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A SVS MVUERTOS. Entrevista a Clemente Bernad.

oct 10, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

A SVS MVERTOS from Clemente Bernad on Vimeo.

“Para tomar decisiones se tiene que saber primero qué es realmente el Monumento a los caídos”

Clemente Bernad. Fotógrafo y documentalista

El documental A sus muertos de Clemente Bernad, fue presentado  en Iruñea durante las jornadas para debatir qué hacer con el “Monumento a los caídos”, en cuya cripta hasta hace apenas unas semanas estaban enterrados los golpistas Mola y Sanjurjo y en la que todavía hoy se celebran misas fascistas.

Patxi Irurzun. 

“¿Sabe qué es ese monumento?”. “¿Sabe quién está enterrado en él?”. “¿Sabe qué representa?”… Son algunas de las preguntas que se plantean a diferentes personas en el entorno de este gran símbolo franquista. Y las respuestas son desoladoras: “¿Una iglesia románica?” “¿Los reyes católicos?”… Solo unos días antes de celebrarse, con gran éxito de público y participación, las jornadas para reflexionar sobre el futuro de este siniestro monumento, otro grupo presentaba sorpresivamente otra propuesta “despolitizada” que plantea convertirlo en un Museo de la ciudad. A sus muertos y las jornadas en las que se enmarcó la proyección de este trabajo del fotógrafo y documentalista iruindarra Clemente Bernad, pretenden por el contrario acabar con el desconocimiento y buscar soluciones que no pisoteen líneas rojas como la reparación, la verdad o la justicia.

¿“A sus muertos” nace como un documental exclusivamente ligado a las jornadas sobre el futuro del Monumento a los caídos?

Sí y no. Las jordanas surgen a raíz de un de gente que nos juntamos para reflexionar sobre el Monumento: Txema Jiménez (editor de Pamiela), Iñaki Arzoz (activista y artista), José Ramón Urtasun (pintor), Carolina Martínez (gestora cultural y editora) y Javier Eder (escritor), básicamente. Empezamos a darle vueltas al tema, y de ahí salieron varias historias, algunas de las cuales se han quedado por el camino, y otras que han salido adelante, como estas jornadas, que además han resultado como habíamos  querido, con un debate serio, riguroso, profundo, sin salidas de tono, abierto, aunque con una línea roja clara para nosotros y es el hartazgo y el desprecio que sentimos por el monumento; el desprecio por los fundamentos que hacen que ese monumento exista, el golpe militar, la guerra, los asesinatos… y el hartazgo por la deriva que ha llevado el tema desde la muerte de Franco, con unas instituciones públicas que han sido incapaces de hacer nada más allá de recibirlo en una donación que hizo el arzobispado, además con unas condiciones que impuso y que ha seguido imponiendo hasta hace bien poco. Las jornadas nacen para poner el tema encima de la mesa, enseñar qué es el monumento, y de ahí también el documental con la intención ya personal, como documentalista,  no diría tanto de mover conciencias, pero sí de crear algún tipo de duda o inquietud, más allá de ese desprecio o hartazgo, alguna reflexión que no sea la que siempre se espera cuando se habla de memoria histórica.

El documental, tal y como usted explicó en la presentación, usa planteamientos como la psicogeografía ¿qué es exactamente?

Sí, se trata de leer lo que te cuenta la ciudad de un modo evidente, sino por capas de espacio y tiempo en las que investigar con calma. Planteamos seis preguntas a gente que estaba en el entorno de la plaza, cuando esta aún se llamaba Conde Rodezno. Eran seis preguntas sencillas: ¿Sabe cómo se llama esta plaza?, ¿sabe qué es ese edificio?, ¿sabe desde cuándo está ahí?, ¿sabe qué representa?, ¿sabe quién está enterrado en él?, y ¿qué le parecería si se quitará el edificio? Planteamos esas preguntas siempre en el entorno de la plaza para ver si la existencia del edificio ha calado en la conciencia de la gente. Luego todo eso se mezcla de un modo sutil y sin una línea narrativa clara con escenas de la vida cotidiana, alrededor de ese edificio, y con imágenes del pasado, para ver qué resulta.

