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Tagged with "janis Archivos - Página 7 de 11 - Patxi Irurzun"

JAJASES EN BCN

jun 24, 2011   //   by admin   //   Blog  //  No Comments
Foto: Elías Gorostiaga


Pero todos menos uno me siguen diciendo que se están riendo mucho con la novela, sin que yo se lo pregunte y el otro día hubo un momento sublime cuando vi en la villavesa a un lector de mi Janis partirse la caja sin saber que lo estaba observando.

Y eso es lo que cuenta.

La semana pasada estuve por Barcelona, echando más boletos en esta tómbola o circo de la literatura. Hasta hoy no había tenido tiempo de escribir nada sobre la excursión ni de poner algunas foticos. Estos días ha tocado logística doméstica. Es la última semana de curso y había reuniones, tutoriales, y luego también que se acercan los sanfermines y en Pamplona el mundo se acaba todos los años el cinco de julio pero por si acaso antes hay que pasar la ITV y dejar todas las obras acabadas y, joder qué tripa, comprarse pantalones blancos nuevos que no tiren de la sisa ni le saquen con el botón el ojo a nadie.

El caso es que en Barcelona me lo pasé bastante bien. Las presentaciones me ponen mal cuerpo, antes y después, pero en estas estuve relajado y me divertí, tal vez porque fueron casi en familia, que es lo que se dice cuando va menos gente de la que esperabas. De la que esperaba yo no fue nadie, bueno, pero lo entiendo. Las presentaciones son también como un atraco a mano armada. Si no vas, mal. pero si vas y no compras el libro, peor. Y en este caso eran dos libros, el mío y el de Esteban Gutiérrez, La enfermedad del lado izquierdo. O sea, treinta euros. Yo echo cuentas y también me quedo en casa. El caso es que como siempre, con Esteban me sentí arropado, disfruté de nuestros momenticos y charlas en privado y de la pateada en plan turista que nos metimos. Cada vez somos más amigos. Y estuvo Clea, nuestra entusiasta y valiente editora, que no teme a nada, ni siquiera a entrar con una gabardina blanca en una sala llena de rockeros de luto eterno por Janis, Lennon, Allman, Hendrix, Bolan, Bonhan, Brian y Moon.

Y los Lilith, otra vez acompañándonos y otra vez dejándonos boquiabiertos. Yo tuve la suerte, además, de escuchar el acústico en La Central a un metro de Agnes y casi me da algo. Qué energía. Qué presencia. A mí hasta me daba lacha mirarla a los ojos, aunque a esa distancia era casi lo único que se podía hacer. Lilith tarde o temprano es un grupo que va a pegar fuerte, porque lo tienen todo. Son buenos, son trabajadores, son una familia… Por tener tienen hasta una versión de «¿Por qué te vas?» de Jeanette & Perales que hace mover el cuello inlcuso a los jevis más talibanes. Y si no siempre se pueden llevar de telonero a Esteban que le está cogiendo gusto a eso de subirse a los escenarios y esta vez en el Rock Sound se marcó los coros en la versión de Roc&roll Star de Loquillo con Los pájaros locos.

Esteban en plan frontman

Y estuvo también, en la presentación, Fernando Clemot, de quien tengo pendiente leerme su libro de cuentos Estancos del Chiado, premiado el año pasado con el Setenil a la mejor obra del género (y no me extraña si todos son como El verano del cortapichas, que aparece en la antología Narrando Contracorriente, en la que somo s vecinos de papel), y Francesco Spinoglio, que llevaba una camiseta muy chula de John Fante (a Francesco le une un vínculo emocional con el gran autor norteamericano, pues junto con José Ángel Barrueco, son en gran parte culpables de la edición en España de Chump Change, el libro de Dan Fante, hijo de su padre), y Elías Gorostiaga, que tiene un blog que mola, tanto como los de Tesa Medina, que también estuvo por allí, y J. Jorge Sánchez, que publicó un texto tiempo ha en mi fanzine electrónico Borraska (por cierto, lo resucitaré en breve si me quedan fuerzas y la tecnología me ayuda), texto del que no me acordaba pero que de nuevo en casa he releido y es una maravilla, y Dani e Isabel de Insolenzia, que vinieron desde Zaragoza ex-profeso y llegaron tarde, esas cosas solo les pasan a ellos y al Kutxi.

