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CLUB DE LECTURA DE VERANO 2022

Jul 25, 2022   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

PANZA DE BURRO, DE ANDREA ABREU

PUBLICADO EN MAGAZINE ON (DIARIOS GRUPO NOTICIAS) 23/07/22



La primera edición de Panza de burro se acabó de imprimir a finales de marzo de 2020, en pleno confinamiento, jucujucu, y desde entonces he leído ya tres veces la historia de estas dos niñas canarias, Isora y shit, que, como un virus, como una pandemia, como una tos de perro persistente, jucujucuju, no puedo parar de intentar contagiar a otros lectores. 

Andrea Abreu, su autora, nació en 1995 y Panza de burro es su primera novela. Se trata del libro de la autora o autor más joven y más cercano en el tiempo que hemos recomendado desde este club de lectura (de hecho, creo que es el único libro escrito por alguien vivo que hayamos recomendado hasta el momento*), pero estoy convencido de que acabará convirtiéndose en una obra de referencia dentro de los manuales de literatura española (lo que no sé es bajo qué epígrafe: ¿literatura millennial?).

Literatura millennial canaria
Así es al menos como la califica la propia editora de la obra, Sabina Urraca, en el prólogo a la misma, aunque ella añade ese otro adjetivo, canaria, que es algo más que un sello de procedencia. El éxito de Panza de burro tiene doble mérito si a la juventud de su autora sumamos que es una obra escrita desde y sobre la periferia —Canarias, en este caso—  en un sistema literario que acostumbra a mirar por encima del hombro y despreciar como local —o de provincias, como se decía antes— todo cuanto no esté escrito o publicado desde o sobre o con la mirada de Madrid o Barcelona. Una novela que transcurra en Cuenca, en Abadiño (a no ser que sea una réplica de Patria), o en Pontevedra será una novela local, mientras que si la misma historia se ubica en aquellos ombligos literarios será una novela que se eleva desde lo local a lo universal. 

En el caso de Panza de burro, además,estamos hablando de la periferia de la periferia, o mejor dicho, de la periferia de la periferia de la periferia, puesto que el escenario de la obra son los barrios altos, que en este caso son los barrios bajos, de Canarias, aquellos desde donde quienes los habitan solo descienden a las islas soleadas y afortunadas para limpiar los hoteles y los pisos turísticos, y en donde la playa y el mar son paraísos inaccesibles a los que para llegar hay que superar varias pantallas de la “guenboi” en las que se emboscan perros callejeros y volcanes como gigantes dormidos, todo ello bajo un cielo que aplasta las cabezas y los corazones.

El título de la novela, Panza de burro, se refiere precisamente a ese cielo gris y plomizo que cada día pueden rascar con sus dedos las dos preadolescentes, Isora y shit, que protagonizan la novela y que viven allí, en lo alto de la isla, bajo la presencia dominante del “vulcán”, criadas por las abuelas, o por su propia cuenta, en calles asalvajadas y empinadas como la vida misma.

Novela de iniciación
 Panza de burro es una novela de iniciación, en la que ambas protagonistas olisquean con curiosidad la roña que deja entre las uñas de esos dedos los descubrimientos más tempranos de la amistad, el sexo o, en última instancia, la muerte. Las dos niñas viven una relación de dependencia, de dominación (shit, con minúsculas, es como Isora llama en todo momento a su amiga), en ese límite, ese agujero negro, esa transición entre la niñez y la vida adulta en donde ellas juegan con las muñecas barbies a criticar a las vecinas o a frotarse los “pepes” —así, pepe,  es como se nombra al órgano sexual— o se topan con fotopollas en el “mesenyer” durante las clases de informática.

“Estregarse” el pepe, la escatología, hurgar en los agujeros prohibidos… son referencias recurrentes en la novela, que se hacen sin pudor, de manera natural, porque eso, descubrir el propio cuerpo, sus olores, sus latidos, sus cambios, es lo normal cuando se tienen once años, algo que, sin embargo, parece desterrado a menudo de las novelas protagonizadas por personajes de esa edad, sobre todo femeninos, y no digamos ya de la literatura juvenil y ultrapolíticamente correcta.

