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EL EXILIO INTERIOR

Ago 18, 2025   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
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Publicado en Rubio de bote, colaboración quincenal para magazine On (diarios Grupo Noticias), 16/08/25

Ojos barrenderos. La expresión la utiliza el escritor Miguel Salabert en su novela El exilio interior para referirse a alguien cabizbajo, con una mirada humillada. Y la utiliza de una manera tan natural que al leerla pensé que se trataba de un término de uso común, más o menos habitual en algunos lugares.

El exilio interior refleja los años, lúgubres, terribles, de la posguerra española, en los que millones de personas tuvieron que vivir de esa manera, con los ojos barrenderos, enterrados en vida por una losa de silencio durante los cuarenta años de paz franquista −la paz de los cementerios−, habitando ese exilio interior al que Salabert alude en el título. Escrita en la década de los 50 del pasado siglo, la novela fue traducida y publicada por primera vez en francés en 1961. Después vendrían otras ediciones en inglés, húngaro o griego. Y solo en 1988 llegaría a las librerías de España, en su idioma original.

Curiosamente, si bien la novela fue silenciada durante todo ese tiempo, el título de la misma, El exilio interior, se socializó hasta convertirse en un concepto recurrente para referirse a ese último reducto de libertad, ese búnker que son la mente y las ideas y principios de cada persona, que el totalitarismo, la injusticia, las circunstancias adversas, no pueden asaltar. El propio Adolfo Suárez utilizó el término, ante lo cual Miguel Salabert replicó: “Cuando un Adolfo Suárez u otro cualquiera de sus congéneres emplea una expresión de cuño literario, ya puede decirse que esta se ha convertido en un lugar tan común como un urinario público, aunque de mucha menos utilidad”.

Por lo demás, la novela nos regala hallazgos literarios maravillosos, esos ojos barrenderos que el autor deja caer, sin darle importancia, en una frase corriente de la misma; pinceladas de humor (la primera parte es casi una novela picaresca, ubicada en la infancia del personaje durante la guerra y los primeros años de posguerra, los años inhabitables, como los llama él); o un demoledor retrato de la universidad franquista y la desesperada autodestrucción de sus mentes más brillantes, con algunos descensos a los infiernos que anteceden a los que describiera Luis Martín-Santos en Tiempo de silencio.

Reeditada por Hoja de lata, con prólogo de Isabelle Touton y Germán Labrador, y con epílogo de la hija del autor, la escritora Juana Salabert, la lectura de El exilio interior nos hace recordar, por otra parte, que también hoy en día hay millones de personas exiliadas dentro de sí mismas (por ejemplo, aquellas a quienes no se reconoce su talento, usurpado por oportunistas o por otros con menos escrúpulos y más dotados para la sociedad del espectáculo) u obligadas a sobrevivir −sin papeles, acechadas por la violencia machista, la pobreza, el desahucio, el racismo…− con ojos barrenderos.

EL VERANO QUE FUI BARRENDERO

Jul 21, 2025   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Publicado en Rubio de bote, colaboración quincenal para magazine ON (Diarios Grupo Noticias) (19/07/25)

El verano que fui barrendero me intentaron corromper, como si fuera un número dos del PSOE cualquiera (o uno de sus guardaespaldas). Por cierto, tampoco había que ser un sabueso o un Perro Xanxe para darse cuenta de que personajes como el tal Koldo, trigo limpio no eran. En el caso de Koldo estaban, además, los antecedentes penales: fue condenado en 1995 por romperle varias costillas a un vecino del valle de Aranguren cuando trabajaba como segurata en las obras de un controvertido vertedero; y en 2010 volvió a ejercer de matón, en este caso apalizando a un menor que cometió el grave delito de entrar con una camiseta con el lema Independentzia a un bar en el que se encontraban varios aficionados de la selección española. Por lo que se ve, depende de qué pecadillos se perdonan. De hecho, Koldo fue indultado de su primera condena (y lo hizo, por cierto, Aznar). Dejamos para otro día cómo en España un violento gorila de discoteca puede llegar a las cotas de poder que, al parecer, ejerció el tal Koldo.

El caso es que, volviendo a mi trabajo como barrendero, al contrario de lo que piensa mucha gente, fue un buen trabajo. Realizaba mi ruta en solitario, lo cual me permitía, por una parte, dejar que mis pensamientos revolotearan en mi cabeza como si fueran hojas caídas de los árboles, que después recogía y echaba al capazo, y, por otra, convertirme en una especie de espectador invisible de la ciudad, que sabía por dónde se movía cada cual, de dónde salía, a dónde entraba, con quién…

Una parte de mi recorrido discurría por una zona de chalets, en la puerta de uno de los cuales una vez me abordó una simpática ancianita que, tras un rato de conversación, me alargó un billete de cinco euros. Al principio pensé que se trataba de una de las muestras de solidaridad que algunas personas solían tener con quienes trabajábamos en la calle, a pleno sol (en algunos bares nos invitaban a refrescos o a algún pintxo, por ejemplo), pero después la ancianita dijo: “Bueno, pues aquí −señalando la puerta de la que, deduje, era su casa− ¿ya limpiarás un poquico mejor, eh, majo?”.