Luego nos fuimos todos juntos a echar una caña en una terraza y nos amenizaron la tertulia dos mozas algo frikis que cantaban en alemán y tocaban un acordeón que en realidad era una máquina de escribir, quizás en homenaje a la no menos friki cuadrilla de letraheridos (uy, casi me sale malheridos) que formábamos.

De ahí al Rocksound, a la fiesta presentación de Simpatía por el relato. Antes de entrar a la algo desangelada sala Esteban y yo, que ya somos perros viejos y sabemos que los rockeros no cenan, nos metimos un bocata de lomo a medias y a toda hostia.

Y esa noche poco más.

Y dale, otra vez su Janis, su Janis por aquí, su Janis por alla… piensan los contertulios mientras yo promociono

Al día siguiente repetimos con Simpatía en el marco incomparable que se dice del Museo del Rock, una cosa que han abierto en una plaza de toros desacralizada y que ahora es un centro comercial. A Dani aquello no le gustó un pelo y no se cortó otro para decir que el verdadero museo del rock es la calle. También hubo al respecto alguna réplica y contraréplica de carácter escatológico con alusiones al souvenir procedente del restaurante japonés en el que previamente nos jartamos de comer, porque los rockeros no cenan pero supongo que por eso se ponen finos a la hora de comer (en este caso, todo lo que puedas por 15 pavos); souvenir que alguno de los presentes donó al museo (bueno, al baño del mueso) y que oyes, tampoco desentonaba con algunos detalles cutres del mismo como exponer una botella Jack Daniels que Keits Richards se pimpló en algún hotel, o el paquete vacío de pastis de algún otro viejo rockero recogido de alguna papelera. Aunque a mí, que soy un poco mitómano, la feria esa me gustó.

Con un amigo que me eché en el infierno (según Dani Insolenzia)

Después desbandada general y yo haciendo tiempo hasta la hora del autobús: me acerqué a alguna asamblea indignada y luego estuve leyendo en un banco un libro de lo mejorcito que ha caído en mis manos últimamente: Valium, de David Benedicte. Por lo demás, los autobuses de Vibasa, una puta mierda, la verdad, qué tiempos aquellos en los que te daban piscolabis y todo.

Veremos, en fin, si Dick Grande deja huella en Barcelona o de la Ciudad Condal tú eres pero a mí no me quieres. Si es que no, cervezas (con limón), jajases y buen rollo, al menos, no han faltado. La próxima, que se sepa, en la Semana Negra de Gijón.

