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IMPRESIONES DE UN SPARRING

ene 31, 2013   //   by admin   //   Blog  //  No Comments


Aquí va la crónica completa de la presentación de Eres el mejor Cienfuegos de Kiko Amat en Bilbao, que he publicado hoy GARA en una versión más corta (aquí)

IMPRESIONES DE UN SPARRING

Crónica de la presentación de la novela Eres el mejor, Cienfuegos de Kiko Amat en Bilbao (o donde se habla de pantalones escoceses, ultrafans de John Fante, mendigos leyendo horóscopos, la colección Contraseñas de Anagrama, las baldas de los libros favoritos, La Rabia, novelas que lees y te gustan y sin embargo olvidas de qué iban, y de dos niños pelirrojos, entre otros muchos asuntos del género no-aburrido)

porPATXI IRURZUN

Unos pantalones escoceses, una Vespa y el SHY

Para la presentación del último libro de Kiko Amat, Eres el mejor, Cienfuegos, en Bilbao, el pasado día 25,  pensé en estrenar los pantalones pitillo y escoceses que me había comprado hacía unos días. Me pareció que podían pegar bien con un fan de los Fleshtones o de los Dictators  como es el escritor barcelonés –entre otros muchísimos y variados grupos; Kiko es un loco de la música—   pero al final me rajé, en la pensión me cambié, me puse algo menos cantoso y más acorde con mi carácter introvertido (unos pantalones grises de pana) y también con las dos semanas de lluvia y nieve que llevaba soportando sobre mi cabeza. Después, al llegar a La Casa de Atrás en la calle Iturribide, volví a arrepentirme, cuando me encontré a Kiko con sombrero y bufanda y botas con cordones amarillos y a los chicos de la librería-tienda de discos-estudio de tatuaje con sus peinados beatle y a toda aquella gente con parkas y trenkas que bebía sanmigueles en latas del chino de al lado, mientras fuera, en la calle, seguía lloviendo y yo comenzaba a hablar y decía que en esa presentación solo faltaba el propio Cienfuegos, el protagonista de la novela, irrumpiendo con una Vespa en la tienda…
Siempre que presento un libro, propio o de otro autor,  pienso en algo a lo que Cienfuegos llamaría el SHY (Síndrome Heriberto Yepes): Heriberto Yepes, el escritor mexicano escribió en uno de sus cuentos que la gente en realidad va a las presentaciones de libros para comprobar lo egoístas, torpes y mamones que son los escritores. A mí, esta vez, no me importa que piensen eso de mí, me expongo gustoso, soy el sparring del acto, su presentador, solo su presentador,  pero es algo que por supuesto nunca se puede pensar de Kiko Amat, advierto.

Las Contraseñas de Anagrama

Y es que soy fan de Kiko (y por eso llevo ya varios días nervioso,  y por eso también me he venido desde Iruña a presentar su libro y me he cogido una pensión, porque cuando acabe todo no quiero conducir, voy a beber cervezas hasta reventar, un día es un día). Kiko, además, es un autor de Contraseñas, la legendaria colección de la editorial Anagrama. Para muchos lectores y escritores como yo los libros de esa colección fueron una forja literaria: Bukowski, Fante, Raúl Nuñez, Tom Sharpe, Hunter S. Thompson… Y luego Kenzaburo Oé, Pedro Juan Gutiérrez. Y Kiko Amat, que ha publicado sus cuatro novelas (El día que me vaya no se lo diré a nadie, Cosas que hacen BUM, Rompepistas y Eres el mejor, Cienfuegos) en Contraseñas.
“Kiko Amat llegó a mi vida”, me dirijo al público, y casi inmediatamente tengo que aclarar que me refiero a mi vida literaria, lo otro ha sonado como el título de un bolero, y además en realidad he conocido a Kiko, físicamente, hace solo una hora, antes solo nos hemos leído mutuamente, nos hemos olisqueado por Internet… Lo que quiero decir, antes de empeorarlo aún más,  es que a Kiko lo descubrí con Cosas que hacen BUM. Y lo hice cuando los libros de Contraseñas no es que hubieran dejado de gustarme, pero ya no conseguían deslumbrarme. Con el tiempo uno se vuelve menos impresionable, más exigente… más viejo, y llegan esas largas temporadas leyendo desganadamente libros que se te caen de las manos, en busca de EL LIBRO, EL AUTOR.  Cosas que hacen BUM fue una de esas epifanías, de esos pequeños milagros literarios que te devuelven a la vidilla literaria. De hecho, cuando lo acabé practiqué lo que Cienfuegos llamaría un RPRPG (Rito Privado Ridículo Pero Gratificante), reservado solo a los mejores: lo cerré, le di dos palmaditas en la contraportada, como haría en la espalda de un buen amigo, y lo coloqué en la balda de mis libros favoritos, junto a Mohamed Chukri, Sherman Alexie, John Fante (del que Amat también se confiesa ultrafan)… Claro que ahora solo recuerdo vagamente de qué iba la novela. Es algo que me sucede con frecuencia con los libros: se me olvida lo que leo (esto no parece muy apropiado para un presentador de libros). Eso sí, cuando un libro me gusta deja dentro de mí un rastro, una sensación, una atmósfera, el recuerdo de una voz, un estilo, una actitud. Y eso nunca falla con los libros de Kiko.

¿Te pasa a ti lo mismo?