Sin pudor también se utiliza el léxico propio de Canarias. Sin pudor y sin glosario, como la editora Sabina Urraca aclara en el prólogo. Decisión que, a la postre, resulta un acierto, pues del mismo modo que cuando conversamos con alguien que maneja otro acento, otro vocabulario, no lo interrumpimos para buscar en un diccionario todo aquello que desconocemos, sino que lo asimilamos y nos acostumbramos poco a poco a su habla (o como sucede en una novela como La naranja mecánica, de Anthony Burgess, en la que acabamos haciendo propia la jerga de los “drugos” que la protagonizan), del mismo modo acabamos aprendiendo en Panza de burro un “fisquito” del habla canaria, o en realidad del habla propia de los barrios bajos-altos de las islas o en realidad del habla o idiolecto de Isora y shit.

Sabina Urraca, editora de «Panza de burro»

Editora por un libro
El proceso de edición de esta obra, al que Urraca alude en el susodicho prólogo, es también reseñable y determinante en el éxito de esta novela. Panza de burro se publicó en la editorial Barrett dentro del proyecto “Editor/a por un libro”, en el que los editores ceden a escritores a los que admiran (hasta ahora han sido Patricio Pron, Sara Mesa y Sabina Urraca) la facultad de elegir una obra original e inédita y de ejercer ellos mismos como editores de la misma. No es la única editorial que ha llevado a cabo una iniciativa de este tipo, Caballo de Troya ha tenido también editores invitados (Mercedes Cebrián, Elvira Navarro, Alberto Olmos, Luna Miguel, Lara Moreno…), en su caso durante todo un año, cuya misión ha sido descubrir nuevos valores literarios. Un proceso de ese tipo implica necesariamente —sobre todo en el caso de Sabina Urraca, que no tenía que dirigir un catálogo de varios autores, sino una sola novela—  un mimo y una dedicación especiales con la obra elegida, una mirada diferente, que no se enturbie con las necesidades comerciales, las modas literarias o la falta de perspectiva de editores que ni en un acceso de locura transitoria publicarían historias “locales” en las que los personajes hablan raro o guardan su propia mierda en tápers. Urraca, por el contrario, pudo dejarse enloquecer libremente por Panza de burro. Lo afirma, de hecho, en esas páginas introductorias a la novela, en las que confiesa que se enamoró del manuscrito hasta el enloquecimiento y que no lograba hablar del mismo sin emocionarse; o que no podría definir esta obra sin echarse a llorar y que si tuviera que hacerlo diría que es una novela febril, que contamina, algo con lo que, jucujucu, en este club de lectura estamos totalmente de acuerdo.

*No lo es, la semana pasada comentamos «Una cuestión personal», de Kenzaburo Oé, y el autor japonés sigue felizmente vivo

AGOSTAZOS

Jul 25, 2022   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
Ligres y tigones

Publicado en Rubio de bote, colaboración quincenal para magazine ON (diarios Grupo Noticias). 23/07/22

Iba a comenzar este artículo diciendo que el agostazo de este año (ya saben, los agostazos, esas decisiones políticas que se toman cuando todo el personal está anestesiado por el tinto de verano) se vaticina de campeonato, pero me doy cuenta de que en realidad el cambio climático y la era de la sobreinformación han propiciado que tengamos agostazos en junio, octubre, abril, de tal modo que nuestras tragaderas sean ya enormes bocas de alcantarilla por las que entra cualquier cosa.

Durante estas últimas semanas, sin ir más lejos, hemos oído al ministro de la guerra decir que doblar el gasto militar es una inversión social; a un banquero que en esta crisis vamos a empobrecernos todos, incluidos ellos (¡pobrecicos!, ¡apadrina un banquero!); a la Comisión Europea calificar la energía nuclear como energía verde; o al presidente del país afirmar que los infames sucesos en la frontera de Melilla en los que murieron decenas de personas estuvieron “bien resueltos” por los cuerpos de seguridad.

