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PARTO MÚLTIPLE

ene 7, 2020   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

cuto

Publicado en Rubio de bote, colaboración quincenal en magazine ON (diarios de Grupo Noticias) 28/12/19

 

Sobre esto que voy a contar no suelo hablar mucho ni creo haber escrito nunca hasta ahora, a pesar de ser probablemente uno de los datos de mi vida personal que más repercusión pública han tenido, al menos en la prensa escrita (de la época): yo nací en un parto múltiple. En aquellos años, en la que la reproducción asistida estaba en mantillas, los nacimientos de trillizos o cuatrillizos, como fue nuestro caso, se convertían automáticamente en noticia, más aún si, como sucedió con nosotros, se sumaba la anómala circunstancia de que dos de los recién nacidos, mis pobres hermanas, nacieran unidas por el pecho, compartiendo un solo corazón, que apenas pudo resistir unas semanas, de lo cual con el tiempo todos nos alegramos en la familia, porque imaginábamos para ellas un futuro de fenómenos de feria.

Si las siamesas estaban inexorablemente unidas, en lo que respecta a mi hermano Sergio y yo creo que siempre hemos sido la excepción a esa regla que habla del especial vínculo entre hermanos gemelos o mellizos. Nunca nos ha dolido la barriga cuando al otro le sucedía lo mismo a kilómetros de distancia, ni hemos compartido afinidades, ni parecido físico, ni nos hemos llevado demasiado bien. Es más, desde hace años, ni siquiera nos hablamos, o lo hacemos más bien a través de nuestra madre, gracias a la cual sabemos el uno de la vida del otro. Tampoco recuerdo qué fue en concreto lo que nos distanció —aparte de, geográficamente hablando, el trabajo de Sergio—, pero supongo que se trató de una mera excusa o escenificación que acabara de certificar que no nos podíamos ni ver y que lo mejor para los dos era que cada cual siguiera su camino. Desde hace años, mi hermano Sergio Irurzun vive en Ginebra, tiene algún cargo de relevancia en la OMS, nunca he sabido cuál, del mismo modo que él nunca ha leído —o eso creía yo— ninguno de mis libros.

Sergio conoció el éxito profesional desde muy joven, siempre fue un buen estudiante y consiguió becas y Erasmus y trabajos en los que viajaba mucho y se hacía fotos con gente importante.  Yo, por el contrario, tuve que ir escribiendo a trancas y barrancas uno de esos curricula vitae que gustan tanto en las solapas de los escritores: trabajos de mierda, enfermedades, rechazos editoriales… Mi primera novela, Cuto a cuadros, por ejemplo,  pasó por las manos de 23 editores antes de convertirse en una obra generacional, una referencia a la hora de hablar de los salvajes 80 en Euskal Herria —esto no lo digo yo, lo escribió el famoso crítico literario Demetrio Lero—. Y en cuanto a mis trabajos, me ha tocado, antes de poder vivir de los libros, hacer de todo: peón de obra, repartidor, encuestador… Durante una temporada trabajé incluso para un circo. Bueno, en realidad, yo trabajaba para una agencia de comunicación, a la cual le encargaron hacer la publicidad de un circo que pasó por nuestra ciudad; y allá estaba yo (se ve que en nuestra familia no era tan fácil zafarse de aquel destino que parecía deparado a las pobre siamesas), no solo escribiendo los “¡Pasen y vean!” si no locutándolos desde una furgoneta con megáfono. Como la cosa parece ser que funcionó, meses más tarde hice lo propio para otro circo: una campaña electoral en la que llevamos la comunicación de un partido político. Y tiempo después me convertí en negro de su candidato, convertido hoy en día en alguien muy importante, y a quien escribía los discursos, en los que, por cierto, me recomendaron no utilizar conceptos muy elevados ni citas literarias porque nadie se las iba a creer (a pesar de lo cual yo siempre le colaba alguna estrofa de La Polla Records o de Eskorbuto).

A veces, ahora que, como todo el mundo sabe, soy un escritor conocido y multipremiado, echo de menos aquellos tiempos en los que escribía sin plazos y sin compromisos editoriales. Y echo de menos también a mi hermano. Hace apenas unos días, además, he sabido a través de un conocido común que Sergio pidió recibir en su oficina cada quince días esta revista para leer mis “Rubio de bote”. Y por eso he escrito este. Para volver a hablar con él, después de tanto tiempo; y para felicitarle en el día de nuestro cumpleaños —y el de nuestras pobres y queridas hermanas siamesas, Gilda y Olivia—, hoy, 28 de diciembre, día de los santos inocentes.

 

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