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Crónica sobre «Fragmentario» de Oskar Alegría

Ago 7, 2021   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

EL FABULOSO ALGÓMETRO DE OSKAR ALEGRIA

En Fragmentario Oskar Alegria, el cineasta, fotógrafo y escritor navarro, recopila desde su siempre sorprendente mirada una colección de detalles, historias, secretos… de diferentes obras de arte y del propio edificio del Museo de Navarra para conmemorar su 65 aniversario

Patxi Irurzun / Gara

Mientras transcribo esta charla, que mantuve con Oskar Alegria en una posada de Ultzama,  se cuelan en la grabación voces de los otros comensales o del camarero —“pochas, mollejas, cordero al chilindrón”, declama este en un endecasílabo el menú— y a través de ellas soy capaz de recordar no solo los rostros de aquellos comensales sino también de recrear la terraza en la que hicimos la entrevista, la climatología de aquel día, extrañamente soleado en este verano con panza de burro, o retazos de nuestra conversación off the record (por ejemplo, recuerdo que nos citamos en Ultzama, donde yo trabajo como bibliotecario, porque Oskar decidió acercarse al valle convertido, para otro de sus proyectos, en un cazador, un entomólogo de algunas palabras que revolotean como mariposas raras en el euskara de la zona).

Del mismo modo, en su último trabajo (que no es una película, como cabría esperar tras el éxito de Zumiriki, sino un libro, una guía o, mejor dicho, una antiguía —aunque a Alegria no le guste mucho el palabro—), el cineasta, escritor y fotógrafo iruindarra ha compilado una colección de fragmentos, voces, detalles (una pequeña lavandera de tres centímetros, por ejemplo, en la esquina de un cuadro) de diferentes obras de arte del Museo de Navarra a partir de los cuales es posible reconstruirlas desde otra perspectiva o de los que él articula un relato literario, con su lenguaje siempre particular, poético y evocador.

Fragmentario, se titula de hecho la obra, de la cual se han editado  mil quinientos ejemplares, quinientos de ellos en euskera, y que se pueden adquirir en el propio Museo de Navarra o en el Fondo de Publicaciones del Gobierno de Navarra. 

Carta blanca
“Me cerraron el paso a la salida de una proyección de Zumiriki”, recuerda el cineasta cuando le pregunto cómo se embarcó en este proyecto. “Y me pareció una buena señal. Dijeron que para el 65 aniversario del museo querían que hiciera “algo”, lo cual me pareció muy bonito. Algo. Con el tiempo he desarrollado un “algómetro” que me sirve para detectar cuándo esos “algo” son un marrón o una carta blanca”.

Y esta lo era, desde luego que sí, porque en Fragmentario Oskar Alegria deambula y nos hace deambular con absoluta libertad por el museo, conocer los secretos de sus obras más emblemáticas o reparar en los detalles y los encantos de aquellas ante las que solemos pasar de largo. Alegria lo mismo compone una orquesta con diferentes músicos de varios cuadros del museo y pregunta a los premios Príncipe de Viana de la Cultura Ramón Andrés y Teresa Catalán qué música imaginan que interpretaría esa agrupación musical imposible, que consigue mostrarnos el interior de una de las joyas de del museo, la arqueta de Leire. “La arqueta por dentro es lo contrario de los que se ve por fuera, de esa suntuosidad, las escenas de la vida del sultán esculpidas en marfil… Por dentro, por el contrario, ves la belleza del marfil, sin tocar, y eso tiene también un relato, un momento expositivo”, dice.

Lo mismo voltea Alegria el retrato del Marqués de San Adrián y reconstruye el periplo de este cuadro de Goya a través de las etiquetas que encontramos en su reverso, que fija su mirada en las ventanas del museo, consiguiendo que estas se transformen también en cuadros (lo cual, por otra parte, me hace recordar algunos de mis recorridos por el museo, con mis hijos, quienes inevitablemente acababan asomándose a esas ventanas, atraídos antes por ellas que por los cuadros de santos martirizados, batallas y entierros).

Lo mismo construye, en fin, Alegria un museo imaginario con obras que no están en el Museo de Navarra pero deberían estar, porque pertenecen sentimentalmente a nuestro patrimonio, que pone a conversar o intercambiar miradas a protagonistas de diferentes obras (a la escultura Irten ezin de Oteiza, por ejemplo, con los fugados del Fuerte del monte Ezkaba, cuya silueta se recorta al noroeste desde una de las ventanas).

