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MALENTENDIDOS HISTÓRICOS

Jun 13, 2022   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Publicado en «Rubio de bote», colaboración quincenal en magazine ON (diarios Grupo Noticias), 10/06/22

¿A quién no le ha pasado? De repente un conocido, un vecino, un compañero de trabajo deja de hablarnos o empieza a mirarnos mal, sin que sepamos por qué. Son los malentendidos. Tal vez ese vecino está convencido, equivocadamente, de que has sido tú quien le ha hecho una raya en el coche, o alguien le ha contado a alguien que alguien una vez mató un perro y por el camino, en ese teléfono roto, eres tú —que nunca has matado una mosca— el que te has convertido en un mataperros. Los malentendidos crean realidades paralelas, personas, situaciones, mundos que no existen pero están en este.

Ha habido, incluso, malentendidos históricos que han desatado guerras, acabado con civilizaciones, cambiado el curso de la historia.

En 1853, en Trabubu, una pequeña isla de Indonesia, se desató una guerra genocida entre dos tribus por culpa de un error de traducción. Los ortanchibiri, habitantes de las montañas, vivían tradicionalmente aislados de sus vecinos, los majajachi, a quienes los primeros atribuían prácticas como la antropofagia y la zoofilia poliamorosa. Entre ambas tribus había existido siempre una ojeriza secular y una falta de comunicación irresoluble, entre otras cosas porque los ortanchibiri hablan un idioma incomprensible, casi secreto, basado sobre todo en modalidades tonales. Un pequeño, apenas inapreciable matiz en la entonación cambia completamente el significado de una palabra o una frase. Y así, durante una hambruna que asoló la isla, cuando a los ortanchibiri no les quedó más remedio que bajar de las montañas y pedir ayuda a los majajachi, el traductor de esta tribu, la cual había decidió auxiliar a sus vecinos acabando de ese modo con su enemistad ancestral, no consiguió sin embargo pronunciar correctamente la expresión “miraamaajaauu” (que quiere decir “daremos de comer a vuestros niños”) y en lugar de eso dijo “miramajau” (que quiere decir “nos comeremos a vuestros niños”). Ello desató un enfrentamiento encarnizado que acabaría exterminando a los pacíficos majajachi, más acostumbrados a hacer el amor —aunque fuera con cabras— que la guerra.

Los malentendidos históricos han afectado también al mundo del deporte. En el último partido de los play-offs de la NBA de 1948, el alero de los St. Louis Bombers, Milton Tolaba, consiguió que el base rival, Jhon Kee, de los Providence Steamrollers, le pasara por error el balón en la última y decisiva jugada llamándole por un apelativo íntimo: Sugarcube (terroncito de azúcar). Jhon Kee creyó que quien le pedía el balón era su compañero y por entonces pareja sentimental, el pivot Bary Able. Lo que John Kee desconocía era que a su vez Bary Able era amante de Milton Tolaba, a quien tenía la fea costumbre de revelar las intimidades de Sugarcube, el base de los St. Louis Bombers. Total, que John Kee erró su asistencia y fue así como un enrevesado triángulo amoroso decidió el título de aquel año.

Aunque para malentendidos, estos reales, los referidos a la pasada visita del rey emérito, de quien nos cansamos de escuchar que había venido a competir en unas regatas, al tiempo que veíamos cómo lo llevaban de un lado a otro en tacataca o tenían que subirlo al Bribón en grúa. No puede tratarse más que de un malentendido pretender que ese hombre es un atleta. Eso o que la vela es un deporte muy poco exigente.

Claro que en realidad el error, la anomalía democrática, el anacronismo intolerable, está en la propia existencia de la monarquía. Eso sí que es un malentendido histórico.

LA MENTIRA ES LA QUE MANDARUBIO

May 31, 2022   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
Puede ser una imagen de 5 personas, personas sentadas e interior

Publicado en «Rubio de bote», colaboración quincenal para magazine ON (diarios Grupo Noticias), 28/05/22

Todo empezó hace unos meses, en una extraña presentación de La verdad es aburrida, mi última novela. No vino mucha gente. Bueno, eso no es extraño, lo extraño esta vez fue que los organizadores colocaron entre el público algunos maniquís y muñecas hinchables para hacer bulto. El presentador no se había leído el libro —lo cual tampoco es raro— así que hizo un refrito de algunas reseñas que habían aparecido en prensa. Y, como en ellas, dijo que mi obra aborda una problemática tan peliaguda como el suicidio.

