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ÚLTIMA CARTA A RATICULÍN

ene 12, 2020   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

 

marcianos-1906
Publicado en Rubio de bote, colaboración quincenal para magazine ON (diarios de Grupo Noticias) 11/01/2020

 

Querida mamá y querido papá y querido Gran Hermano Raticuliniano, tú que interceptas todas nuestras comunicaciones: os telepatizo desde este pequeño planeta azul llamado tierra, al que, como bien sabéis, he sido destinada para realizar mis prácticas de bachillerato entomológico y estudiar a esa curiosa especie de insectos llamados humanos, a los cuales poco a poco ya voy cogiendo cariño, a pesar de que, como bien ya os dije durante los primeros días de estudio me provocaban cierto rechazo por no decir puto asco.

La naturaleza de estos individuos es ciertamente curiosa y patética. Son seres contradictorios, gregarios y orgullosos, amantes de la felicidad y la diversión, de los juegos, la alegría, la música, celosos de su libertad, pero incapaces de vivir en paz y amistad entre ellos y de elegir a líderes que los gobiernen sin someterlos. La humana, por el contrario, es una especie en peligro de extinción, circunstancia que ignoran por culpa de su corta inteligencia y su orgullo desmedido, como bien os dije antes. Los humanos, por ejemplo, se quieren tanto a sí mismos que son incapaces de imaginar vida extraterrestre si no es como prolongación o deformación de su propia y subdesarrollada morfología. Los marcianos, como nos llaman, son para ellos siempre humanos a los que añaden antenas o pintan la piel de otro color (generalmente verde); sus medios de transporte, evoluciones ridículas (platillos voladores, naves propulsadas, máquinas del tiempo) del más habitual entre ellos, el coche, al que rinden un extraño y primitivo culto, hasta tal punto que un humano sin carnet de conducir es una subcategoría de la especie o de que las ciudades en las que viven están diseñadas para los susodichos coches en lugar de para las personas, como también se hacen llamar a veces los humanos, cuando se ponen muy humanos.

Los terrícolas son incapaces, uno, de pensar que un marciano puede ser también un paisaje o una flor, y mucho menos aún un pensamiento o un estado de ánimo; y, dos, de darse cuenta de que entre ellos mismos hay una abundante vida alienígena que se ha mimetizado con el entorno y que amenaza seriamente la supervivencia de la especie. Yo calculo que el 83% de los humanos son en realidad extraterrestres que se han infiltrado en la tierra con intención de dominarlos. La especie más destructiva, los hijoputas, ya se ha hecho con el control de todos los centros de poder por los cuales los humanos creen regirse a sí mismos y, así, son alienígenas hijoputas sus reyes, presidentes y generales, sus alcaldes, sus concejales de urbanismo y cultura, sus columnistas, sus banqueros y miembros de todos los consejos de administración…; tan evidente es que hasta los propios humanos lo saben, pero los hijoputas los mantienen a raya administrándoles una serie de somas altamente adictivos como son la televisión, el fútbol, la hostia consagrada,  el ordenador, las redes sociales, la democracia, el móvil, la hipoteca, la tarjeta de crédito y la del híper….

Pero, en fin, me estoy desviando. El caso es que, como bien os decía,  poco a poco voy sintiendo cada vez más curiosidad por el comportamiento de los humanos, hasta tal punto, papá, mamá y oh, tú, Gran Hermano Raticuliniano, que  he decidido suspender sine die mi retorno a Raticulín,  donde vengo ahogándome desde hace tiempo, y dedicar mi vida a salvar a esta desgraciada y apasionante especie de insectos abocada a la extinción y a luchar en la resistencia y la clandestinidad  contra los hijoputas.  Os echaré de menos, echaré de menos a mis amigas y a los raticulinos,  pero creo que hago lo que debo y me siento terriblemente humana tomando esta decisión. Sin otro particular, recibid un fuerte abrazo de vuestra hija que os quiere, padres amados,  y tú, oh, Gran Hermano Raticuliano que interceptas todos nuestros mensajes, un lapo en todo tu gran ojo vigilante de esta tu sierva que renuncia por la presente a serlo. Cambio y corto.

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