Y así podríamos seguir, porque la imaginación y la originalidad de Oskar Alegria son torrenciales y consiguen, además, el milagro de arrastrarnos con ellas.

¿Quién sepulta al sepulturero?
Fragmentario por si fuera poco no solo nos lleva por los recovecos de las obras del museo sino también por los del propio edificio que lo alberga, que antes fue el Hospital de Navarra, y que, como nos cuenta el artista iruindarra, tenía hasta su propio sepulturero.  “Se llamaba Martín Iriarte y lo llamaban Malacría. En la guerra de independencia la ciudad estaba cercada por los franceses y Malacría era el único que podía salir de ella, con su carro de los muertos, en el que ocultaba armas, fusiles… Hasta que alguien lo delató y Martín Iriarte fue ahorcado. Y aquí surge una pregunta, con la cual se cierra el relato: ¿Quién sepulta al sepulturero”.

 “Cuajada, tarta de queso o fruta del tiempo”, se cuela en este punto, ahora en alejandrinos, de nuevo la voz del camarero en la grabación, y aunque esta se detiene aquí, a los postres, la charla sigue mientras alrededor revolotean un par de mariposas, trazando estelas en el aire, de mismo modo que hacen en nuestra cabeza todas las historias —como la de Malacría— y preguntas que propone este maravilloso Fragmentario, una guía, en definitiva, escrita para desorientarse, para perderse y para volar alegres y libres.   

Club de lectura de verano: María Luisa Elío

Ago 1, 2021   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

TIEMPO DE LLORAR Y OTROS RELATOS,
de María Luisa Elío

Así se hizo 'Cien años de soledad' / LOS ECOS DE UN CLÁSICO DE LA  LITERATURA LATINOAMERICANA, por Xavi Ayén – Ideas de Babel
Publicado en magazine On (diarios Grupo Noticias) 30/07/21

Yo tenía ya más de treinta años cuando supe que los Escolapios, el colegio en el que estudié de niño, fue durante el golpe de estado de 1936 cuartel general y centro de detención de los requetés, quienes junto con las milicias falangistas asesinaron en cunetas y paredones de todo Navarra, donde no hubo frente de guerra, a más de tres mil personas. El mismo patio contra el que más de una vez, durante los recreos, estampé mi nariz en los partidos a cara de perro de una clase contra otra, se tiñó de otra sangre cuarenta años atrás, cuando los detenidos se arrojaban desde los ventanales de nuestras aulas, incapaces de soportar la idea de que les aguardaba una muerte segura, sin juicio, sin razón, por Cristo, por España y por la puta cara. Las clases en las que los curas nos enseñaban a ser como Dios mandaba, fueron hacía no tanto tiempo calabozos siniestros en los que se torturaba salvajemente en el nombre de un hombre —el hijo de ese dios— clavado en una cruz, es decir, torturado también.

Balas y churros
Lo cuenta Galo Vierge en Los culpables uno de los escasos testimonios directos de la represión fascista en Pamplona, un grito aislado capaz de atravesar el manto de silencio que durante décadas cubrió una ciudad en la que no pasaba, no había pasado nada, en la que muchos de nosotros crecimos ignorando que en los glacis de la Vuelta del Castillo, donde jugábamos al escondite después de la catequesis, pasaron por la piedra a cientos de hombres inocentes.

Galo Vierge, obrero metalúrgico afiliado a la CNT, anota en Los culpables los nombres de las víctimas y de los verdugos, habla (con el corazón ensangrentado en la mano, pero sin rencor) de los detenidos a los que dejaban en libertad para volver a detenerlos por la noche y darles el paseíllo; de los fusilados reclamados meses después a sus viudas o padres, en leva para la cruzada fascista; de los asesinos que cuneteaban a presos y volvían después a Pamplona para postrarse de rodillas ante Santa María la Real, en procesión por el centro de la ciudad; de la caza humana —ni heridos ni supervivientes, era la consigna— tras la espectacular fuga (la mayor en la historia penal de España) del fuerte de San Cristóbal y los cientos de prisioneros que tras huir fueron abatidos como conejos por la laderas del monte Ezkaba.

