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DIARIO DE UN INVENTOR

dic 31, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Publicado en Rubio de bote, sección quincenal del semanario ON (Grupo Noticias)

 

28 de diciembre: Hoy he salido a probar el inhibidor de villancicos. He ido al Ultramarket, porque mi invento en principio está concebido como una herramienta de trabajo, que proteja a los dependientes de los centros comerciales del bucle insoportable de canciones navideñas que deben soportar durante estas fechas. Con el inhibidor los villancicos los escucharían solo los clientes (quien dice villancicos dice el txunda-txunda del resto del año). Funciona medio bien (la versión de El tamborilero de Raphael se ha colado porque el aparato la detecta como música indie), pero debo solucionar algunos flecos que resuelvan mis dilemas éticos, como que el inhibidor pueda ser utilizado fuera de este ámbito profesional y pueble el mundo de seres intolerantes e ignorantes que desprecian los gustos de los demás. Los inventores estamos sometidos a esos peligros, al uso inmoral de algunos de nuestros inventos, como le sucedió a Einstein con la bomba atómica. Claro que a veces yo mismo también le doy vueltas a esa idea de inventar una bomba. Una bomba que mate solo a gilipollas.

29 de diciembre: La idea de la bomba no es mía, la escuché en una canción de UGE y empecé, por deformación profesional, a pensar en ella. Ser inventor no es algo para mentes superdotadas, solo hay que tener un poco de predisposición y ser algo obsesivo. Fijarse en los pequeños detalles de la vida, en los inconvenientes que esta nos plantea a cada paso y rumiar sus soluciones. Hoy, por ejemplo, he visto uno de esos olentzeros que se cuelgan de los balcones con una guirnalda de luces intermitentes en la espalda. No tiene sentido. Olentzero, en teoría, tiene que entrar en las casas sin que nadie lo vea. Así que he empezado a pensar en algún dispositivo que mantenga la fantasía de los niños, por ejemplo, que llame su atención con esas luces en un primer vistazo, pero que en la siguiente intermitencia haga desaparecer a sus ojos la figura del carbonero.

Es una tontería, pero a veces pienso en esas cosas, solo por entrenar. Como lo de la bomba  antigilipollas. Creo que podría hacerse, pero nunca patentaría algo así. Lo que sí estoy meditando seriamente es revisar mi luz trasera para el coche con el aviso “Distancia de seguridad”, para advertir a los conductores que se te pegan en carretera. He observado que, lejos de disuadirlos, esa luz aviva sus instintos asesinos, así que creo que debería cambiarse la luz por una bazooka que se active automáticamente, en defensa propia, cuando se acerquen a menos de tres metros.

31 de diciembre: Hoy suele ser uno de esos días que se echa la vista atrás, se hace balance del año, pero yo me he ido más lejos, y me he dado cuenta de que llevo toda la vida con esto de los inventos. Han sido muchos años de esfuerzo y dedicación, y a veces pienso ¿para qué?  Es curioso, porque quizás los inventos de los que más orgulloso estoy son aquellos que no he conseguido sacar adelante o no eran pragmáticos, en el sentido en que no lo es, por ejemplo, la poesía, como el matamoscas con un agujero en el centro, para darle una oportunidad a la mosca, o las sandalias con capota para los días de lluvia (los dos los tuve que regalar finalmente a un escritor, un tal Patxi Irurzun, para una de sus novelas titulada Pan duro). Otras veces, sin embargo, cuando alguien me da las gracias por uno de mis inventos, siento que ha merecido la pena. Me ha pasado hoy, cuando he regresado a probar el inhibidor de villancicos al Ultramarket y un dependiente al testarlo ha comenzado a llorar como un niño. “¡Gracias! Estaba a punto de volverme loco”, me ha dicho, y luego, de hecho, ha empezado a desvariar: “¿Por qué se peina la virgen a escondidas? ¿Los peces beben agua?  ¿Tanta agua?”, gritaba, tirándose de los pelos. Luego, cuando se le ha pasado la crisis, me ha abrazado. Y finalmente me ha deseado feliz año. Lo mismo digo. Feliz año. Feliz año a todo el mundo. Menos a los gilipollas que no guardan la distancia de seguridad.

