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ENTREVISTA A TONINO CAROTONE

mar 19, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Entrevista publicada en ON, magazine de los diarios de Grupo Noticias (18/03/2017)

Para encontrarse a uno mismo a veces hay que perderse antes un poco” 

Ha compartido escenario con Adriano Celentano, Renato Carosone o Manu Chao. Le ofrecieron hacerlo con Elton John y Youssou N’ Dour y lo rechazó. Tonino Carotone, que antes fue el Toñín de Kojón Prieto y los Huajolotes, el mariachi más punk del mundo, es el autor de “Me cago en el amor”, la canción que lo convirtió en una celebridad, sobre todo en Italia. Canalla, irónico y hedonista, se define a sí mismo como artista etílico-romántico.

 

Agárrense, que llega el rey del vodevil. Tonino Carotone se presenta a la cita, en el  Café Iruña de Pamplona,  puro en ristre y pide un orujo. Sin hielo, claro. Se está quitando la resaca. El día anterior tocó en un concierto en favor de los refugiados. Está en casa de paso. Al día siguiente vuelve a Madrid, a Lavapiés, donde vive,  y dentro de unos días a Nápoles, a grabar un videoclip con la actriz y cantante Pietra Montecorvino. Es todo un artista de la música y de la vida, que apura también como un aguardiente, sin hielo, paladeando todos sus ardores. Un desengaño amoroso le recompensó con su mayor éxito, Me cago en el amor, que compuso sentado en una taza de váter. El Toñín, el Toñín que estuvo en la trena cumpliendo por la cara una injusta condena, se convirtió de un día para otro en Tonino Carotone y compartió escenario con sus ídolos: Renato Carosone, Adriano Celentano… En este mondo dificcile de futuro incerto, Antonio de La Cuesta ha sabido siempre cómo cambiar de traje y de piel para seguir vivo, feliz e insumiso, primero vistiéndose de mariachi, con los Huajolotes, el grupo más salvaje del mundo, y después de crooner italiano. Es Tonino Carotone, le invitas a una birra y te canta una canzione.

Patxi Irurzun

¿Cómo se inició usted en la música, le viene de familia?

Yo en realidad me llamo Antonio de la Cuesta, es decir tengo el mismo apellido que  el impresor de Cervantes, Juan de la Cuesta. Y mi abuelo me contaba que un manuscrito original del Quijote, era nuestro, pertenecía a nuestra familia, un documento valiosísimo, pero que lo quemaron, aunque yo no me lo creo, pero tampoco me apetece investigar, por seguridad de “la mía familia”… Es una historia familiar, no sé si cierta, pero la cuento porque ese es el único supuesto vínculo familiar con el arte. Quitando eso, yo fui el primer artista de la familia. Siempre me ha tirado el rocanrol, primero por vivir en Pamplona y por todo lo que ha habido en esta ciudad, Barricada, Tubos de Plata… Empecé tocando la batería en Cagando duro, tocábamos canciones punkis,  sin salir prácticamente del local de ensayo,  luego acompañaba a los Tijuana in blue en todo el golferío, las giras… Yo dejé los estudios por el rocanrol, y todavía a veces sueño que estoy en clase, preguntándome qué hago allí… En el instituto me pegaba más tiempo en el bar que en clase, contestaba a los profesores … Por aquella época comencé a ir a los conciertos de la discoteca Ilargi en Lakuntza, allí vi, por ejemplo, a Ian Dury, que cantaba aquello de Sex & drugs & rock & roll, que yo me lo tomé al pie de la letra. Algunos de aquellos conciertos eran los domingos y yo llegaba a clase todavía colocado… Después empecé a tocar la armónica con los Huajolotes, más tarde a componer alguna canción…

¿Cómo recuerda esa  época con los Huajolotes?

Era muy punki, una borrachera continua, y droguerío, siempre puestos, pero con ganas… No ha habido una banda más punki, mas canalla ni más sobrada en el mundo… Solo la puedo comparar con los Pogues… Íbamos por allí en un autobús inglés, con el volante al otro lado, con perros, pulgas, a veces nos paraba la guardia civil, se asomaban y salían corriendo, parábamos en los pueblicos vestidos de cuatreros… Muchos, cuando hablaban de  los Huajolotes, decían que éramos la mitad drogadictos y la otra mitad delincuentes, y algunos de las dos. Y bueno, sí, estaba toda esa cultura del alcohol, pero lo que queríamos era pasarlo bien, y cambiar las cosas. Y así estuvimos seis, siete años sin parar: quedábamos el jueves por la mañana en San Lorenzo, que ya llegábamos algunos de gaupasa, y acabábamos en el A la carga, un bar gay de Pamplona el lunes de madrugada, invitando a todo el mundo, cuando ganábamos dinero, que íbamos con fajos de billetes…