Los culpables no es el único libro testimonial que nos habla de aquel horror. En Soledad de ausencia, del juez Luis Elío, probablemente el primer detenido en Pamplona tras el golpe militar, cuenta su peripecia personal, cuando tras ser rescatado y ocultado por amigos del bando insurgente, pasó tres años enterrado vivo entre dos paredes, en un cubículo a solo doscientos metros de aquel paredón de la Ciudadela contra el que los pelotones de fusilamiento ejecutaban a decenas de detenidos mientras algunos pamploneses de bien asistían al espectáculo comiendo churros.

Los culpables - Galo Vierge -5% en libros | FNAC

María Luisa Elío y Gabriel García Márquez
Elío conseguiría finalmente huir a Francia y, tras pasar por el campo de prisioneros de Gurs, reunirse con su familia, junto a la cual se exiliaría a México.

Allí crecieron sus tres hijas, una de las cuales es María Luisa Elío, autora de Tiempo de llorar, el libro que nos ocupa hoy, y pamplonesa universal, pues su nombre no solo figura en la dedicatoria de los millones de ejemplares de una de las novelas más importantes de la literatura del siglo XX, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, sino que además su aportación a la misma fue determinante.

En México María Luisa Elío frecuentó, junto con su marido el cineasta Jomí García Ascot, ambientes artísticos y conoció a intelectuales como Juan Rulfo, Álvaro Mutis, Octavio Paz… o García Márquez, con quien el matrimonio entabló amistad.

Fue, de hecho, María Luisa una de las primeras personas a la que el escritor colombiano contaría, de viva voz, las aventuras de la saga de los Buendía, y también una de las primeras a las que confiaría su manuscrito (una de las primeras personas por tanto que se deslumbraría al leer aquello de: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”). De ella y de su marido recibió García Márquez no solo el aliento, la confianza que todo escritor necesita tras pasar meses, a veces años a solas frente a su obra, sin otro juicio que su propio instinto literario, sino también apoyo económico durante años de penuria, soledad y anonimato.  

Tal vez, quién sabe, si ellos no hubieran estado allí, García Márquez habría desfallecido y nunca habría escrito Cien años de soledad.

María Luisa Elío y la vida propia como fabulación
La familia Elío

Regresar es irse
En cuanto a la obra de la propia María Luisa Elío, Tiempo de llorar, la autora narra el viaje que hizo a su infancia y a su ciudad natal, en 1970, tal vez en un intento de reconciliarse con ambas, y que resulta fallido, pues lo que se encuentra en su regreso a Pamplona, junto a uno de sus hijos, es una ciudad triste, gris, opresiva, un pueblón amurallado, mojigato, santurrón y cazurro, que no le invita a otra cosa que a largarse cuanto antes por donde ha venido (de hecho, Elío arranca su novela con la famosa frase “Y ahora me doy cuenta de que regresar es irse”). El relato transpira esa sensación de vacío, da incluso la impresión al lector de ser un libro fallido, inacabado, que se va desvaneciendo, pero esto a la vez es el mejor reflejo de la herida que dejó en la autora aquella ciudad y aquella niñez arrebatadas por la fuerza de las armas. La herida es, de hecho, tan dolorosa que tal y como cuenta Eduardo Mateo, biógrafo de la autora, esta tuvo que internarse a su vuelta a México en un psiquiátrico y solo así consiguió “curarse de Pamplona”, de aquella Pamplona convertida en una enorme y silenciosa tumba en cuya lápida solo era posible leer los nombres de los caídos de un bando, y en la que todavía cuarenta, sesenta años después, muchos crecimos si saber, sin que nadie nos contara que el colegio en el que nos educamos o las faldas del monte que todos los días veíamos desde nuestra ventana fueron tiempo atrás mataderos, algo que —me refiero a nuestra ignorancia—, por fortuna y una vez más, subsanó la literatura, gracias a libros como Los culpables, Soledad de ausencia, Tiempo de llorar o algunos más recientes como Sin piedad, de Fernando Mikelarena, Agerre y Garcilaso, de Iván Giménez, El escarmiento y El botín, de Miguel Sánchez-Ostiz, Los promotores del 36 en Navarra, de Aitor Pescador, Matones, de Bingen Amadoz, Entre rejas, de Hedy Herrero, Fuerte de San Cristóbal, 1938 de Félix Sierra e Iñaki Alforja, El cementerio de las botellas (Francisco Etxeberria, Koldo Pla…) , Navarra 1936, de la esperanza al terror, de Mari Jose Ruiz, Juan Carlos Berrio y Jose Mari Esparza… y al infatigable trabajo de editoriales como Pamiela o Altafaylla kultur taldea y de historiadores como José María Jurío que los hicieron posibles.

