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MICKEY MOUSE CON UN DETONADOR

nov 3, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments


Publicado en Rubio de bote, colaboración quincenal en el semanario ON (diarios Grupo Noticias) 03/11/2018

 

Cuentan que Jorge Oteiza, el mismo Jorge Oteiza que esculpió los catorce apóstoles de la basílica de Arantzazu, estuvo obsesionado durante algún tiempo con la idea de bombardear con una avioneta otra basílica, la de San Pedro del Vaticano.

Me he acordado de ello estas últimas semanas en las que se han promovido iniciativas y manifiestos para volar mamotretos fascistas como el Valle de los Caídos o el Monumento a los Caídos de Pamplona.  Y me he acordado también del Mickey Mouse que durante semanas estuvo agonizando pegado al techo de este último edificio. El ratón, que en realidad era un globo, probablemente se le escapó de la mano a algún niño, supongo que espantado por este paquidérmico mausoleo, cuyo nombre original en sí mismo ya es macabro y debería convertirlo en ilegal y demolible: Monumento de Navarra a sus muertos en la cruzada.

La anécdota del pobre ratón, que murió expirando helio sin que nadie pudiera bajarlo de allá arriba, ilustra a la perfección el fin último de este templo del mal que difícilmente puede reconvertirse en nada bueno: un monumento sin otra utilidad que elevarse a la mayor gloria de los golpistas (de los de verdad, no los que los berreadores Pablo Casado y Albert Rivera quieren hacer pasar como tales y que son todos menos ellos dos y el de Vox); un túmulo infame al crimen y a la dictadura, que, por cierto, se sigue, presuntamente, ensalzando en su cripta durante las misas secretas que cada 19 de mes celebra la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz; y digo secretas porque por “revelación de secretos” ha denunciado esta asociación a los activistas culturales Clemente Bernad y Carolina Martínez, acusados de hacer algo —investigar esas misas— que en realidad debería haber hecho la policía, si no fuera porque el propio jefe de la misma en Navarra hasta hace unos días podría ser uno de los que acudieran a rezar a la cripta, a juzgar por sus tuits enalteciendo a Tejero, José Antonio Primo de Rivera o Santiago Abascal.

En el documental que Bernad y Martínez rodaron se pregunta a personas que habitualmente pasan o viven junto al Monumento a los Caídos si saben qué es este, y las repuestas son de lo más peregrinas: hay quien dice que bajo su cúpula están enterrados los reyes católicos o quien atribuye su construcción a los romanos. Se impone un ejercicio de pedagogía, por tanto, que ayude a comprender qué es realmente ese mausoleo: una loa al fascismo escrita con piedra y sangre, que incumple además la ley de memoria histórica y que por todo ello debería desaparecer.

Yo supongo que la idea de Oteiza de volar el Vaticano la imaginó más bien desde una perspectiva estética y del mismo modo creo que la demolición o voladura del monumento o del valle de los caídos podrían convertirse en grandes perfomances, por ejemplo, con dobles de Oteiza bombardeándolos con apóstoles de piedra o un Micky Mouse accionando el detonador… Se podría incluso cobrar entrada o vender los derechos de la retransmisión para sufragar los gastos. Yo, de hecho,  pagaría por ver volar esas mierdas colosales. Sería, además, algo radicalmente simbólico e higiénico: quitar de en medio las sombras que durante tantos años han arrojado sobre nosotros ciertas cúpulas y cruces, dejar después que entre el aire y que se lleve todo el polvo, que limpie toda la roña franquista que todavía hoy permanece en algunos ámbitos de la política, la justicia, las fuerzas armadas, y que se han visibilizado en los últimos días en homenajes a torturadores como Billy el niño o auténticos golpistas como Tejero, o en ese auge de la ultraderecha, a cuyas nuevas cruzadas y peregrinaciones, como la de mañana en Altsasu, solo falta que encima les mantengamos santuarios.