Todo nos lo tragamos y lo digerimos, al tiempo, además, que los surtidores de las gasolineras despachan oro líquido o las sandías se han convertido en  artículos de lujo. Cuando a uno lo atracan todos los días se acostumbra, ya ni reacciona, levanta las manos en un acto reflejo y deja que le vacíen la cartera mientras habla del tiempo o del fútbol con su asaltante.

Hace algunos años existía un recurso periodístico estival llamado serpiente de verano: avistamientos de ligres, reses cimarronas fugadas de algún festejo taurino, posados en bikini de folklóricas recauchutadas… Noticias chuscas o insustanciales que se estiraban durante días e incluso semanas para llenar páginas de periódicos en época de sequía informativa y que a menudo servían también como cortinas de humo entre las que deslizar subidas del pan. Hoy no hace falta porque ese tipo de reptiles culebrean a sus anchas por las redes sociales y se engordan a menudo con una credulidad pavorosa.

En un vistazo rápido a Twiter me encuentro, por ejemplo, con alguien que afirma con rotundidad científica que a partir de los cuarenta años los testículos se descuelgan a un ritmo de un centímetro por año (y aunque hay quien razona diciendo que de ser así los jubilados irían dejando surco en las playas, muchos otros dan por bueno el dato). Es, claro, una enormidad, seleccionada para abrir paréntesis y echarnos unas risas, pero, del mismo modo, durante los incendios que asolaron Navarra a finales de junio pudimos encontrarnos con tuits que aseguraban que en el parque Senda Viva habían muerto abrasados todos los animales y con otros bulos que corrieron como el fuego en la rastrojera. Me pregunto quién inventa ese tipo de mentiras. Y por qué lo hace. Claro que tampoco es de extrañar si tenemos en cuenta que hay periodistas profesionales que se dedican a poner todo al rojo vivo difundiendo igualmente noticias falsas. Cloacas informativas, campañas de difamación y acoso, fábricas de mentiras democráticas… Nada nuevo que no supiéramos o no hubiéramos visto antes, aunque algunos parezcan ahora haberse caído de un guindo. Lo de Ferreras (que informó en su programa sobre una cuenta bancaria de Pablo Iglesias, sabiendo que esta no existía, tal y como han desvelado los audios del siniestro comisario Villarejo) es grave, pero es también otro agostazo, otro culebrón estival que, fuera de la burbuja de las redes sociales y mientras quede tinto de verano en la nevera, me temo que a muy poca gente le importa y que no tendrá mayor recorrido. Como mucho, diría yo, hasta agosto.

Entrevista a Josu Korkostegi (PARABELLUM)

Jul 19, 2022   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

“Siempre hemos hecho lo que nos ha pedido el cuerpo, la piel y el corazón”

Publicado en GARA/NAIZ (18/07/22) / Patxi Irurzun

El histórico grupo de Barakaldo vuelve tras casi veinticinco años sin grabar disco de estudio con un trabajo, El grito del hambre, de canciones contagiosas que, dicen, se debían a sí mismos, a su público y a su recordado guitarrista, Juan Carlos Lera.

Nunca se fueron y prometen que volverán, que no dejarán pasar otro cuarto de siglo para publicar nuevo trabajo. Entretanto afilan ya los instrumentos para la gira de presentación de El grito del hambre, que salió a la venta el 17 de junio y del que ya habían adelantado dos atinados disparos, Arráncame el bozal y Demonios en el jardín, acompañados de sus correspondientes e impactantes vídeos. Dos trallazos que nos traen a la memoria himnos como La locura o La vela se apaga. Parabellum mantiene su rock desgarrado, de melodías y coros pegadizos, y en las letras su imaginario de canciones de amor y rabia contadas desde abajo. Publicado por el sello navarro El Dromedario y producido por Iñaki Uoho (a quien se suma en la nueva formación otro exExtremoduro, Iñaki Setién), El grito del hambre se escucharán en breve en una gira que devuelve a los escenarios a uno de los clásicos del rock vasco. Hablamos con Josu Korkostegi, batería y voz de la banda y fundador de la misma.


En la nota de prensa de “El grito del hambre” se dice que tras la siembra viene la cosecha. ¿Cómo ha sido el proceso de gestación de este disco, tras casi un cuarto de siglo sin publicar disco de estudio?