Entrevista a Maite Sota

Jul 30, 2021   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
Con frecuencia las crisis verdaderas son mucho más perturbadoras que las  que yo describo» | Kultura | Naiz

“Con frecuencia las crisis verdaderas son mucho más perturbadoras que las que yo describo”

Patxi Irurzun /Gara

En su última novela, Desnudas, la escritora navarra hila a través de la investigación de un caso de abuso sexual, varios temas -las relaciones de pareja, o laborales, la solidaridad internacional, la corrupción institucional- protagonizadas por mujeres en plena crisis vital.

En Desnudas, como ya hiciera en sus dos novelas anteriores, El informe Ulises y La soledad de la higuera, publicadas todas ellas por Pamiela, Maite Sota recurre al formato del thriller (la investigación de un caso de acoso sexual en el seno de la Policía Municipal de Iruñea) como hilo conductor para engarzar en él temas y preocupaciones recurrentes en su obra: las relaciones afectivas, la búsqueda personal, la dominación… En esta ocasión, además, el sexo ocupa un lugar importante en la novela, como una pulsión que atraviesa sus páginas.

Su novela hace una declaración de intenciones desde la primera líneas (incluso con el título y la portada), parece querer decirnos que en ella el sexo va a tener un papel importante…

Elegir el título de un libro no es tarea fácil y, a veces, resulta muy difícil, como me ha ocurrido a mí en esta ocasión. Intentar transmitir en una o varias palabras la clave de esta historia me ha resultado complicado porque, aunque el sexo y las experiencias sexuales son una constante desde la primera página, otros temas (las relaciones laborales y familiares, los chiringuitos institucionales, la represión policial, la solidaridad internacional, la amistad…) que empiezan como secundarios adquieren relevancia a lo largo de la trama y consiguen un puesto importante en ella. La novela cinematografía rincones del cuerpo y de la mente de varias mujeres que por diferentes motivos y uno en particular están o entran en crisis. Cuando por fin di con el título me quedé satisfecha: DESNUDAS es desnudez en femenino y plural.

Hay varias tramas y temas que se ensartan en ese hilo conductor que puede ser la investigación de un caso interno de abuso sexual en la policía municipal. ¿Cómo decidió esa estructura, es decir, quería escribir una novela negra o un thriller o usó este como excusa para hablar de otros temas?

Creo que aquí me has pillado. Los asuntos que trato en mis novelas son bastante recurrentes y siempre en referencia a las relaciones interpersonales, que se centran principalmente en resolver el problema de la insatisfacción permanente del ser humano mediante la posesión de objetos y personas, la manipulación y la dominación del otro, y la búsqueda del bienestar mediante la solidaridad y/o el amor. Para ello he utilizado formas y estilos variados, desde novelas de viajes y aventuras, género histórico o el thriller. Este último ofrece herramientas muy atractivas para hablar de estos temas y por eso en mis tres últimas novelas lo he explotado con mayor o menor profusión. Lo que cambia es la perspectiva desde la que construyo cada trama.

Las diferentes protagonistas se encuentran en momentos en los que deciden tomar decisiones cruciales, romper con sus vidas anteriores. ¿Qué tienen en común todas ellas y cómo hila esas historias?

Casi todas tienen vidas asentadas, más o menos cómodas, en apariencia. Pero el suceso (un caso de abuso dentro de la policía municipal de Pamplona) que comparte la psicóloga y sexóloga Eva con sus dos amigas les influye a cada una de manera diferente, como es lógico, y provoca en ellas, y de forma encadenada en otras, reacciones, algunas impredecibles, que las enlazan y alejan entre sí. Así, como bien refleja la portada de Xabier Idoate, se produce un enramando de relaciones con un mismo tronco o hilo conductor. Una trama trepidante que conduce en poco tiempo a situaciones críticas, ya que me interesaba producir transformaciones importantes en los personajes y polarizarlos hasta el límite de la credibilidad.