Parte de aquella etapa coincidió también con su condena por insumiso…

Fue la época en que los Huajolotes estábamos en pleno apogeo, triunfando, y a veces en la vida hay momentos en los que tienes que decidir si vas por un lado o por otro. Yo tenía veinte años, era salvaje, follador, estaba enamorado, así que pensaba ¿yo voy a ir a dormir todas las noches al talego? Pero hice bien, tire por el lado que debía, fui consecuente. No me llegaron a juzgar, porque el día de mi juicio fui con los Huajolotes y le canté una serenata a la jueza y le dije que me declaraba en rebeldía y que si querían algo de mí que me vinieran a buscar… Y a partir de ahí estuve fugado. En una entrevista en Radio 3, que te hacían un carnet para entrar, yo me lo guardé, y después puse el nombre de un vecino mío, y cuando me paraba la policía por ahí, con mis melenas, yo se lo enseñaba, les decía que estaba trabajando, y al ver aquello de Radio Nacional se cuadraban… Aunque tampoco había realmente una voluntad de detener, porque éramos miles de insumisos y no sabían qué hacer con nosotros. Fue, en definitiva, como la canción de Barricada: “Mis mejores años, clandestinidad”.

Pero después si, después vino ya la cárcel…

Sí, Navarra siempre ha sido un laboratorio para la represión, contra la rebeldía, y aquí mucha gente, los más consecuentes, nos comimos marrones a pulso, sentencias de un año, o de dos años, cuatro meses y un día, algunos nos negamos a la libertad condicional, nos dispersaron… El día que a mí me dispersaron yo tenía vis a vis, algo importante para un preso, y recuerdo que me crucé de camino con mi pareja, que venía de Madrid. Por cierto,  me dispersaron a mí y a mi guitarra, me la hicieron llevar conmigo, nos echaron a los dos a patadas. Y con ella compuse después la de Carcelero que me ponía a cantar y los gitanicos me hacían los coros, o me sacaban al patio y yo me ponía en medio a cantarla y después llegaban los funcionarios y me llevaban otra vez al chabolo y entonces yo les cantaba “No me amenaceeees”…

Recorrió unas cuantas prisiones…

Yo iba a Puerto de Santa María, pero me quedé en Navalcarnero, tras pasar por Langraitz, Burgos… Por cierto, cosas de la vida, yo nací en Burgos de casualidad, porque mi padre estaba allí, en la cárcel, en una prisión militar, por defender a unos soldadillos que se metieron con un mando… Y allí, en Burgos, me puse en una huelga de hambre y los funcionarios me metían al chabolo morcillas… Luego también estuve en régimen FIES… Sí, fue duro, y cuando salí yo no era persona, estaba descolocado, estaba como agarrotado, en la cárcel no te rozas, estás como metido en un zoológico, guardas mucho los espacios, las distancias…. Me costó volver a ser yo mismo.  Pero después me invitaron a dar una charla en Granada en el 95, en el Espárrago Rock,  sobre la insumisión, y allí conocía  a Manu Chao, que me invitó a cantar una canción con él, una mexicana,  y fue cuando ya me solté otra vez…

 

Siempre se ha dicho que en la furgoneta de Tijuana in blue, o después con los Huajolotes, se escuchaba música diferente,  Luis Aguilé, Raffaella Carrá… ¿Comenzó ahí a gestarse Tonino Carotone?

Sí, con los Huajolotes ya cantábamos la de Felicita, de Albano y Romina Power, o aquello de “Sapore di mare, antimilitare”… Nos gustaba mucho eso de cambiarles las letras a canciones famosas… En aquella época íbamos contracorriente, porque entonces todo era muy cuadriculado, los punkis, los heavys… Pero, bueno,  yo siempre he ido a mi bola, siempre he estado un poco loco…

¿Crear ese alter ego de Tonino fue algo premeditado, un personaje para reinventarse?

Siempre  me había gustado, me había dado morbo esa música, la música mediterránea, que era lo que decían que yo hacía cuando empecé como Tonino Carotone, pero yo en realidad me defino como artista etílico-romántico, porque vengo de los bares, de la fiesta, vengo de los Huajolotes, vengo del punk… Y creo que por ahí sigo… ¿Un personaje? Todos somos personajes, en realidad, el mío quizás es público, pero yo ya era antes así,  el rey del vodevil, siempre a la contra, sinvergüenza… Para encontrarse a sí mismo a veces hay que perderse antes un poco, hay que sentirse canalla. Y ahora, de hecho, estoy un poco en crisis, porque estoy menos golfo, que es cuando salta la chispa.  Hay que hacer el tonto, jugarse la vida,  y tiene que haber algo, drama, ironía, para que esa chispa salte.

El éxito de su canción Me cago en el amor, en todo caso sí que sobrepasó todo lo que usted podía imaginar. ¿Cómo fue todo aquello?

