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¡VAYA SEMANITA!

oct 7, 2011   //   by admin   //   Blog  //  No Comments


Y aún no se ha acabado… Voy a trote cuto. Justo ahora pillo un hueco, entre ganchito y ganchito.(Dentro de nada empezarán a venir sobrinos, la familia, para celebrar el cumple de mi hija).

Me he vuelto a apuntar a euskera, una vez más, esta después de una buena temporada, así que ando totalmente desentrenado y el martes cuando fui a clases estaba como un flan. Y pensar que hubo un tiempo que controlaba, hasta leía y escribía y una vez incluso hice una entrevista, con sus nominalizaciones y sufijos bien puestos.

Al día siguiente (el miércoles) tocaba viajar a Madrid a presentar DIOS NUNCA REZA. Fui en tren, de churro, pues al ir a recoger el billete mi localizador no cuadraba y tuve que andar jugando al Scrabble con el tipo de la ventanilla hasta que di con la combinación acertada, nunca mejor dicho. Durante el viaje descansé, pero no me sirvió de nada porque a mi lado viajaba una entrañable ancianita con dos maletones más grandes que ella con la que tuve la buena acción del día y hube de bajarlas al andén y luego arrastrarlas hasta la puerta de Llegadas. Como soy un tirillas, acabé doblado, pero el espíritu me hizo músculo. Es muy raro este mundo en el que vivimos, en el que cuando ayudamos a otra persona, para una tontería como esta, nos sentimos superhéroes, con una identidad que no nos corresponde. Es tan raro como cuando la gente te da las gracias por dejarles pasar en el paso de cebra. Pero, hombre, si es tu derecho, tú eres el que tiene prioridad, por qué me das las gracias. La gente que me da las gracias en el paso de cebra me pone de mal humor, y me pone de mal humor ponerme de mal humor por eso.

Bueno, el caso es que ya en Madrid fui a comer con mi amigo Esteban Gutierrez a Barriga Llena y ahí estuvimos, haciendo honor al nombre del restorán, dando buena cuenta de los nachos, enchiladas, micheladas y demás aliteraciones con picante. Y luego, paseo, a mirar libros… En Antonio Machado nos encontramos con nuesta editora, Clea Moreno, que andaba de un lado a otro, tramando cosas y enredanco a gente para nuevos proyectos. Nos presentó al escritor Carlos Pardo, que trabaja en esa librería.

Con Jorge Giménez, de Alberdania, y Eduardo Laporte, en Tipos Infames

Más tarde quedamos con Eduardo Laporte, que me iba a presentar en Tipos Infames, y nos vimos por fin los gepetos, después de mucho email intercambiado y mucho en común, literaria y vitalmente. Eduardo me cayó bien, es como es un sus emails y en su blog. No sé, tenía la sensación de conocerlo ya. En Tipos infames, ya con la gente de Alberdania, presentamos DIOS NUNCA REZA, y ahora es cuando me pongo colorado, porque me están diciendo cosas muy bonitas sobre el diario que acabo de publicar. Jorge Giménez Bech introdujo el tema, explicó por qué se habían decidido a publicarme (y otra vez los colores) y luego Eduardo más de lo mismo. Eduardo sufrió, aunque en otra época, el mismo jefe tóxico que yo, del que hablo, entre otras muchas cosas (él no estan importante) en el libro, e hicimos un poco de exorcismo. Estuvo muy bien, Eduardo, y animó la cosa y no dejó hueco para incómodos silencios, consiguiendo que al final la presentación se convirtiera en una tertulia entre los que estábamos a un lado y a otro de la mesa. Eduardo ha escrito un libro, también sobre experiencias propias, sobre la memoria, Luz de noviembre, por la tarde (Demipage) que está teniendo muy buena acogida y del que hablaré otro día porque lo tengo preparado para leer (quise hacerlo en el autobús de vuelta pero no pude, por la noche uno leyendo en un autobús es alguien raro, con ganas de incordiar; en el tren de ida, por cierto, me leí Travolta tiene miedo a morir, de David Benedicte, que me pareció una novela maravillosa).