Yo ya había rechazado su propina insistentemente, pero tras aquella frase lo hice con una vehemencia tan evidente que de golpe los ojos de la simpática ancianita se convirtieron en dos ametralladoras de odio y clasismo con las que me fusiló, antes de darse muy digna la vuelta.

La corrupción a gran escala supongo que funciona de una manera parecida: gente que considera que puede comprar privilegios con dinero y gente que acepta este sin sentirse mal por limpiar a cambio un “poquico” mejor la puerta de unas casas que la de otras. Todo ello con una naturalidad −la naturalidad con la que la anciana quiso ganarse mi favor− aterradora, que muestra, en definitiva, que la corrupción no es un problema sino una costumbre.

LA RUTA DE LAS GARGANTAS QUEBRADAS

Jun 17, 2025   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Boni (Barricada) | @ XVIII Certamen de Rock de San Adrián (5… | Celes  Pellegrini | Flickr

Publicado en «Rubio de bote», colaboración para magazine ON (diarios Frupo Noticias) 01/09/2024

Retomamos por un día, a petición de algunos lectores, la subsección «Seis grados» y en esta ocasión vamos a intentar rizar el rizo, pues, además de hacer el recorrido circular, las personas que conectemos compartirán una característica: todos ellos son músicos con una zarza en la garganta.

Comenzamos con Lemmy Kilmister, el cantante de Motörhead, de quien versionó el tema Ace of spades el grupo salmantino 1945 con la colaboración de otro artista de voz aguardentosa: Kutxi Romero. “Quien no quiere a Barricada no quiere a su madre”, ha proclamado en alguna ocasión el cantante de Marea, y como buen vástago él regaló a sus progenitores artísticos la canción El trompo, interpretada por Boni, la voz más desgarradora del rock urbano, que nos dejaría huérfanos hace tres años al fallecer como consecuencia de un cáncer de laringe.

Otra Boni, Bonnie Tyler, la cantante galesa con una sima en la garganta, imprimió en nuestras meninges himnos como It’s a heartache, traducido al cancionero popular como “¡Qué se vayan, diles que se vayan!”. A Tyler la han comparado a menudo con Rod Stewart y de hecho los dos grabaron juntos una canción, Battle of the sexes, en la que resulta difícil distinguir sus voces… y sus peinados.

Rod Stewart, por su parte, es autor de una canción titulada Forever young, es decir, igual que la de Bob Dylan. Tan igual que Stewart tuvo que compartir los derechos del tema con el Premio Nobel de Literatura, a quien también versionó Joaquín Sabina en otro tema: El hombre puso nombre a los animales. Se dice que a Dylan no le gustó nada la versión de Sabina y que prohibió a este interpretarla. Cosa que no hizo el de Úbeda con Mikel Erentxun en el disco Tributo a Sabina, donde el donostiarra del diente mellado reinterpreta Lo niego todo.

Erentxun, me dirán ustedes, no pertenece al club de las gargantas arenosas, pero sí su compañero en Duncan Dhu, Diego Vasallo, y a ambos ha acompañado en alguna ocasión como músico durante sus giras el beratarra Joseba Irazoki, quien a su vez ha colaborado habitualmente con su paisano Petti, el cual grabó un disco compartido con Barrence Whitfield, músico que ha acompañado en alguna gira a Tina Turner, quien ha hecho más de un dueto con Joe Cocker. Cocker, a modo de curiosidad actuó en 1989 en Alsasua en un festival a favor de la ikastola local, donde seguramente incluyó en el repertorio su famosa versión del tema de los Beatles Whit a little help from my friends.

Y de otro tema de los Beatles, precisamente, Back in the USSR −y con él terminamos, es decir, regresamos una vez más a nuestro punto de partida−, hizo igualmente una versión uno de sus fans más inesperados: el terrible cantante de Motörhead, Lemmy Kilmister.

Acuchillando el cielo

Jun 12, 2025   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
Publicado en «Rubio de bote»

No sé cómo lo hacía, pero a principios de los ochenta mi hermano conseguía sintonizar con un transistor la radio de la policía y aquella frecuencia era la que contaba lo que de verdad pasaba en la calle. “Charli 2 a Bravo 1, Charli 2 a Bravo 1 ¿me recibe? Hay una barricada de fuego en la Avenida Villava”.