Yo estaba enamorado, mi novia se fue a Madrid, allí se enamoró de otro, y con todo el dolor de mi cuore me dije: “Me voy a Barcelona”. Y allí hice esa canción Me cago en el amor, que me la inventé un día sentado en el váter. El váter es una capilla en la que estás solo y a veces te vienen las ideas, melodías. Entonces fueron esas frases en italiano, “E’ un mondo difficile / e vita intensa / felicita’ a momenti / e futuro incerto”, que son como un padrenuestro laico. Lo de me cago en el amor ya vino después, y al principio nadie me entendía, menos Manu Chao, que me dio toda su confianza, así que sacamos un single con cuatro canciones,  que eran las cuatro diferentes versiones de Me cago en el amor, y esta se convirtió en todo un éxito.

¿Pero no hará todas las canciones en el baño? ¿Cómo compone?

No, no sé, me viene un ritmo, o alguna una idea asociada a él, alguna chaladura, ahora por ejemplo tengo artrosis y entonces me sale un ritmo griego, porque artrosis me suena a griego… Hay que reírse del mal, de la enfermedad, porque cuando te ríes te duele menos. Cuando voy en avión y hay turbulencias hay gente que dice que se va a morir y empieza gritar, pero a mí me divierte, es como montarte en las barracas…No sé, yo canto lo que siento, lo que veo, me gusta interpretar, y a lo hago a mi bola, mis músicos siempre me dicen que mis canciones son raras, que no tienen estructura…

Con Me cago el amor usted se convirtió en una celebridad, sobre todo en Italia, aparecía en la RAI, conoció y cantó con Celentano… ¿Cómo llevó todo eso?

Sí, la canción fue número uno,  me llamaron para cantar incluso con Youssou N’Dour y Elton John, en un festival para la FAO. El Toñín y Elton Jhon, imagínate. Aunque yo me negué. Yo ya no era un chavalico, estaba curtido, había pasado por la cárcel, así que no me perdí, entre otras cosas porque yo ya estaba perdido. Y estuve fino para no entrar donde no debía entrar…

Pero sí pudo conocer a sus ídolos y compartir escenario con ellos. ¿De qué habla uno cuando le presentan a Adriano Celentano?

Yo a Celentano lo valoro mucho, por sus letras, su forma de ser. Cuando me lo presentaron me miraba como a un bicho raro, como yo lo he mirado también a él toda mi vida, por otra parte. Lo mejor fue que me presentó a Francesca Neri, que sabía castellano, conocí también a su mujer… Y aquel día estaban también allí Manu Chao y Compay Segundo, imagínate tú. Hice fotos, pero me robaron la cámara los servicios de seguridad de la RAI, que son una mafia.

Tambien conociste a Renato Carosone, del que tomaste tu alias

Sí, yo me llamo Tonino Carotone por Renato Carosone, a quien descubrí una vez de tripi que me pusieron un disco suyo, y ya me quedé enamorado para toda la vida.  Carosone consiguió unir toda la música tradicional napolitana con toda la esencia norteamericana del swing, rocanrol, y darle la vuelta, ir a contracorriente…. Con él canté Tu vuo a fa l’ americano, luego me dieron el Premio Carosone, y fue todo un honor.

El futuro incerto de su Me cago en el amor no se diferencia mucho del No future punk… ¿Piensa en el futuro, en qué pasará con Tonino, o con Toñín, si habrá nuevas reinvenciones?

La energía se transforma, yo me voy reconvirtiendo toda mi vida, hay que estar siempre aprendiendo, si no aprendes estás muerto… Lo que sí espero es tener siempre mi punto de inspiración, hay veces que estás más o menos inspirado, y a mí en ese sentido me da mucha vida colaborar con otros artistas. Ahora quiero grabar un disco de duetos con artistas con todo el mundo, tipo Tonino & Friends, empezando por los artistas italianos. Acabo de hacer una canción con Pietra Montecorbino, vamos a grabar un videoclip, que estamos dándole vueltas a diferentes ideas, localizaciones, algunas aquí en Pamplona, otras en Nápoles, a donde me voy dentro de unos días. Nápoles un sitio caótico, a veces fantasmagórico, pero en el que viven al día, porque están bajo un volcán, y a mí me encanta, me encanta ir a comer a las cuatro y que te sirvan, que la gente se ría, su ironía…

¿Qué le aportan todas esas colaboraciones con otros artistas?

Le doy mucha importancia no solo a hacer mis cosas, sino también a compartir ideas con otra gente, tanto si son mías como suyas,  liarte, divertirte, mezclar, en definitiva y dicho a la navarra, enredar. Y, además, cuando estoy falto de ideas y espíritu creativo basta tirar del hilo, que me den una idea para sacar lo mejor de mí. El ser humano es una especie animal, mamífera, vertebrada y, dicen, civilizada, social, nos necesitamos unos de los otros y eso a mí me da la vida. Me encanta compartir, el amor sin compartir no es nada, solo masturbación. Hombre, puedes ir solo, si subes montañas o haces maratones, pero luego a la gente le dan infartos… aunque soy consciente de que yo también formo parte de un gremio que tiene uno de los más altos índices de mortalidad, porque el arte, la pintura, la poesía, la música van al límite, y en el caso del rocanrol es la hostia, porque los músicos también nos morimos mucho, de infarto, o de sobredosis, o de pena… Pero a pesar de todo, merece la pena, sí, el rocanrol ha merecido la pena.