Yo, por no contrariarle, me callé, igual que cuando se destacaba en algunas de esas reseñas la maestría con la que había tratado el asunto. Lo cierto es que en mi libro, que yo sepa, no se suicida nadie. Pero cuando se publicó, un conocido crítico mencionó el tema entre otros de los que sí se ocupa la novela —la locura, la muerte, la enfermedad— y con los que al parecer el suicidio pega. Era evidente que el crítico tampoco había leído el libro, pero como la crítica no era mala (desde luego era mucho mejor que la que hicieron en otro periódico en la que escribieron mal, yo creo que adrede, el título de la obra: La verdad, es aburrida) tampoco entonces dije nada.

Y a partir de ahí en el resto de reseñas y críticas que vinieron comenzaron a repetirlo como un mantra: una novela sobre el suicidio, el suicidio en el último libro de Valentín Tineo, etc.

La cuestión es que en aquella extraña presentación, entre los maniquís y las muñecas hinchables había también un catedrático de psiquiatría y que al final del acto me invitó a participar en un simposio sobre conductas suicidas que se celebraría en unas semanas. Acepté. Pagaban bien (bueno, pagaban) y, en realidad, mi intervención no ofrecía demasiadas complicaciones, pues por suerte o por desgracia había un buen número de escritores suicidas sobre cuya obra podía disertar: Hemingway, Alfonsina Storni, Mishima, Pérez-Reverte (vale, este último no se ha suicidado, pero sí sienten ganas de hacerlo quienes lo leen, ja, ja… Perdón, es un chiste que suelo hacer en mis conferencias).  

Y es que mi intervención en el simposio fue un éxito, y a partir de entonces comenzaron a llamarme para más encuentros, ciclos, charlas, tertulias…  Me he hecho famoso. El otro día, sin ir más lejos, me practicaron una colonoscopia y la doctora me preguntó si era el que había escrito “esa novela sobre el suicidio”. Le contesté que sí, un poco avergonzado, pues pensé que a partir de entonces esa doctora se acordaría de mí y de mis profundidades cada vez que me viera en la tele o en alguna entrevista o leyera alguno de mis libros.

Bueno, en realidad  he llegado a la conclusión de que nadie lee mis libros, o de que todos mis lectores son maniquís y muñecas hinchables. Pero intento no darle demasiada importancia. De hecho, acabo de acordar con mi agente que mi siguiente novela ni siquiera voy a escribirla, ni a publicarla, ¿para qué?, será una novela fantasma, como la anterior, pero nadie se dará cuenta, nadie la leerá —obviamente— a pesar de lo cual la presentaré, saldrán reseñas, participaré en simposios, aumentará mi popularidad… Todavía no sé sobre qué irá, eso sí. Da igual. Ya se lo inventará algún crítico. Lo único que sé y me hace falta de momento es el título. Se va a llamar La mentira es la que manda y va a ser un éxito, estoy convencido.

Entrevista a LA VELA PUERCA

May 26, 2022   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
La Vela Puerca anticipó su primer disco en cuatro años

Discopático es un disco de música alegre y letras reflexivas”
Nico Lieutier, bajista de La Vela Puerca

El grupo uruguayo regresa a Euskal Herria después de tres años con disco nuevo bajo el brazo, Discopático, publicado por el sello navarro El Dromedario Récords. Tocarán el viernes 27 en la sala Santana de Bilbao y el 28 en la Tótem de Pamplona

Patxi Irurzun, Gara Naiz /26/05/22

A sus espaldas hay veinticinco años de recorrido y una docena de discos, pero sus nuevas canciones suenan frescas. Vienen de reventar estadios en su Montevideo natal, pero en Euskalherria se sienten como en casa. Aquí tienen también cientos de seguidores, un buen puñado de amigos, e incluso la discográfica de este nuevo trabajo.  Reconocen, además,  haber mamado de grupos como Barricada y La Polla. Su regreso es una buena oportunidad para reencontrarse con ellos y para bailar sus nuevas canciones y corear los viejos himnos. Hablamos con Nico Lieutier “Mandril”, bajista de la banda.

¿De dónde viene el extraño título de este nuevo disco, Discopático?