JANIS MALHERIDA

jun 23, 2011   //   by admin   //   Blog  //  6 Comments

Ya andaba yo algo preocupado con esta novela, porque nadie se picaba ni la ponía de vuelta y media, al contrario, todo son piropos (esto lo acabo de corregir, porque con mi dislexia informática en vez de piropos había puesto priapos) y jajases (y este se lo robo a mi amiga Bitrí, inventora de palabros). Y también me escamaba, me preguntaba qué había hecho mal para que hablaran bien de ella en los periódicos digamos conservadores por no decir fachas, que no me lo esperaba. Pero al final ha llegado la primera crítica o algo así que me atiza. Viene de quien cabía esperar y además la culpa es mía, que le mandé el libro. Alberto Olmos, lector malherido, se dedica a despellejar libros y escritores, pero uno siempre piensa que va a ser la excepción, que a él no le va a pasar y una de sus críticas lo va a poner bajo palio -porque Olmos se ha convertido en un diosecillo al que todos temen y respetan-. Pero qué va, Olmos opina que mi novela, o noveluela, la llama él, es boba, machista y que no echa raíces bajo la tinta, esto último no lo he entendido muy bien (en general la crítica cuesta seguirla). «Pues si te pones delante para que te den un zartako en todos los morros luego no te quejes», dirá alguno. Y que es poco elegante ponerse a llorar, y rebotarse, y no encajar como un machote. Pero hombre, si duele podrá uno chillar y cagarse en dios (o en el diosecillo), al menos.
A Olmos no se le puede negar su independencia y no casarse con nadie o casi nadie. Por de pronto escribe porque sí, para su blog y eso lo que le permite es escribir lo que que le sale del coño, y hace bien, aunque quizás va un poco forzado y creido con eso del crítico feroz , que le obliga a mantener el tipo y la (mala) fama. Pero en la crítica que me hace me parece que hay una falta de rigor total. Como que se le nota que tiene otros libros en la pila esperando a los que igual les puede hacer más sangre (o que la sangre se vea más que la de un mindundi de Pamplona, que es un sitio que pilla muy lejos de Madrid). Como que no se ha leído el libro, más allá del primer capítulo, o ha leído en diagonal, que está en su derecho, claro, e igual eso es culpa mía, pero hace como que sí, que lo ha leído, y eso ya no está tan bien. O como que el otro día cuando vino a Pamplona, de la que se convierte en meteórico cartógrafo, no fue recibido en loor de multitudes, como se merece un escritor Granta , una estrella que viene de pasearse por los uesei viendo como su nombre aparece escrito hasta en los los menús de los restaurantes. Luego, claro, los aldeanos no corean su nombre y entonces se pica y a la primera oportunidad que tiene dice que si los navarros son brutos y que si están tensos y que si las calles son demasiado derechas. En el Casco Viejo no ha estado, desde luego. Y en la Milagrosa, que le quedaba al lado, mucho menos. Y eso es lo que me parece mal: que la crítica está llena de imprecisiones y de tópicos, de generalizaciones, y de empujones, que debían ser solo para mí, a todos los navarros, como si solo hubiera un tipo de navarro. Para empezar suelta que por aquí se lleva mucho lo de follar en papel, y solo él sabrá a qué se refiere. Y es que de todos es conocida esa larga traidición foral de literatura erótica. Además, el propio Olmos se contradice cuatro líneas más abajo cuando dice que probablemente sea yo el primero que ha retratado un territorio mágico vasco o vasconavarro desde el punto de vista de una polla (o algo así, eso tampoco se entiende muy bien). Y luego lo de los navarros brutos, y tensos… Qué pesadez. Qué pereza. Igual es que todavía le dolía el culo después del viaje en autobús con su insufrible paradica en Soria.
El lector malherido podrá opinar lo que quiera, faltaría más, y yo le agradezco que haya hablado mal de mí (entre otras cosas porque supongo que a estas alturas que él, con su largúísima lista de daminificados, hable mal de alguien supone ganar un montón de nuevos amigos) pero me ha decepcionado, su crítica no me parece seria. La crítica, en definitiva, de la crítica podría ser : Plas, plas, plas, Alberto, ya has llenado otro hueco en el blog y has mantenido así el tipo de crítico capullo y enfant terrible. Pues nada, la próxima vez que vengas a Pamplona que sepas que también tienes el Alvia. Y , si no, los autobuses PLM, que vienen directos.

¡Oh, Janis, mi dulce y sucia Janis!, de Patxi Irurzun


Follar de papel es un género literario que gusta mucho en
Navarra, País Vasco y dos o tres continentes más. Follar de papel, en papel, o por el papel, viene siendo la polución escritural de los hombres, que necesitan correrse de mentiras porque la realidad suele tener dolor de cabeza, o estar con otro, comumente. La male fiction, entonces, suele proyectar al escritor a cantante de Kiss (que según afirma y con fotos se ha follado a 5mil tías), del mismo modo que la literatura femenina suele proyectar a la escritora a cuando tenía 20 años.

Patxi Irurzun nos cuenta en esta noveluela las aventuras de un actor porno de Pamplona. Esto es como el territorio mágico pero circunscrito a una polla. Vamos, lo de Faulkner con Jopatapauta y Benet con Región lo hace Patxi con Pamplona y una polla. Ver Pamplona en una polla. Seguramente nadie lo había hecho antes que él.
Yo creo que en Navarra tienen algunos problemas, que si no no se entiende lo brutos que son y lo derechas que tienen las calles.
Por Pamplona hay que ir con mucho cuidado, que está todo el mundo muy tenso.
La novela es bastante boba. El prota llama a su polla blacandéker y por ahí todo seguido la metaforía del camionero. A mí leer guarrindongueces me apetece a veces, pero los camioneros son personas con las que tengo mucho racismo, incluso si son negros.
Blacandéker. O: «subido al cohete de mi polla».
Así no se liga a las troncas, ni a los críticos literarios. Se nota aquí demasiado el sueño del macho, el destinatario asimismo macho y casi amigote, y la tinta sobre el papel apenas echa raíces.
Janis es cubana, por más obvio.