Ha sido bastante complicado, llevábamos muchísimo tiempo sin grabar algo nuevo, y eso no es normal. Pero hemos tenido bastantes obstáculos de todo tipo, de salud, sobre todo. En realidad, hacía muchísimo que teníamos las ideas, las ganas… pero siempre sucedía algo. Llegó el problema de corazón de Juan Carlos Lera y lo que hicimos fue amoldar el trabajo y el grupo a su salud. No queríamos seguir sin él. Lógicamente no podíamos dar todos los conciertos que nos habría gustado, no siempre se daban las condiciones, y es normal que la gente pensara que nos habíamos separado. Pero nada de eso. Así estuvimos, hasta que llegó el fatídico día, la hermana de Juan Carlos me llamó y me avisó de su muerte. Tardamos mucho en reaccionar, fue muy duro, no nos atrevíamos ni a ir al local, el primer día que volvimos y vimos su hueco ni siquiera pudimos acabar de ensayar. Hasta que, por fin, hicimos un par de conciertos, hablamos con Iñaki Setién, entró de guitarrista, fichamos con El Dromedario y decidimos que esta vez iba todo para adelante, ya sin parar. Lo que siempre tuvimos claro era que nos debíamos un disco, a nosotros mismos, a Juan Carlos, y a la gente.

Un disco con canciones nuevas, lo cual se agradece, dentro de esta especie de revival del Rock Radikal Vasco. ¿Hacia dónde mira más Parabellum, hacia atrás o hacia adelante?

Como te digo, la idea era desde el inicio sacar temas nuevos. De hecho, antes de la pandemia hicimos un DVD en directo, que pretendía mostrar, junto con nuestras canciones de siempre, lo que estábamos haciendo. Hicimos un final de gira en Colombia y justo al volver llegó la pandemia, eso nos retrasó mucho, hasta que retomamos los ensayos, volvimos a componer… Yo creo que no puedes quedarte en el pasado, siempre hay que hacer cosas nuevas, sobre todo después de tanto tiempo si sacar nada. Nosotros tenemos presente quiénes somos, de dónde venimos, pero a la vez nunca hemos tenido miedo a hacer cosas nuevas, siempre nos hemos tirado al barro sin pensar en lo que otros puedan decir, siempre hemos hecho lo que nos ha pedido el cuerpo, la piel y el corazón.
Se nota que había hambre, ¿tiene algo que ver con ello el título del disco?
El título es una frase de una canción: “El grito del hambre no conoce la ley”, que creo que lo resume bien. Con eso queríamos expresar en forma de canciones diferentes gritos frente a la realidad que nos rodea. El grito es la manera de expresar emociones, estados de ánimo intensos, miedo, hambre, dolor, placer… Y en este disco hay gritos de ausencia, de rabia, de locura… A veces son gritos sordos, que no oímos ya porque estamos tan acostumbrados a ellos que no les damos importancia, ni a las personas que los dan.


Eso se refleja en las letras, en las que además se mantiene el tono, la marca de la casa, ese toque a veces algo sórdido, oscuro, con referencias a la locura, la muerte…

Nosotros siempre hemos dado importancia a las letras. Y siempre hemos creído que a la gente no hay que darle todo mascado, hay veces que sí, se pueden decir las cosas de manera directa, tal como son, pero otras tienes que dejar que la gente piense o saque sus propias conclusiones. A veces cuando haces una letra ves que hay quienes dan sus opiniones, y que unas no tienen nada que ver con otras o con lo que tú has querido expresar, eso me parece un acierto, si han estado dos o cinco minutos pensando en qué queremos decir, es un avance, significa que todavía la gente piensa por sí misma, no se limita a dar por bueno lo que otros piensan. Respecto a las letras sórdidas, en realidad la mayoría de las letras de Parabellum son temas de amor, pero expresado de manera diferente, a veces desde la visión de protagonistas oscuros, perdedores, desde el suelo, pero no hay que olvidar que el sentimiento de amor, de cariño, o de desamor, de rabia, tiene tanto valor si viene de unos personajes que lo tienen todo, viven en mundo donde todo es maravilloso, o si viene de gente que vive en la calle y lo único que tienen igual es precisamente ese sentimiento. La mayoría de las veces asociamos esos sentimientos de amor o de deseo a personas con éxito, o guapas, pero yo creo en el fracaso adquieren una dimensión más pura, más real, esa es mi manera de entender la rabia, la muerte o el deseo…

¿Respecto a la música la intención era conservar el sonido Parabellum o vamos a encontrar también nuevas aportaciones?