ENTREVISTA A CARLOS EGIA

dic 27, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

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“Me gustaría pensar que este de hoy es también un Bilbao verdadero que sabe dónde está el mar, el camino”

Carlos Egia. Escritor

El autor bilbaíno acaba de publicar El sacrificio de los peces (Txertoa), una historia ambientada en el Bilbao de la posguerra en la que la ciudad, sus muelles y barrios, son algo más que el escenario de una novela tan dura como tierna.

Miren Lacalle/ Iruñea. Gara 26/12/2017

En El sacrificio de los peces el Bilbao de posguerra comparte protagonismo con Miguel y Bego, dos niños que a través de su mirada inocente y sincera retratan una época convulsa y triste, de imposición, hambre, humillación de los vencidos, en la que la vida y el morral se ganaban con estraperlo, imaginación y una solidaridad doméstica y clandestina. Esta es la primera novela publicada por Carlos Egia, escritor curtido ya en los relatos breves (fue ganador, por ejemplo, del premio Bruma Negra).

Esta es su primera novela y es, curiosamente, en parte también una novela de iniciación ¿es una casualidad?

Probablemente, aunque no es, exactamente, mi primera novela. En todo caso, si tiene un claro componente de iniciación, la que sufre todo adolescente que se enfrenta a un mundo nuevo, desconocido y peligroso, y lo hace, además, solo y con la inocencia como única arma.

Es cierto que usted lleva toda una vida escribiendo, pero  ¿por qué se decide ahora a publicar, qué circunstancias se han dado?

Creo que se han dado dos circunstancias básicas, que son (y no sé si en este orden o al revés) la oportunidad de escribir y la necesidad de hacerlo. He pasado mucho tiempo ocupado en otras cosas y, poco a poco, iba sintiendo cada vez más la presión, la urgencia también, de volver a escribir. Por último, he tenido la suerte de que alguien (el binomio Elkar – Txertoa) se haya fijado en mi trabajo y me haya dado la oportunidad de publicar, que no es poco.

La novela se sitúa en una época y un lugar muy concretos, el Bilbao de posguerra y escenarios más o menos marginales (los muelles, los ambientes de estraperlo,  etc.). ¿Cómo conoció todas esas historias y por qué le atrajeron?

En la novela se mezclan tres tipos de historias: las escuchadas, las vividas en primera persona y las inventadas. Todas ellas, lógicamente, adaptadas a una época y a un escenario muy concreto, el Bilbao de la inmediata posguerra, el Bilbao del hambre y la enfermedad, malherido pero vivo todavía. Creo que lo que me atrae de esa situación es su crudeza, su dramatismo, y también su fuerza y su vitalidad. Fue un momento crítico. La ciudad, y sus gentes, tuvieron que empezar de nuevo, y para eso valía todo, o casi todo.

¿Queda algo de ese Bilbao?

Creo que muy poco, o al menos así lo veo yo. Queda el recuerdo y, supongo, también el carácter que debería resultar de lo aprendido, pero es todo muy distinto. Me gustaría pensar que este de hoy es también un Bilbao verdadero que sabe dónde está el mar, el camino, pero no estoy del todo seguro.

Son historias duras pero que de alguna manera dulcificas con la mirada infantil de Miguel, ¿lo hace conscientemente?

Creo que pensé que la mejor forma de expresar las verdaderas consecuencias que para nosotros tuvo la guerra, y lo que vino después, era a través de la mirada inocente de un niño. Y la más sincera.