 

Personal

Edad: 47 años. 9 de enero de 1970

Lugar de nacimiento: Nació  en Burgos pero se crío en el pamplonés barrio de la Rotxapea y en Barañain. Actualmente vive en Lavapiés (Madrid).

Trayectoria: Comenzó tocando en un grupo punk llamado “Cagando duro”, toda una premonición del tema que lo haría mundialmente famoso: Me cago en el amor. Antes de convertirse en Tonino Carotone estuvo en los inolvidables Kojón Prieto y los Huajolotes. Como Tonino Carotone ha publicado tres discos: Mondo dificcile (2000), Senza retorno (2003) y Ciao Mortali! (2009) y junto al escritor italiano Federico Traversa, el libro Il Maestro dell’Ora Brava (2006).  Ha colaborado con artistas como Manu Chao, Adriano Celentano o Renato Carosone, a quien homenajea con su nombre.

 

Patxi Irurzun

PELO NAPALM

mar 13, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Publicado en la sección “Rubio de bote” de ON, suplemento semanal de diarios de Grupo Noticias (11/03/17)

Lo siento, Donald, hoy vamos a hablar de canciones. Y de libros. De Jhonny cogió su fusil , por ejemplo, que es una novela escrita por Dalton Trumbo en la que se narra la estremecedora historia de un soldado estadounidense alcanzado por un obús durante la Primera Guerra Mundial, cuyo impacto le arrancó las piernas, los brazos, la nariz, la boca, las orejas… Joe Bonham, asi se llamaba, sin embargo, conservó su cerebro y su pellejo intactos, de modo que, aunque incapaz de oír y hacerse entender, podía percibir lo que sucedía a su alrededor, recordar y, lo más terrible, ser consciente de su situación.

Las últimas páginas de este libro, cuya lectura debería ser obligatoria en los institutos, como una mili civil, son uno de los alegatos más rotundos contra las guerras y contra quienes las alientan, las necesitan, se enriquecen con ellas (la industria armamentística es una de las más boyantes del mundo, sus principales ejecutivos algunos de los que se hacen llamar a sí mismo “nosotroslosdemócratas”; es sangrante, por ejemplo, y nunca mejor dicho, el caso del anterior ministro de defensa, el getxotarra Pedro Morenés, a quien en alguna ocasión se ha definido como una puerta giratoria en sí mismo, pues llegó al cargo directamente y sin ningún escrúpulo desde una de las principales empresas armamentísticas y ya en el ministerio firmó con ella jugosos contratos; tú mismo, Donald, has declarado hace poco que aumentarás el presupuesto militar de tu país, que seguramente es lo que necesitan quienes viven en él, eso y un muro bien alto. Cierro paréntesis).

Pero nos estamos despistando, íbamos a hablar de libros. Y de canciones. El caso es que Joe Bonham, el protagonista de Jhonny cogió su fusil, consiguió finalmente comunicarse con su enfermera a través del código Morse, que punteaba cabeceando sobre su almohada. La imagen se puede ilustrar con el video de una de las canciones más conocidas de Metallica, One, en el que se incluyen imágenes de la película homónima, Jhonny cogió su fusil, que el propio Trumbo dirigió (bueno, ya puestos vamos a despistarnos otra vez: no sé si Metallica se inspiró directamente en la película o en el libro; es algo que observo con frecuencia últimamente, las versiones de versiones de versiones, que acaban por hacer olvidar por completo el original, de modo que, por ejemplo, Aitormena no es una canción de Hertzainak sino de Go!azen; creo que todo ello tiene que ver con que todos los programas de música de la televisión de hoy en día no son en realidad programas de música sino karaokes. Cierro paréntesis)

Dalton Trumbo fue, efectivamente, además de escritor, cineasta. Escribió los guiones de películas como Espartaco o Papillon, que también fue antes que película novela, otro clásico, este de la literatura carcelaria, y del cual conservo uno ejemplar prestado, en este caso por mi amigo Juantxo el jipi, que nunca pienso devolverle, porque él no lo echa de menos y también porque fue una de sus lecturas mientras estuvo encarcelado por insumiso, lo cual lo convierte para mí en una especie de fetiche, un pedacito de historia y de memoria, un plano para una fuga (los libros siempre lo son y también la fuga en sí misma). Juantxo, por cierto, compartió prisión con Tonino Carotone —cuando era el Toñín y estaba en la trena—, quien cantaba el famoso himno antimilitarista Insumisión con los Huajolotes y a quien la semana que viene entrevistaré en esta revista.

