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HOY EN EL BESTIARIO… EL ARMARILLO

ago 26, 2019   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

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BESTIARIO
(DRAGORRIONES, CULEBRACAS, TÓPAROS 
Y OTROS BICHOS RAROS)

Patxi Irurzun / Belatz

El escritor Patxi Irurzun y el dibujante Belatz dan rienda suelta a su imaginación con esta colección de bichos raros-raros-raros. Un catálogo estival de criaturas híbridas e imposibles que se recomienda leer en familia

ARMARILLO

 

El armarillo es un animal muy ordenado y con mucha vida interior. Guarda su corazón, sus pulmones, su estómago, todos sus órganos internos en diferentes cajones, que están en el lado izquierdo de su cuerpo y que abre cuando tiene hambre, o pis, o necesita aire…

Cuando tiene hambre, por ejemplo, el armarillo se coloca debajo de un árbol, abre el cajón del estómago, y comienza a pegar golpes con la cola en el tronco y así consigue que caigan dentro peras o nueces o algún pajarillo dormido en una rama. O si quiere respirar abre el cajón de los pulmones y lo deja abierto un buen rato. Es muy difícil saber cuando un cajón se ha llenado de aire, claro, así que el armarillo suele pasarse horas y horas de ese modo, normalmente los sábados o los domingos y en sitios en los que el aire es puro, como en lo alto de una montaña, o en la orilla de un lago. Y así tiene aire para toda la semana.

El armarillo, por el contrario, nunca coge aire en los atascos, ni en los polígonos industriales, ni en los rascacielos. Y eso que trabaja en uno de ellos, en una oficina, en el centro de la gran ciudad.

En su trabajo el armarillo utiliza el lado derecho de su cuerpo, en el que tiene otros cajones, que, al contrario que los del lado izquierdo, deja que los demás abran y cierren para meter y sacar informes, facturas, gráficos…

El trabajo del armarillo es bastante aburrido, se pasa horas y horas en esa oficina, quieto, como si estuviera muerto —como mucho, de vez en cuando va al baño, abre el cajón del pis y lo vierte en la taza—. Pero mientras pasa todas esas horas allí, como muerto, el armarillo está en realidad respirando el aire puro que tiene guardado en uno de sus cajones de lado izquierdo, o buscando en otro de ellos, el de los pensamientos y los sueños, alguno que le entretenga, alguno que le lleve lejos de allí, a la orilla de un lago, o a lo alto de una montaña, muy lejos de esa oficina.

 

Publicado en semanario ON 24/08/2019

GAINSBOURG Y YO

ago 25, 2019   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
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Publicado en Rubio de bote, suplemento ON de diarios de Grupo Noticias (24-8-2019)

 

Vaya, el tiempo está loco, estamos a finales de agosto y ¡ahora se pone a nevar!, ah, no, no, que es Gainsbourg, mi conejo enano belier, que está con la muda y se le cae el pelo en unos mechones que parecen copos, tan grandes, tan blancos, tan leves… Gainsbourg es pequeño, peludo, suave, a veces lo peino y se me ponen las manos hechas un poema, llenas de volutas, que recojo y con las que me estoy haciendo un jersey de punto inglés para cuando llegue el invierno.

—¡No es buena idea! —me dice  Gainsbourg—. Ir por la calle vestido de conejo, digo. La calle está llena de depredadores, de lobos solitarios, de asesinos, de gente que vota en silencio a la ultraderecha, de comerciantes que van a darte mal el cambio, de conductores a los que no les importa convertirte en una calcomanía sobre un paso de cebra…

Sí, mi conejo Gainsbourg habla. Mantengo con él largas conversaciones, mientras lo peino. Y no me guarda rencor, aunque sea su carcelero. De hecho, cuando lo dejo salir de su jaula intenta hacerme el amor, pero en verano a mí no me gusta porque voy en pantalones cortos y me araña las pantorrillas, así que lo rechazo,  y tampoco por eso se enfada, Gainsbourg, y en lugar de follando como conejos acabamos otra vez los dos hablando sobre Dostoievski o sobre el capitalismo feroz.

—No hace falta salir a la calle para que intenten desollarte —le digo, por ejemplo, a Gainsbourg y le cuento también que esa misma mañana me han sacado la faca tres veces por teléfono.

