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ENTREVISTA A JAVIER SERENA

jun 11, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

foto gara

“Me interesaba la vida de Bolaño porque creo que es el viaje del héroe”

Javier Serena. Escritor

 

En Últimas palabras en la tierra el pamplonés Javier Serena recrea la vida de Roberto Bolaño a través de Ricardo Funes un personaje, trasunto del escritor chileno, en una historia que completa el periplo de un héroe literario.

Patxi Irurzun. Publicado en Gara 10/06/2018

Como ya hiciera en su anterior novela, Atila, en la que novelaba la vida de otro escritor, en aquel caso el hermético y misterioso Aliocha Coll, Javier Serena (Pamplona, 1982) utiliza el esqueleto de la peripecia vital y literaria de Bolaño para encarnar con su fantasía la historia de Ricardo Funes, el personaje de Últimas palabras en la tierra, publicada por la editorial Gadir. Funes/Bolaño es un sacerdote de la literatura, a la que se entrega sin concesiones, sufriendo todo tipo de precariedades, ninguneos y sufrimientos, para conseguir finalmente un éxito universal, al que, sin embargo, empaña la amargura de la enfermedad y la muerte que acecha. Serena narra esta viaje del héroe, con una prosa y una sintaxis pulcras y brillantes, que lo convierten en un autor con un futuro prometedor y, a la vez, una trayectoria ya a tener en cuenta.

 Su anterior novela, Atila, también recreaba la vida de otro escritor, Aliocha Coll, de vida azarosa, con una vocación literaria sin concesiones… ¿Por qué se siente atraído por estos autores?

La verdad es que no responde a un plan preconcebido, quizás mi imaginación trabaja en torno a autores que me gustan, y de los que me interesan mucho sus vidas. En el caso de Ricardo Funes está inspirado en un autor real—cualquiera que lo lea se  dará cuenta de que es Roberto Bolaño— del que a partir  de los elementos reales de su vida, he escrito con completa libertad una novela, una ficción; es decir, he creado una historia, intercambiando elementos y haciendo que, por así decirlo, el trayecto principal de su vida fuera el mismo, el esqueleto de la novela, y las escenas, todo lo que hay dentro de ese cuerpo sea invención mía. De la vida de Bolaño me interesaba sobre todo que completa el trayecto del héroe. En su vida hay tres fases: en un primer momento, siendo muy joven, quería ser un escritor visceral, revolucionario, subversivo, y triunfar mundialmente. Parte al exilio, a México, después a España, y durante años lleva una vida nómada y bohemia, es vendedor ambulante, trabaja en bares, en un campings; después, durante otros diez años vive prácticamente de su mujer, en un pueblo de la costa catalana; y por último, cuando triunfa en la literatura, es siete años antes de morir, y ese triunfo es completo, mundial. Me parece que es el viaje del héroe: hay una salida a la aventura muy atrevida y entusiasta, una penalidad muy larga y un encuentro con su sueño y su propósito inicial, ese triunfo en la literatura, que le completa, aunque en su caso, es un triunfo amargo, porque cuando eso sucede y sabe que está enfermo y va a morir.

El personaje de su novela, Ricardo Funes, se instala en Lloret de mar, un paisaje no muy literario…

Bolaño era un hombre con una ambición y un talento tremendos, al que se le negó el reconocimiento durante mucho tiempo. Durante buena parte de su vida vivió en Blanes, escribiendo en un sótano, algo que me parece muy representativo. Blanes, es un pueblo costero (en mi novela es Lloret de Mar, por esos intercambios de los que he hablado antes que me han permitido tomarme las libertades oportunas), un lugar desangelado, en ciertos momentos, y no es el lugar en el que cabría imaginarse a un escritor, ni probablemente el que él había imaginado para sí mismo, cuando era joven. Un pueblo vacío en invierno, lleno de turistas en verano, sin un entorno literario, donde vivió sin ningún reconocimiento que lo avalara… A la vez creo que todo eso le dio mucha fuerza, cuando empezó a publicar en Anagrama y en cinco o seis años él, un hombre que está muy enfermo, fue capaz de escribir una obra que seguramente es una de las más importantes de su generación.