Pero, enfin, creo que no voy a seguir, Donald, porque a ti todo esto, los libros, las canciones, te dan igual; espero que al resto de mis amables lectores no (porque si no acabarán pareciéndose a ti y teniendo el pelo y los pensamientos de color napalm, advierto. Y cierro, definitivamente, paréntesis.)

 

EL DÍA QUE LA PANTALLA BLANCA DE BALUARTE SE CONVIRTIÓ EN UN FRONTÓN

mar 11, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

 

El pasado miércoles Punto de Vista dedicó una sesión especial a las películas del danés Jørgen Leth y la bilbotarra Olatz González Abrisketa, Pelota y Pelota II. En la misma estuvieron presentes algunos de sus protagonistas, como los pelotaris Panpi Ladutxe y Juan Martinez de Irujo… y entre ambos un cronista.

Patxi Irurzun. Iruñea  Publicado en Gara (10/03/2017)

Yo iba a escribir, en realidad, otra película (o sobre otra película, o sobre otras películas), pero esto es Punto de Vista, donde la excepción, la heterodoxia es la norma; un festival que puede programar una sesión de un cineasta sin cine o convertir la pantalla en blanco de un cine en la pared de un frontón. Y sin pretenderlo, por pura casualidad, los duendes del festival propiciaron que de repente me encontrara sentado en la sala al lado de dos de los protagonistas principales de sendos documentales que ayer se proyectaron en la sesión especial dedicada a la pelota vasca: los pelotaris Panpi Ladutxe (a mi izquierda, y que aparece tanto en Pelota, la película de 1982 del danés Jørgen Leth , como en Pelota II) ,) y Juan Martínez de Irujo (en la butaca anterior, y a quien la cámara sigue en esta segunda película, en la que el director danés vuelve en 2015 sobre sus pasos de la mano de la antropóloga Olatz González Abrisketa).

¿Cómo escribir entonces, una crónica al uso, si los protagonistas de la película que estás viendo están a la vez sentados a tu lado? ¿Cómo hacerlo cuando aparece en pantalla Panpi entonando una canción, en su trinquete familiar de Ascain, y al mismo tiempo lo oyes tararearla junto a ti? ¿Cómo cuando las imágenes lo proyectan jugando un partido y al estrellar una pelota en la chapa se lamenta entre dientes: “¡Ahí tenía tanto a la derecha!”?… Ha sido la primera vez que no me ha molestado que alguien hablara en el cine. Y Martínez de Irujo y Ladutxe hablaron mucho, entre ellos: “¿Juan, tu las guardas?”, pregunta Panpi cuando en pantalla aparece la colección de pelotas usadas en las finales ganadas por Retegui II, “Algunas”, contesta el de Ibero; “¡Esas son mis manos!”, exclama Ladutxe cuando aparece poniéndose los tacos…

Manos. En Pelota y Pelota II salen muchas manos. Manos, con dedos quebrados y blancos, manos hinchadas; manos de pelotaris, pero también de corredores de apuestas o de fabricantes de pelotas, engomándolas, cosiéndolas… “Cada pelota es única”, repite varias veces la voz en off en ambos documentales, y vemos las manos del artesano colocando el caucho, que previamente ha extendido sobre papel de periódicos. Cada pelota lleva pues, en su núcleo, restos de tinta de las noticias del año en que se fabricó. Cada pelota tiene su historia y su voz, y vemos a pelotaris, seleccionadores de material, botándolas, escuchando qué les dicen…

Pelota y Pelota II tienen la enorme virtud de convertir la pelota, más allá del puro ámbito deportivo, en una metáfora o un espejo de la personalidad de un pueblo y de su cultura, de lo que es y por qué lo es (preciosas las imágenes de Pelota II, con pelotaris profesionales jugando al puntero en un frontón de Leitza, con niños  del pueblo), o de lo que ese pueblo anhela o puede ser (no menos emocionantes, las de Irujo y Oinatz Bengoetxea,  rivales en la cancha, compartiendo vestuario y charlando amigablemente, mientras se quitan los esparadrapos que protegen heridas enquistadas golpe a golpe, durante años).

Los dioses pequeños de la casualidad y del cine de no ficción, en definitiva,  propiciaron ayer a este cronista una oportunidad única, es cierto, pero también lo es que cualquiera que hubiera visto ayer estas dos magníficas películas seguramente también pudo sentir esa sensación inigualable, cuando el cine traspasa la pantalla.