Hay además un personaje secundario, Mama Fatou, que atraviesa la novela, aparece, desaparece… ¿Qué nos puede contar sobre ella?

Mama Fatou es la única mujer que no interviene en el desarrollo de la trama principal. Apenas se relaciona, y muy tangencialmente, con el resto, pero es el personaje referencial en el que todas se miran en algún momento, que resitúa a las demás en sus contextos. Procede de sus propias experiencias, las de una migrante que llega a la península en patera, y sufre su transformación al margen de la del resto de personajes. Digamos que es la única que va por libre.

Como en novelas anteriores suyas, aprovecha su experiencia profesional como pediatra, para algunas escenas y personajes del libro… ¿Ve a menudo en su consulta historias que se pueden convertir en novelas?

Ayudo a personas con vivencias similares a las que reflejo en mis novelas, pero me abstengo de reproducirlas tal como son; no es tanto por el secreto profesional -queda fuera de toda duda la protección de datos-, sino que tiene que ver con el respeto al relato real. Con frecuencia las crisis verdaderas son mucho más perturbadoras que las que yo describo, y esa intimidad que se me muestra en consulta me produce un pudor del que no quiero prescindir como escritora de novelas. Por otro lado, la construcción de personajes a partir de personas de carne y hueso con las que trato a diario es lo que me apasiona hacer cuando escribo.

El espacio y el tiempo tienen importancia en la novela, Iruña es el escenario en que transcurre y todo pasa en un espacio de tiempo no muy prolongado, a pesar de la intensidad de algunos episodios. ¿Fue una elección deliberada?

Sí. Es deliberado que todo ocurra en tres períodos consecutivos (invierno, primavera y verano) y que la acción se concentre en pocas semanas de  cada uno de ellos. Conforme se acerca el desenlace, los arcos de transformación de los protagonistas cobran intensidad y el tiempo se acorta alrededor de los acontecimientos, los precipita estrangulando a los personajes casi hasta la locura. Por eso el narrador actúa como un director de cine que rueda y ensambla las escenas para crear el habitual tono asfixiante del clímax en un thriller.

Sus novelas se pueden incluir dentro del género de la novela policial o de investigación, ¿seguirá por ese camino en proyectos futuros?

El género negro es interesante en cuanto a pretender ser un reflejo de la sociedad que recrea, ya sea contemporánea o no. La actualidad que conocemos es el escenario de mis tres últimas novelas, y por eso no les faltan elementos de denuncia social como la pederastia en “El informe Ulises”, la trata de mujeres en “La soledad de la higuera”, la corrupción gubernamental o el abuso laboral y sexual en “Desnudas”. Pero los protagonistas de estas novelas no son policías, ni detectives, ni forman parte de los estamentos de la Ley que persigue el crimen. Son personas normales, con trabajos y vidas de verdad, con sus complejidades, sus aciertos y errores, que se ven involucradas o deciden tomar parte en un hecho injusto. A menudo, en mis novelas, como en la realidad, la ley no está al servicio de la ciudadanía, sino todo lo contrario.

Entrevista a Tonino Carotone

Jul 27, 2021   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

“Con esta gira me he quitado la ansiedad y las telarañas»

Patxi Irurzun / Gara

Agárrense que llega el rey del vodevil. Y viene con ganas. Animal de escenario, acostumbrado a hacer y deshacer maletas, Tonino Carotone lo ha pasado mal durante el confinamiento, pero comienza a desquitarse de este mondo cada vez más difficile con Piano Piano, la gira que recala estos días en Derio y Donosti

Hablamos por teléfono con el artista iruindarra, hoy vecino de Lavapiés; el cantante que antes de convertirse en una celebridad mundial bajo el nombre Tonino Carotone fuera el Toñín de los Huajolotes; el autor de temas ya convertidos en clásicos populares como Me cago en el amor. Todavía se  le nota abatido, tras dos años de parón, sin subirse a los escenarios, pero también resuena al otro lado del hilo de vez en cuando su carcajada canalla y hedonista y uno se imagina sus ojos brillantitos cuando nos habla con la ilusión de principiante de sus nuevos proyectos: los dos discos que tiene pendientes o la gira Piano Piano que lo trae estos días hasta nosotros (el viernes 23 de julio en la sala Baserri de Derio a las 19:30, y el sábado 24 en Dabadaba de Donosti a las 21:00).

