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En el diario La Opinión, de Zamora. (I)

Abr 11, 2009   //   by admin   //   Blog  //  No Comments

Me contaba una persona algunas anécdotas tras su reciente viaje a Egipto. Hubo una que me llamó mucho la atención. En El Cairo, los chavales que persiguen a los turistas para pedirles dinero o venderles algo le llamaban «Antonio Banderas». Quiere esto decir que, primero, identifican con rapidez a los españoles. Y, segundo, que no se puede ser más famoso de lo que es Antonio Banderas. Algunos colegas, cuando me relatan historias de sus viajes a Túnez o a Marruecos, dicen que la gente siempre se sabe el nombre de algunos futbolistas españoles. No es raro que los críos hambrientos canten al turista y al viajero una de esas canciones bochornosas que simbolizan la cara más kitsch de nuestro país. Los chiquillos que rodean al viajero en El Cairo y lo abrasan pidiendo algo (no necesariamente dinero: se conforman incluso con un puñado de bolígrafos), utilizan el nombre del actor español para identificar a la persona con el país y con un famoso. Es como si yo voy andando por mi barrio y veo a un chino y le digo: «Hola, Bruce Lee». Quizá se ofenda, pero lo entenderá. Aunque no debería ofenderse, sino sentirse halagado porque Bruce Lee ha sido héroe de varias generaciones. De la mía, por ejemplo. Yo quería ser Bruce Lee.Unos días después, leyendo un libro de Patxi Irurzun, encontré un pasaje en el que él y un fotógrafo visitan un pueblecito de pescadores de Filipinas y, allí, un muchacho con síndrome de Down les pregunta si conocen a Antonio Banderas. «Es un actor español», aclara el muchacho. Y no se refiere a si saben quién es, se refiere a si lo conocen personalmente. Creo que esa es la auténtica fama. Que ya no se puede ser más famoso de lo que es Antonio Banderas. Cuando conocen tu imagen y repiten tu nombre en los poblados de gente pobre, en lugares remotos donde los muchachos no tienen dónde caerse muertos pero han vivido lo suficiente para verse las películas más exitosas del cine occidental. Porque Banderas, aunque en los últimos tiempos ha encadenado demasiadas películas malas o flojas, fue durante una temporada el centro de atención de la prensa rosa y además es una de las imágenes del cine de Pedro Almodóvar. Pero creo que su fama en tierras remotas obedece a su personaje de Alejandro Murrieta, El Zorro, en dos películas auspiciadas por Steven Spielberg, tal vez el único director de cine cuyo rostro reconocen incluso los indigentes. Todo esto me recuerda un poco a la película «Slumdog Millionaire». Una secuencia simboliza lo que estoy contando. Aquella en la que el protagonista, de niño, encerrado en una letrina pública mientras el actor más célebre de la India llega de visita a su zona, es capaz de evadirse por el agujero de un sencillo retrete y chapotear entre la mierda y los meados para conocer a su estrella favorita y pedirle un autógrafo. Los muchachos que aparecen en el filme son pobres y están hambrientos y se buscan la vida en las calles y no tienen dónde caerse muertos, pero conocen y reconocen a la cara más popular de su cine.Tanto en el libro de Patxi Irurzun como en la citada película o en las anécdotas que me contaron sobre El Cairo, se observa que los pobres aprenden rápido las palabras más socorridas y necesarias en inglés o en castellano para comunicarse con viajeros y turistas. No hay mejores maestros que el hambre y la necesidad. Agudizan el ingenio y uno aprende idiomas sin recurrir a clases particulares ni a profesores de colegio, como hacemos en España, donde tardamos mucho más en manejar un idioma de lo que lo hacen, por ejemplo, los inmigrantes que veo por mi barrio. Estos se aprenden tacos, expresiones y cierta jerga en cuanto llevan cuatro días en el país.

Jose Angel Barrueco

100.000 salidos

Abr 10, 2009   //   by admin   //   Blog  //  No Comments

El blog LA POLLA MÁS GRANDE DEL MUNDO, en el que se narran por capítulos las andanzas de la estrella del cine porno Dick Grande, ha alcanzado en una fecha señalada y de recogimiento como ésta, viernes santo, la cifra de 100.000 visitantes, desde que la abriera en noviembre de 2007. ¿100.000 pajilleros, 100.000 despistados o 100.000 lectores de esos que leen con una sola mano?. Sea lo que sea, gracias a todos.

PAZLESTINA. De Juan Kalvellido.

