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NUESTROS OTROS YOS

May 27, 2024   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
yo3

Hay un cuento de Iban Zaldua recopilado en su última y fantástica colección de relatos, «A escondidas», en el que el protagonista adquiere el don de la ubicuidad tras plantearse el dilema de acudir a una manifestación con cuya reivindicación de fondo está de acuerdo pero en la que sabe que se van a corear lemas con los que difiere. Con su nuevo superpoder tiene la opción de dejar al yo al que esas consignas le incomodan en casa y enviar a la mani al que quiere solidarizarse con el meollo de la protesta.

No me digan que no sería todo un chollo. Si fuéramos capaces de desdoblar de ese modo todas las personalidades que nos componen podríamos, del mismo modo, teletransportar un domingo por la mañana al monte a nuestro yo más andarín mientras en la cama se queda el más remolón; o dejar en efigie en el cumpleaños de un amiguito de nuestros hijos a uno de nosotros y mandar a otro a un concierto, al cine, a un partido…

Me siento muy interpelado por ese cuento de Zaldua porque a menudo tengo esa sensación de extrañeza o de melancolía (“Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que quien la padece no encuentre gusto ni diversión en nada”, define la RAE melancolía) que me hace desear casi siempre estar en otro sitio diferente al que me encuentro o considerarme a mí mismo en todos los lugares y situaciones un extranjero, un marciano. Lo cual se agrava por el hecho de que el lugar al que quiero huir siempre cuando eso sucede, el sitio donde me gustaría estar realmente, es en casa, leyendo o escribiendo. Es decir, atrapado en un bucle, pues cuando escribo o leo lo que estoy haciendo, en el fondo, es imaginar, a su vez, que estoy en otra parte o que soy otra persona…

Dejando ese pequeño lío o inconveniente al margen, a mí particularmente me resultaría muy útil este don de la ubicuidad para hacer la comida. Cocino casi todos los días y −esto que no lo lean mis hijos− casi todos los días el resultado es desastroso. Carezco no ya de talento culinario sino de la capacidad de aprender, o, mejor dicho, del interés por hacerlo. Y creo que eso se debe a que mientras estoy preparando unas lentejas mi cabeza está a menudo en otra parte, pensando ideas para algún relato, alguna novela… Así que, si pudiera desdoblarme, tal vez mi yo cocinillas podría centrarse un poco; o incluso si ni por esas pudiera arreglar los desaguisados, nunca mejor dicho, mi yo sufridor se quedaría en la cocina soportando las quejas de mis hijos −”Está salado”, “Está soso”, “Qué asco”, etc.− mientras otro de mis yos se lamería esa herida escuchando «Sinceridad no pedida» de Ojete Calor (“Nadie te ha preguntado/Te diría lo que pienso de tu sinceridad”) o ideando la manera de perpetrar, para mi desahogo personal, un «Rubio de bote», como este, por ejemplo.

Publicado en «Rubio de bote», colaboración semanal para magazine ON (diarios Grupo Noticias), 25/05/24

Feel Good!

May 13, 2024   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
James Brown – 10 of the best | James Brown | The Guardian
Publicado en Rubio de bote, colaboración quincenal en magazine ON (diarios Grupo Noticias), 11/05/24

Mientras conduzco voy escuchando la radio. Llueve y después sale el sol y luego vuelve a llover otra vez. La primavera es siempre igual, voluble. A los dos lados de la carretera los sembrados resplandecen, con esa luz extraña y hermosa que arrojan las grietas del cielo. De vez en cuando, me ciega el destello amarillísimo de un campo de colza.

En el programa que sintonizo hay una sección titulada “La buena noticia del día”. Intentan conectar con la colaboradora que suele contar el descubrimiento de un nuevo medicamento para curar una enfermedad rara, la reaparición de una especie animal que se creía extinguida, la reconversión de una plaza de toros en una biblioteca…

Pero la colaboradora no responde. Seguramente se deba a algún problema técnico, falta de cobertura, algún cable desconectado, una caída de la red… O puede −pienso de manera retorcida− que se trate de una paradoja, que esa periodista que tiene que alegrar el día a los oyentes sufra el síndrome del payaso triste, esté pasando un mal día, no le queden fuerzas… Desde el borde de un abismo gritar “Feel good!” deja un eco que da muy mal rollo. Sea lo que sea, el silencio a la espera de la buena noticia del día resulta inquietante, una metáfora un poco triste. Lo mismo que esa norma del periodismo que sentencia que las buenas noticias no son noticia. Tal vez por eso durante años el diario más vendido en España fue El Caso, con sus escabrosas portadas: “Salvajamente apuñalados”, “El cura vicioso”, “Asesinados con la barriga llena”…

Para colmo, para llenar el horror vacui acústico que deja la borota de la colaboradora, ponen una de Bisbal.

Así que muevo el dial. Atrapo en otra emisora, cuando ya está casi acabando su sección, a otro colaborador que suele comentar etimologías de palabras curiosas. Hoy explica que “trabajar” deriva del latín vulgar tripaliare, que era un instrumento de tortura compuesto por tres palos de madera. Pero bueno −me digo− tampoco hay que ser Corominas para saber que el trabajo es una maldición divina. Hasta el mismísimo Jesucristo lo dijo: “Reparad en los lirios del campo, cómo crecen, no trabajan ni hilan. Mas os digo que ni aun Salomón con toda su gloria fue vestido como uno de ellos”.

