Publicado en Gara / Naiz 12/02/26. Texto: Patxi Irurzun. Fotos: Tamara Garcés Cruces
La compañía de teatro Monodrama resucita en “Iruña 2.0” al mono Charlie, icono de la cultura popular de la ciudad, esta vez con la capacidad de hablar, y lo convierte en catalizador para hablar de algunos de los acontecimientos que más han marcado a la capital navarra en las dos últimas décadas: la Manada, el desalojo del Euskal Jai, o los asesinatos de Nagore Laffage y Ángel Berrueta.
Las generaciones de iruindarras más jóvenes probablemente desconocen quien fue Charlie: un pequeño simio que durante un tiempo, en los años 80, animó con su sufrimiento -cruel paradoja- los paseos por el parque de la Taconera de los vecinos de Iruñea. Encerrado en una jaula, el mono acostumbraba a aliviar su soledad con una autosexualidad frenética, fumar los cigarrillos que le ofrecían, o morder y robar gafas y otros objetos a los viandantes. Desaparecido misteriosamente de un día para otro -recientemente el alcalde de Iruñea, Joseba Asiron, revelaría en un artículo que fue encontrado muerto de frío una mañana por un empleado municipal-, su figura fue paseada en procesión (atea y punk) y llevada a los altares por los sectores más contestatarios de la ciudad, como desagravio ante la beatificación de José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, que tiene precisamente en Pamplona uno de sus bastiones.
Un mono kafkiano
Ahora es Monodrama Teatro, el grupo formado por las actrices Itsaso
Etxeberria y Garazi San Martín y el director Ángel Sagüés,
quienes recuperan y rehabilitan la figura del santo simio, esta vez
con el con el don del habla y dotado de una aguda visión sobre la
condición humana. “Nosotras queríamos hacer algo juntas”, nos
cuenta Itsaso Etxeberria, que interpreta en la obra a una joven e
inocente periodista y maestra de ceremonias que dialoga con Charlie
−o con Caraví-Caravá,
ese es el nuevo nombre que recibe el nombre en su transición a
semihumano−. “Nuestra
idea era contar la historias reciente de Iruñea, y empezamos
buscando personajes icónicos de la ciudad, el kiliki Caravinagre,
por ejemplo, hasta que Ángel nos habló de Charlie”. “Para
dirigir la obra”, interviene Ángel Sagües, “tuve que buscar una
estructura dramática a la que anclarme, un leitmotiv. Y ahí se me
cruzaron por una parte Charlie, y por otra un texto de Kafka,
“Informe para una academia”, en el que también aparece un mono
que habla y que aprende a imitar el comportamiento humano, para
escapar de su jaula”.
Charlie se venga
“Iruñea 2.0”, cuenta por una parte la propia historia de
Charlie, a quien da vida magistralmente Garazi San Martín. El mono
parlante no puede reprimir una visión algo resentida en ocasiones
con la ciudad que lo enjauló (es significativo, por ejemplo, que
comience su intervención arrojando cacahuetes al público) lo cual
no impide que se convierte en entusiasta embajador y relator de la
misma. Por otra parte, con el apoyo de diferentes testimonios y
proyecciones de vídeo, la obra rememora algunos de los episodios
que han conmocionado a Iruñea en los últimos veinticinco años,
como el caso de La Manada, el desalojo del gaztetxe Euskal Jai (con
el cual, por cierto, hacía pared la Escuela Navarra de Teatro, en
donde se estrenó la obra los pasados días 7 y 8 de febrero), o los
asesinatos de Nagore Laffage y Ángel Berrueta. “Elegimos las dos
últimas décadas porque son vivencias que compartimos quienes
componemos Monodrama, que pertenecemos a tres generaciones distintas.
Nos interesaba tener esas tres perspectivas”, explica Garazi.
De lo local a lo
universal
Les preguntamos a continuación si acaso la obra, que califican como
un regalo a Iruñea, y que no disimula su deuda con un tipo de humor
gamberro y peleón, muy navarro (en “Iruñea 2.0” se hacen, por
ejemplo varias e inevitables referencias a Eskroto/Gavilán o a los
dos grupos en los que militó, Tijuana in blue y Kojón Prieto y los
Huajolotes) puede pecar en ese sentido de localista o, por el
contrario, trasciende hasta lo universal: “En realidad tratamos
temas globales, porque estamos hablando de la condición humana, la
libertad el feminismo, el auge del fascismo…” explica Itsaso.