Es también una novela de personajes en diferentes planos, los personajes principales de Miguel y Bego están al frente, pero el resto, los “secundarios”, tienen también mucha presencia…

Es una novela de personajes, es cierto. Me gusta pensar que todos, incluso el que menos presencia pueda tener en la historia, tienen una personalidad definida y clara; tienen su carácter y son reconocibles. Además, son como las historias: algunos tienen un referente real, otros son más tipos que todos conocemos y, por último, hay personajes que solo son producto de mi imaginación, como Miguel, Tomás y Bego, el trío protagonista.

Y están los personajes ausentes, los padres de Miguel, ¿quería contar de alguna manera su historia, y la de los perdedores de la guerra, a través de quienes se quedan en Bilbao?

La historia de la familia de Miguel es la de tantos que sufrieron las consecuencias de la guerra. De perder la guerra, además, porque una guerra es un desastre en sí misma, una tragedia de consecuencias incalculables, pero si, además, la pierdes, el sufrimiento se multiplica por cien. No conviene olvidar ese “detalle”, ya que lo que vino después fue un escenario de vencedores y vencidos. El padre de Miguel, capitán del ejército vasco, está desaparecido desde la batalla de Sollube. Algunos le dan por muerto. La madre y la hermana pequeña de Miguel han escapado en el vapor Habana, en la última gran evacuación poco antes de la caída de Bilbao. Miguel no sabe exactamente dónde están unas y otro, pero no pierde la esperanza. Él, lo mismo que su abuela, decidió quedarse. Su idea era la recuperar a su padre, pero entretanto se tiene que dedicar a otras cosas, como cuidar de su vecina enferma y hacer todo lo posible por ella y su madre. De alguna forma, es cierto que Miguel es también un homenaje a los que se quedaron, aguantaron y lucharon.

Otro personaje, como hemos comentado antes,  es la propia ciudad, parece claro por tanto que estaba claro que la historia la quería ubicar en Bilbao…

Bilbao es un personaje de la novela, de los más importantes, y de la ciudad nacen también otra serie de personajes que se dispersan por la historia y le sirven de sustento, de armazón: la ría, las Siete Calles, Solokoetxe, Zabalbide, el mercado de la Ribera, los puentes destrozados, los muelles, las gabarras, las Cortes, San Francisco, el Arenal y también la estación de San Nikolas, el tren a Plentzia y me atrevería a decir que, incluso, el Sanatorio de Gorliz, al final de la última estación.

Hay una cosa que me ha resultado curiosa y es que en cierto modo el libro tiene también algo de guía de lectura, repasa de algún modo lecturas de adolescencia como Oliver Twist

Sí, Oliver Twist, la Isla del Tesoro, Pinocho. Miguel se cree en la obligación de orientar a su vecina Bego en cuanto a las lecturas y a lo que se puede obtener de ellas. Bego entiende el mensaje a la primera. Lo importante, siempre, está en la historia. La historia, una buena historia, sobrevive siglos, avances y costumbres, porque sigue sirviendo a las personas para entender la vida.

Por último, aunque no contaremos el final, ¿se puede decir que un aspecto fundamental en la novela es la fantasía o la evocación como manera de escapar o combatir la realidad?

Es una forma de hacer frente a la realidad. Miguel la utiliza, se sirve de ella, pero lo que no diremos es quién controla a quien. Lo dejaremos a criterio del lector.

PALABRAS

dic 18, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
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Rubio de bote. Colaboración quincenal en magazine semanal ON (diarios Grupo Noticias) / 16/12/2017

 

Cada vez que pronunciamos una palabra sale un animal palpitante de nuestra boca. Las palabras tienen vida, memoria, crecen, envejecen, mueren, resucitan, se ponen y pasan de moda, se contagian, enferman, quedan viejunas… ¿Es viejuna ya la palabra viejuna? ¿Quién recuerda ya lo qué es un taquillón? ¿Qué ámbito geográfico tienen términos como pantaloneta o txirrinta? ¿Por qué decir muffin cuando con la esponjosa magdalena se te llena toda la boca? ¿ “Alabuyé” o “anganga” son palabras, animales domésticos que solo se pasean por mi casa a la hora de comer? ¿Alguien recuerda si alguna vez Mortadelo y Filemón utilizaron “mono-cactus” como insulto o es un recuerdo inventado? ¿Hay alguna palabra para denominar a los recuerdos inventados? ¿Qué demontre son engendros como poner en valor o monitorizar? ¿Alguien menor de sesenta años utiliza la palabra demontre?…

Y así podríamos seguir, ad infinitum.