Primero, los de una compañía telefónica. “No me interesa”, les he dicho y mientras colgaba oía al operador gritarme: “¡Pero cómo sabe que no le interesa si aún no le he contado nada!”. Me pregunto, por cierto, qué pensarán sobre nosotros y sobre nuestras madres los teleoperadores cuando les cuelgas el teléfono.

“¿La señora de la casa?”, me ha dicho el segundo atracador. A este le he colgado sin remordimiento alguno. Y creo, además, que le he hecho un favor, porque una llamada desde el siglo pasado debe de costar un pastón.

—Deberías hacer como yo —me recomienda Gainsbourg—. “¿La señora de la casa? Sí, soy yo”,  le habría contestado, y habría puesto la voz bien grave y varonil. Otras veces les digo que sí a todo—continúa explicando—, que me pongan todo lo más caro que tengan. O empiezo a reírme como un bugsbuni, como un conejo loco. Y siempre consigo que sean ellos los que cuelguen.

—Mi pequeño Viernes —murmuro orgulloso, y le acaricio, pues me imagino que con esos métodos Gainsbourg estará consiguiendo hacernos subir muchos puestos en la lista Robinson (ya saben, esa a la que podemos apuntarnos para restringir la publicidad no deseada).

La tercera llamada era desde una centralita de la mafia china, a juzgar por el acento de la chica, que me ha preguntado si tenía computadora y después, cuando le he contestado que sí,  me ha dicho que esta estaba infectada con un virus horrible que iba a destruir mi equipo en unas horas pero antes iba a enviar videos míos sodomizando cabras a toda mis lista de contactos. También he colgado, claro, porque me sonaba todo a chino (por ejemplo, ¿cómo sabía esa chica que mi ordenador estaba infectado si primero me ha preguntado si tenía ordenador —bueno, computadora—?) y, sobre todo,  porque yo con conejos igual, pero con cabras nunca he tenido nada.

En fin, son de estas cosas (y de otras como el G 7, la ETA o las sumas y pactos políticos, pero esas se las dejo a otros columnistas) de las que hablo en la intimidad con mi conejo, mientras en la calle nieva pelo. Después, cuando nos aburrimos, le echo al suelo a Birkin, su mono de peluche (otro día ya les hablaré de él) y Gainsbourg le hace el amor salvajemente pero sin aspavientos, porque los conejos —o al menos mi conejo enano belier— hablan pero no gimen, como todos ustedes bien saben.

CAMAMEÓN

ago 18, 2019   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

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Publicado en semanario ON (diarios Grupo Noticias). 17/08/19

 

BESTIARIO
(DRAGORRIONES, CULEBRACAS, TÓPAROS 
Y OTROS BICHOS RAROS)

Patxi Irurzun & Belatz

El escritor Patxi Irurzun y el dibujante Belatz dan rienda suelta a su imaginación con esta colección de bichos raros-raros-raros. Un catálogo estival de criaturas híbridas e imposibles que se recomienda leer en familia

 

CAMAMEÓN

Cuando el camameón moja la cama la cara se le pone, primero, roja de vergüenza, luego verde, por el enfado, y al final, cuando sus padres cuelgan las sábanas en el tendedero, de todos los colores. Al camameón le da tanta rabia que los demás sepan que se ha meado en la cama que, cuando sale a la calle, no quiere que nadie le vea, así que se mimetiza con el entorno: si, por ejemplo, camina por una acera, su cuerpo tiene el color de las baldosas; o si va al súper, al pasar por la estanterías su piel parece la etiqueta de un yogur, con sus letras y su fecha de caducidad y todo.

Una vez, incluso, un cliente lo cogió por error y lo puso en la caja.

¡Que soy un camameón, que soy un camameón! —gritaba él.

¡Que es un camameón, que es un camameón! —intentaba también explicarle la cajera al cliente.

Pero él erre que erre:

No importa, si lleva bífidus póngamelo—decía.

Al final el camameón se mimetizó con la cinta transportadora y pudo escaparse.

¡Menudo susto!

Al camameón no le gusta mearse en la cama, pero sus padres le riñen si no lo hace. Y todos los niños se disgustan mucho con él. Cuando el camameón moja las sábanas sus padres las cuelgan en el tendedero y lo que ha soñado el camameón se proyecta sobre ellas como si fuera la pantalla de un cine.