Como sucedió con Aliocha Coll, Ricardo Funes es una especie de sacerdote de la literatura, alguien entregado por completo a ella, pero a la vez, en el libro, se lamenta de todo lo que dejado de hacer o de vivir por ella…

Sí, tiene esa contradicción muy marcada. Ricardo Funes comparte con Aliocha Coll, el protagonista de mi anterior novela, ese romanticismo ante la vida, en el que su vocación literaria es lo principal, lo único casi, y no admiten ninguna concesión. Esto además pasa durante mucho tiempo, no se trata de algo que sucede solo durante una fase juvenil. Los dos  tienen una visión muy integra de la literatura, de la que son sacerdotes, y por eso son ejemplares, porque en un mundo tan pragmático, ellos se lanzan sin red a esa carrera literaria. Se diferencian en que Bolaño tuvo finalmente mucho éxito, pero en su caso tiene esa contradicción de ser un hombre en espíritu muy vitalista pero en la práctica sedentario, consumido por el trabajo y la escritura, una contradicción sobre la que él hablaba mucho. A mí me llamaba mucho la atención imaginármelo en Blanes solo, sin haber publicado, escribiendo libros sobre escritores jóvenes, atrevidos, con una vida plena, mientras él era un hombre encerrado. Y creo que sufrió mucho por esa paradoja.

La novela se estructura desde tres planos, tres voces diferentes.  ¿Con cuál se ha sentido más cómodo?

Sí, el primero de esos planos es el de un escritor muy diferente a él, conocido, de Barcelona, que publica en La Vanguardia, con un éxito paulatino y constante, que puede identificarse con muchos escritores, podría recordar en parte a Vilamatas…

Yo pensaba en Cercas

Sí, al también lo conoció de joven aunque luego tuvo menos trato, pero podría ser cualquiera de los dos, un escritor en todo caso con un éxito más o menos continuado, que aporta la mirada del otro escritor que pudo haber sido; luego está la mirada de su mujer, que nos da la mirada más íntima, la de la mujer a la que Funes conquista y le ofrece la promesa de una vida brillante, divertida, llena de imaginación, y que no se da, sino que acaba convirtiéndose en un hombre que vive de ella, que sufre, y que incluso en algún momento ve tambalearse sus convicciones; y luego habla él, desde la muerte, retomando su vida y sus sensaciones. Yo creo que todo el libro se encamina a esa voz, y va completando muchos misterios en torno a él, porque Bolaño es un hombre con muchos misterios: de qué vivió de joven, a qué se dedicaba, cómo era en realidad… Es la primera vez que escribo algo así, a tres voces, pero yo creo que en el libro eso le daba varias dimensiones al personaje.

¿Volverá a escribir sobre escritores?

La verdad es que la idea de este libro se me cruzó cuando estaba trabajando en otro, yo no tenía en mi cabeza escribir otro libro sobre escritores y mucho menos sobre Bolaño, pero me di cuenta de que tenía construida en mi mente una especie de fábula sobre él y enseguida tuve la sensación de que la historia iba a funcionar. No sé,  hay algo azaroso en lo que escribes, a veces tu imaginación está trabajando hacia algo que no te esperas. Y es cierto que mis dos últimos libros son libros de escritores, pero a la vez, aunque suene redundante, son también personas. Me interesan los escritores en su parte más humana, al menos estos dos, y yo los convierto en personajes como podía convertir a otras personas con otras profesiones, pero en mi caso es así por mis inclinaciones literarias, la admiración que siento por ellos, con lo cual la fantasía y la imaginación es lógico que salga por ese lado. Pero, como digo, no es nada premeditado y, de hecho, ahora estoy trabajando en otras cosas, que no son sobre escritores, aunque nunca sé hasta que no acabo un libro si va a funcionar o puede ser publicado.

 

MIS PRIVILEGIOS

jun 2, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  1 Comment

 Publicado en Rubio de bote (magazine ON, diarios grupo Noticias) 02/06/2018

 

Sí, es verdad: tengo privilegios por saber euskara. Me sentí privilegiado cuando me enamoré en euskara de mi mujer. O cada vez que puedo leer en esa lengua a Iban Zaldua o Karmele Jaio. Cuando escucho a Mikel Laboa o a Berri Txarrak. Cada vez que puedo atender en euskara a los usuarios vascohablantes de la biblioteca en la que trabajo. Siento que es un privilegio cada día que oigo a mis hijos hablar en la lengua que perdieron mis abuelos. Me siento privilegiado sabiendo que sé euskara –con todas mis carencias—  gracias a todos los esfuerzos que he tenido que hacer y a todas las dificultades que he tenido que superar.