Son dudas que llevan corroyéndome desde hace unos días, cuando en un grupo de wathsapp (por cierto, ¿qué esperanza de vida tienen términos como whatsapp o tuitear, a los que sin duda no tardarán en barrer y borrar de nuestro vocabulario las nuevas- nuevas tecnologías?); decía —disculpen la interrupción, las palabras a veces también se amontonan, se interrumpen unas a otras, crean bucles… ¡lo ven!—; en fin, al grano:  decía que decía que estas dudas filológicas llevan corroyéndome desde hace unos días, cuando en un grupo de whatssap utilicé la palabra carroza y alguien me hizo ver que, como sucede con viejuno,  también era de carrozas decir carroza.

Herido el adolescente que todavía habita al fondo de mi cuerpo ya casi cincuentagenario realicé dos encuestas, una entre mis hijos, que, por una parte, me confirmó que soy un hombre con un vocabulario desactualizado (o un viejales, que es como al parecer se dice ahora carroza), pero, por otra, me hizo ver la relatividad de tal afirmación, pues aguzando el oído les oía repetir coletillas como jambo, chacho o primo que estaban ya pasadas de moda cuando yo tenía su edad.

La segunda encuesta la hice a través de las redes sociales y diversos informantes me hicieron saber que, para gran dolor de mi muchachil corazón, también habían caído en desuso otras como “dabuten” o “¿Qué pasa, tron?, a las que yo todavía otorgaba preponderancia en la jerga juvenil.

Qué le vamos a hacer, jambos, tal vez de aquí a unos años estas moribundas criaturas vuelvan a convertirse en animales majestuosos que pueblen los argots de las faunas modernas. ¿Volverá a parecerles demasié algo a los jóvenes? ¿Saldrán de naja, se comerán el tarro, fliparán en colores? Y, por otra parte, ¿me dan repelús solo a mí locuciones como “No, lo siguiente” o el pomposo “Tengo para mí” que escriben algunos columnistas en los periódicos? ¿Todas las catástrofes —hablando de periodismo— son por decreto dantescas y todos los artistas que se mueren legendarios y míticos y todos sus discos las bandas sonoras de nuestras vidas? ¿Cuándo se llenó el mundo de monstruos y de cracks? ¿Qué diferencia hay entre un crack y un pro? ¿Utilizar ciruelo para referirse al miembro viril da gracia o resulta zafio? Y, sobre todo, si colocas el taquillón en otra parte de la casa que no sea la entrada ¿deja de ser taquillón? ¿Y entonces cómo se llama?…

 

 

 

ENTREVISTA A LENDAKARIS MUERTOS

dic 11, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

 

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Foto: Galder Izagirre

“La premisa a la hora de formar el grupo fue, y sigue siendo, divertirse”
Aitor “Ibarretxe”, cantante de Lendakaris muertos

Vuelve el punk gamberro e ingenioso de Lendakaris muertos en su nuevo trabajo Podrán cortar la droga pero no la primavera, grabado durante su reciente gira americana el pasado verano, y que se publica, bajo sello propio, acompañado de un DVD con un concierto en directo.