Las respuestas fueron desoladoras…

Sí, durante la presentación del documental la gente se quedó impactada. El desconocimiento era absoluto, incluso entre personas mayores, es como si el edificio se hubiese plantado ahí de repente y todo lo que significa se hubiera ido disolviendo. Hubo quien contestó que estaban enterrados en él los reyes católicos, o que era una iglesia románica. La gente en general se resistía a que desaparezca, tras manifestar su ignorancia. Es decir,  no tengo ni idea de qué es ni que significa ese monumento, pero no me lo toques, porque ha estado ahí “toda la vida”·…

¿Y esas respuestas condicionan de algún modo el debate, o las soluciones que se puedan plantear?

Ahí  es donde incidimos como grupo y ese es el objetivo de las jornadas. Esa raya roja de la que hablaba antes significa que nosotros no nos planteamos como grupo que no se puede hacer nada con el monumento sin que pase antes por una serie de requisitos, que son los básicos cuando hablamos de memoria histórica: reparación, verdad, justicia… Aspectos que hay que solucionar antes de decidir qué hacer con el monumento. En ese sentido esa propuesta de otro grupo que entra de repente, como un misil, en los días previos a las jornadas, obvia todo ese primer paso, y a mí personalmente me parece una vergüenza, porque se plantea como una propuesta inocente, pero no lo es, está cargada de desprecio a las víctimas. Nuestra propuesta y nuestras jornadas están en el punto opuesto a esas propuestas despolitizadas (y digo despolitizadas porque ellos mismos dicen en su manifiesto que el edificio ya está despolitizado).

El primer paso sería entonces pedagógico y es en donde entran las jornadas y el documental…

Si, se trata de contar qué es el edificio y ponerlo de nuevo de actualidad, para que la gente sepa qué es realmente, algo básico para tomar luego decisiones

Hablábamos antes de psicogeografía y de las preguntas que se plantean a la gente en el entorno de la plaza, pero, antes,  “A sus muertos” arranca con un rap…

En esa parte del espíritu de las imágenes es el mismo que el resto, más acelarado, un recorrido urbano, actual, que se aproxima al monumento. Me interesa mucho ese tipo de imágenes actuales. Estoy un poco cansado de imágenes de archivo, etc., que se suelen contraponer a la actualidad, de una manera descontextualizada. Las que aparecen aquí son imágenes  actuales, que en realidad sin el rap no nos dicen nada, pues son imágenes de la vida cotidiana de Iruñea, gente paseando, en un ambiente muy pamplonés, de noche, lloviendo, pero esa letra del rap nos pone un poco sobre la historia de la ciudad y su poso, pues es un texto basado en el bando de guerra de Mola y en alguna de sus directivas.

Y a continuación aparecen varias mujeres inmigrantes leyendo un discurso de Franco.

Es el discurso que dio Franco el 4 de diciembre del 1952, en la supuesta inauguración del Monumento. Es una forma de discutir ese discurso, todos sus valores militaristas, fascistas, poniéndolo en boca de mujeres inmigrantes, algunas de las cuales casi no saben leer en español. Me impresionó mucho, por ejemplo, cómo alguna de ellas cuando se equivoca pide perdón, algo que jamás habría hecho el propio Franco.

Se ha abierto el debate, al menos, que era uno de los objetivos…

Hay veces que cuando hablas de estos temas parece que estás anclado en el pasado, hay gente a la que no le interesa… pero el objetivo de las jornadas y del documental es demostrar que todo esto en realidad forma parte de nuestro presente, forma parte de la ciudad en que vivimos, y todo eso influye en ella, en nuestra forma de vivir y de pensar… Entre las respuestas de las que hemos hablado antes, por ejemplo, una persona mayor dice que cree que hay dentro estarán los fusilados, porque en algún sitio tendrán que estar, es decir, es alguien que intuye algo, que sabe que hay gente que murió, que no fue enterrada… Pero una cosa es el desconocimiento y otra es que en cuanto arañas un poco en la historia del monumento, se abren otras puertas, otras preguntas, como quién hizo el monumento, quién ha mandado aquí durante mucho tiempo, quién impuso su nombre o a quién le ha interesado mantener ese desconocimiento.