Supe —es muy triste— que donde yo vivía se hablaba otra lengua que también era la mía  demasiado tarde, cuando tenía diez o doce años, a pesar de mis apellidos (una casualidad del destino) o del nombre de la casa de mi madre: Casa Oberena. Todavía tardaría varios años más en pisar por primera vez un euskaltegi y la primera estuvo a punto también de ser la última, pues me tocó hacer un antzerki, un teatrillo,  y jugar al balón con un señor con barba. Aguanté, a pesar de todo, un par de años, hasta que me salió un trabajo a turnos en una fábrica, un trabajo agotador que me quitaba hasta el habla. Después, cuando me despidieron, me tomé la revancha y me fui a un barnetegi, un internado, durante nueve meses. Como un embarazo. Allí conocí a mi mujer y me enamoré de ella. Durante nuestros primeros meses juntos solo hablamos en euskara. Después, un día, de repente, el corazón eligió otra lengua para nosotros, el castellano, nuestra lengua materna, y no pudimos hacer nada en contra. No tengo, sería absurdo, nada en contra del castellano (al contrario, soy licenciado en Filología Hispánica, he escrito más de treinta libros en esa lengua, es la materia prima de mi trabajo, a la que amo, con la que disfruto y me sorprendo a mí mismo cada día; es la lengua que hablo habitualmente). No creo tampoco que ningún euskaldun tenga nada en contra del castellano, porque sabe y no tiene que explicar a nadie que es también su lengua, una de sus lenguas.

Cuando nacieron mis hijos quisimos matricularlos en una escuela infantil en euskara. No fue posible, porque en Pamplona solo había dos, entre más de una quincena, a pesar de que la demanda era mucho mayor. Tuve que manifestarme y pagarme el autobús para ir a las manifestaciones para que en el colegio público de mi hijo abrieran una línea en ese modelo (a la que finalmente se apuntaron el doble de niños que en los demás). He tenido que escuchar, hace solo unos días, en una cafetería, que los padres que decidimos educar a nuestros hijos en euskara los adoctrinamos, hablándoles en esa lengua desde que comenzamos a darles el biberón…

Siento por todo eso mucha tristeza cuando oigo, sin embargo, a algunos decir que “quieren imponernos el euskara”. Me parece injusto y falso. Dicen también que no  tienen nada contra el euskara pero a muchos incluso les cuesta pronunciar su nombre y prefieren llamarlo vascuence; pero lo menosprecian y se mofan de él…  Algunos de ellos incluso dicen que lo aman. Y es que hay amores que matan. El euskara es una lengua minorizada y, por tanto, amenazada. Una lengua que hay que fomentar y proteger e incluso discriminar positivamente, que es lo lógico y lo que recomiendan algunos de los organismos europeos a los que apelan quienes hoy convocan la manifestación contra la política lingüística del Gobierno de Navarra.  Para ellos la mejor política lingüística es que no haya ninguna; o la de antes, cuando alguno de los directores generales de esa área incluso desconocía una de las dos lenguas de su comunidad. El euskara, en definitiva, no es una lengua que se habla para fastidiar a quien la ignora, sino para enamorarse, para desenamorarse, para protestar, para educarse y trabajar en ella, para cantar, leer, escribir… Para dar el biberón. Como cualquier otra lengua. Como cualquiera que no tiene, por el contrario, la obligación de justificarse una y otra vez por existir.

ENTREVISTA A TADEA LIZARBE

may 28, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

 

FOTO: Javier Horcada

“La novela tiene mucho humor, algo que ha sorprendido en un thriller”
Tadea Lizarbe, escritora

Tadea Lizarbe publica, tras ser finalista del Premio Planeta con su debut Comiendo sonrisas a solas, su segunda novela, La ordenada vida del doctor Alarcón, un thriller psicológico trufado de humor y amor, en el que a través del personaje de un maniático doctor se adentra en el mundo de la enfermedad mental en un intento por romper algunos estigmas.

Miren Lacalle. Entrevista publicada en diario Gara

Tadea Lizarbe es terapeuta ocupacional y se nutre para esta novela, que publica Harper Collins, de su propia experiencia en el campo de la salud mental para escribir una novela en la que el lector pueda llegar a empatizar con un personaje en principio incómodo y retorcido, como el doctor Alarcón. La novela es, además, una novela de intriga psicológica cuyo hilo se invita a desenredar al lector a través de una galería de sospechosos. Charlamos con la escritora iruindarra de todo ello y de otros temas, como el psicobasket (Tadea fue jugadora profesional de baloncesto y, como en una de las películas de moda, Campeones,  entrena desde hace años a un equipo de jugadores con discapacidad intelectual).