“Por ejemplo, sobre la Manada, ¿dónde no hay, desgraciadamente
casos parecidos? O en el caso del desalojo del gaztetxe, lo que hay
detrás de eso es la gentrificación, el desarrollismo… Son cosas
que pasan en nuestra ciudad pero que efectivamente responden a una
tendencia global”.
Tras su estreno en Iruñea, “Iruñea 2.0” tiene, pues, la
aspiración de recorrer teatros y casas de cultura de otras
localidades, en las que representar esta entretenida y kafkiana obra,
en memoria del popular y ya universal mono Charlie.
“El tímido se acepta a sí mismo cuando ya no le da vergüenza sentir vergüenza” Patxi Irurzun
Cubierta de Lacha, publicado por Alkibla. La mano de Jorge Luis Borges toca un busto de Julio César. (foto de Ferdinando Scianna)
En “Lacha”, su nueva
obra, Irurzun reflexiona sobre un rasgo de carácter, la timidez, que
ha determinado todo en su vida, así como su vocación literaria. El
texto describe experiencias propias, a menudo tan tormentosas como
cómicas, provocadas por su introversión, e incluye conversaciones y
anécdotas de otros tímidos audaces (o “apalharroak”, en
palabras de Gorka Urbizu) además de varias fotografías del
prestigioso artista siciliano Ferdinando Scianna.
Cuando entrevistamos a Patxi Irurzun lo encontramos preparando la
maleta para un viaje a Eslovenia, donde permanecerá durante dos
semanas presentando la traducción de uno de sus libros más queridos
−y de
sus lectores−,
“Atrapados en el paraíso”, en el que narraba sus peripecias de
otro viaje, en aquella ocasión al basurero de Payatas, en Manila,
donde recaló gracias a un premio literario, que a su vez le
posibilitó ir a Chiapas, La Habana o Bangkok… “Para ser tan
parado, ya me he movido lo mío…”, bromea. Quienes conocemos bien
al escritor iruindarra sabemos que, en efecto, el retraimiento y la
timidez son los rasgos más acentuados de su personalidad. Cuesta
imaginarlo escalando montañas de detritus en un vertedero
gigantesco, al otro lado del mundo. Y cuesto imaginar que alguien
como él sea el autor de libros tan descarados como “Cholita
voladora marciana” o “Tratado de hortografía”. En la obra
sobre la que vamos a hablar en esta ocasión, “Lacha” reflexiona
sobre todo ello, sobre esa dicotomía, o sobre su extremada
introversión, que ha padecido desde niño, convirtiendo su vida en
un pequeño viacrucis diario.
¿Qué le ha llevado a escribir sobre este tema?
Hacía tiempo que quería reflexionar sobre algo que ha condicionado tanto mi vida. Si hay un rasgo de mi carácter que me define creo que es la timidez, y eso ha determinado todo: lo que hecho, y, sobre todo, lo que he dejado de hacer, las oportunidades que he dejado pasar, mi manera de relacionarme (o no) con la gente… Y todo el sufrimiento que eso me ha supuesto y me sigue suponiendo. A la mayoría de las personas creo que en algún momento les da vergüenza decir o hacer algo, o tienen miedo del juicio que los demás puedan hacer sobre ellas, pero en el caso de los tímidos enfermizos como yo eso es algo que nos sucede en todo momento, una carga que acaba haciéndose muy pesada. Por otra parte, también quería escribir sobre eso porque, precisamente, creo que, en gran medida, si me dedico a escribir es porque soy una persona tímida que encuentra en la literatura, entre otras cosas, una manera de socializar, de expresarse o de compensar sus carencias.
