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ENTREVISTA A KUTXI ROMERO (MAREA) EN MAGAZINE ON

Dic 15, 2019   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

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KUTXI ROMERO

 “Preferimos las mentiras para vivir con tranquilidad” 

Kutxi Romero, cantante y letrista de Marea. Lector voraz; poeta, y de los buenos, aunque lo niegue tres mil veces; enemigo de las entrevistas; lengua afilada y certera; inteligencia siempre al sprint. Al frente de su grupo, el último de los grandes grupos de rock urbano, enfila la recta final de una gira que ha reventado pabellones y que se arrima en sus últimos bolos a casa.

 

Patxi Irurzun / Fotos: Unai Beroiz/ Publicado en suplemento ON (Deia, Diario de Navarra, Gu¡iouzkoa y Alava)

 

La cita con Kutxi Romero está puesta en la Plaza Marea. No es ninguna fanfarronada. Es allí, en ese rincón de Berriozar dedicado a sus hijos predilectos, donde se encuentra el Kutxitril, la bajera, la guarida en la que este bandolero del rocanrol le roba versos y rasgueos de guitarra a un aire que en realidad es puro humo de tabaco rubio. Si las paredes del Kutxitril hablaran la Audiencia Nacional colapsaba. Por este pequeño museo del rock urbano (en esas paredes están colgados varios discos de oro o los originales de algunas portadas del grupo)  han conspirado hasta el amanecer príncipes y maletillas del rocanrol y la literatura. Muchos de ellos se han quedado en la bajera para siempre, en fotografías en las que aparece Kutxi junto a Rosendo, Fito, El Drogas… Kutxi es solo un chaval que los mira con los ojos brillantitos, en las más viejas. En las más recientes, aparece junto a ellos compartiendo escenario de igual a igual. A pesar de ello, y de que Kutxi escribe como los ángeles —de cuero—, el cantante de Marea repite una y otra vez que él solo es un intruso.  Pero lo hace solo por humildad y respeto a los maestros. Y porque es una persona educada, como a él le gusta la gente. Sin ir más lejos, Marea acaba de volver de su gira europea, y antes reventaron pabellones por toda España, telonearon a Bon Jovi o volvieron a encabezar la lista de discos más vendidos con su último trabajo: El Azogue. Hoy mismo estarán tocando en casa, en el Navarra Arena de Iruña y el próximo día 28 en Bilbao, antes de volver a echar la persiana, no se sabe —con los Marea nunca se sabe— hasta cuándo.

 

¿Se imaginaban en Marea, cuando empezaron hace ya más de veinte años, que acabarían  llenando pabellones, haciendo giras por Europa, América, o teloneando a Bon Jovi?

Eso no se lo imagina nadie. Todas las bandas grandes, o populares, tienen algo en común, y es que el triunfo ha sido una consecuencia, no una finalidad. Cuando nosotros empezábamos nadie pensaba más allá de tocar en bares y ver si conseguía cien mil pesetas para poder grabar una maqueta, esa era la finalidad, era el arte por el arte,  crear por crear, parecen tópicos, pero es la puñetera verdad, y eso significaba que tú ibas al local y no te autocensurabas, no pensabas si  lo que hacía ibas a gustar o no, si la canción era larga o corta, cómo iba a ser el vídeo… Mi generación quizás fue la última con esta mentalidad. Ahora la mentalidad es otra: “Vamos a hacer una canción y a colgarla en internet a ver si funciona; o “Vamos a hacer un videoclip de puta madre”; o “Llevo un mes tocando y ya me voy a poner un caché guapo, porque soy un musicazo”. Yo creo que las nuevas generaciones ven todo como un medio para llegar a eso. Pero para nosotros crear, hacer canciones y tocarlas con tus amigos en el local, era el fin. Y en esas seguimos. Nosotros, y Evaristo, Fito, El Drogas… Todo lo demás, es solo una consecuencia.

¿La portada de El Azogue es un pequeño homenaje a esos orígenes y esa manera de trabajar?

Sí, es muy gráfica, un pico, una pala, varias herramientas de obra hacienda una especie de pira, de tal modo que si quitas una se cae todo. Nosotros siempre hemos defendido que si uno de los cinco Marea no quiere o no puede tocar, esto se ha acabado, porque no somos ni una ETT ni un equipo de fútbol. Si a una mesa le falta una pata, sigue siendo una mesa, pero cojea.