ENTREVISTA A PEDRO UGARTE, AUTOR DE “LECTURAS PENDIENTES”

oct 31, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
Foto: Laura López

Foto: Laura López

“El diario es la forma de escritura más libre que se puede concebir”
Pedro Ugarte, escritor

En Lecturas pendientes el escritor bilbaino aborda el género del diario, con una obra en la que usando como hilo conductor  la literatura y sus entresijos, trenza anotaciones sobre la muerte,  el paso del tiempo, la religión o su propia vida cotidiana.

Patxi Irurzun. Gara 30/10/18

Con su anterior obra, Nuestra historia, Ugarte ganó el Premio Setenil, probablemente el galardón más importante concedido a un libro de cuentos publicados en el estado. Lecturas pendientes (Ediciones Nobel) podría ser la cara B, en la que se nos muestran las bambalinas menos glamurosas del mundillo literario: presentaciones desangeladas, presiones a jurados literarios, egos y falsas modestias desmedidos… y que, sin embargo, son extrapolables a cualquier otro colectivo y elevan, por ello, las anotaciones de este libro hasta una reflexión sobre la vida, sus alegrías y amarguras, todo ello a través de la lectura adictiva que destilan los buenos diarios.

En Lecturas pendientes las entradas no aparecen fechadas, pero vemos que es un diario escrito a lo largo de muchos años y diferentes etapas de su vida. ¿Cómo ha sido el proceso de escritura?

Recuerdo que la primera entrada la escribí en 1999, como una breve reflexión sobre el acto de escribir, y que se publicó en un fanzine literario. La idea del libro surgiría algunos años después. Las anotaciones del diario no están fechadas, pero sí dispuestas en orden cronológico. De vez en cuando aludo a mi edad o hay sucesos históricos o políticos que pueden situar el momento de su escritura. En ese sentido, “Lecturas pendientes” sí es un diario, aunque de elaboración más lenta que lo habitual.

Es un diario muy centrado en la literatura y sus entresijos pero a través de él también podemos asomarnos a otros aspectos de su vida,  algunos más cotidianos, como su condición de roncador, y otros más universales, relacionados con el paso del tiempo, la vejez, la muerte… ¿Era lo que pretendía?

¿Mi condición de roncador? Je je… No, desde luego, no es un objetivo del libro, como el lector podrá comprobar, “dignificar” a su autor, aunque hay otras personas peor tratadas (y mejor tratadas) en el texto. Y tienes razón en que al principio lo concebí como un diario referido solo a hechos literarios: las pequeñas aventuras de un autor a la hora de leer, escribir y publicar. Pero era inevitable que, a medida que el libro iba tomando forma, asomaran también otras cuestiones: la familia, los amigos, la política, el paso del tiempo, el envejecimiento, incluso la moral o la religión. En ese sentido, la literatura sigue siendo la guía principal del libro, pero la acompaña la vida, con sus alegrías y amarguras.

¿Cree que puede disfrutar la lectura de este libro de igual manera alguien ajeno al mundillo literario?

Yo también me la he hecho muchas veces: ¿a quién va dirigido realmente este libro? Desde luego, no es un libro para escritores: creo que puede interesar a todas las personas a las que les gusta o les interesa la literatura. Y esa afición a la lectura es necesaria para acercarse a un libro como este porque, la verdad, tampoco me parece que una persona sin interés por la literatura pueda acercarse nunca a un libro así…

El mundillo literario, por cierto, no aparece muy bien parado ¿Tan raros son los escritores?

¡No! Los escritores son tan “raros”, en el mejor y en el peor sentido de la palabra, como las personas de cualquier otro colectivo. Entre los escritores hay complicidades, venganzas, gestos de generosidad y de cicatería, odios, amores, alianzas, sabotajes… como entre abogados, banqueros o políticos. Pero quizás sí hay una diferencia: en la literatura, a pesar de que la egolatría sea la misma que en cualquier otro ámbito profesional, el dinero, el poder o la fama que en ella se juegan son mucho menores; en la mayoría de los casos, dinero y fama insignificantes, del poder ya ni hablamos.