¿Cuál cree que debería ser el siguiente paso respecto al futuro del monumento?

El edificio es propiedad municipal, excepto la cripta, en la que hasta hace poco estaban enterrados Mola y Sanjurjo y en la que se siguen celebrando misas fascistas, y que tiene el arzobispado en usufructo. Creemos que el ayuntamiento tendrá que elaborar una hoja de ruta y creemos que es el momento de hacerlo, entre otras cosas porque puede haber propuestas descabelladas y sin moral como la que hemos mencionado que pueden bloquear otras salidas.

ENTREVISTA A MIGUEL ÁNGEL MARTÍN

oct 7, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

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“Nunca he tenido pretensión de transcender o transgredir. Eso ha sido a mi pesar”
Miguel Ángel Martín, dibujante

 El artista leonés despidió ayer los encuentros con autores que durante todo un mes ha mantenido el IX salón del comic de Navarra. Una muestra de su obra, precedida a menudo por la polémica,  todavía puede visitarse durante este fin de semana en el palacio del Condestable de Iruña.

 Patxi Irurzun. Iruñea 06/10/2018

 La exposición, por si las moscas (nunca se sabe en estos tiempos tan susceptibles), está “protegida” por unas cortinas  al estilo de las de los sex-shop en la que se advierte que el material que se muestra puede herir sensibilidades, pues contiene imágenes pornográficas, mutilaciones… Miguel Ángel Martín (León, 1960) ha sido uno de los platos fuertes –muy fuertes— del IX Salón del cómic de Navarra, por el que a lo largo de este último mes han pasado dibujantes como Álvaro Ortiz, Mamen Moreu, Natacha Bustos, Belatz, Rubén Pellejero o Santiago Sequeiros. La obra de Martín, un ilustre veterano y superviviente del cómic (comenzó su recorrido en revistas como Tótem, Makoki o El Víbora) ha sido censurada en diversas ocasiones y lugares,  lo cual no le ha impedido prodigarse en diferentes formatos: ha escrito cortos, teatro, ha ilustrado discos y libros  —fue el dibujante de cabecera del sello Subterfuge, firmó portadas de grupos como Gwendal o La Banda trapera del río y de escritores como Lucía Etxebarría o la antología de homenaje a Bukowski Resaca / Hank over—… Martín se ha atrevido incluso con clásicos como El Quijote, aparentemente, solo aparentemente, tan alejados de su universo. Todo ello con su estilo inconfundible, de trazos limpios y en el que predominan tonos rosas y dolorosos, amarillos y lilas que no están en ningún pantone o que deberían estar en todos, y con los que retrata como nadie los lados más oscuros e incómodos del alma humana, si acaso esta existe.

Empecemos con una anécdota, para completar su biografía. ¿Es cierto que compartió aula con Zapatero, el expresidente de gobierno? 

Cierto, en el colegio Leonés, en el bachillerato de letras. Éramos compañeros de clase pero no realmente amigos, que quede claro.

Su exposición en Iruña se preparó con una advertencia, una puerta especial en la que se alerta de su contenido… ¿Qué le parece?

¡Me parece muy bien! Le da más publicidad y genera curiosidad.

Supongo también que estará un poco harto de que siempre se le asocie con escándalos, polémicas…  ¿o no? Lo digo porque creo que también ha dicho en alguna ocasión que le debe mucho a la censura…

Sin duda, en Italia la censura fue una bendición para mí por todo el revuelo que se montó y la publicidad que me hizo. Siempre que puedo no dejo de agradecer a la fiscalía de Cremona que me secuestrara el comic por “inducción al suicidio, homicidio y pedofilia”, nada más y nada menos. Me convirtieron en un mártir, una víctima del “sistema”.

