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DON PADRE PERFECTO

ene 28, 2011   //   by admin   //   Blog  //  2 Comments

Ahí va una de mis últimas colaboraciones en Guía del niño:

DON PADRE PERFECTO

Es que no lo aguanto. Intento ser educado, pero cada vez que abre la boca todos mis buenos propósitos se hunden al fondo de la piscina en que su hijo y el mío aprenden a nadar. “Don Padre Perfecto” me saca de mis casillas, me hace sentirme “Don El Peor Padre del Mundo”. Una y otra vez. Vale, es solo media hora a la semana. Pero a mí se me hace eterna, insufrible… Primero, esa sensación de cebolla humana puesta en la sartén y aderezada con cloro, mientras me voy despojando en el vestuario del anorak, el jersey gordo…; después, las chanclas, que hemos vuelto a olvidarnos en casa, para regocijo de todos esos moluscos y hongos que ya veo trepar a través de las pantorrillas de H; y para rematar, M que no para quieta (por cierto, ¿dónde se ha metido M?)…

Pero sobre todo es él, Don Padre Perfecto, mirando por encima del hombro a H, que mientras se cambia ha convertido su polo en una camisa de fuerza, de la que yo me apresuro a liberarle.

—Es mejor no ayudarles, si no, no aprenden nunca— dice Don Padre Perfecto. Y luego se dirige a su “Hijo Autosuficiente”: —Muy bien Alejandro, ahora dobla los pantalones, eso es, por la raya, bravo, ya eres todo un hombrecito…

Alejandrito ya ha cambiado él solo y ha hecho tres largos mientras nosotros todavía nos peleamos con el gorro de piscina de H y yo pienso, como cada semana, que hay que comprarle otro, este de “Hotel Deloix (Benidorm)”, da un poco el cante, ojalá Don Padre Perfecto no lo vea, pero sí, reconoce a mi H, cuando se cruza con él, a pesar de las gafas de bucear quizás demasiado ajustadas que han convertido su cara en una morcilla de Burgos. Don Padre Perfecto chasquea la lengua cuando descubre también los pies descalzos de H, que además lleva las uñas de color rojo.

—Se empeñó. Le vio un día pintándoselas a su madre y…— me excuso (¡¿pero por qué tengo que excusarme?!)

Por si eso fuera poco, luego oigo llorar a una niña de una manera muy parecida a como lo hace M, y alguien abre la puerta de una taquilla y mi hija aparece convertida en un Gusiluz, con el abrigo todavía puesto…

—Con el calor que hace aquí dentro— me reprocha Don Padre Perfecto…

Y yo estoy a punto de estrangularlo, cuando entra al vestuario “Don Señor Muy Enfadado Que Acaba De Salir del Gimnasio De Hacer Pesas” y grita: “¿De quién es un monovolumen aparcado en doble fila?!”, y Don Padre Perfecto se encoge y contesta, muy bajito, “Mío, mío”, y yo entonces no lo puedo evitar, digo: “Al otro lado de la calle hay un montón de huecos libres”, y me siento malo, y a la vez me siento bien. Muy bien.

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