Cuando empezaron, de hecho, ustedes tenían ese tipo de trabajos, trabajos de pico y pala…

Sí, y hasta el 2002 o así, que ya habíamos pegado el pelotazo,  seguimos en ellos, porque no salían las cuentas. Pero en realidad nosotros no nos fuimos de los curros, los curros se fueron de nosotros, porque cada vez íbamos menos días. Éramos peones de la construcción, limpiadores de marquesinas… Yo creo que si mañana mismo llamamos a nuestros curros anteriores nos cogerían otra vez, porque no me parece que el sistema de funcionamiento de una carretilla o de una paleta haya cambiado mucho.

El primer disco de Marea se grabó gracias al dinero que usted ganó en un concurso de cantautores…

Sí, sí, los encuentros de artistas jóvenes del Gobierno de Navarra. Y fui a eso, a ganarlo. Vi un cartel por la calle, leí que daban doscientas cincuentamil pesetas y se lo dije a Kolibrí, el guitarrista de Marea: “Voy, lo gano y con ese dinero grabamos el primer disco”. Y así fue. Pero lo mejor de todo es que nadie puso en duda que aquello no iba a pasar. El disco nos costó trescientas mil pesetas, Carmen (la compañera de Kutxi) nos dejó las cincuenta mil restantes, que todavía dice que se las debemos, yo creo que no, pero de todos modos  a ver dónde encuentro yo ahora cincuenta billetes de mil.

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Aquí, en el Kutxitril, hay muchas fotos de aquella época, y de otras posteriores también, usted con muchos de sus maestros, los artistas a los que admira, Rosendo, El Drogas, El Cabrero, Robe… ¿Se siente un alumno aventajado?

No, qué va, yo lo que me he sentido siempre ha sido un intruso en todo lo que he hecho. Para empezar en la literatura. Yo no soy poeta, poeta será David González, que es un escritor que se dedica en cuerpo y alma y las veinticuatro horas del día a eso, a pensar en la poesía. Yo si me pongo a pintar esta pared y alguien me pregunta: “¿Es usted pintor?”, le digo  “Para, para, yo no soy pintor, soy el que pinta, que no es lo mismo”. Yo no me he dedicado plenamente nunca a la literatura ni a la música ni a nada. Músico es El Drogas, que ha sacrificado toda su vida a su carrera, y hay que ser muy valiente para eso, porque en la balanza todo se inclina hacia ese lado y todo lo demás, supongo, se descompensa y se resiente. Para mí eso es un músico de verdad. Y yo por eso salgo con tanta tranquilidad a todos los sitios a los que voy, nunca he tenido nervios, porque es como si esos sitios no fuesen los míos y no tengo que demostrar nada. Y así llevo ya, a lo tonto, 28 años.

Sin embargo, algunos de esos maestros sí le tienen a usted como un referente, El Drogas, por ejemplo, que repite siempre que de usted aprende mucho…

Hombre, yo sí he sido algo ha sido un buen seguidor de grupos. Y un buen lector. Y  eso me ha servido para las letras de mis canciones. Con quince años yo ya era un lector indiscriminado. Entonces estaba muy enganchado a Miguel Delibes. Me leí Las ratas tres veces seguidas. Pero de repente llegó Bukowski y me dije: “¿Pero esto se puede decir?”.  Y luego Henry Miller, Burroughs, la generación beat… Cuando conocí a Enrique sus lecturas eran muy dispersas, y, sí,  le comencé a pasar cosas, libros, igual por eso lo dice.

En sus letras  — por ejemplo en este disco en Jindama o Pájaros viejos—  hay siempre alusiones y homenajes a sus músicos y escritores referenciales, Rosendo, Robe Iniesta, Lorca, Miguel Hernández…

Sí,  y siempre son los mismos. La gente que contaba la verdad y era verdad lo que hacía. La verdad es muy interesante, porque ¡se ve tan poco! Preferimos las mentiras para vivir con tranquilidad.

Una de esas canciones, Pájaros viejos, ha dicho usted que en realidad es una canción sobre la muerte

Sí, porque no quiero que se vaya la gente que me ha hecho ser lo que soy, no quiero que se derrumbe mi raigambre. La muerte es inevitable, llegará y no seremos más que pellejo. A mí me gustaría ser católico, o creer en alguna religión que crea en la reencarnación o en la transmigración de las almas. Sin embargo, los católicos, que tienen después una vida eterna, son los que más temen a la muerte. ¡Pero si deberían estar deseando que llegue! A algunos si quieren los mato yo, y les hago un favor. Qué paradoja, a mí que creo que cuando la hinques sanseacabó la feria, no me da miedo la muerte… Sí,  me gustaría ser católico, y creer en esa otra vidorra, bueno, no, porque igual entonces estaría muerto hace ya quince o veinte años.