En el aspecto musical Parabellum creo que hemos conseguido un estilo propio, tanto en la música como en los coros. Pero nos sale así, sin pensar. En este disco hay canciones que siguen esa impronta, pero también hay otras algo diferentes, porque, como he dicho antes, nunca hemos tenido miedo a investigar, a crecer, a probar cosas nuevas. Si te lo pide el cuerpo y estamos todos de acuerdo, va para adelante.

Han contado en la producción con Iñaki Uoho, todo un lujo. ¿Cómo ha sido trabajar con él?

Ha sido una maravilla trabajar con él, en su casa, ha sido como si estuviéramos en nuestro local: su punto de vista, sus aportaciones, su visión…Nosotros siempre le hemos dejado hacer y él siempre nos ha pedido nuestra opinión, ha habido en cosas que hemos peleado un poco, pero hablando y dando nuestros puntos de vista hemos llegado a acuerdos. En realidad con Iñaki es muy fácil trabajar, te lo pone todo muy fácil, es un musicazo increíble, que además se implica como si fuera su propio trabajo.

En breve saldrán a la carretera ¿Cuál es la formación actual del grupo?

En la formación de ahora seguimos del principio Lino Prieto y yo, y además están también Pedro de la Osa (bueno, él lleva ya 18 años, que parece que no, pero son ya muchos), e Iñaki Setién “Milindris”, la última incorporación, que ha estado en grupos como Zer Bizio, Neurosis, Extremoduro… Los dos como músicos son una pasada, somos muy afortunados de tener a dos guitarristas como ellos, cada uno con una visión tan personal… Desde el principio se involucraron y tuvieron esa visión del grupo, de Parabellum, como si hubieran estado con nosotros siempre. Y en este disco han hecho crecer las canciones. Pero es que además como personas son extraordinarios. Además, por supuesto, otro miembro del grupo que siempre va a estar presente es Juan Carlos Lera, en los ensayos, en los directos, siempre está con nosotros. En Parabellum la suerte que hemos tenido o lo que hemos buscado ha sido que los que estamos en el grupo y quienes trabajan con nosotros seamos como una familia de amigos. Y seguiremos siéndolo también cuando el grupo se acabe, estoy seguro.

Club de lectura de verano 2022

Jul 18, 2022   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

UNA CUESTIÓN PERSONAL,
de KENZABURO OÉ

Paris - Salon du livre 2012 - Kenzaburō Ōe - 003.jpg
Publicado en magazine ON (diario de Grupo Noticias), 16/07/22

Hay un pasaje de Una cuestión personal, la novela que hoy traemos a este club de lectura, en el que Bird, el protagonista, se describe a sí mismo como alguien con las orejas pequeñas y demasiado pegadas al cráneo, algo que resultará chocante a los lectores que tengan por costumbre leer las solapas de los libros, pues en la dedicada a la biografía del autor se habrán encontrado con una fotografía del mismo en la que resulta inevitable fijarse en sus llamativas orejas de soplillo. Más todavía cuando, en esa misma solapa, descubra que la dramática historia que narra la novela —el nacimiento de un niño aparentemente monstruoso, sin apenas esperanza de sobrevivir o al que aguardan unas condiciones de vida muy limitadas— está basada en la experiencia propia de Kenzaburo Oé, padre de un bebé hidrocéfalo.

Es como si el escritor japonés nos estuviera advirtiendo:  “¡Ojo, Bird soy yo, pero no soy yo, esto es literatura!”; o tal vez como si estableciera a través de esa pequeña broma de las orejas un pacto con el lector, gracias al cual este acepta que Oé podrá expresar a través de la ficción algunos sentimientos e impulsos —por ejemplo, el terrible debate moral sobre el que pivota la obra: salvar al niño o dejarlo morir— que resultarían insoportables en la realidad o en una obra confesional o abiertamente autobiográfica.