Abr 9, 2009   //   by admin   //   Blog  //  No Comments

Mi compañero artístico y más que amigo Juan Kalvellido acaba de publicar en El viejo topo este libro sobre Palestina. Yo aporto mi grano de arena ¡con un poema! (que veré si me atrevo a subir a este blog). De momento, aquí va la información sobre el libro:

El tratamiento que el Estado de Israel ha dado a los palestinos de Gaza –y no sólo a los de Gaza– sólo puede calificarse de una manera: como crímenes contra la humanidad. Y no hay excusa que valga. Como a tantas personas, los crímenes cometidos por Israel en Gaza no dejaron a Juan Kalvellido indiferente. E hizo lo que mejor sabía hacer: denunciar este feroz intento de limpieza étnica con sus dibujos. Aquí se reúnen esos dibujos, realizados antes y durante la invasión. Son dibujos impregnados de dolor y de rabia, pero también de amor y de ternura. Son dibujos que ponen de manifiesto el cinismo con que Occidente contempla el drama palestino, dibujos que interrogan a nuestras conciencias. Son dibujos que nacen del corazón.
Diversos escritores, intelectuales, activistas de derechos humanos, etc., han puesto en este libro sus palabras al lado del trabajo de Kalvellido: Juan Goytisolo, Alfonso Sastre, Carlos Frabetti, Carlos Tena, Ángeles Maestro, Lidia Falcón, Belén Gopegui, Higinio Polo, José Maria Ripalda, Paco Fernandez Buey, Enrique Santiago, Armando Fernandez Steiko, Joan Josep Nuet, , Carlos Fernandez Liria, Benito Rabal, Santiago Alba Rico, Francesc Tubau, Pascual Serrano… El resultado, espléndido, constituye no sólo una denuncia inequívoca de la impunidad con que Israel viola los más elementales derechos, sino también un llamamiento para alcanzar la paz a través de la justicia.

El viejo topo. 136 páginas. 15 euros.

ARROTZ O LA BANDA DEL ABUELO EN GRUTA 77

Abr 9, 2009   //   by admin   //   Blog  //  No Comments
Arrotz

La banda del abuelo, grupo de rock forajido, entre cuyos miembros se encuentra mi amigo el escritor Josu Arteaga, acaba de subir a su myspace un nuevo video. Es el segundo single de su inminente nueva fechoría, MALPASO, y en el video aparecen imágenes de la fiesta por la segunda edición de Resaca / Hank over y algunas fotos que yo saqué aquella noche salvaje. También aparezco al final en los créditos (hay que tener una vista de águila para leerlos). Sobre la canción, Josu me escribe: «Hemos paseado un escarabajo pelotero por el careto de unos cuantos poloticastros y le hemos metido un zapping reflejo del mundo en el que vivimos. La cancion habla de eso, de sentirnos extraños siempre y en todo lugar. De cómo cojones sobrevivimos en medio de esta locura. En el estribillo decimos eso de: ETORTZEKE DAGOEN IRAULTZA ARROTZ EZ DEN BIZITZAN DATZA (LA REVOLUCION VENIDERA CONSISTE EN UNA VIDA NO EXTRAÑA).

ATRAPADOS EN EL PARAÍSO

Abr 9, 2009   //   by admin   //   Blog  //  No Comments


José Ángel Barrueco ha subido a su blog, además del fragmento de Ajuste de cuentos, otro de mi libro Atrapados en el paraíso, en el que cuento mi viaje al basurero de Payatas, en Manila. Este libro (finalista del Premio Desnivel 2004 y ganador del Premio a la creación del Gobierno de Navarra ese mismo año), además, está siendo traducido actualmente al francés (luego tocará buscarle un editor). Yo, por mi parte -y así me lo piden muchos lectores- no descarto intentar una reedición en castellano que le haga un poco de justicia. Ahí va el texto:

Junto al nuevo “check-point” había una pequeña “carindería”, en la cual unos cuantos militares, algunos de ellos evidentemente borrachos, mataban las horas bebiendo cerveza y espantando los miles de moscas que revoloteaban alrededor de las cazuelas. “Casa Mosca”, bautizamos aquel lugar, sin saber todavía que allá comeríamos más de un plato de arroz. Algunos de aquellos tipos se sumaron al grupo y todos juntos comenzamos a subir en dirección a la montaña. Resultaba dificultoso caminar, los pies se hundían en un barrizal impreciso, en el que afloraban bolsas de plástico destripadas, neumáticos rajados…; un barrizal que despedía un olor que era ya como una presencia física, casi como si uno de los tipos que nos saludaban te hundieran su gancho en la barriga y revolviera un poco. Por fin llegamos hasta la cima. Por un momento me quedé pasmado. Nunca había visto nada parecido. Entre pilas de inmundicia, que los camiones iban descargando sin tregua, cientos de personas desgarraban con sus ganchos las bolsas de basura, seleccionando el papel, el cartón, las latas…

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