¿Y a qué le tiene usted jindama, es decir, miedo?

Yo solo me tengo miedo a mí mismo. Pero el miedo, en el fondo, está bien, el miedo te hace estar alerta, es una buena defensa.

Volviendo a sus letras, en alguna ocasión ha dicho que en Marea, musicalmente hablando no han inventado nada, pero lo que es incuestionable es que su manera de escribir tiene el poso de esas lecturas, pero también mucho peso propio.

Sí, bueno, sí que siento que he creado  una manera quizás más poética de contar, pero que es consecuencia de la mezcla de esas grandes bandas, sobre todo  cuando aparece  Roberto Iniesta (Extremoduro), que para mí, y para todos, en realidad, es la pieza clave en esto, es él quien empieza a contar las cosas como nunca se habían contado. Y eso más la tristeza de Los Suaves, más la bravura de Barricada, más lo críptico de Rosendo…

Pero, insisto, usted tiene una voz literaria propia y muy potente, que además en El Azogue suena especialmente afinada e inspirada.

Bueno, igual sí tengo una voz propia, pero me parezco mucho a mi padre y a mi madre.

Por ejemplo, podría elegir cualquier verso al azar, pero en este en particular usted escribe “al fondo de mi alma hay un pozo pero la soga no alcanza”. Y a mí eso me ha hecho pensar en la introspección, en algo que suele decir David González, el poeta que ha mencionado antes: “Yo escribo para limpiarme”.

Para mí escribir no es un refugio, solo escribo para saber lo que pienso, no tengo una opinión clara sobre nada hasta que no lo escribo, y a veces me da mucho miedo lo que pienso.  Es mi manera de hacerme justicia, como decía otro gran poeta, Karmelo Iribarren. Cuando leo lo que he escrito pienso que está bien que lo haya escrito, porque si no, si en vez de un boli tuviera una pistola, estaría en el talego.

De hecho, en una entrevista anterior usted me decía que ahora incuso podríamos acabar en el talego también por eso, por lo que pensamos, no por lo que hacemos.

Sí, y ya está pasando. Lo que no sabemos es si prescribe el pensamiento, es decir si yo hoy te digo en esta entrevista que pienso que me encantaría ver mañana un linchamiento público de Casado, Rivera, Sánchez y Abascal, y va un juez y me llama a declarar y le digo: “No, no, pero eso era ayer, hoy ya no”,  ¿eso prescribe?

Centrándonos en algo más anecdótico del disco, para el video de En las encías, contaron con la colaboración de Poli Díaz, El Potro de Vallecas. ¿Cómo fue la experiencia?

Surrealista. El guión para ese vídeo ya estaba hecho, era algo muy gráfico, algo que representara el resurgir, volver al ring, a la batalla después de tantos años, y solo faltaba el actor. Y entonces pensé que solo podía ser él, Poli Díaz, la resiliencia hecha persona. Contactar con él fue complejo, porque  para llegar hasta su casa, en Madrid, hay que pasar ocho vías, un descampado con lavadoras, un campo con cereal, unas chabolas,  al final un camino a la izquierda… Alguien nos dijo que solía parar por un bar y dejamos allí un teléfono. Y a la semana y pico llamó. La conversación fue surrealista, él me hablaba de lechugas,  de no sé qué pieza de motor de un coche, pero al final, no sé cómo, nos entendimos. Luego, a la hora de grabar el vídeo, fue todo muy fácil,  hacía un frío terrible y él estaba en calzones, le echábamos cubos de agua para que pareciera sudor, y Poli ni se inmutaba, porque para todo lo que ha vivido eso era una menudencia. Nos dio también muchas instrucciones sobre boxeo, y salió un vídeo espectacular. A raíz de eso empezó a aparecer otra vez en los medios y ahora mismo parece ser que van a hacer una serie, que ya era hora, porque si Poli fuera americano tendría ya tres películas. Él, por lo demás, está bien, está limpio, corre todos los días, se cuida físicamente…

Marea siempre ha funcionado de un modo que no suele ser habitual, ustedes sacan disco, hacen gira, y solo se vuelven a juntar cuando los cinco tienen ganas…