Un final feliz
A todo eso ahora lo llaman autoficción, un recurso literario de toda la vida —ficcionar, novelar vivencias personales— que se puso de moda hace unos años, del mismo modo que ahora se ha puesto de moda denostar la autoficción, supongo que con la intención de desplazarla para traer al centro del tablero literario la novela distópica o el gótico-rosa o la novela policiaca protagonizada por chimpancés (esto pretendía ser una broma, pero conforme lo voy escribiendo me doy cuenta de que en realidad ya lo hizo Edgar Allan Poe en Los crímenes de la calle Morgue. ¡Todo está inventado!).

Una cuestión personal se publicó en el año 1964, solo un año después de que Hikari, el hijo de Kenzaburo Oé, naciera con una serie de discapacidades físicas y mentales, algo que determinaría no solo la vida sino también la carrera literaria del autor japonés, quien además de en Una cuestión personal ha escrito sobre su hijo en varias novelas más, como Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura,  El grito silencioso o ¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era!  

No destriparemos aquí el desenlace de la novela, pero sí podemos contar que en el caso de Hikari Oé —es decir, en la realidad—, hay un final feliz, en el que aquel niño hidrocéfalo y autista acaba convirtiéndose en un reputado compositor musical del que su padre afirma con sorna y orgullo que vende más discos que él libros, y eso que Oé es todo un Premio Nobel; y, por cierto, uno de los pocos que no se han dormido en los laureles y que después de obtener el galardón han seguido escribiendo obras de fuste.

Los mapas sin usar
En la novela que nos ocupa el alter ego del autor, apodado Bird (es decir, pájaro), es un profesor de inglés atormentado por su vida mediocre, de la que solo puede evadirse planificando un viaje a África que se verá frustrado por el nacimiento de un bebé con una hernia cerebral, la cual le da la apariencia monstruosa de tener dos cabezas. De hecho, así —el monstruo, la cosa, etc.— es como se refieren a él con una frialdad y una deshumanización brutal los doctores, quienes también son los que sugieren la posibilidad de no alimentar al niño para dejarlo morir.

Es decir, el dilema de Bird no tiene tanto que ver con la vida o la muerte que aguarda a su hijo discapacitado sino con el hecho de que la irrupción de este en su vida amputa de cuajo sus alas, enjaula sus sueños de juventud. En los días posteriores al parto asistimos a un descenso a los infiernos, un viaje al fin de la noche del protagonista, que buscará refugio en el alcohol, la violencia o el sexo, el cual comparte de una manera desapasionada, fisiológica —como quien siente deseos de defecar o escupir— con una antigua compañera de universidad en la que no obstante encuentra un alma gemela, el reflejo en un espejo que nos devuelve tras su imagen la de una sociedad como la japonesa de costumbres y moral rígidas, en la que la familia, el trabajo, la reputación, son pilares inamovibles cuyo peso insoportable ahoga a quienes quieren alzar el vuelo. Bird e Himiko, así se llama ella, son inadaptados, perros verdes, espíritus insatisfechos, que luchan por acallar sus anhelos, o mantenerlos vivos en secreto, bebiendo a escondidas en pequeños apartamentos, trazando viajes imaginarios en mapas que nunca se desplegarán en los territorios que esos mapas representan.

Hay, por ejemplo, un pasaje en el que Bird acude con resaca a impartir su clase y acaba vomitando sobre la tarima, un sacrilegio, un pecado imperdonable, que lo convierte a los ojos de sus alumnos y compañeros en un monstruo, en lugar de mostrarlo más humano, más vulnerable. 

