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HERMANOS

Dic 11, 2023   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
La historia real del abuso que sufrió la cantante de Pimpinela | Univision  Famosos | Univision

Publicado en Rubio de bote, colaboración quincenal para magazine ON de diarios de Grupo Noticias (09/12/23)

El amor fraterno siempre ha sido considerado una amor de segunda división, o ha generado mucha menos literatura y atención si lo comparamos con el materno o paternofilial o con el amor de pareja, acaso porque los primeros hermanos de sangre, nunca mejor dicho, acabaron como acabaron, con uno descalabrando al otro con una quijada de burro, lo cual tampoco me parece nada raro, pues los pobres tenían que estar como putas cabras, si tenemos en cuenta que debían soportar a sus espaldas la responsabilidad de perpetuar la especie humana cuando la única mujer sobre la faz de la tierra es tu madre.

Acaso por ello las relaciones entre hermanos tienen a menudo un punto de extrañeza. Un hermano es alguien que podrías haber sido tú mismo, alguien al que han sacado del mismo molde en otro momento de la cocción, alguien en el que te reconoces y a la vez es otro, completamente distinto a ti. Por supuesto, existen hermanos que a lo largo de su vida siguen siendo uña y carne, muchas veces unidos por una misma vocación o una pasión común, por ejemplo, Estopa, las hermanas Flamarique o Pixie y Dixie −bueno, estos igual no son hermanos porque uno habla en cubano y otro en mexicano−. Claro que también hay otros hermanos en la misma situación que acaban emulando a Caín y Abel y tirándose los trastos a la cabeza, como Noel y Liam Gallagher, por no hablar del dúo Pimpinela, que tienen que convivir con el incómodo dilema del incesto, aunque sea solo en un sentido artístico. Pero, por lo general, los hermanos, tras haber compartido en la infancia y juventud momentos imborrables, secretos, cuarto de baño, lazos irrompibles, llega un momento en que separan sus caminos sin que esto se convierta en algo traumático sino natural, ley de vida.

La procreación y la reproducción son, en ese sentido, un misterio y a la vez una obra de arte, una especie de fábrica capaz de crear ejemplares únicos. “¿Cómo pueden, siendo hermanos, ser tan distintos entre sí?”, se preguntan a menudo muchos progenitores al ver a sus criaturas. “Mi hija me trae siempre muy buenas notas”, me comentaba, por ejemplo, hace unos días una madre. “Mi hijo, por el contrario trae notas, sin más, pero todos los días: hoy no ha hecho la tarea, hoy ha llegado tarde, hoy lo hemos expulsado de clase…”. Y añadía, con un admirable sentido de la pedagogía: “Pero yo siempre le digo que él, en lo suyo, también es brillante”.

Y tenía razón, esa madre había comprendido perfectamente la naturaleza humana y la singularidad de cada uno de los millones de hermanos que la componemos. Ahora solo queda que el muchacho reconduzca toda esa capacidad para desestabilizar y acabe convertido en lateral derecho del Alavés o líder de la clase trabajadora.

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