¿Qué tipo de novela es La ordenada vida del doctor Alarcón? Porque comienza siendo una novela psicológica, luego se convierte en un thriller, hay también una historia de amor por medio…

En principio es una novela de suspense psicológico, es decir, mantiene la agilidad de un thriller en la trama, pero profundiza en temas psicológicos. Hay además, una historia de amor y contiene también mucho humor, algo que ha sorprendido en un thriller.

A veces el doctor recuerda a algunos doctores televisivos, como House. ¿Cómo ha sido meterse en la cabeza de un doctor tan metódico y tan ordenadito y que a la vez resulta tan retorcido?

Yo quería crear uno de esos personajes que en principio rechazas, que es lo que ocurre cuando ves a alguien con esas características, con esa dificultad para socializarse, con algunas signos de enfermedad mental (hablando de doctores de series de televisión, también está Sheldon de Big One Theory),  pero al que después, al estar escrito en primera persona, el lector tuviera tiempo de ir conociendo. Aunque he debido equivocarme de estadística, porque ha resultado que la mayoría de la gente me dice que empatiza con el doctor Alarcón desde el principio, yo creo que porque expresa pensamientos que todo el mundo tiene pero nadie se atreve a decir en voz alta (ni él tampoco, en principio).

La novela, tras estas primeras páginas en la que podríamos decir que es una novela psicológica, se convierte después en una intriga policiaca, si bien antes ya se van anticipando una serie de sospechosos

Aunque la sinopsis del libro ya anticipa que va a haber algunos asesinatos, yo quise introducir a los sospechosos antes de que se supiese de qué eran sospechosos, en un intento porque el lector supiese que esos sospechosos también pudieran ser responsables de desordenar la vida del doctor, y antes de saber que también podían estar compinchados o involucrados en algún asesinato.

Luego está la tercera parte en la que ya la novela se adentra en la enfermedad mental…

Para una persona como el doctor Alarcón, que tiene esos pensamientos, que además es una persona de altas capacidades, que de hecho es lo único que tiene diagnosticado, pero al que ya le vamos viendo venir, en algunos tics y manías, para alguien que además intenta mantener sus emociones guardadas, o que cree que puede contenerlas, es muy difícil soportar todo eso, y en algún momento tienen que explotar esas emociones, que son a fin de cuentas las que desordenan su vida.

Usted es terapeuta ocupacional en el ámbito de la salud mental, algo que le habrá ayudado a armar personajes y situaciones

Yo siempre defiendo que la vocación viene primero. Es decir, si no hubiese trabajado en ese ámbito o no hubiera estudiado esa carrera, puede ser que también escribiera sobre este tipo de temas, pero esa misma vocación fue lo que me hizo trabajar en el campo de la salud mental y por supuesto eso me ha dado muchas experiencias y me ha enseñado muchísimo.

Entra esas experiencias está el psicobasket. Cuéntenos qué es

Yo he sido jugadora de baloncesto, y en aquel momento me pareció interesante crear un equipo con personas con discapacidades intelectuales (como el que ahora, precisamente, aparece en la película de Campeones), porque me parecía que el baloncesto en el que recibes inmediatamente estímulos, botas, recibes el balón, tiras a tablero y aunque no encestes el juego sigue… Y ha sido una experiencia muy bonita en la que he aprendido mucho más de lo que yo podía enseñar.

Uno de los objetivos de la novela era también quitar estigmas relacionados con la enfermedad mental

Sí,  quería romper o disminuir algunos estigmas, por ejemplo, uno de los miedos a la enfermedad mental que tienen la gente suele estar relacionado con las agresiones, cuando no es cierto, yo nunca me he sentido atacada o en peligro. El doctor Alarcón en principio es alguien que, como hemos dicho,  solo tiene diagnosticadas altas capacidades, pero que va mostrando una serie de síntomas, que quizás en algunos momentos podamos reconocer en nosotros mismos, y que nos pueden dar miedo, pues podemos pensar que se pueden convertir en un diagnóstico; por eso me gustaba que el lector pudiera sentirse identificado, porque en el binomio salud-enfermedad mental, hay muchos pasos, y cualquiera podemos caer en un momento dado, pasar una línea.

