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ALZHEIMER

oct 12, 2011   //   by admin   //   Blog  //  No Comments

Joseba Beramendi, Exprai, recuperó el pasado Día de la Salud Mental este cuento desmemoriado que ilustró en su día en Gazte AlGARA

ALZHEIMER Patxi Irurzun

Esto ¿qué le iba a decir, joven?, ah, si, pues eso, que últimamente se me olvidan las cosas, y estoy asustado, dicen que empieza así, con una tontería, de repente no te acuerdas cómo se llama el cacharro esa para comer la sopa, y al día siguiente te confundes de autobús, y al otro no recuerdas del nombre de alguno de tus nietos, ni cuantos tienes de parte de la mayor, y al otro ya ni siquiera sabes cómo se llama ella, ¡tu propia hija!, así hasta que un día se te olvida hasta respirar, y te ahogas, te apagas despacito, te mueres, joder, el otro día, por ejemplo, había quedado con uno que hizo la guerra conmigo, que, es curioso, de todo aquello me acuerdo como si habría pasado ayer, por ejemplo aquel fascista al que me cargué, casi siento todavía sus tripas resbalándome por la cara, como limacos, tuve que dispararle, era o él o yo, él, por cierto, a veces hasta se me aparece en sueños, mira que son cabrones, ni siquiera muertos te dejan vivir en paz, se te meten dentro y tienes que cargar toda la vida con el fiambre, bueno, el caso es que había quedado con mi amigo por eso de los pasos de cebra, para que los niños puedan pasar tranquilos cuando entran o salen del cole, no es que me hiciera mucha gracia, me preguntaba si eso serían todavía más trabajos forzados, como cuando nos metieron a levantar a mayor gloria de dios y del caudillo, que para el caso era lo mismo, el Valle de los Caídos, y si todavía teníamos que estar pagando por haber perdido la guerra, porque si la hubiéramos ganado igual los niños podrían ir al colegio solos, la gente sería más civilizada y los pasos de cebra no parecerían hileras de ataúdes blancos, no se, da igual, el caso es que primero me confundí de día en la cita con mi amigo, le llamé, quedamos otro día, y entonces resultó que yo me fui a otro centro de jubilados, algo parecido, dicho sea de paso, a lo que me pasó cuando era joven, que me cité con una chica en una café, una chica guapísima, tenía unos ojazos como sartenes, me freía el corazón con ellos cada vez que se reía, y se reía mucho, yo sabía hacerle reír, y ella cómo sacarme de dentro todo lo que todavía no me había podrido por dentro aquel maldito muerto, éramos eso que se dice almas gemelas, y si en aquel café no hubiera habido dos puertas y cada uno hubiésemos estado esperando como pánfilos en una de ellas, sin llegar nunca a encontrarnos, igual hasta hubiésemos sido felices, y ahora me acordaría del nombre de mis nietos, y de mis hijos, no vería en ellos sólo la prolongación de esta vida vulgar, echada a perder, de viejo cascarrabias, amargado, esta vida de viejo verde, igual por eso me acuerdo en realidad de aquella chica, ahora que no hay Viagra ni vaca loca que valga (¿no dicen que la ternera te deja el cerebro hecho una esponja, y no es el pito de uno un cuerpo cavernoso, y no tenemos la mayoría de los hombres el cerebro en el pito?), bien, el caso es que al principio pensé que lo de mi amigo, lo mismo que lo de aquella chica, podía haber sido un malentendido, un lapsus, todos los tenemos, hasta los presidentes de gobierno, hablando de fascistas, me estoy acordando el otro día que salió en la tele y en vez de utilizar la expresión “cortina de humo” dijo “bote de humo”, supongo que le habría traicionado el subconsciente, porque estaban hablando de lo siempre, el tema vasco, ya sabe, en fin, eso fue el otro día, pero ahora ya empiezo a preocuparme, me he perdido otra vez, buscando a mi amigo, ya ve, joven, ser viejo no es fácil, todo esa tontería de que la edad se lleva por dentro es un cuento, por dentro está también la próstata de uno, y por su culpa uno tiene que andar parándose en cada árbol, como si fuera un perro, y a veces hay hasta que soportar que te insulten, ¡guarro!, me decían, un día que me dio el apretón a la puerta de un colegio de monjitas, igual eso era lo que teníamos que haber hecho en la guerra, venga a mear a las puertas de los conventos, en vez de quemarlos, pero bueno, ya estoy desvariando, a ver si va a ser verdad que me he dado el Alzheimer ese, o como se llame, en fin, yo lo único que quería preguntarle era si iba bien para el dichoso centro de jubilados, y no le molesto más, tampoco hace falta que se impaciente, si usted no puede perder más tiempo que diré yo, joven, que mañana mismo cumplo mis primeros 102 añitos…

http://www.exprai.com/2011/02/alzheimer.html

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