Las ganas generan todo, la inspiración, el duende. Si a mí ahora mismo me viene una frase genial pero no tengo ganas de levantarme a escribirla, se pierde. A mí no me va a pasar lo que a Picasso. Si la inspiración te tiene que pillar trabajando a mí no me va a encontrar. Hay que tener ganas, y en el caso de Marea tenemos que tener ganas los cinco a la vez, lo cual es difícil, pero a la vez esa conjunción es una maravilla, cinco cohetes encendidos a la vez generan mucha potencia. La mesa tiene que estar firme, si está coja no vale. Igual tienen que pasar tres, cinco o diez años, claro. Con nosotros nunca se sabe. Pero creo que funcionar así es muy necesario. Hay gente que dice que eso podemos hacerlo nosotros que tenemos pelas. Pero cuando no teníamos pelas también lo hacíamos. No vivimos en el cuerno de África y nos podíamos buscar la vida. A otros grupos les decimos que hagan lo mismo, que tengan grupos paralelos. Nosotros, de hecho, así nos damos cuenta cuando nos juntamos de lo bien que estamos con Marea. Es como cuando Maki Navaja mandaba al Popeye y al Moromierda un día al año a trabajar a la obra, para que vieran lo bien que vivían el resto del tiempo.

Marea, ciertamente, es un grupo muy popular, llenan pabellones, tienen discos de oro y platino…  ¿Cómo lleva usted la fama?

Yo la llevo bien porque a mí solo me conoce la gente del rocanrol. Y ya me cuido yo mucho de no ser una cara popular. Mi vecina igual no ha escuchado a Fito en la vida, pero si lo ve por la calle sabe quién es. Sabe que es alguien de la tele. Fito no puede ir a ningún sitio, ni a correr. Yo si voy a un concierto de Los Suaves, sí, me van a venir quinientos a hacer fotos,  pero si voy a ver a El barrio, que le gusta a Carmen, solo soy otro tonto más con sombrero entre cuatro mil; o si voy al cine, me reconocerá el rockero que haya en el cine, nadie más.

Berriozar, su pueblo, en ese sentido le ha ayudado mucho a mantener los pies en el suelo…

Ser de pueblo te permite ser el hijo de la Inés. Todavía hoy hay gente que me pregunta a qué me dedico, aparte del grupo. Mucha gente no sabe que yo como de esto. “Sí, sí, tiene un grupo, pero de qué vive, si no yo no he visto al gandul trabajar en veinte años”, dicen. Mi abuelo también lo decía, que yo no podía ser muy buen artista porque no me había visto en la tele. Lo que no saben es que de la tele me llaman mucho pero yo no voy. Entre otras cosas porque hoy en la tele no hay entrevistados, hay entrevistadores, que quieren ser solo ellos los que brillen. Y yo el papanatas lo hago en mi casa. A mí para que me vengan a ver cobro. Aparte de que la tele engorda.

La que es una estrella, o la famosa de la familia es su madre, ahora que la menciona.

Bueno, ahora está retirada, pero creo que va a volver. Canta en un coro rociero, misas cantadas, bautizos… Y sí, en la gira anterior ella hacía más bolos que Marea, sesenta o setenta al año.

Para acabar, ¿se sigue viendo usted de mayor tocando en Benidorm?

Sí, me veo como María Jesús y su acordeón, o Arévalo, contando chistes de tartamudos, en algún bar de un lugar con costa, buena temperatura, que me vendrá bien para los huesos, y alguien que viene y me dice, “Tócame El perro verde, que me enamoré con ella de mi mujer hace noventa años”. Y no me parece mal, envejecer sin dignidad me parece maravilloso. Y en cuanto a los Marea no sé qué va a pasar. Nuestro guitarrista César, que es bastante reservado pero que cuando habla le hacemos mucho caso, porque dice cosas con mucho juicio, suele contar que a partir de los cincuenta y particularmente en el rocanrol no se hace otra cosa que el ridículo (salvo honrosas excepciones). En fin, no sé, de momento han sido veintidós años con  Marea y se han pasado en veintidós minutos. Y para lo gandul que soy, me parece que ya he hecho cosas. Y, además, no he tenido que volver a coger la paleta, de hecho hace dos o tres años la tiré, porque si no siempre había algún colega que me pedía que le alicatara el baño.

 

PATXI IRURZUN

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Patxi Irurzun, David González y Kutxi Romero hacia 2002

 

 

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