El poso Amat es su literatura sin imposturas, su literatura vivencial o confesional, como él la ha definido tantas veces, como la volverá definir varias veces a lo largo de su presentación en Bilbao. Cuando Kiko habla de situaciones, escenarios, personajes, sabe de qué habla. Cuando escribe sobre peleas lo hace porque él, o alguien que él conoce,  ha estado en ellas. Cuando describe la crisis de los cuarenta, como es el caso de Eres el mejor, Cienfuegos, es porque él la ha pasado (aunque fuera a los 35 —Kiko tiene ahora 41— y, según confiesa, con efectos devastadores, para sí mismo y para quienes le rodeaban). Kiko Amat lo corroborará después, cuando reconozca que siempre que cuenta algo parte de algo que le ha pasado a él o alguno de sus amigos de Sant Boi (Amat creció en esta localidad del extrarradio barcelonés, alardea de ello, muestra orgullo de clase trabajadora, algo poco habitual entre escritores). La literatura vivencial de Kiko no le hace renunciar, sin embargo, a la imaginación, a la ficción, a la creación de lances novelescos y personajes tan maravillosos y tan excéntricos como Pànic Orfila, Rompepistas, Cienfuegos, personajes en los que a pesar de todas sus peripecias, a menudo esperpénticas, no nos cuesta reconocernos. Sus miedos, sus pequeñas y grandes cagadas, sus victorias pírricas,  sus aspiraciones, son también las nuestras. Cienfuegos, a fin de cuentas, se complica la vida porque quiere únicamente algo tan sencillo como que le quieran. ¿Y quién no lo hace? Kiko Amat escribe, en definitiva, sobre sí mismo, pero también lo hace sobre nosotros, y eso revela su actitud creativa, generosa y emocional, que busca desesperadamente compartir sentimientos. Él, en realidad, lo cuenta mucho mejor, en Mil violines, su ensayo sobre la música pop:
“Y allí me di cuenta de que yo no era yo, que éramos todos. Y que esto estaba hecho desde el Yo, pero un Yo que era parte indisoluble del Nosotros (algo que con el tiempo he aprendido a reconocer como muestra definitiva de la creación pura, honesta), que era la voz de alguien que hablaba como miembro de eso que llamamos humanidad. Que te decía: esto es lo que me pasa a mí, ¿te pasa a ti lo mismo?”.
La respuesta es sí. La respuesta, cuando uno lee un gran libro es “¡Sí, eso es exactamente lo que me pasa a mí!” Y a continuación “Qué cabrón, qué fácil lo has contado tú”.

El género no-aburrido, la crisis y LA CRISIS

Pero esa en realidad es solo una parte del poso Amat. Sus novelas son sobre todo novelas no aburridas, así las llama él, aunque se queda corto, porque son novelas divertidas, divertidísimas. Escribir esto lo convierte en alguien sospechoso, lo arroja al pozo de alguna subcategoría literaria, para algunos que todavía no entiende que el humor puede ser algo muy serio. Da igual, ellos se lo pierden, que sigan sufriendo mientras leen. El caso es que Eres el mejor, Cienfuegosprobablemente sea una de las novelas con situaciones de lo más desopilantes de las cuatro novelas de Amat: la irrupción ya mencionada de su Vespa en un sarao literario; el secuestro de una E gigante de un cartel de bienvenida a Barcelona; o —una de mis preferidas— los mendigos leyéndose entre carcajadas el horóscopo. Y sin embargo no es este solo un libro de humor. Cienfuegos es una tragicomedia, la historia de alguien sumido profundamente en una crisis sentimental (su mujer lo acaba de dejar), laboral (Cienfuegos, exnovelista de éxito, se dedica al periodismo cultural, a la payola y a reseñar “una obra maestra” cada fin de semana); es la historia de alguien que está cayendo —y como dijo el autor a todos nos gusta ver a alguien caer—, y eso permite al escritor barcelonés mostrar todos los pedazos en que se rompe el personaje, sin miedo a resultar patético o cursi. La alternancia de escenas descacharrantes con otras tristísimas no chirría en este carrusel tragicómico por una Barcelona rabiosa, en la que el telón de fondo es otra crisis, LA CRISIS, el 15 M, la acampada de la Plaza Catalunya… Amat ha dicho que no ha querido escribir una novela sobre el 15M (La Rabia, en su novela), pero es algo que tampoco ha podido obviar, que no puede obviar un escritor como él, que escribe con naturalidad sobre lo que pasa y lo que ve; con la misma naturalidad que otros cierran los ojos. Y sobre esa pantalla de fondo, mientras los manifestantes aporrean a la policía, se proyecta probablemente la fábula moral, el final esperanzador, optimista, el final feliz, la redención de Cienfuegos, para quien hay una segunda oportunidad, una salida, una victoria, a la que —esto es una impresión o debilidad personal— lleva, como un motor, un motorcito a lo largo de toda la novela, su hijo Curtis(Amat confiesa que se había prometido no escribir nunca sobre niños ni sobre escritores, pero aplica aquí lo que Cienfuegos, tan aficionado a las siglas, llamaría un  NDDEANB, es decir Nunca Digas De Este Agua No Beberé), el pequeño  Curtis, quien nos proporciona algunas de las escenas más divertidas y más tiernas del libro, “en un resumen perfecto de esta tragicomedia y un cierre del círculo para lo dicho anteriormente sobre literatura vivencial, pues Amat además de un gran escritor es todo un padre de familia de dos pequeños y terribles pelirrojos”, concluyo mi intervención.
 Después es el turno del autor (yo recordemos, era solo el sparring, el egoísta –como delata esta crónica—, el torpe, el mamón) y mientras Kiko lee algunos fragmentos de Eres el mejor, Cienfuegos y fuera sigue lloviendo y el público sigue bebiendo cerveza yo pienso en que quizás he hecho lo adecuado. Después de todo,  ¿qué tienen de punk-rockers unos pantalones pitillo y escoceses comprados en Zara?

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