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POLICÍA Y FILOLOGÍA

ago 6, 2011   //   by admin   //   Blog  //  No Comments

“Los ‘indignados’ acuerdan en asamblea no insultar a la Policía”. Y entonces ¿donde está la gracia? ¿Y en qué queda la indignación? Bueno, vale, insultar está muy feo, sobre todo cuando se hace sin gracia. Pero eso de que los antidisturbios son solo unos mandados, eso, no, no me jodas, eso ya no… Sobre el tema aquí va este cuento, que es también un ejercicio filológico.

1978

Creo que fue por aquella época cuando la policía cambió de uniforme: del gris se pasó al marrón. Los Escolapios, mi colegio, ocupaba una manzana entera con un patio como un gusano en el centro, junto a la Plaza de toros y el Parque de la Media luna y desde allí solíamos ver, los días que había manifestaciones, las camionetas de la policía aparcadas y a los antidisturbios ajustándose los cascos, colgándose los macutos con las pelotas de goma, fumando impacientes cigarrillos que olían muy raro… La parte de la Media Luna en la que estaba la Plaza de Toros colgaba sobre las viejas murallas como un balcón al casco viejo. Desde él se veían algunas de sus callejuelas y desde allí la policía podía disparar cuando abajo los jóvenes cruzaban coches.
Un día, uno de aquellos que había manifestación, cuando llegó la policía, alguno de mis compañeros dijo:
-¡Mirad, los grises!- pero los grises ya no eran grises.
-Ahora ya no podemos llamarles los grises- dedujo otro.
-Pues los marrones.
Hubo un silencio. Aquello de los marrones no sonaba bien.
-Los maderos- propuso alguien.
-Los monos.
-La pasma
-La bofia.
-Los txakurras.
Siguieron enumerando nombres, pero alguien dijo que esos no valían porque ya estaban inventados.
-¡Los mierdas!- dijo de repente otro chaval.
Los mierdas. Eso era.
-Los caca.
-Los zurrutos.
-La boñiga…

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