Este disco fue compuesto de una manera diferente a los anteriores donde nosotros arrancábamos siempre de la melodía de la voz para componer la música. Esta vez al Enano, el cantante, que es quien por lo general suele hacer esas melodías, se le ocurrió arrancar desde la música afro, desde un tipo de música que hace como líneas de bajo que crean un ambiente mantra. Él tenía varias ideas que había grabado con la voz en su móvil, se reunió conmigo, y así empezamos haciendo las bases. Por eso el nombre inicialmente quería referirse a la música negra o afro, pero buscando esa palabra derivó hacia otra cosa,  surgió un poco el chiste, cuando el Enano tuvo problemas en la espalda, no podía doblarse, y al ir al médico le dijo que tenía una discopatía, y él le contestó que eso él ya lo sabía, porque eso debía de ser la enfermedad por los discos. Así fue como surgió esa palabra, que en realidad no existe pero elegimos porque reunía varias cosas que nos gustaban.

Discopático fue grabado entre agosto del año pasado y febrero de este, supongo que esos meses todavía de pandemia habrán afectado a la composición, la producción del disco…

En realidad nos empezamos a juntar para este disco en marzo de 2020,  apenas había empezado la pandemia, y en dos meses ya estaba todo ese trabajo prácticamente hecho, es decir cuando empezó todo las bases ya estaban y la música no se vio tan afectada. Las letras fueron escritas al final y sí tienen alguna reminiscencia, pero en realidad como todos los discos son letras bastante atemporales, son reflexiones, vivencias, del Enano, sobre todo, que es quien más escribe…

Es un disco con canciones bastante vitalistas, optimista.

Me gustó más la palabra que empleaste primero, vitalista que optimista, vitalista es el rescate de la vida, como oposición a la muerte, algo que rescata la alegría pero puede incluir también en ese rescate la tristeza, o sea, la vida como es.  Vitalista me parece más realista que optimista. De hecho, en realidad este disco alegre no es, se puede decir que es un disco de música alegre y letras más bien reflexivas, con el que te puedes encontrar lavando los platos y moviendo la patita, pero estás cantando una cosa que es bastante oscura. Puede ser esa mezcla.

Es un disco con ritmos muy bailables, pero también hay medios tiempos, canciones más rockeras ¿Han intentado incluir todos los gustos e influencias del grupo?

Yo creo que hay como cinco o seis canciones que son el eje de disco, que salen de esa línea de bajo que comentaba antes, y que le dan un tempo bastante bailable, después hay unas pinceladas por aquí y por allá de otras cosas, una lenta, un rock más furioso, alguna que no sabría cómo definirla… Pero en general el disco está bastante equilibrado siempre alrededor de esa idea del bajo.

En el sonido, tan contundente y a la vez tan cristalino supongo que habrá tenido mucho que ver la producción de Ale Vázquez

Fue un placer trabajar con Ale Vázquez, el argentino, siempre es un desafío encontrarte con alguien que no conoces, alguien que nos habían recomendado. Hasta que no estás en la cancha no sabes cómo va a funcionar, pero lo hizo de manera óptima, en lo humano fue increíble, supo dejar a cada miembro de la banda contento, lo cual es casi un milagro, y en lo musical, sobre todo en el sonido, fue un paso adelante, porque en los últimos discos veníamos haciéndolo nosotros y es un salto de calidad. Él también creo que nos fue descubriendo y adaptándose, se creó una linda simbiosis.  Además, Ale fue un trabajador incansable, llegó a acostar una noche al Enano, que es “inacostable”, a las seis de la mañana…

Hay varias colaboraciones en el disco, como Andrea Echeverri, de Aterciopelados, ¿qué nos puede contar sobre ellas?

Lo de Andrea surgió en el último momento, habíamos hecho todo el disco solitos y nos pareció que podíamos darnos el lujo de invitar a alguien a quien admirábamos. Contactamos con ella y enseguida le gustó la idea, y la verdad es que estuvo buenísimo, porque la canción venía por otro lado, pero ella la llevó a su mundo, a su terreno, le dio su rocanrol, y se transformó en una canción nueva, mejor. Luego está Diego Arquero, que es un colega muy joven montevideano, que vive muy cerca de donde ensayamos y de donde grabamos, un rapero, muy amigo del Enano, que se crió en Sevilla, por eso tiene ese acento. Su participación fue muy natural. Y a ultimísimo momento llamamos a Tito de Molotov, a quien conocemos de hace muchos años, por si quería meter su guitarra y puso un solo muy histriónico, muy suyo, al final de un tema. Son colaboraciones muy escuetas, pero que le dan mucho nivel al disco.

¿Cómo es regresar a Euskalherria, donde La Vela Puerca tiene tantos seguidores y amigos, y cómo van a ser los conciertos?