En Tipos Infames los libreros me dijeron que habían recibido el día anterior el libro y que les estaba gustando mucho. Estoy teniendo muy buenas reacciones entre las personas que leen el dietario, me dicen que con él se rien, lloran, se emocionan, se sienten reflejados… Me alegra mucho saberlo y que me lo digan, claro. Hay algunos comentarios de antiguos compañeros de trabajo que me están haciendo muy feliz, que me dicen que el libro en cierto modo es terapéutico, les ha ayudado a cerrar heridas y dejar atrás una etapa (la lista de damnificados por esa toxicidad de mi ex-jefe es larga). Pero también hay otras personas que no son juez y parte que me hablan de la emoción que les produce leer DIOS NUNCA REZA. Me da un poco de vergüenza alardear así, pero juro que es verdad. El que no me crea, quizás tiene que comprárselo y leerlo, ja, ja.

Con Eduardo Laporte, un poco achispados y sobre mí una luz muy a tono con el título del libro

Bien, después de la presentación estuve tomando unas cervezas con Eduardo Laporte y algunos de sus ilustres e ilustrados amigos, y con Gonzalo Aróstegui (otro escritor pamplonés-madrileño) que me acompañó hasta el metro para irme a Avenida América y coger el autobús de la una de la madrugada de vuelta a Pamplona y llegué por los pelos (y eso que tengo pocos). Dormir en el autobús, misión imposible, y justo cuando había al menos conseguido una duermevela, sonó el teléfono, a las dos y media. Kutxi, ponía. Y era Kutxi, sí. Resulta que estaban de promoción de su nuevo disco, el de Marea, EN MI HAMBRE MANDO YO, y se enteró de que yo también había caído por los madriles, así que llamó para ver si aún andaba de cañas y quemar madrid. Pero yo al día siguiente tenía cole (o sea, mis hijos), así que quedamos para vernos un día y cambiar cromos (tu disco por mi novela, etc). Por cierto, que los Marea están que lo rompen, nueve horas se pegaron el otro día firmando discos. Yo con 9 minutos ya me sentiría todo un superventas.

Sin dormir, pues, llevé a los niños al cole, me metí por fin un rato en la cama y luego otra vez al cole, preparar la comida, arf, arf, llevarlos otra vez a clase, dormir otro poco, arf, arf, recogerlos de nuevo, llevarlos con mi mujer, arf, arf, y a la primera sesión del Club de Lectura de la Biblioteca de San Jorge, que voy a coordinar. Más nervios. Vinieron veinte personas y la cosa pinta muy bien. Espero aprender mucho.

Luego, pasadas las nueve vuelta a casa y ¡si!, la niña estaba aún despierta, así que pudimos celebrar su cumpleaños los cuatro, pinchando una palmera de chocolate con tres velas. Un momento íntimo, como cuando comimos en el suelo comida turca, la primera noche en la nueva casa.

Ya por la noche, en el ordenador, vi que habían detenido a un rapero, Pablo Hasél, por hacer apología del terrorismo con sus letras. Lógicamente lo busqué en Internet, y vi que algunos de sus videos tenían de fondo dibujos de mi gran amigo Juan Kalvellido, “Tú siempre con los más revoltosos”, le escribí un email. Yo no conocía a Pablo Hasel. Gracias, jueces de la Audiencia Nacional. Por cierto, que lo que he leido de él explicando la detención, y lo que he oído, sus canciones, me parecen muy bien. Es increíble que todavía pasen cosas como estas. Yo, señores jueces de la Audiencia nacional, también quiero me pasen cosas como esas, a ver cuántos libros vendo. Increible también, aunque distinto, es lo de Agustín Fernández-Mallo con la viuda de Borges. Hay cartas de apoyo para ambos, y me parece que firmar en una queda muy guay pero hacerlo en la otra ya es más jodido ¿verdad? Y no hablemos ya de los de Sarrionandia y el Premio Euskadi. Menos mal que todavía nos queda Miguel Sánchez Ostiz para decir las cosas claras.

En fin, hoy ha sido día para la logística doméstica, compras, limpieza, y esta tarde a celebrar el cumple de la niña, ya con todas las de la ley, o sea, con ganchitos y eso.

Arf, arf.

Por lo demás, la vida sigue, espero que un poco más tranquila.

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