En un momento dice que frente a la ficción, que debe ser siempre verosímil, la realidad puede resultar a menudo inverosímil. En un libro como este, ¿cómo se ha sentido, más libre o relajado que escribiendo relatos o novelas, o más sometido a esa realidad tan caprichosa?

La comodidad de la escritura de un diario reside en que no tienes ninguna obligación con él: escribes lo que quieres y cuando quieres, sin la disciplina que exige una novela, un relato e incluso un poema. El diario refleja la vida personal y puede permitirse ser un mal guion cinematográfico o una mala novela. Por ejemplo, en una buena novela no pueden aparecer tres cánceres sucesivos en tres personajes (sería una historia malísima) pero en la vida eso ocurre constantemente. La vida es una mala novela: de puro cruel, nadie se atrevería a escribirla.

El género del diario, en ese sentido, ¿puede ser una especie de cuaderno de pruebas, un lugar en el que “descansar” de otros géneros? ¿Es así en su caso?

Puede que tenga algo de eso. Otros géneros son exigentes, siquiera sea por la formalidad que imponen al autor desde el principio. Pero el diario es la forma de escritura más libre que se puede concebir. Otra cosa es que en él haya que embridar los excesos: escribir solo lo necesario, no pasarse, no relajarse, no ser condescendiente con la primera ocurrencia que a uno se le viene a la cabeza… El riesgo del diario es acabar convertido en un almacén de páginas absolutamente intrascendentes. Ese es el peligro real.

Su anterior obra recibió, y muy merecidamente, el Premio Setenil, es un reconocido cuentista y en Lecturas pendientes también hay alguna reflexión interesante sobre el género… ¿Vamos a poder disfrutar pronto de nuevos relatos de Pedro Ugarte?

Para mí escribir cuentos es como respirar: forma parte de mi vida. No escribo más de tres o cuatro cuentos al año (a veces menos) pero siempre tengo alguno o a medio escribir en mi mesa de trabajo o tomando forma en la cabeza. Cuando camino solo por la calle voy dándole vueltas e imaginando cómo debe terminar. De modo que tarde o temprano algún libro de cuentos surgirá…

ENTREVISTA A RAQUEL ALZATE

oct 23, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Resultado de imagen de navegante en tierra

“Con cada una de estas historias está todo mi empeño, devoción y amor por el medio” 

Raquel Alzate, dibujante

La dibujante e ilustradora barakaldesa acaba de publicar Navegante en tierra, donde rescata historias publicadas en fanzines y revistas a lo largo de los últimos quince años, en un álbum que se convierte en una magnífica muestra de la versatilidad de la autora y de su universo fantástico, poblado por medusas, sorginak, sirenas…

Patxi Irurzun. Publicado en Gara 22/10718

Navegante en tierra (Astiberri), cuenta con un prólogo de Alfonso Zapico, el autor de Dublineses (Premio nacional de Cómic 2012), en el que se nos da atinadamente una de las claves de esta obra: una recopilación de historias, de diferentes etilos, restos de los naufragios en que a veces se convierten las publicaciones periódicas, con los que Alzate compone una obra mayor, que nos da una perspectiva más amplia de su trabajo, desperdigado en fanzines o revistas (como “Humo” y “Tos”, una feliz casualidad que quizás ya presagiaba que algún día unas seguirían a las otras). El mundo de Raquel Alzate está, de hecho, plagado de símbolos y sugerencias y tiene a menudo referencias literarias (en algunas de sus historietas ha colaborado con escritores  como Jon Bilbao o se ha basado en poemas de Lorca) e incluso musicales (ilustró una de las canciones del disco Mentiroso mentiroso de Ivan Ferreiro).

Navegante en tierra reúne diversas historias cortas publicadas en fanzines, revistas, a lo largo de diferentes épocas, estilos… ¿Cuál ha sido el criterio para hacer la selección?

Prácticamente no ha habido selección; están recopiladas la gran mayoría de historias cortas que he realizado a lo largo de más de una década.