“Era una idea que tenía desde hace tiempo:  yo solo con un pianista de jazz, por teatros, locales pequeños, pero que no había tenido oportunidad de llevar a cabo por culpa de las giras, los discos, siempre de aquí para allá…”, nos explica. Y también que ahora precisamente se daban las circunstancias. “Voy con un pianista también navarro, Carlos Arriezu, al que conocí hace solo un mes, y está funcionando muy bien, con ese formato de jazz, más intimo, más minimalista, pero que mantiene mi rollo, mi idiosincrasia. Al principio, después de tanto tiempo sin tocar,  tenía mis temores, de mí mismo, cómo iba a responder, o cómo lo iba a hacer el público, pero ya me he quitado la ansiedad y las telarañas. Hemos hecho ya varios conciertos y estamos muy contentos”.

Eran, en efecto, ya dos años muy largos los que Tonino llevaba sin sentirse artista. En febrero del 2020 hizo su último bolo en Atenas y desde allí regresó a Madrid ya enfermo. Ha pasado dos veces el coronavirus y también “una depresión de la hostia”, confiesa. “No tenía ánimo para escribir, leer, ni para nada, escuchar mis propios temas me daba pena, he estado mal, no he tenido inspiración para nada, sino todo lo contrario, no tenía ganas de nada, me he dedicado a comer, a beber y a fumar porros como cuando tenía quince años, y poco más, miraba para fuera y me ponía más triste, a mí todo esto me ha sentado fatal”, dice.

Por si eso fuera poco, los dos trabajos que Tonino tenía preparados para publicar se quedaron en el horno. Uno de ellos es un disco de swing, homenaje al artista italiano Fred Buscaglione, del que han llegado a decir que Tonino es la reencarnación ( “Era muy golfo, igual por eso”, se ríe); y el otro una colección de canciones en varios idiomas, con un tema común que no quiere todavía desvelar, y de las que Carotone, no obstante, ha ido ofreciendo algunos adelantos, como No dollar, en cuyo vídeo, como una premonición lo vemos lanzando al mar desde un velero una botella con un mensaje, o El último cliente, del cual también hizo un vídeo para “Pamplona Sound”, iniciativa del ayuntamiento de Iruña en la que participan y hacen jumelage varios grupos de la ciudad.

Hablando de Iruña, Tonino adelanta también que para los sanfermines chiquitos está preparando algo gordo, de nuevo con una gran banda, con canciones de su repertorio y populares… y sobre lo que tampoco puede o le dejan todavía contar mucho más, tiene que morderse la lengua, algo difícil para alguien dicharachero como él (a lo largo de nuestra conversación telefónica, de hecho,  hablamos también sobre los sanfermines –la llamada tiene lugar un 13 de julio-, los conciertos en ellos con los Huajolotes, o el que dio como Tonino Carotone en en 2019 para grabar el documental sobre la insumisión Dos años, cuatro meses y un día; sobre Madrid, donde vive y sufre los embates del nacionalismo más casposo –“Habría que preguntarles a los sanitarios cómo de libres se sienten ellos”, dice-; sobre la precariedad y la falta de apoyos y ayudas que han sufrido el sector de la música durante la pandemia…).

Ahora, a pesar de todo ello, Tonino Carotone comienza a ver luz en el horizonte.

“Los artistas necesitamos sentirnos artistas, el escenario. Estos meses han sido muy duros para mí, sobre todo psicológicamente. Tanto tiempo parado te da la vuelta a todo, es casi como volver a empezar. Pero en los conciertos que estoy haciendo vuelvo a notar esa sensación de compartir con el público, de poder soltar tu rabia… Estoy muy contento y me lo estoy volviendo a pasar bien. Y el público también”.

