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Club de lectura de invierno

Dic 27, 2020   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

OBRAS INCOMPLETAS,
de GLORIA FUERTES

Gloria Fuertes, la poeta que odiaba la palabra poetisa | El Diario Montañes

Publicado en magazine ON (diarios Grupo Noticias) 26/12/2020

La memoria es a menudo ingrata y la imagen que recordamos de las personas suele ser la última, la de sus últimos días, que no siempre coincide con las épocas de esplendor o no hace justicia al camino que ha recorrido hasta esos postreros pasos.  En el caso de Gloria Fuertes si pensamos en ella viene a nuestra mente una mujerona con aspecto de ogra —de ogra buena, eso sí, y con corbata—, rodeada de niñas y niños, a los que ofrece arrancándose de entre la zarza de su voz pareados aparentemente simplones y algo gamberros. A veces incluso confundimos esa imagen de Gloria Fuertes con la de Millán Salcedo imitando a Gloria Fuertes.

Sin embargo, antes de que la poeta se convirtiera en la poeta de “Un globo, dos globos, tres globos” o “Los chiripitifláuticos” (también le ofrecieron ser guionista de “Barrio Sésamo”, pero ella lo rechazó porque le pareció que aquello se parecería demasiado a los trabajos de oficina de los que tanto le había costado escapar —“Me gustan más los cuentos, que las cuentas”, escribió—), antes de todo eso,  la de Lavapiés publicó varios y meritorios poemarios, de los cuales las Obras incompletas que hoy comentamos ofrecen una buena selección  e incluso alguno de ellos, como Sola en la sala,  completo; poemarios, todos ellos,  con un acusado sesgo social y humanista y ese tono tan complicado de lograr que es el de escribir sencillo.

Gloria Fuertes, además,  se codeó con escritores como Gil de Biedma o Vázquez Montalbán, escribió canciones para Paco Ibañez o Rosario Flores, ejerció como profesora en una Universidad de Pensilvania y fue una de las primeras mujeres en andar con pantalones y en bicicleta por Madrid para ir a ver a sus novios y a sus novias. 

El libro de Gloria

Una buena manera de no olvidar todo esto, de hacer justicia a la escritora madrileña y no recordarla solo como la autora de La pata mete la pata o La ardilla y su pandilla, es leer, además de sus Obras incompletas, el magnífico homenaje que Jorge Cascante le hace en El libro de Gloria, editado no menos magníficamente por Blackie Books, en el cual además de una antología de sus poemas, en los que se incluyen  algunos inéditos, podemos recorrer su biografía, documentada con anécdotas, testimonios de amigos, dibujos y fotografías en las que vemos a esa irreconocible Gloria Fuertes anterior a la Gloria Fuertes con una manada de Bisontes pastando en la zarza de su garganta.

Sabemos así, que nació en el madrileño barrio de Lavapiés, hija de una señora de la limpieza y un señor conserje y que el trabajo de este le llevó a vivir  otros castizos barrios de la capital como el del Rastro o el de Cuatrocaminos e incluso a habitar, aunque fuera en las habitaciones para el portero, un palacio, en la calle Zurbano, en la cual tuvo como vecino y amigo a otro niño raro como ella, Miguel Gila, del cual confesó que estuvo medio enamorada, “pero él era muy chulito” (¡Qué magnífica pareja habrían hecho, que valor incalculable tendría una psicofonía algunas conversaciones entre ambos!); o que uno de sus primeros poemas se publicó en la revista Lecturas, después de dejarlo en la mesa de su director, a la que tuvo acceso porque su madre limpiaba la redacción.

La teta izquierda de Gloria

Y sabemos también que en realidad esto fue así o pudo haber sido de otra manera, pues la mayoría de los datos biográficos que conocemos de Gloria Fuertes son los que ella misma cuenta en sus poemas, en los que son recurrentes los titulados Autobio o Autobiografía, y en los que acostumbraba si no a mentir sí a inventar, fantasear o a rimar realidad o ficción del modo que resultara más conveniente a los mismos (es decir, a hacer literatura). Todo ello a pesar de que ella misma escribiera: “La verdad es como mi teta izquierda, siempre la llevo puesta”.

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En el prólogo de Obras completas Gloria Fuertes autocita varios de sus poemas autobiográficos o confesionales. Arranca con el primero de todos cuantos escribió, Isla ignorada, y le siguen otros en los que la poeta nos hace saber que nació a los dos días de edad, puesto que el parto de su madre fue muy laborioso (tal vez esa fuera una de las conversaciones que compartió de niña con Gila, recordemos aquel famoso monólogo de este en el que afirmaba que cuando él nació su madre no estaba en casa); o que formó parte del movimiento surrealista o postista (en sus poemas no faltan tics que nos lo recuerdan, junto con una recurrencia al humor a menudo como un mecanismo para rebajar temas de gran profundidad dramática, como la guerra o el suicidio: “A los nueve años me pilló un carro/ a los catorce me pilló la guerra”, escribe en Nota biográfica, incluida en el prólogo de Obras completas; y en El libro de Gloria se recoge una anécdota que el escritor Vicente Molina Foix cuenta que ella le confesó en una ocasión: «Fui al metro decidida a matarme. Pero al ir a sacar el billete ligué, y en vez de tirarme al tren me tiré a la taquillera»); o — también nos lo cuenta la poeta en el referido prólogo— que una de las épocas más felices de su vida fue aquella en la que trabajó como bibliotecaria, y en la cual junto a la que sería uno de los grandes amores de su vida, la hispanista Phyllis Turnbull (otro, este platónico, fue su amiga la cantante Mari Trini) puso en marcha la primera biblioteca ambulante infantil de España.

La gloria eclipsada

Este dato nos revela que Gloria Fuertes, en realidad, sintió una temprana vocación por intentar acercar la literatura y la poesía en particular a los más pequeños, algo que a la postre la acabaría haciendo famosa y por lo que es recordada y caricaturizada, aunque también es cierto que en otros de sus versos da la impresión de que la literatura infantil tuvo para ella algo de alimenticio (“Escribo para niños para comer/Escribo para mayores para vivir”). En todo caso, su incontestable éxito y popularidad como poeta infantil no debería hacer olvidar que Gloria Fuertes fue también una destacada autora de la generación del 50 o de posguerra, a la que aportó una obra de honda preocupación social y existencialista (por ella pululan vagabundos, prostitutas, obreros…), escrita con unas intencionadas,  luminosas claridad y concisión y que, parafraseando a la propia autora, nos deja,  con la rapidez “de un dardo, un navajazo, una caricia”,  momentos e  imágenes que pueden servirnos de ilustrativo colofón, como este: “Padre Nuestro que estás en los cielos / ¿por qué no bajas y te das un garbeo?”; o este otro: “Te matan y después/ piden perdón al cadáver”.

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