Tal y como señala Alfonso Zapico en el prólogo,  lo cierto es que con esos restos devueltos por los naufragios, has conseguido construir una nueva nave, este libro, que da una estupenda visión de conjunto de su obra ¿Era esa la intención? ¿Cómo surgió la idea de hacer esta antología –creo que podemos llamarla así— ?

Lo cierto es que con cada una de estas historias está todo mi empeño, devoción y amor por el medio, y también una parte de mí más profunda, que no me puedo permitir expresar cuando trabajo en obras de encargo. Por ello desde hace tiempo me rondaba la idea de poder juntar todas esas historias, más arriesgadas estilísticamente, y mucho más personales, en un solo volumen; pues éstas se hallaban dispersas en publicaciones tan dispares y, en algunos casos, ya imposibles de encontrar, que era como si, en parte, hubieran dejado de existir para un posible lector interesado.

Mi idea era publicar un recopilatorio cuando tuviese ya un volumen considerable de estas historietas, y finalmente este año decidí que podía ser el momento.

Por cierto, contar como prologuista con Alfonso Zapico ha sido todo un lujo ¿no?

Un lujo total… Alfonso es uno de los creadores más importantes de nuestro país.

Navegante en tierra es una buena muestra de su versatilidad, se alternan los estilos, el color con el blanco y negro, pero… ¿Hay alguna manera de dibujar con la que se sienta más cómoda? ¿Y cómo decide el  tono o estilo de la historia?

Me siento más cómoda definiendo los volúmenes con pinceladas de luces y sombras, más que con línea. Después, tanto en color como en blanco y negro me siento a gusto. Hay historias que me da la impresión de que piden menos color, más juegos de contrastes y claroscuros monocromáticos; en otras ocasiones siento que el color es primordial a la hora de definir el tono de la obra. Pero no sabría dar una explicación racional acerca de en qué me baso específicamente para tomar estas decisiones: es un proceso más emotivo e intuitivo, me dejo influenciar por lo que dentro de mí sugiere el argumento.

En muchas de las historietas se aprecian influencias literarias, algunas incluso están directamente basadas en relatos de autores como Jon Bilbao o David Abia, también hay algunas referencias musicales…  ¿Cuáles son sus fuentes de inspiración?

Bueno, en el caso de las colaboraciones con un guionista, las de Teresa Valero, Jon Bilbao o Gregorio Muro, por ejemplo, puede decirse que en realidad han sido sugeridas por la revista en la que colaboraba para la ocasión. Sugerencias que para mí fueron muy afortunadas, ya que tengo en gran estima a estos creadores. Ellos a su vez  se dejaron sugerir por mi trabajo, planteando un guión que podía ir en conexión con mis historias más personales.

En el caso de las colaboraciones con David Abia, fue una elección de ambos la de juntarnos para crear historietas sobre una temática que nos interesaba a los dos.

Y respecto a la colaboración con Iván Ferreiro, he de decir que fue idea suya la de arriesgarse y sacar un álbum de cómic junto con su disco “Mentiroso mentiroso”: una iniciativa sin precedentes. Iván es un gran aficionado al medio. Para el álbum hizo una selección de autores; cada uno de los cuales teníamos que ilustrar una historia con un tema de su disco. Para mi fue una colaboración de lujo.

Y por supuesto está todo su mundo propio, poblado por sirenas, brujas, medusas, criaturas fantásticas… ¿De dónde le viene todo eso?

Siempre me ha gustado, desde pequeña, sumergirme en historias de fantasía y ciencia ficción… Especialmente en mis obras me gusta fabular un imaginario de seres fantásticos que remiten al mundo de las creencias antiguas y de las ensoñaciones. Quiero que mi obra sea expresionista: que trasmita sensaciones y emociones diversas al lector, aunque éstas procedan de su lado menos racional, más simbólico y onírico.

Para acabar, da la impresión de que no es habitual últimamente publicar libros como estos, recopilaciones de historietas, se tiende más a novelas gráficas, historias más largas… Haciendo una extrapolación a la literatura, el cuento y la novela ¿Se puede decir que usted es una dibujante de cuentos?

