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PELOS EN LA SOPA

ene 18, 2016   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Publicado en mi sección Rubio de bote del suplemento ON (periódicos de Grupo Noticias) 16/01/16 Star Wars, Storm Trooper, Lego, Juguete, Jugar, Aerosol

Eso no es publicidad, es acoso. “¿Hay algo de Star Wars, no?”, decimos —modo irónico— en casa cada vez que en la tele, por la calle, en las tiendas…, recibimos un impacto publicitario de la última película de esta saga cuya promoción se ha convertido en una auténtica dictadura cultural. Está hasta en la sopa, y no es una forma de hablar: Campbells, ha lanzado una serie de sus sopas con el rostro de Chewbacca, Yoda y otros personajes de la película estampados en sus famosos botes.

De modo que esa frase, “¿Hay algo de Star Wars, no?”, que comenzó siendo parte de nuestro idiolecto familiar (es decir, de la particular forma de hablar de cada familia, sus giros y bromas domésticas; en mi casa, por ejemplo, decimos mucho palabras como “morrudo”,  “alabuyé”, “pelmo” o listopán” y mantenemos otras que pronunciaban torcidas o mutiladas los niños de pequeños, como bacallito, en vez de caballito, saña en vez de lasaña, etc.); esa frase, decía, “¿Hay algo de Star Wars, no?”, se ha convertido en uno de esos estribillos que se te pegan o con los que te levantas una mañana  y no puedes dejar de repetir, aunque aborrezcas o ya no tengan gracia. De hecho, la gracia de repetirla ahora (a una media de cada cinco minutos, aproximadamente) es que ya no tiene gracia.

A mí Star Wars tampoco me ha hecho nunca demasiada gracia, pero no creo que después de semejante paliza publicitaria me acompañe la fuerza para unirme a su legión de fans (a quienes, en realidad, se supone que la publicidad no va dirigida, porque ellos ya están previamente ganados para la causa; aunque quizás lo que ha conseguido esta campaña es que deserten de La guerra de las galaxias,  como cuando un grupo de música o un escritor que consideras “tuyo” empieza a gustar a todo el mundo). Se trata, pues, o se debería de tratar de una campaña contraproducente. Yo, por ejemplo, veo un bote de sopa con la cara de Chewbacca y no me resulta nada apetitosa, de hecho, la frase que viene a mi cabeza es “Camarero, hay un pelo en la sopa”. Y, lo más grave, se trata de una campaña además de atosigante, ofensiva, pues trata a los potenciales espectadores como si fuéramos tontos. Como si alguien tuviera que elegir el menú por nosotros y tuviéramos que creerle que en la carta solo hay un plato.

Me niego a creer que seamos tontos, pero igual me equivoco, y una campaña publicitaria como la de Star Wars consigue lo que se propone y es en realidad la adecuada, la que nos merecemos. Después de todo vivimos en un mundo en el que todo es absurdo y sin embargo la reiteración nos lo acaba imponiendo como normal, un mundo en el que los ladrones son presidentes de bancos, los ministros condecoran a Vírgenes o tienen ángeles de la guarda que les ayudan a aparcar, los concejales de cultura escriben con faltas de ortografía, los señoritos andaluces son bohemios y entrevistan a presidentes del gobierno o nietas de Franco mientras juegan partidas al futbolín…; un mundo tontuno gobernado por un imperio de listos, que nos dicen qué tenemos que ver, leer, creer, comer, vestir, votar… Todo eso mientras nosotros metemos la cuchara en la sopa caliente y nos tragamos los pelos sin rechistar, como mucho haciendo algún comentario irónico, alguna broma doméstica —“¿Hay algo de Star Wars, no?”—, que ya solo hace gracia, solo dibuja la sonrisa estampada en un bote del Chewbacca o el Yoda de turno.

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