 Últimamente además, parece que ofender los sentimientos es más fácil que nunca y que además puede incluso estar penado…

Hoy todo es polémico, todos se ofenden por cualquier cosa. ¡Qué aburrimiento! No obstante sí me gustaría decir que en mi caso, la censura fue por motivos éticos y/o estéticos, no ideológicos. Las diatribas entre tontos de Villarriba y bobos de Villabajo no me interesan nada. Y el odio idiota de las redes sociales menos.

 En la exposición de Pamplona hay un pequeño muestrario de su trabajo, en diferentes soportes, cómic, cine, ilustración, portadas… ¿En cuál de ellos se siente más cómodo?

En todos, incluido el merchandising y  los objetos, porque en todos está mi personalidad. La diversificación de mi trabajo creo que lo enriquece.

De hecho, ha hecho teatro, cortos, y se ha atrevido a ilustrar obras que, aparentemente,  se alejan de  temas con los que a veces se le suele asociar o etiquetar —violencia, porno, parafilias…— como El Quijote

Descubrí el Quijote muy tarde, ya casi de cincuentón. De joven no me interesaba. Nadie cuenta cómo es de verdad ese libro. Básicamente un libro de humor con un montón de acción, palizas, sangre, putas, hijos de puta, sexo, freaks, humor, diálogos brillantes que ya quisiera para sí Tarantino (del que soy muy fan).  Se empeñan en “venderlo” como algo trascendente (lo es) para intelectuales, académicos y sabiondos y para nada es eso. Cervantes lo escribió con la noble intención de ganar pasta y reírse con mucha mala hostia de la gente de su época. La obra que él pensaba era su obra maestra con afán de posteridad era La Galatea. Si no llega a escribir este libro a lo “torrente”, no estaríamos hablando de él ahora.

¿Hay alguna otra obra universal que le gustaría abordar? La biblia, por ejemplo, aunque ya la ilustrara Robert Crumb, parece muy miguelangelmartiniana…

Sí, ya la ilustré también: Los 120 días de Sodoma del marqués de Sade. Así como el Qujijote es probablemente el libro más ilustrado de la historia, el de Sade no se había ilustrado nunca hasta ahora, que se sepa. Y eso lo hace muy especial en mi opinión. Ese libro no se puede ilustrar con metáforas y tirándote el rollo. Es muy explícito. Y yo no me he cortado ni un pelo.

¿En qué anda metido ahora, por cierto?

Acabo de terminar un tarot sicotrónico que incluye los arcanos mayores y los menores y un librito con los significados de cada naipe y la forma de echarlos. Espero que nos dé tiempo de sacarlo para esta navidad. El próximo halloween presento en el festival de comic de Lucca (Italia) el guión ilustrado de la secuela del clásico de culto Cannibal Holocaust de Ruggero Deodato. Un libro que ya se ha hecho de culto sin haber salido todavía. Estaré con Deodato firmando ejemplares allí. Y tengo terminado el guión de una nueva novela gráfica, Saphari, que empezaré a dibujar en breve.

 Para acabar, ¿qué busca usted realmente con sus trabajos, incomodar, poner luz a nuestras partes más oscuras, reivindicar su libertad para crear sin límites?

Sobre todo divertirme y contar las historias que me gustaría leer para que las disfruten los demás. Nunca he tenido pretensiones de transcendencia y menos de ser “transgresor” o maldito. Eso ha sido a mi pesar.

 

 

 

PLAGIOS Y PUFOS

oct 7, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
Resultado de imagen de chicles Cosmos
Publicado en suplemento semanal On (diarios Grupo Noticias) 07/10/2018

 

En segundo de EGB, al inicio de curso, nos pusieron por primera vez un examen. Mi compañero de pupitre, que se llamaba Pablo Casado, me lo copió entero. Luego, cuando el profesor nos pidió explicaciones, tuvo la jeta de decir que había sido yo quien le copiara a él. Claro que el muy imbécil me había copiado también, en el encabezamiento del examen, el nombre y el número de clase.

Por entonces nos ponían un número. Para que fuéramos acostumbrándonos, supongo. Yo estaba siempre por la mitad de la lista y solía ser el  24 o el 25. Siempre he estado en medio de todo, diluido, desapercibido. No creo en los astros, pero lo cierto es que nací un miércoles y un 2 de julio, que es el día que está justo en mitad del año.