Para nosotros ir a tocar al País Vasco siempre tiene un sabor muy especial, porque cuando formamos el grupo veníamos muy influenciados por grupos como Barricada, La Polla, y todos esos grupos que hicieron tanta historia, por la forma de hacer las cosas, las letras. Cuando teníamos veinte años mamábamos de todo eso, con un respeto impresionante, así que la primera vez que vinimos a conocer el País Vasco y su gente nos enamoraron, luego hemos vuelto más veces, no es por pasarles la mano, pero es un lugar que amamos, tenemos amigos, y es como otra casa para nosotros. En cuanto a los conciertos que venimos haciendo, no presentamos todo el disco porque recién ha salido y no nos parece que la gente se tenga que comer doce canciones que igual todavía no conoce, haremos seis y también canciones viejas. Es una gira de reencuentro. Después de tres años que no venimos, creo que la gente quiere bailar y divertirse, más que a apreciar temas nuevos, así que serán una mezcla de las dos cosas.

QUINCE AÑOS EN LA CALLE

May 16, 2022   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Publicado en Rubio de bote, colaboración quincenal para magazine ON (diaruios Grupo Noticias) 14/05/22

Hace unas semanas mi amigo el fotógrafo mexicano Juan Lemus me envió una nota de voz comunicándome roto de dolor la muerte del pintor Miquel Fuster, del cual había sido la sombra durante años, desde que Fuster fue acogido por la Fundación Arrels de Barcelona, tras pasar tres lustros viviendo en ese infierno que es la calle en el que siempre hace frío y los demonios —la soledad, el alcoholismo, la locura— nunca cometen el pecado mortal de la pereza.

Conocí a ambos hace años en unos encuentros literarios organizados por el Foro Social de Segovia. A Fuster, en realidad, apenas llegué a saludarlo, pero con Juan establecí de inmediato una amistad gracias a la cual puedo sentirme amigo interpuesto de Fuster —los amigos de mis amigos son mis amigos, etc.—, más si cabe si, como he mencionado, Juan Lemus ha sido durante estos años un compañero inseparable del pintor.

Juan trabaja para la Fundación Arrels, que atiende a las personas sin hogar de Barcelona. A Segovia acudió acompañando a Miquel Fuster a presentar su novela gráfica Quince años en la calle, en la que el pintor retrata esa larga temporada en el infierno durante la cual malvivió en las calles, parques y montes de la Ciudad Condal, tras un pasado prometedor como ilustrador en editoriales y agencias como Bruguera, Selecciones ilustradas o Norma editorial.

Aquella misma noche, cerveza va, tequila viene, Juan me contó cómo Fuster había acabado en la calle después de varios golpes de mala suerte: un desengaño amoroso, la pérdida de su casa como consecuencia de un incendio… 

Lo que vino después, esos quince años en el infierno, está magníficamente retratado en el cómic de Fuster, en el que se recogen una serie de historietas y escritos que describen la vida de los sintecho de manera desgarrada, como desgarrado es el trazo de los dibujos de Fuster, una maraña de heridas asestadas a punta de lápiz que le confieren un estilo personalísimo, una caligrafía inconfundible del padecimiento.

En Quince años en la calle Fuster nos cuenta, por ejemplo,  lo dolorosa que resulta la invisibilidad (las personas que ni siquiera se dignan a mirarle o a devolverle el saludo cuando se dirige a ellas), las palizas de desalmados que se sienten fuertes golpeando a los más débiles, la soledad (a Fuster le parece hermosa la figura de un maniquí en un escaparate, añora en ella los cuerpos de las mujeres que amó, el sexo para el que se siente ya desahuciado), el fuego y la sed devastadora del alcohol…

Fue el propio Juan Lemus, que durante años — después de que Arrels facilitara a Fuster una habitación propia en la que poder dibujar todo ese horror y a la vez borrarlo— acompañó a su amigo en charlas, presentaciones, entrevistas en las que concienciar y denunciar el problema de las personas sin hogar, fue él, decimos, quien encontró a su compañero muerto, dormido para siempre en la cama de su pequeño apartamento, tal y como describe en una emotiva carta de despedida que se puede leer en la web del pintor (www.miquelfuster.com).

Juan, en realidad, no fue la sombra de Fuster, como antes he escrito, sino que compartió con él su luz, largas y caudalosas horas de conversaciones, su memoria prodigiosa, todo aquello que la vida en la calle y el alcohol no pudieron a pesar de todo arrebatarle. Y fue él quien, además, salvaguardó su talento artístico y a quien, entre otras almas generosas, debemos ese legado, esa obra que podemos considerar ya fundamental y de referencia sobre las personas sin hogar que es Quince años en la calle, de Miquel Fuster.   

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