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METACOLUMNA Y JUMELAGE

jul 3, 2010   //   by admin   //   Blog  //  No Comments

Una columna de autobombo -sobre mi propia columna, Día D hora H, de hace años en Gazte Algara- ilustrada por Exprai en esta ocasión en jumelage con Kalvellido.

TABLÓN DE ANUNCIOS

La primera vez que escribí un cuento tenía cinco o seis años –hay que ver, tan pequeñito y ya tan desgraciado, contagiado por esa terrible enfermedad–. Fue en el campo. Me había destripado un dedo trepando a un árbol, cuando uno de aquellos anillos con sello se enganchó en uno de sus nudos, y ya no pude, ya no me dejaron seguir jugando con mis hermanos y mis primos, continuar taponando los hormigueros, meándome en las brasas de las fogatas domingueras… Fue entonces cuando, ¡voila! mi madre sacó de la chistera que es el bolso de todas las mamás un lápiz y un cuaderno, que todavía conservo y en la cual aparece garabateado aquel primer cuento. Cuenta la historia de unas mariposas a las que les gustaba oler las flores en vez de ir al cole, y cuando fueron mayores, se hicieron pelotaris, como mi abuelito, y restaban todos los tantos desplazándose rápidamente por el aire y recogiendo suavemente con sus alas la pelota… Cosas por el estilo, no importaba. Lo que de verdad importaba era que de esa manera podía seguir trepando a los árboles, y hasta encaramándome a sus ramas más altas, aquellas a las que sólo podía llegar con mi imaginación.
Todavía hoy, muchos años después, mientras el resto de los niños de mi edad se casan, tienen niños preciosos (un beso muy fuerte para la recién llegada, mi sobrinica Amaia), sacan sus oposiciones, sientan, en definitiva, sus cabezas, yo sigo, lápiz –ahora ordenador–, en ristre, dándole vueltas a la mía, mi cabezota, incapaz de bajarme de las frondosas copas de esos árboles imaginarios, donde se encuentran mundos maravillosos o extraños pero muy pocas peras, melocotones o higos que llevarse a la boca. Escribir, sñif, continua siendo llorar, pero tranquis, que no transcribiré a continuación la consabida lista de lamentos : las impersonalmente amables cartas de rechazo de las editoriales, los editores que juegan con tus sentimientos, prometiendo libros que nunca llegan a publicarse, los que te reciben calculadora en mano, los “encargos” de los “colegas” (otro saludo, éste a escritores, dibujantes, rockeros… gremios “altruistas” donde los haya; ellos entenderán de qué hablo–, las correcciones, recortes y errores como amputaciones en los textos …). A todo termina resignándose uno, incluso a esta enfermedad incurable que es lo del lápiz, o sea el ordenador, y el papel y que tantos sarpullidos provoca en la piel de la autoestima y en la de la cartera. A todo, excepto a que aquí al lado, junto a esta columnita, no aparezca mi careto. ¿Soy acaso más feo que los demás? Sí, lo soy; planteémoslo de otra manera: ¿soy acaso un monstruo?… Bueno, dejémoslo.
El caso es que, tantos años después, sigo escribiendo por lo mismo que cuando tenía cinco o seis años, en busca de un poco de diversión, de comunicación, y que de vez en cuando, muy de vez en cuando, o al menos más de vez en cuando de lo que yo quisiera y para lo que quisiera (para ligar, para ser sinceros, que es para lo que uno escribe –para que le quieran, en definitiva, y así ¿cómo?, si nadie sabe quien soy o nadie me cree cuando intento pegarme el moco–), pues eso que, muy de vez en cuando, a pesar de todo algún despistado o despistada me comenta que le ha gustado alguna de estas mis colaboraciones. Dicho lo cual, para todos esos perturbados que quieran respescar cualquiera de estos DIA D HORA H que el cruel género que es la colaboración periodística el columnismo, o como quiera Umbral que se llame, anuncio que he colgado, modestamente, todas ellas en la siguiente dirección web: http://salman.ws/diadhorah*

Y puesto que lo que comenzaba siendo un tierno y nostálgico relato infantil ha terminado convirtiéndose en un descarado tablón de anuncios publicidad, saludos a tutiplén –ahí va otro, este para mi socio y sin embargo amigo el dibujante malagueño Kalvellido, que es el que me retratado de tan impresentable guisa en el dibujico que acompaña, excepcionalmente estas líneas…), recuerdo también que a través de esa página se puede acceder a, ejem, ejem, mi vida, obra y milagros, enviarme vuestras apasionadas declaraciones de amor, propuestas indecentes o insultos –siempre que sean originales–, además de echarle un vistazo al ciberfanzine literario que edito, Borraska, de momento yo solito, pero que está deseperadamente abierto a todo tipo de ayuda y colaboraciones que le permitan supermineralizarse, como diría Super-ratón, antes de esfumarse, dejando una estela de humo y estrellitas, hasta la siguiente semana; hasta el siguiente Dia d Hora h, en este caso.

*El link no funciona desde hace años.

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