Y luego está lo de mi voz. Tengo una onda de voz que muchas personas no sintonizan. Me doy cuenta muchas veces, en los grupos, cuando digo algo y me doy cuenta de que nadie me ha escuchado; o me ha escuchado en una frecuencia remota, porque a veces me pasa que el mismo chiste que acabo de contar, sin que a nadie le haga gracia, lo repite alguien del grupo a los cinco o diez segundos y todos se echan a reír como locos.

Siempre, en esas ocasiones, me quedo esperando a que esa persona reconozca cuando acaben las risas que en realidad la ocurrencia ha sido mía, pero nunca sucede. Creo incluso que en realidad están convencidos de que la vocecita que han escuchado en su cabeza es la suya propia; o tal vez no, tal vez por un momento han visto mi nombre y mi número escritos en la parte superior de la página, pero se les olvida enseguida, qué más da, son un número y un nombre en los que nunca nadie repara.

Por eso me extrañó que, también en segundo de EGB, me nombraran chiclero de la clase. El chiclero era un puesto de responsabilidad. Una especie de tesorero que se ocupaba de recaudar y custodiar las multas y castigos que el profesor imponía (por hablar en clase, un chicle; por no hacer la tarea, cinco chicles; por comer chicle, diez chicles; por ofensas a los sentimientos religiosos veinte chicles y una hostia bien dada…). Yo tenía que ir apuntando todo aquello y guardando los chicles, que se repartían entre todos los alumnos al final de curso.

Fue el peor curso de mi vida. Todo el día con la bolsa de chicles de clase a casa, de casa a clase. A veces no me podía contener y me comía de un atracón un puñado de aquellos chicles tan tentadores: chicles Bang-Bang, chicles Cosmos, chicles con sabor a melón…   Putos chicles. Después tenía pesadillas, no podía dormir, pensando en que debía reponerlos en cuanto me dieran la paga.

—Yo no sé para qué sufres así —me dijo en una ocasión otro compañero de clase, que se llamaba Luis Bárcenas y que había sido chiclero el año anterior—. Si eres tú el que apunta lo que hay que pagar, apuntas lo que te conviene y punto, nadie se va a dar cuenta.

Pero yo no tenía el valor suficiente para hacer eso, ni me parecía correcto.

Al acabar el curso, cuando entregué la bolsa de los chicles al profesor, este se sorprendió al verla tan llena.

—¡Vaya, este año no os habéis portado muy bien que se diga!—dijo, y luego, no obstante, me felicitó por haber desempeñado con honestidad mi cargo de chiclero, aunque a continuación añadió—: Y eso que empezaste torcido, copiando en aquel examen.

Yo me quedé patidifuso, incapaz de replicarle. Supuse que se había liado, o que se le había olvidado cómo había sucedido en realidad el episodio.

Eso y que aquel profesor era también el padre de Pablo Casado, mi compañero de pupitre.

 

ODIADORES

sep 24, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
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Publicado en Rubio de bote, colaboración para el magazine semanal ON (diarios Grupo Noticias) 22/09/2018

 

 

Lo mejor es no leerlos. Los comentarios en la página de reservas del hotel que acabas de contratar para tus vacaciones, digo. Porque siempre vas a encontrar alguno que diga que las sábanas estaban llenas de cascarrias, que lo de “Se admiten mascotas” se refiere a las cucarachas del tamaño de mastines que se pasean por las habitaciones o que la comida sabe a rayos y la sirven unos camareros con cara y modales de afiliados de VOX en mitad de una Diada.

La parte buena de todo eso es que te plantas en el hotel como un reportero de guerra, parapetado con chaleco antibalas, mosquitera y potabilizador para el agua, y a nada que el establecimiento cumpla unos mínimos de habitabilidad, te parecerá que estás en el Hilton (claro que al revés también pasa y puede ser que la piscina climatizada que anuncia en su web el Hotel Jilton sean en realidad unos cuantos niños gritones meándose en tu bañera).