Por puro amor
No es difícil imaginar, pues, cómo impactaría una novela como Una cuestión personal en una cultura tan contenida y tan estricta como la nipona. La literatura descarnada, su sinceridad radical, la exposición de las dudas y los abismos personales más profundos… todo ello está en esta obra en la que, más allá de la peripecia que se nos relata, sobresale —y eso y no otra cosa, a fin de cuentas, es lo que convierte siempre un montón de páginas numeradas y encuadernadas en una obra literaria— el estilo contundente y crudo del autor, en el que no faltan, sin embargo, luminosas imágenes poéticas y una carga de profundidad que lo ha llevado a ser comparado con autores como Dostoievski, Sartre, Faulkner, y por supuesto aupado a los altares de la literatura existencialista.

Una cuestión personal es, en definitiva, una novela que nos agarra por las solapas y nos obliga a posicionarnos, a reflexionar sobre temas como las responsabilidades, la madurez de nuestros actos (la madurez es siempre un tema delicado, pues como dice otro magnífico escritor existencialista, Kutxi Romero, a veces estar maduro es el paso previo a estar podrido), la conciliación entre nuestros sueños y la realidad o nuestra contribución a ese proyecto común que es la humanidad. Una obra, por tanto, de raíz radicalmente humanista que, como el propio Kenzaburo Oé ha confesado en alguna ocasión, escribió no solo para espantar sus propios demonios, sino sobre todo para convertirse en la voz de su hijo. Es decir, por puro amor.

CLUB DE LECTURA DE VERANO 2022

Jul 12, 2022   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

TIEMPO DE SILENCIO, DE LUIS MARTÍN-SANTOS

Publicado en magazine ON (diarios Grupo Noticias), 08/07/2022

El 19 de marzo de 1956 Luis Martín-Santos, el autor de Tiempo de silencio, fue detenido en Pamplona por la policía política franquista, junto con, entre otros, el también escritor Juan Benet. Esto, que puede parecer algo anecdótico —o una aldeanada—, tiene sin embargo su repercusión en la novela, una de las obras fundamentales de la literatura española del siglo XX, pues en el descenso a los infiernos de Pedro, el joven médico e investigador protagonista, se narra igualmente una detención (se le acusa de practicar un aborto), un interrogatorio y una noche en el calabozo. Es cierto que no fue la única ocasión en la que el escritor fue detenido y que, al igual que el protagonista, pasó por la siniestra Dirección General de Seguridad en Madrid, pero el de Pamplona sí fue su primer encontronazo con la policía y ello (el desamparo, la impotencia) debió sin duda de marcarle. Probablemente fue en Pamplona donde Martín-Santos escuchó esa frase que se reproduce en la novela: “Ustedes, los inteligentes, son siempre los más torpes”.

Martín-Santos pasó buena parte de su infancia en Donosti, donde también fue años más tarde director del psiquiátrico provincial y activo miembro en diferentes asociaciones culturales y políticas; y murió, con solo treinta y nueve años, en un accidente de coche en Vitoria.

Hay ciudades tan descabaladas…
Contamos esto por la parte que nos toca y también porque el reflejo de la vida del autor en Tiempo de silencio no puede obviarse: el café Gijón y su fauna literaria, a la que Martín-Santos vivisecciona en un pasaje del libro; la sensación de castración, de fatalidad, de resignación que atraviesa toda la obra y que tantas veces debieron de vivir en carnes propias bajo el franquismo las almas y las cabezas inquietas, libres y creativas como la de Martín-Santos; la frustración del joven investigador (Pedro está estudiando la evolución del cáncer hereditario en una cepa de ratones y lo hace en unas condiciones de abandono e indiferencia institucional que todavía, sesenta años después, perduran)…