Podría decirse, sí. Me gusta expresarme en ese formato, me sale de una manera natural.

 

 

Entrevista a Natxo Leuza y Andrés García de la Riva, directores del documental sobre El Drogas

oct 22, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

“Hacer la primera película sobre El Drogas es una gran responsabilidad”

Natxo Leuza y Andrés García de la Riva, cineastas

Hace unos días se adelantó el teaser de esta película sobre la figura de Enrique Villareal, El Drogas,  que busca financiación a través de una campaña de mecenazgo. El documental aborda el recorrido artístico de El Drogas, pero también muestra sus facetas más íntimas y familiares.

Patxi Irurzun. Publicado en Gara

El Drogas podría ser campeón mundial de txipi-txapa, tal y como muestra la imagen con la que arranca el adelanto de este trabajo, aún en fase de rodaje.  Y bailar las piedras sobre el agua sería solo una faceta más en la intensa vida de alguien como Enrique Villareal, que es artista, hijo, padre, pareja, activista, pirata, poeta… El documental, con el título aún por definir (Peleón, apuntamos humildemente como sugerencia), es un ente orgánico, que va ajustándose a la tan ajetreada como improvisada agenda de El Drogas, quien lo mismo se planta con su guitarra frente a los juzgados tras la sentencia de La Manada que cuida de su madre, enferma desde hace años de Alzheimer. La película busca financiación a través de una campaña de crowdfunding en Verkami (El Drogas. El documental), cuyas recompensas van desde asistir al estreno de la película a pases para ensayos de El Drogas, y cuenta con un equipo de casa, con Iñaki Alforja, como director de fotografía (una presencia importantísima en el proyecto, no solo por su recorrido profesional sino también por su afinidad con  Enrique Villarreal, con el que ha trabajado ya anteriormente), Daniel Ciaurriz en el sonido, Rosa García y María Guzmán en la producción y Fermín Urdánoz en el diseño.  Andrés García de la Riva y Natxo Leuza son los directores:

¿Cuál fue la idea original del documental, tenían claro desde el principio la idea de rodar algo sobre El Drogas?

Andrés: En realidad la primera idea fue que queríamos hacer algo sobre música. Natxo y yo hemos trabajado juntos en el festival Punto de Vista y siempre habíamos comentado la idea de hacer algo sobre ese tema, que es el que más nos une. Empezamos a darle vueltas y la figura de El Drogas surgió como algo casi natural.

Natxo: Ahora, sin embargo, no queremos que sea solo un documental sobre música o rocanrol, sí queremos que la música tenga  importancia, pero acotarlo solo a eso sería como acotar también la historia de Enrique, cuando cualquiera que lo conozca sabe que su figura trasciende lo puramente musical.

Andrés: Sí, porque una vez que te acercas un poco a El Drogas y ves las múltiples facetas que tiene te das cuenta de que la música es solo una de ellas, y, por ejemplo, su parte familiar, íntima, como abuelo, padre, pareja, es tan rica, que te encuentras con un personaje absolutamente interesante.

El teaser que han adelantado, de hecho, en el que se incluyen imágenes de diferentes conflictos, luchas sociales, etc.,  ya da pistas en ese sentido, y define también la personalidad peleona de El Drogas

Natxo: Sí, en el teaser queremos mostrar dos tonos, uno desde el presente más pausado, con cámaras lentas, con su propia voz en off, que nos va dando pistas de su presente y su futuro, pero de vez en cuando rompemos con un montaje mucho más ágil e imágenes de archivo, de los años 70 y 80, y con referencias a lo que ha sido la sociedad en esa época. Para nosotros es superimportante contextualizar lo que ha sido la vida de Enrique porque eso explica por qué él es así, por qué piensa así.

¿Cuál es la implicación de El Drogas en el documental, él sugiere, interviene?