—Tiene que haber alguien que se dedique a ello —me digo—, alguien al que le paguen para escupir toda esa bilis en Booking o en Tripadvisor  sobre las reseñas de la competencia. ¿Será alguien del gremio, un negro literario? ¿Una especie de inspector de la Guía Michelín al revés? ¿Alguien que se pase la vida en un verano perpetuo, a la caza de la fideuá de bufet más reseca y los zumos de máquina más flatulentos, de la alcachofa de ducha con menos presión, del colchón que te succione con más fuerza? ¿Cuál será su esperanza de vida?…

Reconcomido por todas esas dudas existenciales me dirijo a una oficina de empleo para iniciar este reportaje de investigación, pero estoy a punto de abandonarlo a las primeras de cambio porque a sus puertas me encuentro a un montón de personas gritando “¡Viva el rey!”. Después, recuerdo que me pasó lo mismo ayer en el centro de salud, y el otro día cuando pasé por delante del comedor social. “¡Viva el rey!”, gritaban todos con lágrimas en los ojos, “¡Viva el rey, mecagoendiós!”, gritaba enardecido un actor a la puerta de un juzgado, “¡Viva el rey!” grita todo el mundo en el mercado, cuando echa gasolina, en el banco, al sentarse en la taza del baño…

Así que vuelvo más tranquilo sobre mis pasos y entro de nuevo a la oficina del INEM.

—Sí, sí, los haters y los trolls están muy solicitados —me responde muy amablemente un funcionario, tres días después, cuando regreso tras pedir mi cita previa, y me explica que hater quiere decir odiador (“Odiador, qué bonito. Amo la palabra odiador. Donde esté un buen odiador que se quiten todos los haters”, pienso yo).

Pero nos los piden para todo, no se crea, no solo para lo de los hoteles —continúa el funcionario—. Hay trolls para comentar las noticias y columnas de los periódicos digitales, haters que destrozan los libros de autores de otras editoriales (estos tienen menos salida porque hay muchos escritores que ya lo hacen gratis y también porque se lleva más la tendencia contraria, es decir, ensalzar como obras maestras novelas que son porquerías como una catedral de grandes)…

—¿Y que hay que hacer para ser un troll? —le interrumpo, y ya me imagino a mí mismo frente al ordenador, escribiendo con el pelo peinado para arriba y teñido de lila y con orejas puntiagudas de goma.

—Huy, no se lo recomiendo, hay mucha lista de espera, ¿no ve que la gente viene ya muy preparada, con lo de las redes sociales y eso?…

—Vale, vale —me despido, dando por concluida la investigación, pero antes de que pueda levantarme el funcionario me retiene un poco molesto, agarrándome por el brazo y pregunta:

—¿Qué se dice?

—¿Viva el rey? —contesto yo.

Los discos del verano: 10 (y último). NEVER MIND THE BOLLOCKS (SEX PISTOLS, 1976)

sep 15, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

 ¡Siga a ese coche!

Publicado en magazine ON (diarios de Grupo Noticias (15/09/2018)

 

La liaron parda. Hoy podría emitirse sin ningún problema en horario infantil, o ser una secuencia de alguno de los capítulos más ligth de Los Simpsons o de Historias corrientes, pero en 1976, en la BBC, decir en una entrevista “mierda” provocaba poco menos que un cataclismo que hacía temblar hasta los hielos del gintonic de la reina madre.

Fue Johnny Rotten, el cantante de los Sex Pistols, quien lo soltó, quien lo masculló más bien, por lo bajinis, ante las fanfarronerías de un presentador que abordó la entrevista con un tono paternalista y farruco, asegurando que estaba tan borracho o más que ellos.

Bill Grundy, que así se llamaba el presentador, retó a Rotten a repetir la palabrota, y el rostro del terrible “Juanito el podrido” se convirtió por un momento en el de un inocente niño pequeño alResultado de imagen de never mind the bollocks que pillan en mitad de una travesura. Pero lo hizo, volvió a decirlo, volvió a decir “mierda”, y una vez roto el hielo, o los hielos, el resto de Sex Pistols y de la troupe que los acompañaba, comenzaron a forjar la leyenda que los convertiría en  icono de la irreverencia y la rebeldía y en el emblema del que probablemente ha sido el movimiento juvenil más importante de las últimas décadas.