CRÓNICA A LA PATA LLANA DE UN GRAN FIN DE SEMANA

jun 12, 2011   //   by admin   //   Blog  //  1 Comment
El autor y Berta Bernarte, que presentó el libro tras ser convenientemente sobornada con jamón. Foto: Luis Azanza

Este ha sido un fin de semana rejuvenecedor. Hemos hecho hasta botellón. El viernes empezaron las fiestas de Sarriguren y fuimos al chupinazo. En una foto del periódico salimos en plan ¿Donde está Wally? En el recinto ferial, que está al lado de donde van a mear los perros, había unos piratas que enrolaron en su tripulación a toda la chiquillería, y una carpa en la que repartían bocatas de salchicha para los pequeños mientras sonaban canciones jevis, y un alcalde bebiendo cerveza en vaso de plástico, muy tranquilo, quizás ya sabiendo que al día siguiente continuaría siendo alcalde. Hacía mucho frío, eso sí, y nos quedamos pajaricos, cuando volvíamos a casa después del toro de fuego.
¿Donde está Patxi? Foto: Diario de Navarra

Al día siguiente los niños no ajustaron su reloj interno al horario de fin de semana y se levantaron temprano,pero estuvo bien, porque había que presentar el libro, preparar el jamón… Primero fui a recoger a mi editora Clea Moreno Szypowska a la estación. Es emocionante ir a esperar a una estación, y que además todavía se pueda fumar. Fumar, mirar un reloj de esos enormes, ponerse un poco nervioso con los retrasos… Parace una película en blanco y negro. Clea apareció cansada,después de una semana de presentaciones en Barcelona, el viaje… Venía con una maleta enorme en la que cabía todo ese cansancio descuartizado como un cadáver del que debía deshacerse. Aparcamos en la Rotxa, junto al río y ya había gente preparando los calderetes. En Pamplona todo estaba muy animado también. Los artistas comenzaban a tomar el barrio. Antes de ir a La hormiga atómica nos pasamos por alguna librería a dejar marcapáginas. En Abarzuza, Marcela nos dijo que habían vendido todos los libros. ¡Bien!

El autor y su cómplice escandalizados por el libro que ellos mismos presentaron Foto: Luis Azanza
Después fuimos a La hormiga atómica. Por allí ya andaba Javi, en representación de La Franziska, grandes siempre, que son los que me han hecho la promoción del libro arrojadizo (el video, por cierto, ya lleva casi cuatro mil reproducciones).

Luego fue llegando la familia, Anabel con el jamón, los niños correteando por ahí, entre libros de Chomski y La Internacional Situacionista... Fue una cosa muy familiar la presentación, el libro se caía de la mesa una y otra vez. Es un libro con mucha vida. Berta Bernarte estuvo brillante, qué soltura y qué risas nos echamos, y qué bonito todo lo que dijo sobre mi libro. Berta y yo hemos compartido muchos minutos en el mismo lado de la barrera, aguantando embestidas de «moglacos» que bufaban mucho, y poco más, pero a los que al final nos los quitábamos de encima con el capote de la risa y con bolsas de gominolas de Schleker. Me hizo mucha ilusión que estuviera otra vez sentada a mi lado. A última hora apareció por ahí el gran Jorge Nagore, que también fue compa de padecimientos y cornadas de esa que da el hambre y que también sacaba cada dos por tres la muleta de su ingenio, que lo tiene por arrobas, para espantar a la bestia, solo que él en vez de gominolas se tragaba doblados los luckistrais. Goio González Barandalla, del colectivo Malatextos, que también vino, y que nos regaló el título para la antología Hankover en su día, me dijo antes que Jorge me había citado ese día (11 de junio) en su columna de Diario de Noticias, y eso es como que te suban a los altares.