Pero la importancia y la ruptura de Tiempo de silencio tienen que ver además, o sobre todo, con los aspectos formales. Publicada en 1962, cuando la corriente literaria dominante era el realismo social, Tiempo de silencio viene a ser como si de repente irrumpe una drag queen en una misa de los Legionarios de Cristo. Todo en la novela es excesivo: los neologismos, los soliloquios, los latinismos y las referencias bíblicas, las frases interminables —es memorable la descripción que hace de Madrid en una de ellas, que ocupa varias páginas: “Hay ciudades tan descabaladas (y aquí un largo paréntesis) que no tienen catedral”—, los rodeos, las retorcidas perífrasis y pleonasmos —“soberbios alcázares de la pobreza”, llama a las chabolas—…, todo parece ideado para romper con la sobriedad y el aprisionamiento estético del realismo social, que, no obstante, Martín-Santos también cultivó e incluso parece ser que intentó llevar al extremo en una novela titulada Vientre hinchado, que calificó como bajorrealista (quizás una precursora del realismo sucio, no lo sabemos, pues nunca se llegó a publicar y el manuscrito está perdido). Es más, la propia Tiempo de silencio se adhiere a menudo a ese realismo social, evidentemente no por sus aspectos formales, como hemos visto (todos esos excesos que buscan de algún modo dinamitar la literatura en boga de la época, pero que a la vez, son una bomba que estalla tiempo después, pues leída hoy la novela también deja una metralla que tiene una clara intención sarcástica o paródica) sino por algunos de los ambientes que aparecen descritos: el poblado chabolista, los burdeles, la pensión…

La influencia de Baroja y de Joyce
Se aprecia en ello la influencia de Baroja, del Baroja de La busca, de los descampados, los cementerios, los bajos fondos de Madrid…, o del Baroja de El árbol de la ciencia y su apático protagonista, Andrés Hurtado. A Martín-Santos, por cierto y a modo de curiosidad, le fue hurtado por motivos políticos un premio literario que llevaba precisamente el nombre del escritor vasco, Premio Pío Baroja, al que concurrió con la novela que hoy comentamos, Tiempo de silencio, y con el seudónimo Luis Sepúlveda —el nombre que usaba en la clandestinidad—, es decir, el mismo del escritor chileno (aunque este comenzaría a publicar unos años después).

Además de Baroja otra influencia innegable en Tiempo de silencio es la de James Joyce y su Ulises, que reconocemos en la vocación experimental, el uso del monólogo interior, la alternancia de técnicas y estilos, la odisea del personaje, su periplo urbano… Se cumplen precisamente este 2022 cien años de la publicación de esta obra, Ulises, que tiene fama de derrotar, en todos sus sentidos, a los lectores (al menos uno de ellos, Martín-Santos, parece evidente que llegó a leerla entera), y que está considerada una de las cumbres de la literatura universal. En Dublín, la ciudad en la que transcurre, se conmemora todos los años con el Bloomsday, una jornada en la que algunos dublineses y visitantes se visten como los protagonistas de la obra, recorren los mismos lugares que estos, etc. Tiempo de silencio, por su parte, celebra este año sesenta años desde su publicación, es un decir –lo de celebra—, porque, a diferencia del Ulises, no se tiene constancia de soplidos de velas.

El tiempo de la anestesia
Pese a lo cual, la novela nunca ha hecho honor a su nombre y a lo largo de los años ha sido repetidamente reivindicada. Vicente Aranda, por ejemplo, llevó al cine la adaptación de Tiempo de silencio en 1986, con reparto de lujo: Paco Rabal, Victoria Abril, Charo López y los hermanos Alcántara, es decir, Juan Echanove e Imanol Arias, este en el papel protagonista. En 2018 fue adaptada al teatro por La Abadía; y La oreja de Van Ghog cita el libro en la letra de una de sus canciones, Rosas: “Desde el momento en que te conocí/resumiendo con prisas Tiempo de silencio”, en donde no es difícil adivinar una alusión a la novela como lectura obligatoria en la educación secundaria de los ochenta y noventa (o sea, el BUP) y a las dificultades que un adolescente podía encontrar ante una novela tan compleja como esta, cuyas novedades formales quizás han perdido vigencia y exigen una contextualización, pero cuyo fondo se mantiene de rabiosa actualidad, como vemos en este párrafo que es además el que explica el título de la obra y que perfectamente podríamos aplicarnos: “Estamos en el tiempo de la anestesia, estamos en el tiempo en que las cosas hacen poco ruido. La mejor máquina eficaz es la que no hace ruido. La bomba no mata con el ruido sino con la radiación alfa que es (en sí) silenciosa, o con los rayos de deutones, o con los rayos gamma o con los rayos cósmicos, todos los cuales son más silenciosos que un garrotazo (…) Es un tiempo de silencio”.

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