Veo, por cierto, mientras el coche sigue avanzando entre campos de cultivo a través de la rectilínea carretera, algunas amapolas y algunas desobedientes flores amarillas de colza, que han desertado durante la siembra y han decidido crecer en las cunetas, o entre las zarzas, solitarias y azotadas por el viento y los tubos de escape, pero a salvo de las cuchillas de la segadora.

Vuelvo a sintonizar la primera emisora. David Bisbal ya ha tenido que ahogarse en sus gorgoritos. “Vamos a intentar recuperar la conexión con nuestra colaboradora”, dice, en efecto, la presentadora, y de nuevo se escucha un silencio tenso. Yo, ilusionado, me quedo a la espera de buenas noticias.

LA FILOSOFÍA ES LA POLLA

May 2, 2024   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

La filosofía es La Polla… Records. Eso es, al menos, lo que defiende Tomás García Azkonobieta, que acaba de publicar un ensayo en el que relaciona las letras de las canciones del grupo de Agurain con diferentes corrientes filosóficas. La idea fue en principio una maniobra pedagógica para poner cresta a la filosofía y acercarla de esa manera más pizpireta a sus alumnos de secundaria; una idea que este profesor acabó convirtiendo en libro tras romperse una pierna (los hospitales son, ciertamente, un buen sitio para reflexionar sobre la fugacidad de la vida, el acecho constante e inevitable de la muerte, etc; o como diría Evaristo: «No somos nada»).

En La filosofía es La Polla, Tomás García establece una comparación, por ejemplo, entre los filosófos cínicos (con Diógenes de Sinope a la cabeza) y los piesnegros, aquella tribu urbana que solía deambular por txoznas y conciertos −muchos de ellos de La Polla Records− acompañados por perros.

A Diógenes, que, por cierto, era también conocido como Diógenes el Perro (y de ahí viene etimológicamente la palabra cínico, que en griego vendría a significar algo así como perruno) le sudaba la polla todo (con perdón, es por seguir con la misma terminología). Solía masturbarse en público y si alguien se lo reprochaba contestaba que ojalá pudiera también aplacar su hambre frotándose la barriga. En cierta ocasión, Alejandro Magno, el hombre más poderoso sobre la faz de la tierra, le preguntó qué podía hacer por él y Diógenes le contestó que apartarse, porque le quitaba el sol; Diógenes, que tenía por casa una tinaja y vivía desprendido de cualquier bien material (aunque, paradójicamente, el síndrome de Diógenes se use para referirse a las personas que acumulan objetos), también escupió en otra ocasión en la cara de un hombre rico porque, dijo, no encontraba otro lugar más sucio donde hacerlo…

Evaristo, del mismo modo, escupe en sus canciones contra banqueros, militares, políticos, gurús… y en muchos de los casos el centro de la diana es una democracia raquítica, a la que las papeletas alimentan solo cada cuatro años. De un modo intuitivo, en las letras de La Polla hay reminiscencias de El contrato social de Rousseau, quien también ve en esa exigua representación democrática una afrenta a la soberanía personal (“Mi representación soy solo yo”, canta Evaristo en El congreso de los ratones); del anticapitalismo marxista, en Delincuencia o Venganza; de Thoreau y su desobediencia civil o su cabaña en el bosque, en La Llorona (“Voy al campo, abandonaré la ciudad”)…

La filosofía, en fin, es La Polla porque −como sucede con las canciones del filosófo patatero Evaristo− nos pone frente al espejo y nos hace conscientes de nuestro desconocimiento, nos invita a cuestionarnos todo, nos libera de ese modo de prejuicios o nos mantiene en guardia ante la estupidez y el alelamiento cada vez más rampantes.

(Publicado en «Rubio de bote», colaboración quincenal para magazine ON, diarios Grupo Noticias. 27/04/24)

MARCELA Y RAFA

Abr 14, 2024   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Publicado en Rubio de bote, magazine ON (diarios Grupo Noticias). 13/04/24. Foto de Patxi Cascante, en el homenaje que hicierona Marcela y Rafa los corredores del encierro.

Cuando entras a la librería de Marcela y Rafa, a la izquierda, junto a los periódicos del día, no te encuentras en ese lugar preferente libros de Pérez-Reverte o de Paz Padilla, sino de autores de la tierra: noveles, glorias locales, autoeditados… Y también libros sobre Navarra, los sanfermines, sobre etnografía, lengua, cartografía de Euskal Herria… Si a Marcela le ha gustado el libro (porque Marcela no es una vendedora de libros, sino una librera a la antigua usanza, o sea, una librera que lee) puede incluso que lo coloque en el mostrador, y que lo recomiende entusiasmadamente a sus clientes, o que lo haga en alguna de sus colaboraciones en la radio, o cuando le pregunten en la Feria del libro cuál ha sido el más vendido (aunque sea una mentirijilla y puede que el más vendido haya sido uno de algún influencer).