—Viejo verde —le espetó Steve Jones, el guitarrista de la banda, al borrachín y rijoso Bill Grundy cuando este coqueteó con Siouxsie Sioux, la cantante de Siouxsie and the bansees, de pie aquel día en el plató tras los Sex Pistols, con  el pelo corto y teñido de blanco y un ojo pintado como el protagonista de La naranja mecánica.

—Vamos, todavía te quedan cinco segundos  para decirme algo más —le provocó a continuación el presentador, como si estuvieran en un pub.

—Sucio hijoputa —volvió a arremeter Jones, sin achantarse.

—Mañana les esperamos de nuevo —se apresuró entonces Grundy en despedir el programa, dirigiéndose a sus telespectadores; y luego, volviéndose hacia  los Sex Pistols—: A ustedes no; a ustedes espero no volver a verlos nunca más.

La escena apenas dura dos o tres minutos, durante los cuales Malcolm Mclaren, el promotor de los Sex Pistols, aseguran,  se encontraba “cagado de miedo” tras las cámaras, aunque probablemente en realidad lo que le asustara fuera que el clinclín de la caja registradora se escuchara también fuera de su cabeza. Los Sex Pistols habían llegado a aquella entrevista, en un programa de máxima audiencia, como segundo plato, tras un plantón inesperado de última hora de Queen (con quien precisamente empezamos esta serie de discos del verano, que hoy termina), pero tampoco se puede decir que el grupo deba su fama a esta casualidad, pues McLaren no daba puntada sin hilo y si los Sex Pistols no hubieran pegado la campanada ese día, él se las habría arreglado para buscarles otro escándalo. No deja de ser paradójico, por otra parte, que un movimiento contestatario y anticomercial como el punk deba tanto a una perfecta y estudiada maniobra de marketing, terreno en el que Mclaren, se movía perfectamente. Los Sex Pistols, en definitiva, fueron lanzados como si se tratara de una marca de ropa, de la ropa que Mclaren diseñaba y vendía en su tienda, que por cierto se llamaba SEX, con lo cual de rebote se hacía publicidad a sí mismo.

El caso es que tras la sonada entrevista alcohólica (con la que inauguraban un subgénero periodístico en el que caben destacar apariciones como las de El Cigala en El hormiguero, Tijuana in blue en Plastic o Fernando Arrabal en aquel programa de Sanchez Dragó), la banda londinense comenzó a vender su recién publicado Never mind the bollocks como rosquillas, además de prender la mecha a un reguero de pólvora que se extendería por todas las barriadas obreras de Inglaterra primero y después de toda Europa, para mantener su aura de ruido y furia todavía hoy, varias décadas después, en Latinoamérica.

Entre nosotros, la semilla del punk encontró un terreno perfectamente abonado (“El estiércol hace crecer más fuerte la cosecha”, como decía el anarquista vasco Marc Legasse) en una Euskal Herria, la de los 80, asolada por la heroína, el paro y la violencia política, y así,  brotaron como bonguis en cada pueblo y ciudad decenas de grupos como Eskorbuto, RIP, Las Tampones, La Polla Records o Las Vulpess, a los cuales muchos escuchamos antes en realidad que a los propios Sex Pistols. Siguiendo la máxima del punk, “Hazlo tú mismo”, florecieron también los fanzines o las radios libres, como la Eguzki Irratia…

Y ahora es cuando toca hablar un poco de mí mismo, que es para lo que en el fondo, como ustedes ya habrán apreciado,  he escrito esta sección:  para la Eguzki irratia, precisamente, estuve maquinando durante algún tiempo la idea de poner en el aire mi propio programa radiofónico, que finalmente se vio reducido al nombre que ideé para él: “Siga a ese coche” (no tengo ni idea de por qué decidí llamarlo así, supongo que mi generación pertenecía a una segunda oleada del punk, a la que llegábamos ya algo aburridos de tacos y eructos en antena o canciones y fanzines con títulos como “Puta policía”, “Los testículos me cortaría por la calavera del rey”, o “Dolorosa leprosa”). La cuestión es que durante todo un verano estuve intentando grabar una cuña casera para ese programa que nunca llegué a emitir y  la sintonía que elegí para la misma fue Anarchy in the UK, uno de los temas más conocidos de Never mind the bollocks, el único álbum de estudio de los Sex Pistols, y del cual acabé precisamente hasta los bollocks, dada mi impericia con una grabadora prehistórica que me obligaba a adelantar y atrasar la canción decenas de veces.