 

 

 

 

 

 

 

CHAFLÁN

may 21, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Publicado en “Rubio de bote”, magazine ON (diarios  Grupo Noticias) 19/05/2018

 

La farmacia de las dos estaciones hace chaflán. En Zarraluki es auténtica locura lo que tenemos por los chaflanes. Todas las tiendas quieren hacer chaflán. Solo porque nos gusta decirlo. Chaflán. Chaflán es una palabra bonita, como si tuvieras dentro de la boca a la banda municipal. Chaflán, chaflán.  Nos gusta tanto la palabra chaflán que el ayuntamiento sacó una ordenanza regulando la obligación de decirla al menos dos veces al día. No vale desgastarla pronunciándola sin ton ni son. Si se tratara de otras como “¿Sabes cómo te digo?” o “Lo siguiente”, que son una birria de expresiones, aún. Pero chaflán hay que usarla con propiedad, cuando venga al caso.

—¿Cuánto es el café?

—Chaflán.

No vale, por ejemplo.

Pero me estoy despistando. Decía que la farmacia de las dos estaciones hace chaflán. Por cada lado de la tienda se desparraman, como dos vetas de piedra, dos calles y al inicio de cada una de ellas, a cada lado de la farmacia, hay sendos termómetros. Uno indica siempre quince grados más que el otro. Así que depende de qué camino cojas estarás en una estación o en otra, en verano o en primavera, en primavera o en otoño, en otoño o en invierno… Bueno,  en invierno siempre es invierno, porque Zarraluki es un pueblo de montaña (aunque tengamos faro y trainera) y hace tanto frío que quince grados arriba o abajo no se notan.

Enfrente de la farmacia de las dos estaciones está la panadería de Txema, en la que desde hace algunos meses también se recarga la tarjeta para el autobús de línea, así que ahora cada vez que nos montamos en uno de ellos para ir a Donosti, Pamplona o Vladivostov, que son los tres trayectos que tenemos en Zarraluki con línea regular, le decimos al chófer: un chapata, un cuatro puntas, una barra-baguete…

La panadería de Txema, además,  no hace chaflán,  y es una gaita, porque eso frustra a nuestro panadero e influye en su carácter y como está siempre irritable a menudo discute con su novia, Elena Conache, que es la maestra del pueblo. Y cuando los dos discuten se deprimen y se encierran en sus casas y mientras les dura el enfado no hay pan ni colegio en Zarraluki, y entonces son ya dos gaitas. Cuando Txema y Elena Conache están bien, por el contrario, no hay pan más sabroso ni niños más listos que los nuestros de aquí a Raticulín.

Doroteo Teodoro, el del ultramarinos, por su parte,  tiene un carácter tan afable y un verbo tan florido que en Zarraluki nos da igual que en su tienda, que está una calle más abajo que la panadería y la farmacia,  no haya nunca de nada, porque vamos a no comprarle solo para escuchar sus excusas tan bonitas y bien argumentadas. Doroteo Teodoro, aunque es griego (nació en la ciudad de Patras, por eso su nombre se puede decir igual del derecho que del revés), es quien mejor dice chaflán en el pueblo. Te lo mete de repente en una frase sin que te des cuenta, de lo bien traído que lo hace. Casi siempre hay cola, de hecho, en su ultramarinos en el que nunca vende nada. Solo por oírle decir chaflán. Hasta le pagamos por ello. Y porque su tienda también hace chaflán, el chaflán más cuqui del pueblo.

En Zarraluki, en fin,  es auténtica locura la que tenemos por los chaflanes. Y eso lo aplicamos a todos los órdenes de nuestra vida.  Porque siempre es mucho mejor hacer chaflán que estar esquinado.

 

 

ENTREVISTA A MIKEL ALVIRA

may 15, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  1 Comment
mikel alvira

Foto: Ingunn Viste

“Mi manera de escribir es algo que no puedo ni evitar ni impostar”
Mikel Alvira, escritor

 

El escritor pamplonés cuenta en su última novela, El color de las mareas, las peripecias de una saga familiar anclada en San Telmo, una localidad imaginaria de la costa vasca. Un relato amable que atraviesa varias décadas, engarzado por el hilo de un thriller que recorre toda la obra, y en  la que cobran especial protagonismo temas como la navegación o la pintura, además de las historias cotidianas de los personajes —amores, aspiraciones, decisiones, miradas—, que caracterizan la obra del autor.