El párrafo anterior, sin embargo, tiene fecha de caducidad. El próximo 16 de mayo será un día muy triste. Marcela y Rafa echan la persiana de la pequeña librería que desde hace tres décadas regentan en la cuesta de Santo Domingo de Iruña, en el conocido primer tramo del encierro (durante los encierros, por cierto, la tienda se transforma en improvisada consigna en la que los corredores dejan en custodia sus carteras o sus móviles).

Rafa y Marcela se jubilan, merecidamente, después de años trabajando de luna a luna, como licántropos de los libros: preparando, a deshoras, pedidos, cuadrando facturas y albaranes, rastreando como sabuesos libros descatalogados, avisando a los clientes cuando llegan, fotocopiando carnets, desempaquetando cajas con gomas Milan, lapiceros Alpino, colocando con mimo en el escaparate olentzeros o kilikis de goma…

No han conseguido, a pesar de buscar con ahínco, que nadie tome el relevo para que su negocio, sacrificado pero rentable, continúe siendo un pequeño oasis para lectores empedernidos, euskaldunes, nostálgicos del trato personal y humano… y la tienda reabrirá, sí, con otros dueños, pero reduciendo su oferta a lo concerniente a los souvenirs. ¿Quién nos hará saber ahora que un autor del barrio ha escrito un libro sobre el mono Txarli? ¿Quién preparará con la misma diligencia los pedidos para las bibliotecas? ¿Quién nos prestará las mesas para comer en la calle el día 6 de julio o nos invitará al aperitivo después del txupinazo?…

Cuando la persiana de Abarzuza se cierre definitivamente, tras ella se derrumbará todo un mundo. Es el signo de los tiempos. Estos tiempos en los que en todas las librerías el libro más vendido es el de una folclórica y en los que los lectores de periódicos se convierten en exploradores urbanos. Pero no tenemos ningún derecho, por supuesto, a que Marcela y Rafa sientan ni siquiera una pizca de culpabilidad, al contrario. El próximo martes, 23 de abril, es el Día del libro y ellos sacarán por última vez sus libros a la calle. Será un buen momento para darles un gran abrazo, agradecerles todos estos años de felicidad lectora y desearles un gozoso retiro.

SIEMPRE LUZ

Mar 30, 2024   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Publicado en «Rubio de bote», colaboración quincenal para magazine ON, diarios Grupo Noticias. 29/03/24

El otro día iba conduciendo y me topé con un accidente. Era un coche de autoescuela, al que había arrollado un camión. El aspirante a conductor estaba en el arcén, con una brecha en la frente y un gesto entre Steve Urkel − “¿He sido yo?” − y el de un condenado a muerte. Me pareció una escena muy triste. Pensé que quizás esa fuera la última clase de ese alumno de autoescuela, que quizás el “shock” −nunca mejor dicho− le impidiera volver a ponerse nunca al volante. Una especie de sueño abollado.

Al rato, llegó una ambulancia. Las sirenas de las ambulancias también me parecen muy tristes, son como los aullidos de dolor de la ciudad. Y cuanto más grande es la ciudad menor es la sensibilidad hacia esos aullidos. En las grandes ciudades las sirenas son solo un elemento más del paisaje acústico. Un taladro neumático, el camión de la basura, el silencio del vagón del metro, la sirena de una ambulancia.

Me deprimió un poco pensar en todo eso y, por si fuera poco, mientras esperaba en el atasco, sintonicé las noticias en la radio. El locutor dijo que los palés de víveres que el Ejército de Estados Unidos lanzaba sobre la franja de Gaza habían descalabrado ya a varias personas. Era un buen resumen de la situación. Los americanos, los principales valedores de Israel, quienes habían vetado una y otra vez en el Consejo de Seguridad de la ONU las peticiones de tregua, se presentaban ahora como supermanes de la asistencia humanitaria. Por un lado lanzaban paracaídas con alimentos y medicinas y por otro abastecían con armas a quienes bombardeaban y asediaban a los gazatíes.

Quité, asqueado, las noticias y puse música. Desde hacía algunos días oía en bucle Palabras mágicas, una canción de Koma incluida en su último disco. Es una canción de reconocimiento hacia esas personas que nos salvan cada día, que siempre están a nuestro lado, cuando nada puede ir peor, aquellas que nos arrojan siempre luz, y a las que rara vez se lo agradecemos o a las que, por el contrario, reprochamos solo sus errores. La canción supongo que va dirigida a alguien en concreto, pero cada vez que la oigo siento que a mí también me salva de mis pequeñas tragedias cotidianas, que me llena de esperanza, a pesar de todo, en el género humano. Siempre luz. El mundo es un barrizal, con todo su fango de noticias deprimentes, pero en los atascos de tráfico siempre se abre un hueco para que pasen las ambulancias. Y, quién sabe, quizás el profesor de autoescuela también encuentre las palabras mágicas para que su alumno accidentado regrese a la siguiente clase, cuando se recupere del susto y las heridas. Siempre luz, aunque sea la de una sirena.

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