 

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Mi intención, en aquel programa, era hablar no solo de música, sino también de lo que yo consideraba la equivalencia del punk en la literatura, es decir, de los libros de Bukowski (quien, por cierto, también concedió una memorable entrevista alcohólica en el programa Apostrophes de la televisión francesa), Celine, Raúl Núñez o, en general,  la colección Contraseñas de Anagrama, en la que, volviendo a los Sex Pistols, Gerald Cole publicó Sid y Nancy, libro en el que narra la historia de amor, locura y muerte entre Sid Vicious, el famoso bajista de la banda, y Nancy Spungen, la fan estadounidense del grupo con la que se hizo adicto a la heroína y a la que acabaría asesinando en el famoso Hotel Chelsey de Nueva York (el mismo en que Janis Joplin y Leonard Cohen tuvieron sexo oral, Cohen por partida doble porque se ocupó de airearlo a los cuatro vientos después en su tema Chelsey Hotel).

 

 

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Sid Vicious (es inevitable hablar de los Sex Pistols sin aludir a él), fan y personaje satélite  del grupo, amigo de Jhonny Rotten, acabaría incorporándose al mismo tras las desavenencias entre Rotten y el bajista original, Glen Matlock (al cual expulsaron  achacando que se lavaba los pies demasiado a menudo y que le gustaban los Beatles). Recientemente Viv Albertine, que formó parte del grupo de punk femenino The Slits ha publicado (también en Anagrama) un libro autobiográfico en el que rememora los años fundacionales del punk londinense, la ebullición previa a aquel seísmo que resquebrajó los hielos de los gintonics regios, y en el que podemos ver una estampa inocente y enternecedora de Sid Vicious, en la flor de su juventud, antes de que comenzara a sulfatarla con heroína. Como curiosidad  Ropa música chicos, así se titula la crónica de Albertine, retrata aquel microcosmos primigenio del punk en el que, entre otros, pululaba una jovenzuela malagueña, batería de las Slits, llamada Paloma Romero, alias Palmolive, que por aquella época era además pareja de Joe Strummer, el icónico cantante de The Clash. Nada parecía vaticinar que muchos años después volveríamos a encontrarnos a Palmolive, de casualidad, en un programa de Callejeros viajeros, convertida en predicadora de una secta cristiana estadounidense.

Resultado de imagen de rastros de carmínSid y Nancy, el libro de Gerald Cole, tuvo su adaptación cinematográfica homónima, en la que al bajista de los Pistols lo interpretó Gary Oldman y en la que aparece la famosa secuencia en la que Sid Vicious versiona en un teatro My way, de Sinatra, durante la cual, repentinamente, saca una pistola y comienza a disparar sobre las primeras filas, copadas por militares, aristócratas y ricachones, pura ficción (a pesar de que por aquella época algunos punks muy punks le daban credibilidad al episodio), una metáfora en definitiva de qué y a quién representaba el punk y contra quién arremetía: un movimiento nacido en los barrios obreros que ponía en cuestión una sociedad clasista, autoritaria, conservadora, y que como señalaría Greil Marcus  en una de las biblias de este movimiento, el ensayo Rastros de carmín, no hacía sino continuar de una manera inconsciente un hilo invisible que recorre las diferentes corrientes y movimientos contraculturales y heterodoxos de la historia de la humanidad  y que une a todos aquellos (anarquistas, milenaristas, dadaístas….)  que en algún momento la liaron parda. Estamos, por lo demás,  a la espera de nuevas sacudidas de ese hilo.

 


 

Los discos del verano. Todas las entregas

 

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