Después de dar buena cuenta del jamón, nos fuimos todos a echar un pote al Cordovilla, porque sale en el libro y nos pillaba cerca. Allá Luis Azanza nos sacó unas fotos, con el tino y la buena vista que le caracterizan, y por esta crónica van desparramadas.

Berta Bernarte adivirtiendo a los padres de los menores presentes de que iba a pronunciar palabras como lefa o cimbel Foto: Luis Azanza

Luego llevé a Clea a la estación de autobuses y nos despedimos hasta el viernes. Clea se fue con su gran maleta, en donde lo que no cabe es todo el valor de esta chica polaca y menudita. Hay que ser muy valiente para emprender una aventura como Eutelequia con la que está cayendo. Ojalá podamos ayudar en sacar adelante la nave.

Y de ahí a comer, con Anabel, los niños, mi madre, mi hermana y mis primos. Como hacía buen día nos sentamos en una terraza de la Plaza del Castillo. Yo me hubiera tomado a gusto una jarra de cerveza, pero tenía que conducir y además tampoco la habría gozado, porque mi hija Malen, a la que le acabamos de quitar el pañal y el chupete, todo a la vez, quería bajar a los baños del bar cada dos minutos, y si no se dedicaba a perseguir palomas por la plaza, como vaca sin cencerro. A gusto nos hubiéramos echado una siesta, como un borracho que pasaba por ahí y se tiró sobre el hierbín, un mes antes de la fecha prevista, pero había que volver a Sarriguren porque habíamos quedado para tomar café con algunos padres de compañeros de Hugo, con lo que también estuvimos más tarde haciendo botellón como adolescentes pero menos excesivamente, relajados, hablando de nuestras cosas, o sea, los niños mientras estos correteaban o se meaban -los más pequeños- por ahí. Después, ya de noche (que gozada, estos días tan largos, cuando a la diez todavía hay luz), otra vez toro de fuego, tiovivo y alguna que otra litrona más y a casa.

Por el camino, a a trote cuto, a Hugo, que, agotado y con sueño, iba medio en trance le salió alguna de sus frases, como «La vida no es una carrera». Malen llegó dormida y nos ahorramos muchos quebraderos de cabeza.

Esta mañana los niños nos han dejado dormir la mona, porque como estaban cansados se han levantado tarde, o sea a las 9 de la mañana. Yo he bajado a comprar curasanes y comprobar si era cierto lo del XL Semanal, que aparecía reseña de ¡Oh, Janis!, y sí, ahí estaba, mostrándose impúdica ante un millón y medio de lectores. Si uno de cada cien se comprara la novela agotaríamos veinte o treinta ediciones. Al volver a casa, he encendido el ordenador y tenía un mensaje de Francisco Javier Irazoki en el que me daba la enhorabuena por el artículo sobre mi libro en El mundo. Yo no sabía nada, así que le he preguntado a Google y he visto que habían sacado algo también en ABC vía Agencia EFE. Una mañana de gloria, pues (ahora solo falta que me hagan caso también los peródicos nacionales progres, para los cuales de momento no existo, y eso que Clea dice que esta es una novela anarquista). Aparecer en los papeles no sé en qué se traducirá, yo estoy muy contento pero soy algo escéptico -quiero ver por una vez la faja esa de segunda edición y saber qué se siente- pero de momento me ha servido para recuperar el contacto con algún compañero de los tiempos de los fanzines, como Kastelló, para que dos o tres desconocidos me pideran ser amigos en el facebook y para que por la calle me felicitara el electricista que estuvo apañándonos la casa cuando nos mudamos.

La camarera del bar Cordovilla muy interesada por este libro en el que se glosan sus fritos de pimiento. Foto: Luis Azanza

A la hora de comer, Malen se ha quedado dormida y hemos aprovechado para leer los periódicos y echar una siesta también nosotros. Es la primera en meses, aunque la idea era adecentar un poco la casa (que parece una leonera o, como dice Anabel, un hospital robado). Las casas son como organismos vivos, animales depredadores, como los pulgones que traen en un sinvivir a mi amigo y vecino Luis, en su huerta, cuando te descuidas un poco te invaden los juguetes, las pelusas, los montones de ropa para planchar crecen exponecialmente…

Nos hemos quedado toda la tarde en casa, que en el fondo es lo que nos gusta. Ahora, por fin los niños están dormidos y a Anabel, que acabó los exámenes hace dos días y aún no había podido leerse la novela, la oigo pasar páginas y reírse en la cama. Ha sido, en definitiva, un gran fin de semana.