Miren Lacalle. Iruñea / Gara 10/12/2017

Podrán cortar la droga pero no la primavera, el último disco de Lendakaris Muertos es, por muchos motivos, un disco lendakarísimo y desgobernado, escrito y grabado al más puro estilo Puigdemont, durante el exilio de los lendakaris en América. Como los grandes grupos internacionales han compuesto sus canciones durante la gira “pandamericana” que el grupo realizó en el verano de 2017 por Estados Unidos, México, Colombia, Argentina y Chile.  No es la única novedad: además, por primera vez graban con sello propio, “Qué mala patria”, y aunque los temas vuelven a ser los recurrentes del grupo (problema vasco, sexo, drogas…) concentrados en las habituales pilulas punk, en esta ocasión aderezan algunos de ellos con arreglos como coros, pequeños punteos… El trabajo, que comenzarán a presentar en directo el día 21 en el gaztetxe de Arrasate y el 23 en Zentral de Iruña, viene acompañado de un DVD con un concierto en directo en la sala But de Madrid.

Si lo comparamos con los anteriores, este disco es algo diferente, tiene algunas canciones largas ¡de más de dos minutos!, con coros… ¿Cómo lo están recibiendo sus seguidores?

Todavía no hemos empezado a tocar en directo, que es donde se ve realmente si las canciones funcionan: le gente abajo te pide, “Toca esta, toca aquella”. Hay canciones que a nosotros nos gustan mucho y luego ves que en directo no son las preferidas. Pero sí hemos hecho promo ya en Madrid, Barcelona, Bilbao y vemos que a la gente le ha gustado. La única pega es que algunos dicen que es muy corto, pero bueno, lo malo es que se les hubiera hecho largo… Y además hemos incluido un DVD con un directo, que grabamos la pasada primavera en Madrid y que quedó muy bien.

Otra diferencia es que grabaron el disco durante la gira que hicieron en agosto por diferentes países de América. ¿Cómo fue el proceso?

Los discos anteriores los habíamos hecho siempre igual, cogíamos fecha para el estudio, y a dos meses vista empezábamos a ensayar las canciones, con esa presión de las fechas y de saber que no podíamos retrasarnos. En este caso,  en América, teníamos dos semanas primero de conciertos y dos de grabación, habíamos cogido un estudio en Chile y otro en Argentina, y en México y Colombia también salas de ensayo. En un principio fuimos desde aquí con la idea de ir ya ensayados, pero al final no hicimos nada, y fuimos sin nada concreto, a ver qué salía. Yo, en realidad siempre tengo ideas en la cabeza, pero fuimos sin nada definido, sin canciones preparadas ni ensayadas y el disco es lo que salió allí, durante esa gira. Son diez canciones, en principio eran once pero una se nos olvidó grabarla, nos dimos cuenta en el avión de vuelta.

Era la primera vez que tocaban en países como Estados Unidos, Colombia, México… Supongo que la gira también les habrá proporcionado un montón de experiencias.

Sí, por allí la gente vive todo de otro modo, con más pasión, el rock, sobre todo en Argentina y Chile, es parecido al fútbol, la gente tiene sus grupos y defiende sus colores, lo hemos visto tanto en conciertos nuestros como en los de otros grupos que fuimos a ver. Antes de viajar hubo mucha gente que nos metió miedo, nos dijo que era peligroso, que a nosotros iría a vernos lo peor de cada casa, y para nada fue así, todo la experiencia fue muy positiva…

¿También a nivel personal, entre ustedes como grupo?

Sí, hemos estado un mes entero conviviendo, y al final cuando tienes que cocinar juntos o lavarle los calzoncillos al bajista, o al revés,  es cuando se ve cómo es una relación, y nosotros no hemos tenido ni una sola bronca ni desacuerdo. Y eso que aparte de estar en otro país, con otras costumbres, comidas, etc., teníamos la presión de los conciertos, acabar el disco… La experiencia, en definitiva, aparte de lo musical, en lo personal ha sido una pasada.

Es también la primera vez que graban con sello propio

Sí,  “Qué mala patria”, se llama. Era algo que llevábamos tiempo queriendo hacer, pero por una cosa u otra hasta ahora no se había dado, tampoco sabría explicar por qué, quizás no teníamos los medios o la información suficiente, pero aprovechando que el año pasado cambiamos de manager, y empezamos con Panda, ellos nos dan la opción de la autoproducción, que es algo que varios de sus grupos, Berri  txarrak, Gatibu, Porco Bravo, llevan haciendo tiempo, y ahí vimos que era el momento. El disco acaba de salir y aún no podemos valorar si ha sido una buena decisión o no, pero de momento estamos muy contentos.