Por aquella época apareció también de repente otra emisora al fondo del dial: Eguzki Irratia. Nuestras botas sabían cómo olía el suelo e Iruña era una ciudad gris, sin primavera, de cielos plomizos colocados sobre las cabezas por angelotes asexuados a sueldo de Opus-Dei y los PTV (Pamplones de Toda la Vida). Una ciudad llena de chavales que vivían y morían deprisa en los baños de los bares o de la estación de autobuses con una amapola colgando del brazo, dentro de una jeringuilla. Pero también era una ciudad llena de gente que acuchillaba el cielo para que entrasen unos rayos de luz, que daba patadas en las puertas, que gritaba, que se plantaba, que pintaba muros, que se divertía, que robaba las gorras a los munipas o beatificaba a monos presos y onanistas. Era la gente de la Eguzki Irratia, emitiendo desde un portal de Navarrería en el que tenían su sede colectivos antimilitaristas, ecologistas, feministas, internacionalistas… y de los que la radio era su voz. El dial de la Eguzki se hizo fijo en nuestros transistores. Mi hermano dejó de piratear a la policía. La propia policía era quien escuchaba ahora la Eguzki y entraba en antena: “Vascos de mierda, como vayamos para allá os vamos a cortar los huevos”…

Otras veces aquella testicular policía no se conformaba con intervenir por teléfono, irrumpía en el piso de Navarrería y por el micrófono los podías oír mandando apagar todos los cacharros; después, durante varios meses no volvía a salir el sol en Pamplona y algunos se pasaban toda aquella temporada a la sombra…

Y había también una Eguzki fuera de la Eguzki, la barraca política de la radio, la última siempre en chapar en sanfermines, la única tal vez del mundo en la que al amanecer, cuando los primeros rayos de sol hacían cenizas sus crestas, podía verse a los punkis bailando Raffaella Carrà o Boney M.

La txozna ya no está (aunque hay otras formas de ayudar económicamente a la radio, por ejemplo haciéndose eguzkide), pero la radio continúa acuchillando el cielo para que entre el sol. En la Eguzki Irratia, la radio que más calienta de Iruña −sobre la cual se acaba de realizar un documental: Eguzki Irratia. Una historia de comunicación, pasión y lucha, dirigido por Pablo Calatayud− todavía resisten, más de cuarenta años después, un micrófono y un altavoz encendidos, abiertos para quienes quieran seguir contando cómo huele el suelo de la ciudad.

BENDITOS SEÁIS

Jun 12, 2025   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
Muere Carlos Jesús, el vidente que decía venir de Raticulín y se hizo  famoso con Alfonso Arús y '¡Al ataque!' | Televisión | EL PAÍS
Publicado en Rubio de bote

Como ya hemos advertido desde esta página en alguna ocasión, se calcula que “el 83% de los terrícolas son en realidad extraterrestres que se han infiltrado en la tierra con intención de dominar a los humanos. La especie más destructiva, los hijoputas, de hecho, ya se ha hecho con el control de todos los centros de poder por los cuales los humanos creen regirse a sí mismos y, así, son alienígenas hijoputas sus reyes, presidentes y generales, sus concejales de urbanismo y culturismo, sus tertulianos y columnistas, sus banqueros y miembros de consejos de administración…”.

No obstante, para ser justos y no generar alarma, también cabe señalar que no todos los alienígenas pertenecen a especies invasoras y que buena parte de ellos han llegado hasta nuestro planeta con, justamente, la intención contraria: salvarnos. Es el caso de los procedentes de Raticulín, que siguen perseverando en su empeño a pesar del último varapalo recibido, pues, como se ha sabido hace unas semanas, su profeta en nuestra tierra, Carlos Jesús (también conocido como Crístofer o Micael), falleció a principios de año sin consumar la misión para la que había sido designado: salvar a millones de elegidos de la extinción a la que se encamina de manera inexorable el planeta azul, como apuntan cada vez señales más evidentes: el apagón, Trump, Isabel Díaz Ayuso, las hamburguesas con sabor a Dalsy…

Carlos Jesús, como recordarán, vaticinó a inicios de los 90 en programas como “Al ataque” o “Crónicas marcianas” la llegada de trece millones de naves espaciales que nos transportarían (hablo en plural porque yo soy uno de los elegidos −y ustedes si quieren también, luego les explico cómo−) hasta el planeta hermano Raticulín. Finalmente, por lo que sea, la evacuación se retrasó y Carlos Jesús tuvo que volar en solitario, aunque sus fieles tampoco desestimamos su resurrección, pues ya anteriormente revivió en dos ocasiones (una de ellas cuando trabajaba en la Seat de Martorell y sufrió una descarga eléctrica de miles de vatios).

Mientras tanto, algunos continuamos venerándolo, en mi caso con mi novela “Cholita voladora marciana”, recientemente publicada, cuya protagonista, Samy Grourgroug, tiene ascendencia raticuliniana por parte de padre (por parte de madre es euskoboliviana). Las mentes más retorcidas deducirán de todo esto que, en resumidas cuentas, este artículo no es sino una maniobra publicitaria. Todo lo contrario: lo que me mueve es un sentimiento altruista, puesto que −según me hizo saber el mismo profeta un día que se me apareció en la mancha de una pared en el baño de una sidrería− todos aquellos que lean la novela en cuestión se contarán entre los elegidos que acompañen a Carlos Jesús en su regreso a la tierra y posterior éxodo hasta Raticulín, un planeta donde no existen parquímetros, resaca ni influencers. Benditos seáis, ¡fiu, fiu!

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