morir allí!

Motoki, Zakurreki, Egurreki

Ese es el título (un guiño al euskera de la Sakana) del cuarto trabajo de la banda, tras sus dos primeros discos autoproducidos (Unidad Alavesa y Martin Martin, los cuales posteriormente recopilaría Gor en San Denatio) y Made in Germany, publicado por Artza records, el sello familiar de Lazkao, con quien repiten con Motoki, Zakurreki, Egurreki. Las canciones de esta nueva entrega han sido grabadas en Pottoko Studios de Beasain, por Fredi Peláez, quien vuelve a incluir en algunas de ellas teclas y coros. Diez temas, siete en euskera y tres en castellano, por los que −además del ya comentado homenaje a la herencia vasca de Argentina− desfilan desde Stoichkov o Borja Semper, pasando por las carlistadas, hasta un tema dedicado a Gaza u otro con letra de Jon Mirande, el Nabokov vasco.

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