REPORTAJE SOBRE “CÓRTATE EL PELO” (MARINO GOÑI)

mar 10, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
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Marino Goñi, un joven folkie. Publicado en Gara, 09/03/2017

 

“CÓRTATE EL PELO”, ROCK EN LA TRISTE Y OSCURA IRUÑEA DE LOS SESENTA

Marino Goñi, uno de los nombres históricos del rock radikal vasco, se estrena en el mundo de los documentales con una cinta sobre las bandas que le iniciaron en el mundo de la música. Los Condes, Los Tótem, Los Rebeldes… Grupos cuya memoria recupera en esta película sobre los inicios en Nafarroa de una de sus señas de identidad: el rock.

“¡Cortate el peeelo, córtate el peeelo, córtate el peeelo… cacho cabrón!”. Con ese grito de guerra, que era habitual escuchar hace algunas décadas en campos de fútbol, proferidos en contra de algún futbolista demasiado yeyé, o incluso en plazas de toros y pabellones ¡durante algunos conciertos de rock!, arranca el documental que acaba de estrenar Marino Goñi, uno de los nombres imprescindibles del rock vasco (estuvo en las casas de discos Soñua y Oihuka, creó Gor, facturó algunos de los discos fundacionales del rock radikal vasco, tocó en grupos como Motos, Balerdi Balerdi o Peiremans…).

Sin embargo, contra lo que cabría esperar, en Córtate el pelo, así se titula el documental, Goñi no retrata esas décadas que vivió intensamente en primerísima persona, los 80, los 90 o los 2000 (Marino produjo discos de Barricada, Kortatu, Hertzainak, pero también de Los Huajolotes, Berri Txarrak o Marea, entre otros muchos)  sino que retrocede hasta los 60, sus años de adolescencia,  en los que su pasión por el rock se despertó con los primeros conjuntos que comenzaban a poner algo de color en una Iruñea en blanco y negro en la que llevar el pelo largo (y llevar el pelo largo podía ser tener un flequillo hasta la mitad de la frente) implicaba llevar también todos los boletos para que te dieran una buena paliza. Lo cuenta, de hecho, Josecho Sesma, “Obélix” uno de los protagonistas del documental, a quien le sucedió: lo apalearon simplemente por eso, por melenudo.

“Obélix”, “El Rata”, Pedro Montero…, grupos como Los Rebeldes, Los Condes, Los Junior, Los Totem, Los Anakos…son algunos de los ídolos de juventud de Marino Goñi, con los que creció, a los que vio tocar en los salones de actos de los colegios de curas de Iruñea, en el Labrit, los domingos por la tarde, en el Catachú o en aquellos primeros conciertos de los que la prensa se hacía  eco llamando a quienes asistían gamberros o delincuentes…

Grupos que, tal vez de un modo inocente o menos político que años más tarde, se estaban oponiendo al franquismo, al raquitismo y la asfixia cultural e ideológica de la época, sin ser demasiado conscientes de ello. Córtate el pelo, es en ese sentido un documental que va más allá de la música y analiza los factores socioeconómicos y políticos que crearon el caldo de cultivo para esa rebeldía juvenil que años más tarde se haría más explícita, en una militancia que llevaría incluso a un parón en la escena durante los setenta, hasta que el hilo se reaviva con la aparición en Nafarroa de grupos como Tensión, Tubos de Plata, Magdalena, Kafarnaun… Fue la explosión del 77, que tendría sus réplicas inmediatamente después con la llegada del rock radikal vasco y que se prolongaría prácticamente hasta nuestros días. Marino Goñi, de hecho, cierra acertadamente el documental, con imágenes de los jovencísimos Altxatu convertidos en un conjunto sesentero, The Iru, y que vienen a ser una metáfora perfecta de ese ejercicio de memoria histórica, pequeña y doméstica, pero igualmente necesaria que Marino Goñi pretende y que realiza antes de que quienes protagonizaron aquellos años desaparezcan y para que quienes no lo hicieron lleguen a conocerlos.

 

Jubilado activo

Córtate el pelo, que ha realizado junto con Xabier Unanua, tras una campaña de crowdfunding, es la primera experiencia de Marino Goñi, “jubilado” desde hace unos años y que sin embargo no se ve  a sí mismo mirando obras: “Voy a seguir haciendo algo y no sé qué todavía”, dice. “Tengo ideas. Siempre me han atraído historias de músicos que no han sido reconocidos como se merecen, que se quedan en mitos para iniciados. Por ejemplo, el otro día estuve viendo a Niko Etxart y para mí es un mito, sin duda, de la vieja generación el más grande. Y cuando hablo de Niko me acuerdo siempre del sevillano Silvio Fernández, Little Bob Story, El Cabrero, Hilario Camacho… Yo no quiero oír más hablar de Dylan, U2, Patti Smith, no me interesan para nada, ni musicalmente ni personalmente, al contrario que los anteriores. No sé, me gustaría hacer algo que me llenara, me hiciera más feliz y que sirviera para que alguien aprendiera o descubriera algo que no conocía”, concluye Marino Goñi.