 Patxi Irurzun. Gara 14/05/2018

“Se llamaba Beatriz Tussaud y no se casó con el amor de su vida”. Así comienza la última novela de Mikel Alvira. Y las más de quinientas páginas que vienen después glosan toda la historia contenida en esa frase. El color de las mareas, publicada por Txertoa, atraviesa varios siglos (desde finales del XIX en que arranca la historia hasta nuestros días) y varias épocas —convulsas, la mayoría de ellas— que Alvira retrata sin embargo con sello personal, un estilo amable, en el que sin embargo,  el autor de El silencio de las hayas asegura que sus lectores apreciarán cierta evolución.

El color de las Mareas es una novela que circula sobre la frase que citamos. ¿Cómo surgió esta novela, a partir de ella?

Las novelas no surgen de grandes epifanías sino de momentos repentinos, de personas, de una mirada, de una experiencia… En este caso, de esa frase, sí. Me planteé qué sabemos realmente de nuestros antepasados. ¿Era feliz la abuela? ¿Qué temores tenía la bisabuela? ¿Qué sabemos de verdad de cómo sentía, de cuáles eran sus aspiraciones o ilusiones? ¿Vivió feliz la tatarabuela? ¿Se caso con el amor de su vida? Sería fascinante explorar en el atlas familiar y conocer la parte íntima de aquellos que nos han precedido. Es lo que hace Nuria, el personaje hilo-conductor, con su propia familia.

A la vez, es una novela sobre una saga familiar, que atraviesa varios siglos… ¿Le supuso un reto ser capaz de mantener la tensión de la novela a través de tantas historias y personajes?

Sin ser una novela coral, ya que considero que hay auténticos protagonistas, sí que es una historia compuesta de muchas historias cotidianas. Una suerte de puzzle que el lector no tendrá dificultad en completar, aunque con sorpresas de capítulo en capítulo. Es una novela compleja aunque no complicada.

¿Qué papel juega en ese caso la subtrama policial o de thriller? ¿Es quizás el hilo sobre el que se engarza todo lo demás?

Conocemos la vida de Beatriz Tussaud a partir de la voz narrativa de un autor, mi voz; además, a través de documentos que relatan sus años, escritos que no se sabrá hasta el final quién los escribió. Y también a partir de la investigación que lleva a cabo Nuria y que, en efecto, a veces tendrá tintes de thriller. Una estructura audaz que hace que esta novela no sea lineal sino llena de matices y giros.

Además, está esa voluntad de estilo, su manera de escribir,  que usted ha dicho que es esta vez más Alvira que nunca…

Alvira tiene una voz narrativa reconocible. Pese a que cada novela mía es diferente y responde a distintos presupuestos formales, mi manera de escribir es algo que no puedo ni evitar ni impostar. Mis lectores reconocerán al escritor de detrás de otros títulos, pero apreciarán un cambio, una evolución respecto a, por ejemplo, En la tierra de los nombres propios, mi anterior novela bajo el sello Elkar.

En ese sentido, a pesar de hablar de épocas convulsas el libro mantiene cierto tono amable, sin caer tampoco en el folletín amoroso o la superficialidad. ¿Fue también algo premeditado?

Sí, sí, por supuesto. No quería caer en la cursilería. Creo que es amable sin ser ñoña. Relata una historia de amor, de encuentro y desencuentro, pero impregnada de los convulsos momentos históricos por los que transita, que se convierten en la escenografía perfecta para que esa historia de amor no sea rosa sino veraz.

Hay también algunas escenas en las que el humor está muy presente, y a veces tiene incluso un tono cinematográfico, de comedia de época (pienso por ejemplo en la primera y estrafalaria aparición de Hugarte)…

Como sucede en la vida real con las personas, los personajes son ambivalentes, llenos de caras, capaces de lo mejor y lo peor según el contexto, rozando lo patético a veces y lo dramático otras. Hugarte, por ejemplo, es egoísta, huidizo y solitario, tanto como entrañable y atractivo. Nada es absolutamente blanco o negro.

Para acabar, volvemos al principio, a esa frase con la que comienza y acaba todo: ¿El color de las mareas trata, sobre todo, de eso, de la importancia de algunas decisiones o incluso de ciertos momentos, una mirada, una palabra, en nuestras vidas?

La vida está hecha de decisiones. Incluso cuando las tomamos siguiendo un plan, es el destino quien nos dice si lo elegido es lo mejor o no. Esa idea ya la desarrollaba en El silencio de las hayas. En esta nueva novela, damos un giro de tuerca y nos entretenemos con un mosaico de historias que configuran la vida de una saga, muchas veces fuera de todo plan.

 

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