A todos les gustan mucho ver las películas de los sueños del camameón. Un día el camameón soñó que su lengua era un matasuegras y que hacía una fiesta a la que solo invitaba a moscas. Otro que se le caían los dientes (y eso que los camameones no tienen dientes). Otro que iba al baño y cagaba monedas de euro.

La gente se divierte mucho con los sueños del camameón y sus papás, que cobran entrada por ir a verlos, ganan mucho dinero gracias a él.

Pero al camameón no le gusta nada que todo el mundo tenga derecho a meterse en lo más profundo de sus pensamientos, o despertarse mojado y temblando de frío en mitad de la noche.

Una noche el camameón soñó que daba un beso a una culebraca y tuvo que levantarse para cambiar las sábanas antes de que sus padres las vieran y todo el mundo se enterara de que estaba enamorado en secreto de ella.

El camameón no sabe qué hacer. Puede convertirse en cualquier cosa, pero a todos le gustaría que siguiera haciendo siempre lo mismo. No le parece justo.

Es duro ser un camameón.

REPORTAJE SOBRE BALCONSITO SUMMER, EL FESTIVAL MÁS PEQUEÑO DEL MUNDO

ago 12, 2019   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
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Foto: Mikel G. Otamendi

“Creo que en lo pequeño y lo cotidiano reside nuestra felicidad”
Mikel G. Otamendi, director de Balconsito Summer

 Dos días de festival, seis grupos, zona de restauración, retransmisión en streaming… y solo dos espectadores por concierto en el balcón de un quinto piso del barrio de Donibane en Iruña. Balconsito Summer crece en su segunda edición para seguir siendo el festival de música más pequeño del mundo. Todo un homenaje a la grandeza de las pequeñas cosas de la mano de un loco maravilloso, el músico y fotógrafo Mikel G. Otamendi

 

Patxi Irurzun/Iruñea. Publicado en Gara 12/08/2019

 

Como a cualquier gran festival veraniego que se precie a Balconsito Summer no le falta de nada. Un cartel atractivo (Xabi Bandini, Quebec, Maren, Con X The Banjo, Hey! Bastian y Baobabs Will Destroy Your Planet.), barra, catering, pulseras identificativas, pases de backstage… “La única diferencia es que en lugar de para diez mil  personas Balconsito es un festival para dos personas. Y que el escenario es un balcón de 1,71 metros cuadrados”, nos cuenta el director de este evento único en el mundo, Mikel G. Otamendi.

Balconsito Summer tiene también su plano del recinto del festival, que hace unos días Mikel colgó en las redes sociales: el plano de su propia casa, un quinto piso en la calle Martín Azpilicueta de Iruña. Y es que su casa y el balcón de la misma son, en gran parte, los culpables de esta bendita locura que hace año celebró su primera edición y que los próximos días 12 y 13 de agosto regresa con la intención de consolidarse y crecer (sin dejar por eso de seguir siendo a la vez el festival de música más pequeño del mundo).

“Por cosas de la vida, compré una casa que estaba para reformar entera y, sin tener ni idea de de albañilería ni de nada, la reformé entera, yo solo, mirando videos en youtube, etc.”, explica Mikel. “Y lo último que hice fue el balcón. Mira qué terracita tan chula me ha quedado, me dije; aunque en realidad era un balcón, un balconcito de nada, pero la sensación era tan satisfactoria que yo tenía la necesidad de compartirla. Y me dije que ahí tenía que hacer algo”.

A ello se sumaba además una vinculación emocional con la casa pues esta había pertenecido a sus abuelos y Mikel mantenía en su memoria el recuerdo de algunos fotos de su abuela con su madre en ese mismo balcón que hoy es el escenario principal de Balconsito Summer -y en buena parte de su  vida-. Dicho y hecho. En apenas solo un mes, durante el verano de 2018, consiguió poner en marcha Balconsito Summer y cerrar el cartel de la primera edición con músicos de la talla de Kutxi Romero (Marea), Iker Piedrafita (Dikers), Chica Sobresalto, Etxaniz, Pedro (La Fuga) o Gussy. A ello ayudó, por supuesto,la relación de amistad con estos colegas. Porque como todos ellos, Mikel G. Otamendi es músico. Durante nueve años ha sido el teclista de Tierra Santa, grupo con el que ha realizado giras internacionales o ha estado en los principales festivales musicales del estado. “Esa experiencia, la de un tipo normal que de repente se ve tocando en El Salvador o Guatemala para miles de personas, me hizo darme cuenta de la capacidad que hay en la vida de conseguir cosas que creías imposibles y de hacer lo que realmente quieres hacer”, cuenta el creador y director de Balconsito Summer.