Natxo: Nos ha dado total libertad. El Drogas primero es artista y respeta mucho a los artistas. Sí que Andrés y yo hablamos mucho con él, vamos viendo, tanto con él como con Mamen –la pareja de El Drogas, su “socia”—, qué es los que quiere, lo que no, pero siempre con un respeto y una flexibilidad brutal. No hay ningún tema que no haya querido tratar. En realidad a nosotros nos gustaría implicarlo y “utilizarlo” más. Por ejemplo, Enrique escribe mucho mejor que nosotros y nos gustaría que escribiera algo, que sus textos apareciera como voz  en off…, pero con la agenda y la vida que tiene resulta complicado.

¿Cómo se las arreglan, en ese sentido,  para rodar?

Andrés: Nosotros intentamos no molestar mucho, y nos adaptamos un poco a esa agenda. Ahora quizás comencemos a generar nosotros situaciones y escenas, hasta ahora  hemos hecho mucho acompañamiento, por ejemplo, en alguna visita a su madre a la residencia.

Natxo: Una de las figuras más importantes en la vida de Enrique es la de su madre, la de la mujer en general, Mamen, su hija…, pero en el caso de su madre, que le ha dado la vida, le ha dado todo y ahora, tristemente, tiene la enfermedad del alzheimer, hemos podido ver un cariño impresionante. Haber podido entrar ahí, para nosotros ha sido especial…

Andrés: Y esa va ser una de las facetas que mejor se va a mostrar en el documental, esa faceta de ternura, en todos sus roles familiares, con Mamen, también… Hablan mucho entre los dos, por ejemplo, del amor que hay entre ellos, cómo lo han ido cultivando con el tiempo… La “socia” es un personaje fundamental en el documental, es la que siempre está a su lado y con la que comparte muchas cosas, de hecho si ella no lo hubiese tenido claro, este documental no habría sido posible…

¿Han descubierto cosas sobre El Drogas que los hayan sorprendido, que no conocieran o esperaran?

Natxo: Nosotros éramos fans de El Drogas, pero no éramos el tipo de fans que nos estamos encontrando ahora y que son los que están apoyando el mecenazgo de la película, pero conforme vamos conociendo a Enrique más cariño le vamos cogiendo, vamos viendo la vida frenética —viajar, carretera…—, que es capaz de mantener, o humanamente su trato tan cercano y humilde…

Andrés: Por otra parte, para nosotros, viendo todo ese cariño que le tienen sus fans — y que podemos palpar, por ejemplo, en el facebook que hemos abierto para la película—, y sabiendo además que es la primera película que se hace sobre El Drogas, es una responsabilidad hacer este documental, estar a la altura y poder contarlo de una forma justa para él, para su memoria y para la importancia que tiene en la historia del rock de este país alguien como él.

La película, sin embargo, no será solo una película para fans… ¿Qué puede interesar a alguien que no conozca o no siga la carrera de El Drogas?

Andrés: En ese sentido, hace unos meses presentamos el proyecto al festival Docs Valencia, fue seleccionado, y estuvimos mostrando nuestra idea a productores, exhibidores, y nos encontramos con gente que no tiene esa referencia tan importante que puede ser El Drogas en Iruña, gente incluso, de otros países, que ni siquiera conoce a Barricada, y ahí nos dimos cuenta de la importancia de que esta sea una historia universal, en la que cualquiera vea una historia de éxitos, fracasos, lo que ha ganado, lo que ha perdido El Drogas, y una historia que en cierto modo se pueda “deslocalizar” (aunque la Txantrea, por ejemplo, sea un escenario fundamental, porque yo creo que la idiosincrasia de un barrio como la Txantrea, sus valores, lo convierte en  universal…). La propia historia de Enrique, el éxito con Barricada, lo que sufrió cuando salió del grupo, que coincidió además con el alzheimer de su madre, cómo fue capaz de levantarse, etc. da para un guión de una película, con conflictos que pueden ser entendidos en cualquier parte del mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA MALA PENA

oct 20, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

No hay texto alternativo automático disponible.

Ilustración: Santiago Sequeiros
(Publicado en Rubio de bote, colaboración quincenal para el magazine ON (Diario de Noticias de Navarra, Álava, Gipuzkoa y Deia) 20/10/18)

LA MALA PENA
Patxi Irurzun

 

Solo se me ocurre a mí. Regalarle un libro titulado Resaca a un ex alcohólico.