Córtate el pelo se estrenó el pasado mes de enero en los cines Golem de Iruñea y posteriormente se ha proyectado en lugares como Bonborenea o la Filmoteca Navarra, con presencia del autor y algunos de los protagonistas del documental y gran acogida del público.

 

©Patxi Irurzun / Miren Lacalle

 

ENTREVISTA A OSKAR ALEGRIA, DIRECTOR DE PUNTO DE VISTA

mar 9, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

 

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Foto: Iñigo Uriz. Publicado en Gara 08/03/2017

“El trabajo de programador te secuestra, pero es un secuestro bonito”
Oskar Alegria. Director artístico de Punto de Vista

 

Oskar Alegria se despide de la dirección artística del Festival Punto de Vista, que desde el pasado día 6 y hasta el próximo 11 de marzo celebra en Iruñea su undécima edición. El autor de la premiada y reconocida Emak Bakia baita volverá a la butaca y a hacer cine, en lugar de programarlo. Charlamos con él de todo ello, de los momentos más intensos vividos durante estos cuatro años o de la importancia para Nafarroa de este festival arriesgado y excepcional.

Patxi Irurzun. Iruñea

Oskar Alegria nos recibe en el Baluarte de Iruñea la mañana en que arranca Punto de Vista. Sin embargo, no parece nervioso. “Los nervios se sienten las semanas anteriores, ahora solo hay que disfrutar”, dice. Despide un aura de felicidad, de hecho. Este es su último año como director artístico, un trabajo absorbente y agotador, y siente que se encuentra a un paso de la libertad, en ese umbral que, como cuando preparamos un viaje, a veces es la auténtica libertad o el auténtico viaje. Atrás quedan películas, encuentros, ciclos que han hecho muescas en la memoria del festival: Iosseliani, Michael Snow, Chez les basques… O el libro que acaba de firmar para esta última edición, una marginalia dedicada Oteiza, a las anotaciones que el genio de Orio hacía en los márgenes de sus lecturas, y de las que Alegria habla con pasión. “En ellas está un Oteiza escondido, pero también más fresco, el que escribe a vuelapluma, sin procesar para ser publicado”, dice el director saliente de Punto de Vista, quien comenzó su andadura en el festival como espectador, después como cineasta,  y que ahora sueña con Volar de nuevo —así se ha titulado esta edición—; con dejar de pensar el cine y regresar a la plácida oscuridad de la butaca y de la mesa de trabajo.

¿Cómo afronta este último año al frente de la dirección artística de Punto de Vista, con qué sentimientos o estado de ánimo?

Yo creo que es el festival en el que más contento estoy, igual porque es el último, sinceramente, pues estos cuatro años han sido una travesía larga, dura, lo digo por la cantidad de trabajo y energía. Ahora por fin veo una luz al final, aunque también tengo que decir que la travesía ha sido maravillosa, y me permite estar satisfecho de lo que hemos conseguido entre todos, por ejemplo, dar al festival otro aire, otro perfume, o ver el trabajo cumplido.

Quizás todavía es pronto, pero ¿se atreve a hacer un balance de estos cuatro años?

El balance llegará después de un tiempo, y en todo caso tienen que hacerlo otros. Desde un punto de vista personal, tengo muchas ganas de hacer otra cosa, estoy sintiendo que la libertad está ahí, va a llegar, es un sentimiento que he tenido solo dos o tres veces en mi vida, e igual lo bonito en realidad sería perpetuar esa sensación.

Sí que en todo caso guardará con intensidad algunos recuerdos de momentos, personas, películas…

Recuerdo un viaje maravilloso con Iosseliani por Iparralde, en el festival de 2015. Yo fui a  recogerlo a Biarritz para cumplir su primera exigencia, que era comer con los pastores con quienes rodó hace treinta años Euzkadi, été 1982. Antes por teléfono yo le había contado el programa, dejando este viaje para el final, pero él no se fiaba y pidió hacer ese recorrido nada más aterrizar. Y recuerdo un viaje delicioso, parando en cada curva para fotografiar los paisajes o para beber un trago. Nunca he visto a nadie beber tanto y sin que se le note. Y cosas tan raras. Por ejemplo,  un Calvados doble con tres azucarillos. Yo finalmente tuve que coger un atajo por el que no había bares, pero él se dio cuenta y  me dijo: “¡Ay, la juventud, que aún confía en los atajos!”… Iba soltando perlas como esa cada dos por tres.