GAMBERRO CON CAUSA

jun 9, 2011   //   by admin   //   Blog  //  No Comments





Y también dicen, sobre ¡Oh, Janis!, que es » una novela muy imaginativa y desternillante en la que su autor ha logrado convertir en literatura todo el cachondeo y la irreverencia de las páginas de El Jueves» (José Ángel Barrueco en «Escrito en el viento«) o que Dick Grande es una especie de Torrente vasco (Mario Crespo, en la reseña de abajo). Para acompañar esas palabras qué mejor que algunos de los dibujos picantes que ha incluido en el libro Miguel Ángel Moreno Gómez, el ilustrador de Eutelequia



¡OH, JANIS! EN ‘EL VIENTO QUE AGITA LA CEBADA’ de Mario Crespo


Patxi es un gamberro. No un gamberro común, un gamberro con creencias, con causa. He leído dos de sus libros (Ajuste de cuentos y éste) un puñado de cuentos y algún que otro artículo. En todos sus textos subyace un ramalazo confesional de su pasado, de su adolescencia, de las pajas y los granos, de las pedradas y los hurtos, de los conciertos y los magreos, que nos recuerda que el Patxi escritor es un niño travieso y juguetón que incomoda a sus padres con sus ganas de llamar la atención y agitar la cotidianeidad de la que sus personajes son víctimas.

¡Oh, Janis, mi dulce y sucia Janis! Memorias de una estrella del porno (amateur) es Paxti Irurzun en todo su esplendor. El personaje de Dick Grande y su historia, la del macho español criado en una ciudad provinciana y conservadora que se convierte en semental e ídolo de masas, nos lleva por medio mundo mientras persigue a Janis, la primera mujer que le descubrió el sexo de verdad, una prostituta de La Habana, y nos ofrece un submundo de bajos fondos desde donde el autor percute los cimientos de la sociedad occidental en general, la española en particular y la vasconavarra más en concreto.

No es sólo el sexo explícito narrado desde un punto de vista frívolo y jocoso lo que lleva a devorar la primera parte de la novela, sino la manera de avanzar y sumergir al lector en los avatares y desdichas de Dick. Por momentos lo escatológico, descrito con precisión, nos recuerda a un Torrente más vasco que español, pero guarro, al fin y al cabo. Tanto que consigue momentos realmente hilarantes en los que se puede reír a carcajadas.

La soltura con la que avanza una prosa poblada de comas y frases que se deslizan por las páginas como Dick por los barrios de Manila, hacen de estas doscientas páginas una entretenida novela pretendidamente punk y ochentera en la que el estilo, las referencias y la jerga sumergen al lector en el sueño de Dick. Un sueño que, como vemos en el giro final del epílogo, no sabemos lo que tiene de sueño. Recurso éste, el del giro final, que también utilizara el autor en su relato para la antología Viscerales, “Reliquias y jorobas”. Quizá lo menos me haya gustado es el, a mi entender, excesivo uso de paréntesis que acotan descripciones.

ESTE DOMINGO EN XL SEMANAL (o «El Houellebecq navarro»)

jun 8, 2011   //   by admin   //   Blog  //  2 Comments

Un pajarico me ha contado que este domingo en XL Semanal, el semanario con mayor tirada de España, «Se habla de» ¡Oh, Janis!, y para los incrédulos ahí arriba esta la reseña, que dice ni más no menos lo siguiente:

HOUELLEBECQ A LA NAVARRA
Terminantemente prohibido pasar por alto las andanzas de Dick Grande, mítico personaje de ¡Oh, Janis, mi dulce y sucia Janis! Su autor, Patxi Irurzun, deja claro al personal que humor y transgresión no están reñidos con la buena literatura. Eutelequia.

Glup. Ya han dicho de la novela que es el Quijote del siglo XXI, que su arranque no desmerece de los clásicos de ‘El Guardian entre el centeno’ o ‘Cien años’, que mejora a cada página… Yo me pongo colorado, pero, oyes, que digan, que digan…

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