El dibujante e ilustrador Santiago Sequeiros es el creador de uno de los territorios más míticos del cómic estatal, de uno de los universos propios más sólidos y al tiempo más lleno de grietas y agujeros (algunos de ellos gloriosos y sórdidos como ojos del culo, que son a la vez la puerta de entrada a un panteón de carne y tinieblas): la ciudad de La Mala Pena, construida sobre las lindes del cementerio en que enterraron a Dios y en el que llueven diluvios de orujo.

Sequeiros fue uno de los autores invitados al IX Salón del Cómic de Navarra, celebrado hace unos días, y en el que se expuso íntegramente y en su formato original  Romeo Muerto, la obra en la que ha trabajado durante los últimos veinte años de su intensa vida (Sequeiros se ha bebido mares de vodka, ha naufragado durante años en sofás de amigos, e incluso en una ocasión acarició el lomo de una sirena en una película porno); veinte años en los que Sequeiros ha estado en el infierno pero también se le ha aparecido Sampedro.

Romeo Muerto –un portero de hotel que vive dentro del cadáver de su mujer— es un cómic todavía inédito, y quienes lo leímos de pie no solo tuvimos el privilegio de la exclusiva, sino además el de leer a la vez su making of, pues en los márgenes de cada una de las planchas expuestas se apreciaban las anotaciones del autor: correcciones, ideas, dudas… En una de ellas incluso aparecía un teléfono, cuyo número apunté y al cual llamé y me cogió el demonio y el demonio me dijo que Sequeiros se le había escapado por los pelos (que no tiene, ni siquiera en las cejas ni en las pestañas, pues los ha perdido todos tras depresiones o tratando de apagar el fuego del alcohol que le quemaba el corazón).

Sequeiros tardó años en comprender que su obra y su mundo no hablaban solo o principalmente sobre el vacío o el desamor, como él pretendía, sino sobre el alcohol, sobre su propio alcoholismo, cuyas consecuencias estaba dibujando con años de anticipación. “Hay una correlación entre lo que dibujo y mi propia vida, todo está muy imbricado, yo encuentro ahora en mis cómics signos y símbolos que había colocando inconscientemente. Mi obra me cuenta cosas sobre mí mismo”, me dice, y yo le pregunto si eso acojona. “No, lo que acojona es levantarse un noche a las cuatro de la mañana con un mono terrible y no encontrar vodka en la nevera; o el vacío, el que encontré en mi último año de alcoholismo, el vacío absoluto, sobre el que yo creía que había escrito y dibujado, pero ¡una mierda! el vacío no tiene palabra, ni imagen”.

A Sequeiros lo sacaron de ese agujero sin nombre la terapia y Sampedro; José Luis Sampedro, cuyo libro El mercado y la globalización ilustró en el año 2001 y gracias a  cuyos royalties pudo por fin pagarse la fianza para un alquiler, comprar un  ordenador y volver a entrar en el circuito de la ilustración en prensa, donde actualmente es uno de los autores más destacados. “Todo lo que yo aprendí para dejar el alcohol, todo lo relacionado con el autoengaño, la justificación, me es muy útil ahora para deconstruir la actualidad o el lenguaje de los políticos”, dice.

Y a pesar de todo lo dicho, la obra de Sequeiros trasciende, y además de una manera magistral, un mero relato del proceso alcohólico. En ella hay literatura de altos vuelos y un mundo radicalmente original, el de La Mala Pena, que arroja como pocos una luz de endoscopio en nuestras zonas más oscuras y perturbadoras, en nuestros pequeños infiernos.

Santiago Sequeiros habla del suyo, de los años de trago duro y vacío innombrable, sin tapujos, con una sincera honestidad. Sin embargo, o tal vez por ello, antes de despedirnos, me devolvió con mucha educación el ejemplar de Resaca que solo a mí, estúpidamente, se me había ocurrido regalarle.

 

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