En cuanto a las canciones y las letras se mantienen los temas lendakarianos pero quizás últimamente hay muchas alusiones a las nuevas tecnologías, en temas como Lamentablet o el ramoniano  El 4k se llevó a  mi chica

Los temas lendakarianos siempre son los mismos: el problema vasco, terrorismo, algo de sexo, drogas, temas sociales…  En los últimos discos cada vez hemos metido más temas sociales y está claro que los móviles y su influencia en nuestras vidas están ahí.  Cuando nosotros comenzamos en el grupo los móviles se usaban para llamar, enviar SMS y el uso que se hacía de las nuevas tecnologías comparado con ahora era muy limitado. Estaba el myspace, que ahí se quedó… Ahora, en cambio, está claro que todos estamos enganchados a los móviles, o más bien, de manera general a las pantallas, ya sea tele, series, tablets, teléfonos… Y eso es así allá donde vayas, tanto en países desarrollados como no… Yal final el uso que se les da por parte de algunas personas, entre las que nos incluimos, no es un uso adecuado, es como con las drogas, con la diferencia de que hay mucha gente que no se droga porque no tiene acceso a ellas, o por salud, pero en el caso de los móviles todo el mundo tiene uno, es algo mucho más extendido, lo cual es preocupante.

¿Cómo se maneja un grupo de punk clásico, que viene de una época anterior, con esas nuevas tecnologías?

Nosotros nos drogamos también, usamos las nuevas tecnologías: a un grupo como el nuestro le ayuda, tenemos muchos seguidores jóvenes para los que las redes sociales forman parte de su vida.  Pero intentamos controlar, yo por ejemplo no tengo Facebook propio pero sí del grupo.

Pero los Lendakaris ¿son realmente un grupo de punk, una parodia de un grupo de punk, una broma que algunos se toman en serio?…

No sé. Hombre, el Potxeta fue punk, en los 80, de los de verdad, con Ultimatum… Luego las cosas han ido cambiando, el punk surgió en un tiempo y una situación determinados, que ya no existen, puede haber situaciones parecidas, pero ya no es lo mismo, de alguna manera ahora estamos metidos en el sistema, llevamos una vida con algunos aspectos más o menos dentro de él, aunque otros permanezcan fuera, pero no sé qué baremos hay que utilizar para decir si alguien es punki o no… Nosotros creo que lo somos, musicalmente y en cuanto a las letras, pero no vamos arrastrándonos con una litrona por la calle, por ejemplo…

Lo que sí está claro que diferencia y define a Lendakaris muertos es el humor…

El punk nos gusta a todos, los grupos clásicos, es cierto, pero sí que notábamos esa carencia, nosotros creíamos que se podía decir lo mismo pero sin estar amargado y enfadado todo el día, gritando siempre contra la policía y el gobierno. Puedes hacer lo mismo, pero de otro modo, divirtiéndote, además. Mantenemos el fondo, pero hemos cambiado la forma, en ese sentido. Y esa fue además la premisa a la hora de hacer el grupo, y sigue siéndola: pasarlo bien.

Lo que también parece que está claro es que eso del “No future” tampoco lo cumplen ustedes, porque su intención es seguir mucho tiempo y sacando a disco por año…

Sí, de hecho en nuestros inicios era así, sacamos tres discos en tres años, y a mí es algo que a mí me gustaría mantener, siempre que tengamos canciones con calidad, claro, tampoco es sacar por sacar. Es como un reto, mantener siempre esa tensión.