Estamos seguros de que sí. Y de que Tonino volverá a darnos grandes momentos y grandes canciones. Los adelantos que ha ido lanzando, de hecho, lo son, canciones pegadizas y vitalistas. Como sucedió con Me cago en el amor, que compuso tras un desengaño amoroso; o Insumisión, Carcelero… que entonó y con las que puso a todo el mundo a bailar tras su paso por la cárcel. Agárrense, pues. Es el rey del vodevil y, Piano Piano,  está de vuelta.

SUEÑO CON SERPIENTES (Cuento de verano)

Jul 26, 2021   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
Cuatro décadas mágicas • Whitesnake

Publicado en Rubio de bote, colaboración quincenal para magazine ON (diarios Grupo Noticias) 26/07/21

Cada vez que pensaba en ello mi escroto se convertía en una cáscara de nuez. Pero eso era lo de menos. Llevaba casi dos semanas sin ir al baño. Y me estaba volviendo loco.

Todo comenzó cuando leí aquella noticia: “Una serpiente pitón muerde los genitales de un hombre en el inodoro”. Yo ya había imaginado una situación así otras veces. Uno sentado ahí, con todo colgando, sobre ese agujero, esa madriguera interminable… Pero solo era un momento, terminaba la faena cuanto antes y me olvidaba. Cuando leí la noticia, sin embargo, comencé a obsesionarme. Cualquier movimiento por debajo de mis pelendengues me hacía dar un bote y alejarme de la taza como un pingüino. Bueno, al menos al principio, cuando esos movimientos eran en realidad el chapoteo de mi propia orina o el zambullido de mi estómago. Después ni siquiera eso, me obsesionaba con la idea de que en cualquier momento asomaría una culebra, una rata, un dragón de Komodo y me dejaría “nenuco”, y no podía, me cerraba en banda, se me detenía el mecanismo…

A mí, que siempre he sido como un reloj suizo.

La noticia había sucedido en Australia y al parecer la pitón se le había escapado a un vecino de la víctima. De modo que, al principio, yo conseguía aliviarme usando baños públicos, en los que no hubiera vecinos amantes de los animales exóticos y emasculadores. Pero después comencé a pensar en ese laberinto de desagües, tuberías, cloacas, colectores, en esa gran maraña que conectaba el mundo, y me pareció que en realidad uno podía llegar a través de ella hasta las mismísimas antípodas.

Y una serpiente pitón ya ni te cuento.

Pocos días después, de hecho, leí una nueva noticia, procedente ya no de Australia, sino de Austria -cada vez estaban más cerca-: “Una serpiente trata de introducirse por la vagina de una mujer mientras usaba el retrete”. Esta vez, además, el redactor intentaba buscar una explicación a ese extraño suceso y lo relacionaba con el abandono de mascotas domésticas durante las vacaciones estivales. Como aquellos cocodrilos de Nueva York, que la gente compraba a sus hijos creyendo que eran lagartijas, y que cuando empezaban a crecer y a echar dientes tiraban por la taza del baño, convirtiendo las alcantarillas de la ciudad en el delta del Misisipi.

La cuestión es que, poco a poco, fui perdiendo también el sueño. En parte por las pesadillas. En ellas aparecían cocodrilos que cocinaban criadillas humanas, plagas de serpientes a las que cuando las matabas aparecía una mayor, jaurías de perros abandonados en las gasolineras que se vengaban atacando terrazas, cines de verano, colas de vacunación… Pero en parte también por el dolor insoportable en el abdomen, aquella presión que me convertía en un hombre bomba, a punto siempre y nunca de reventar…

Todo ello me volvió irritable y conspiranoico. Por ejemplo, en una reunión del portal amenacé con cortarle los huevos a un vecino que llevaba una camiseta de White Snake; o estaba convencido de que en realidad la mayoría de los humanos vivíamos también en una gran cloaca, alimentándonos de la mierda que unos pocos nos echaban (la diferencia era que nosotros no nos atrevíamos a morderles las partes).

Así hasta que hace unos días, por fin el tapón cedió, no pude contenerme más, el dolor se volvió tan intenso que pude vencer mi miedo, sentarme en la taza y acabar con aquella obsesión. Fue como un parto múltiple. De hecho, cuando me levanté y quise ver de qué me había liberado, allá abajo me encontré con cientos de pequeñas crías de culebras que intentaban remontar la corriente y desaparecían zigzagueando por la cañería, en busca de alimento y órganos sexuales.

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