Esa idea es uno de los dos pilares sobre los que se sostiene la filosofía del festival. El otro, como declara la cabecera de la web (www.balconsito.com) es una reivindicación de las cosas pequeñas, un alegato de lo cotidiano, una invitación a hacer de cada momento y cada lugar una ocasión única para disfrutar de la vida. “Yo, por ejemplo, me niego a ponerme mi camiseta favorita solo el sábado. O a cortarme el pelo antes de sanfermines. No lo veo así. Igual un martes por la tarde te pones tu camiseta favorita y sales a tomarme un helado. Yo creo que en lo cotidiano y en lo pequeño reside nuestra felicidad. No creo que sea necesario irse a una cala estupenda o a un superfestival para disfrutar del verano y de la música”.

¿Hay entonces una crítica o una ironía desde Balconsito Summer hacia los grandes festivales?, le preguntamos. “No, conscientemente, no. Yo, he tocado y he estado en muchos festivales, y disfruto mucho de ellos. De hecho, creo que es todo lo contrario, el modelo en el que se inspira Balconsito es precisamente ese gran modelo de entretenimiento… Y Balconsito es un festival en toda regla, tiene toda la infraestructura de festival, son varios días de conciertos, varios conciertos cada día, hay barra, catering, camerino, merchandising, hacemos notas de prensa,  el año pasado vino una chica a hacer tatuajes… La única peculiaridad es que en cada concierto hay solo dos espectadores”.

Este año, por cierto, la elección de esos dos afortunados ha cambiado, será por sorteo. Para ello hay varios puntos de venta (el bar Garazi y El infiernito de Iruña) en los que los interesados pueden adquirir, al precio que ellos voluntariamente estimen,  unas pulseras identificativas y numeradas. Habrá dos ganadores que tendrán el privilegio de acudir acompañados de un invitado a una de las dos jornadas de festival que tendrán lugar los próximos días 12 y 13 de agosto. No es el único cambio este año en Balconsito Summer.  “El intento es dotar al festival de más infraestructura, de una arquitectura más fuerte para que soporte todo lo que queremos hacer en los siguientes años. Es un paso importante”, afirma Mikel. Y, en ese sentido,  añade que en esta edición los contactos con los artistas han sido más profesionales, que algunos de ellos vendrá con sets especiales para el festival o que la sonorización y la retransmisión en directo dispondrán de más medios.

La emisión en directo por internet de Balconsito Summer es una de las puntas de lanza de este proyecto, la que le da sentido o hace por ejemplo que los artistas se interesen o incluso se ofrezcan para estar en él. El año pasado, de hecho, la repercusión social y mediática que tuvo Balconsito Summer fue increíble, hubo más de sesenta mil impactos en Facebook, siete mil espectadores del streaming y el festival despertó el interés de numerosos medios de comunicación. Sobre esos cimientos Mikel G. Otamendi quiere ir edificando un festival para el que en próximas ediciones no descarta tours por otras ciudades o nuevos formatos y plataformas.

En cuanto a los artistas que conforman el cartel de este año el día 12 actuarán Quebec (banda iruindarra compuesta por músicos procedentes de grupos como Barua o Sonic Toys), Hey! Bastian (con su primer LP “Millenials” llevan ya unos cuantos conciertos a sus espaldas, incluida una gira por Japón y Tailandia) o la jovencísima y prometedora cantautora de Gallarta Maren. El día 13 será el turno de Con X the banjo (su directo lo definen como puro fuego y diversión), Baobabs Will Destroy Your Planet y su estiloso indie en euskara y el ex cantante de Kerobia Xabi Bandini, que recientemente presentó su magnífico trabajó “Begibakar”. Los conciertos comenzarán a las 20:30.