Patxi Irurzun presentando la traducción al esloveno de «Atrapados en el paraíso» en Liubliana
Pero, como cuenta en el libro, hay un hecho concreto que le pone manos a la tarea…
En realidad, yo ya había escrito sobre la timidez de una manera
periférica en muchos de mis libros, algunos de mis personajes
comparten conmigo esa manera de ser, o, ahora, al releer “Atrapados
en el paraíso”, veo que también en algunos pasajes hablo sobre
eso, sobre la inseguridad y el desvalimiento que me hace sentir mi
carácter. Pero, sí, fue al leer un poema del cantante Diego Vasallo
en el que hablaba de la audacia de los tímidos, en el que me sentí
muy representado, cuando empecé a darle vueltas a la idea de
escribir sobre el tema. Más tarde tuve ocasión de entrevistar a
Diego, por otros motivos, pero al acabar tuvimos una charla al
respecto que creo que me dio todas las claves. Aunque el empujón
definitivo vino cuando Clemente Bernad y Carolina Martínez me
propusieron desde Alkibla participar en su colección “Emergencias”,
en la que proponen a los autores escribir sobre sus contradicciones,
dilemas, conflictos…
¿A qué se refiere cuando habla de la audacia de los tímidos?
Los tímidos somos como una botella de champán, personas contenidas,
pero con una gran agitación interior, así que a vece eso explota,
se desborda… Por una parte, lo que para otras personas puede ser
algo natural, no sé, pedir la vez en la tienda o que te atiendan en
la barra de un bar, para nosotros se convierte en una hazaña, casi
como subir el Everest. Peleamos constantemente con ello y una manera
de sacudirse esa ansiedad, o de rebelarse frente a ella, es
desmelenarse, arrojarse desde esa cima que tan costosamente has
alcanzado, a veces sin medir las consecuencias o la posibilidad de
estrellarte. Además, si alguien es retraído, llama mucho más la
atención cuando se suelta. En mi caso, todo el pudor que puedo
sentir en mi vida diaria, lo venzo en mis libros, que suelen tener un
tono desenfadado.
Lacha también lo tiene, en él habla de todos esos padecimientos
pero en muchas páginas lo hace con un tono divertido, incluso
autoparódico.
Sí, porque todas esas cosas y comportamientos que tenemos los
tímidos, los rodeos, las “espantás”, el rubor, tienen un punto
cómico, a pesar de todo lo que nos hacen sufrir. Somos como Peter
Sellers en “El guateque”, torpes, desastrosos… En “Lacha”
cuento varias peripecias personales patosas de ese tipo. Lo bueno es
que a la vez todo eso suele provocar en los demás un sentimiento de
empatía o de cariño, incluso de protección, y con el tiempo
aprendes a beneficiarte de ello.
Sorprende la colaboración en “Lacha” de Ferdinando Scianna,
con unas fotografías que aparentemente no tienen mucho que ver con
su texto.
Para mí es un lujo que un fotógrafo con ese prestigio a nivel internacional acompañe mi texto. Esa es precisamente la palabra, acompañar, que, como bien escribe Carolina Fernández en la introducción a las fotos de Ferdinando, explica su presencia. No se trate de que el texto y las fotos se complementen o expliquen lo uno a lo otro. Ferdinando me acompaña porque, aunque él es una persona con un carácter completamente opuesto al mío, extrovertido, expansivo, sus fotos tienen ese punto de ser tomadas desde el respeto, la fragilidad, la no invasión… Ese es el vínculo, además de la portada, que es una foto de Ferdinando en la que aparece una de las manos de Jorge Luis Borges, a quien retrató, y que también era un gran tímido. Alkibla, por otra parte, es una editorial muy orientada a la fotografía, no puede ser de otro modo estando al frente de ella Clemente Bernad, y esta es un poco su política, publicar este tipo de libros interdisciplinares. Son ellos lo que propusieron esta colaboración.
Ferdinando Scianna
Y por el libro, además de Ferdinando Scianna, desfilan anécdotas
de otros tímidos ilustres…
Sí, por una parte, además de mis propias experiencias personales
(en ese sentido, “Lacha” es un libro que lo emparenta con otros
míos de carácter autobiográfico como “Atrapados en el paraíso”
o “Dios nunca reza”), he hablado con un especialista médico, con
músicos como Isabel Marco o Gorka Armendariz (Leihotikan), con
bertsolaris como Iñigo Ibarra… Y, por otra parte, en el libro
cuento algunas anécdotas de tímidos ilustres como Agatha Christie,
Angus Young, Andoni Egaña, Gorka Urbizu… o reflexiones sobre la
vergüenza de escritoras como Annie Ernaux, Eider Rodríguez…
¿A quién cree que puede interesar este libro y en qué puede
ayudarle?