 

LA POLICÍA DEL PENSAMIENTO

dic 3, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

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Artículo publicado en magazine semanal ON (diarios Grupo Noticias) / Rubio de bote/ 2/12/17

Desde hace unos días parezco una lagartija: cada vez que salgo o entro de casa o del trabajo voy andando pegado a la pared y asomándome en la bocacalle para ver si ha venido ya la guardia civil a llevarme.

Y todo por un tuit.

Fue hace unos días, cuando falleció el fiscal general del Estado, Maza, al que sustituyó provisionalmente el fiscal Navajas. No me dirán que no inquieta un poco. Si no fuera porque el ministro de Justicia se llama Catalá, se diría que a la hora de adjudicar algunos cargos el apellido es determinante. Eso, o algo parecido, fue lo que escribí en twiter. Después, cuando escuché en las noticias que la policía iba a investigar todos los tuits sobre la muerte de Maza que pudieran constituir un delito, releí el mío una y mil veces. “No, no puede ser, aquí no hay ninguna intención ofensiva, es solo una ironía, un chiste, y ni siquiera me parece de mal gusto. Creo que hasta podría contarse en el funeral del fiscal sin que ninguno de sus familiares o allegados se molestara”, me decía para mí, pero a la vez me daba cuenta de que también era lo que iba preparando para, llegado el caso, declarar ante el juez (al tiempo que pensaba en otros detalles logísticos: ¿cómo consigue uno un abogado, quién lo paga, los retretes de la cárcel tienen puerta?…).

Hace algunos meses Kutxi Romero, el cantante de Marea, me decía en una entrevista: “El día que pongan la policía mental para detenerte por lo que piensas, que va a ser mañana, a mí va a ser al primero que se lleven. Bueno, ya te detienen por lo que piensas, pero tienes que decirlo”. Y yo entonces creía que exageraba, pero lo cierto es que hoy ya es mañana, ya está instaurada la policía del pensamiento, ya no es solo un augurio en 1984, la novela de Georges Orwell. Es decir, la guardia civil probablemente no venga a buscarme a casa o al trabajo, porque ya la tengo metida en la cabeza, decidiendo qué es lo que puedo escribir o lo que no, con qué debo de tener cuidado, qué podría considerarse, llegado el caso, un delito de odio, de ultraje, de enaltecimiento o de sedición (la lista es cada vez más larga).

Hace unos años, por ejemplo,  a uno no se le pasaba por la cabeza la idea de que expresar lo que cada cual siente cuando una persona muere pudiera convertirte en un delincuente. ¿De verdad se puede juzgar penalmente, más allá del mal o el buen gusto o del nivel ético, que alguien se alegre o desee la muerte de otra persona? Hoy parece ser que sí y quizás mañana la policía del pensamiento obligará a loar a determinados muertos, da igual que hayan sido corruptos, fascistas redomados o fans de Enrique Iglesias.

O sea, que vamos para atrás. Hace unos años yo escribía cosas por las que hoy me fusilarían al amanecer. Aunque quizás solo se tratará de que entonces no tenía miedo ni a la policía del pensamiento apuntándome desde dentro de mi cabeza. De hecho, en una ocasión una emisora de radio estuvo a punto de denunciarme por un cuento, que leyó un colaborador en antena, en la que el protagonista —un atracador de bancos— profería un “¡Vaya pedazo de cabrón!” tras oír una noticia en la que se decía que Su Majestad el Rey había abatido un macho cabrío de más de cien kilos de peso. En realidad, yo me enteré años después, cuando ese colaborador me lo contó (y también que lo habían despedido a cuenta de ese cuento, a pesar de lo que no me guardaba rencor), de modo que esa vez me ahorré muchas horas pensando argumentos para defenderme ante el juez, del tipo: “Señoría, se trata todo de un problema de comprensión lectora”, “En todo caso, a quién usted debería juzgar es al atracador de bancos, no a mí”, etcétera.

Me pregunto si hoy volvería a escribir aquel cuento. Y también si lo que me  convertiría realmente en una lagartija sería escribirlo o no hacerlo.

 

 

 

 

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