Un gran cartel, sin duda, para un gran festival; un festival al que como decíamos más arriba no le falta de nada, pero tiene algo  -su originalidad, su apuesta entusiasta y emocional por las cosas pequeñas y cotidianas y su particularidad: el festival más pequeño del mundo- que a todos los demás le falta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DIARIO DE UN INSOMNE

ago 11, 2019   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
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Publicado en Rubio de bote, colaboración quincenal para el magazine semanal ON (diarios Grupo Noticias), 10/08/2019

 

Lunes, 5 de agosto

Hoy he recibido otra de esas extrañas solicitudes de amistad en Facebook. La chica se llama Irina y en su perfil tiene escrito: “Necesito un pollo en mi vagina”. Me pasa desde pequeño. Siempre se me arrima la gente más rara. Es como un imán. Si en un bar hay, pongamos, un borracho bailando con un orinal en la cabeza, va a acabar impepinablemente vertiéndome toda su diarrea mental encima.

Son las tres de la mañana. Hoy tampoco  puedo dormir. El termómetro del móvil marca treinta grados.

Martes, 6 de agosto

 Otra noche en blanco. El calor no es, porque hoy estamos a nueve grados. He tenido que sacar la manta. El tiempo está loco. Con estos cambios de temperatura vamos a acabar todos hechos polvo, convertidos en arena del desierto. Para combatir el insomnio me pongo música en Youtube. De vez en cuando, las canciones se paran a la mitad y sale un anuncio. No sé a qué genio del marketing se le ha ocurrido. A mí, al menos, eso solo me hace odiar los productos que anuncian. Cortar una canción es un crimen. Es como cortarte la respiración. Ya no saben qué inventar. Son capaces de cualquier cosa, hasta de matar, con tal de venderte algo.

Miércoles, 7 de agosto

 Igual va a ser el jet lag. Han pasado ya unos días desde que volví de vacaciones.  “¿Cómo vas a tener jet lag si no te has ido a ningún sitio?”, me dice un compañero de trabajo que es un aguafiestas.  “Ya, pero no madrugaba, comía  a deshoras, me echaba la siesta, me quedaba por las noches viendo el curling…”. “¿Curling, quién es ese, el niño de Solo en casa?”. “No, un deporte de invierno”, le contesto. “Ah, ya,  ese en el que echan un aspirador rumba por una pista de hielo y por delante van unos cuantos frotando el suelo, ¿no?”. “El mismo”, digo. “Listo, que eres un listo” (bueno, esto último  lo digo solo para mí).

Jueves, 8 de agosto

 Como no pudo dormir y como hoy vuelve a hacer un calor insoportable no hago más que darle vueltas al tema del curling. ¿Y si monto un equipo? Seguro que es una buena forma de viajar. Finlandia, Rusia, Islandia. He mirado en Google y en España solo hay catorce equipos. Y en Navarra, ninguno. O sea, que de primeras ya eres campeón de tu comunidad. Y después, con un poco de esfuerzo,  en la liga nacional fijo que no resulta difícil clasificarse para la UEFA, o como se llamen las competiciones europeas de deportes de invierno.

Viernes, 9 de agosto

Hoy ha entrado el cierzo y han bajado las temperaturas veinte grados en unas horas. Todo el mundo habla de eso. También en el telediario. El telediario es cada vez más como un ascensor. Se habla del tiempo por no hablar de otras cosas. Por ejemplo, del cambio climático. Y aún así, nunca llueve a gusto de todos. Para algunos veinte grados en agosto es mal tiempo. Para mí es el paraíso. Si en el paraíso pudiera dormir, claro.

Sábado, 10 de agosto

Maldito insomnio. Sigo sin pegar ojo.  No hago más que darle vueltas a la cabeza, con preguntas absurdas. ¿Se podrá competir en el curling con la mopa de casa? ¿Después de Unamuno y Orwell, a quién tendrá los santos cojones de citar Santiago Abascal en su próxima intervención parlamentaria? ¿A Simone de Beauvoir? … Me voy a volver loco. No puedo parar. ¿Cuando me levante tendré que ponerme una camiseta o una camiseta térmica?¿Un diario, como este, escrito por las noches no debería en realidad llamarse nocturnario? ¿Para qué querrá Irina el pollo?…

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