Creo que cualquier persona puede sentirse reconocida en muchas de las
cosas que cuento, porque, como digo, la mayoría tenemos momentos de
timidez o vergüenza, en los que queremos que nos trague la tierra
(por ejemplo, cuando vamos a un espectáculo en el que piden
“voluntarios”). En lo que se refiere a los tímidos, la intención
no es que sea un libro de autoayuda, que me parecen horrorosos,
además un tímido no va a dejar de serlo nunca, eso no lo remedia
nada y menos un libro, pero sí que me parece que las personas
tímidas que lean “Lacha” quizás puedan entender que sentir
vergüenza de esa manera tan dramática no es algo que le sucede solo
a ellas, o que se puede llegar a convivir con la timidez. Uno aprende
a aceptar su timidez cuando se da cuenta de que ya no le da vergüenza
sentir vergüenza. E incluso puede aprovecharse. La timidez te hace
sufrir, pero también te hace más introspectivo, más observador,
incluso más creativo. Y más fuerte. Hay que ser muy fuerte
mentalmente para soportar toda esa presión diaria. En mi caso
concreto, la conclusión que he sacado es que si yo no fuera tímido,
seguramente tampoco habría sido escritor, y eso es algo muy
importante y a lo que debo estar agradecido, porque yo no me imagino
a mí mismo, mi vida de otro manera que no sea así, escribiendo.
Publicado en «Rubio de bote», colaboración quincenal para magazine ON (diarios Grupo Noticias), 02/08/2025
El
gorila, de nombre Pechotoro, era un magnífico ejemplar albino, con
el pelaje plateado y lustroso y un cuerpo cincelado por el ejercicio
al aire libre y una crianza a cuerpo de rey en los bosques de la
ganadería de Dolores Fuertes, cuyo hierro llevaba marcado a fuego en
uno de sus poderosos glúteos.
El
combate contra Pechotoro le correspondió al gorilero de moda,
Macaquito, el Niño de la Sabana (sin tilde, a pesar de que
últimamente han sido muy sonadas sus correrías entre las sábanas,
con tilde, de una famosa mocatriz).
Compareció
con chistera de terciopelo azul purísima, un elegante traje a juego,
diseñado por el famoso diseñador Golondrino Spagna, y unas
resplandecientes Adidas-Cartier, atuendo que en su conjunto componía
una auténtica y refinada obra de arte, a la que no tardó en sumarse
la magistral faena del matador.
El
gorila, por su parte, saltó al ruedo empoderado y rugiente,
golpeándose el pecho con furia y adornado con una descomunal
erección, que mermó, no obstante, en un santiamén El Niño de la
Sabana con el primero de sus antológicos estacazos, propinado de
manera certera en las partes pudendas del súbitamente apaciguado
primate. Macaquito, como ustedes saben, es un maestro manejando el
bate de béisbol, como demostró en los siguientes lances del
combate, en los que golpeó con destreza a Pechotoro en la cabeza,
los riñones y de nuevo en las criadillas. Tuvo, no obstante, un
ligero traspiés en mitad de la faena que a punto estuvo de costarle
un disgusto serio, porque el gorila aprovechó el descuido para
zarandearlo brutalmente e intentar morderle una oreja. Macaquito, de
hecho, sería a estas horas un hombre desmochado, de no ser por la
rápida intervención de sus subalternos, que acuchillaron con
habilidad al animal, debilitándolo y tiñendo su argentina
pelambrera de sangre, cuyos rutilantes reflejos vinieron a
confundirse con los últimos rayos de un sol igualmente moribundo.
Salvado
este pequeño traspiés, el combate continuó con la delicadeza que
caracteriza al maestro, el cual remató su impecable trabajo
partiendo de un solo golpe la cabeza a Pechotoro con un machetazo que
hundió el filo hasta el mismísimo encéfalo del gran simio.
Pechotoro cayó desplomado entre los entusiastas aplausos del
respetable, que pidió para el diestro las dos garras del gorila,
premio que fue concedido y al que el presidente del combate sumó,
con buen criterio, el de su badajo (el de Pechotoro, queremos decir).
El gorilero, por último, brindó el trofeo a la ministra de Cultura,
presente en el palco, a la cual agradeció su decidido apoyo a la
gorilomaquia, sobre todo en estos momentos en que, de manera
incomprensible, la Unión Europea ha señalado nuestra Fiesta
Nacional como un espectáculo bárbaro y vergonzante, impropio de una
sociedad civilizada.