También habrá proyectos, invitados que se le han quedado en el tintero…

Es cierto que algún cineasta que queríamos que viniera no lo hemos podido traer, pero eso es lo normal en un festival,  lo malo es que no hubiera querido venir nadie. Pero si de cada cinco te vienen cuatro, no te puedes quejar… Mi sueño era lo de Oteiza, y me despido programándolo este año. Nosotros somos amantes de los retos y este era un gran reto, que partía de esta pregunta: ¿Cómo puedes hacer un programa con un cineasta que no tiene cine? Esas cosas nos encantan. Se puede programar cine inspirado por Oteiza, pero lo verdaderamente difícil era armar esa tercera sesión que hemos preparado, encontrar los superochos filmados por él, algún archivo sonoro inédito sobre cine, como esa maravilla en la que Oteiza dirige un discurso al espectador en la oscuridad de la sala de cine. Escuchar algo así, en la propia sala, con su propia voz, y con esa pasión… Al final de la grabación, Itziar, su mujer, le quita la grabadora a Oteiza, y añade: “Esto que están escuchando ustedes es la voz y el corazón de mi marido”. Fíjate que frase. Imagino que Oteiza al acabar de grabar estaría exhausto. Eso es lo difícil, armar esa sesión, que yo recomiendo,  porque en ella encuentras las piezas sueltas, encuentras una película con unas montañas, luego otra con unos apóstoles, luego otra que hace el puente, porque en ella dice que sus apóstoles salen de esas montañas, otra más en la que dice que la música que pega a todo eso es la de Anton Webern… En definitiva, una sesión en la que hemos tratado de construir una película que nunca existió. Oteiza por todo esto, un cineasta sin cine, era el gran reto, y cuando yo he jugado a programador, ha sido lo más divertido, lo más misterioso, lo más todos-los-adjetivos-que-quieras-poner que he hecho…

Antes ha hablado de esa sensación de estar al borde la libertad, supongo que el trabajo como programador y director artístico será muy absorbente, implicará ver, buscar muchas películas…

El trabajo de programador te secuestra, pero es un secuestro bonito, que te permite estar en el cine, una especie de síndrome de Estocolmo, y yo tengo la duda de ver como salgo de esto… Me he dado cuenta, por ejemplo, de que ver mucho cine no siempre es bueno. Yo además tengo muy mala memoria, y se me olvida todo, sobre todo lo malo.  Pero creo que me ha ayudado a madurar. Yo solo he hecho una película, Emak batia baita, y la dirección de Punto de Vista llegó justo después, en un buen momento, porque no quería hacer una película inmediatamente después de acabar la otra, así que esto ha sido un barbecho activo, que me ha permitido estar en el cine, pensarlo… Aunque también es cierto es que hacer cine y pensarlo son dos idiomas distintos, y que pasa como con el amor, que es infinitamente mejor hacerlo que pensarlo.

¿Tiene ya algún proyecto en mente?

No, y no es que no quiera comentarlo, es que no tengo nada definido, de verdad. Yo ahora con lo que sueño es con sentarme en mi mesa y ver las cuatro cosas que tengo, porque sí he rodado escenas, sin un afán de guión, ni nada premeditado. He rodado pastores, de noventa y pico años, que viven en bordas de altura, pasé con ellos sus últimas noches en esas cabañas, que han tenido que abandonar. Me gusta atrapar esos ocasos, esos brillos que despiden. Es gente que tiene un mundo que o lo registras o se va, se pierde para siempre. ¿Eso puede ser un largometraje? No ¿Puede ser cortometraje? Sí. ¿Una parte pequeña de un largometraje? Tal vez…

Usted ha comentado en alguna ocasión que comenzó en este festival como espectador, después como participante y acabó como director, y que una manera de cerrar el círculo será volver a él como espectador de nuevo…

¡Tengo ya la butaca elegida! Yo siempre me ponía al final. Es curioso, porque ese ciclo, esa conversión de espectador a cineasta, es algo que estoy viendo ahora con otros, como David Arratibel. En cuanto a mí, yo nunca soñé con dirigir el festival. Sí con hacer una película. Y es muy bonito pasar de la butaca a presentar una película… Dirigir el festival está muy bien para un rato, pero ahora tengo ganas de nuevo de ver cine sin tener que pensarlo, sin tener que pensar una sinopsis, solo por gozarlo, una sensación que hace mucho que no tengo…

¿Qué ha supuesto un festival, arriesgado y heterodoxo como Punto de Vista, para una ciudad como Iruñea?

Hubo un hecho milagroso no solo para de esta ciudad, sino para esta comunidad, y fue que  los Encuentros del 72 se celebraran aquí.  Y hay también una característica propia que tenemos que es maravillosa, que es la excepción.  Siempre hablamos de unas masas con unas maneras uniformes de pensar entre nosotros, pero somos también la comunidad que más tipos, que más artistas excepcionales tiene, probablemente por ese choque o esa convivencia entre extremos, del que surge la excepción… En cuanto al festival, estamos en el mismo lugar en el que el 72 se colocaron aquellas burbujas de aire. Y este Baluarte comparte además una peculiaridad arquitectónica solo con otra fortaleza, la de Marsella, y es que de sus cinco puntas dos son para defenderse del enemigo interno —y esta, este baluarte, es una de esas puntas—,  lo cual dice mucho de quiénes o cómo somos.

 

 

 

 

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