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EL VÉRTIGO DE SPIDERMAN

Ago 31, 2010   //   by admin   //   Blog  //  3 Comments

Este es el cuento que aparece en el retono del fanzine Vinalia Trippers (y probablemente el título del próximo libro de cuentos que publique, quién sabe cuándo y con quién)
EL VÉRTIGO DE SPIDERMAN

Al Spiderman de la Avenida Carlos III el traje de hombre-araña, que se ha comprado en los chinos, le tira de la sisa, se le mete por la raja del culo, le marca varias lorzas en la barriga… Es ridículo y hasta da un poco de grima, pero, a la vez, esos son sus superpoderes.

-Mira a ese gordo- se ríen los adolescentes, y le escupen o le insultan y entonces él los persigue torpemente y simula lanzarles una tela de araña extendiendo sus dedos como pollas fláccidas (los pequeños cabrones se quedan entonces flipados, desconcertados, porque al final ese friki se ha quedado con ellos, los ha neutralizado) y al ver la escena, la gente que pasa se descojona viva y le llena la gorra y así es como Spiderman puede seguir pagando la hipoteca y el coche y haciendo planes para irse en Semana Santa a Port Aventura con su mujer y sus hijos, que no tienen ni idea de que hace ya varios meses lo despidieron de la Caja.

Spiderman, de hecho, sigue levantándose cada mañana, y poniéndose el traje gris, el abrigo azul y la corbata roja –como la que llevaba EG el Día de la Presentación de Resultados- y cogiendo la misma línea de autobús hasta el centro, pero ahora, en lugar de dirigirse hacia su oficina, entra en los baños de una cafetería que hay enfrente, sale vestido de hombre araña y se coloca en la puerta del edificio central de la Caja de Ahorros -la nave nodriza-.

Nadie lo ha reconocido nunca. Quizás, tan solo, su hijo, aquella tarde que la familia pasó por delante y el niño se detuvo y le miró con cara de melón, pero solo fue un momento, enseguida su madre gritó “¡Deja de mirar a ese pobre hombre!” y lo arrastró hasta un Zara que había unos metros más adelante y después, por la noche, el niño estrenó pijama, con un dibujo de Superman.

-¿Pero a ti el que te gustaba no era el hombre araña?- preguntó Spiderman entonces, algo mosqueado.

-Ya no- contestó el niño, y también se negó a darle un beso de buenas noches “porque te rasca la barba, papá”, dijo.

Desde entonces Spiderman sospecha que el niño lo ha desenmascarado y que se avergüenza de él, pero se consuela pensando que algún día lo comprenderá todo y estará orgulloso de su padre, será por fin su superhéroe, o si no que, al menos, sentirá el mismo vértigo que él siente ahora, cuando mira dentro de sí mismo y ve emergiendo desde lo más profundo, como una bola de fuego o un vómito, las ganas de mandar todo a tomar por culo y entrar cualquier día a la Caja con una garrafa de gasolina o una bomba, y que se jodan los alienígenas.

Los mierdas de sus excompañeros de trabajo, por cierto, tampoco lo han reconocido nunca. A Spiderman le da mucho asco verlos entrar y salir de la nave nodriza, porque ninguno de ellos movió un dedo cuando lo botaron, y porque ahora cuando pasan junto a él también lo esquivan, evitan el contacto, como si fuera un leproso –o un pobre, un parado, que es peor-y pudiera contagiarles la mala suerte. Pero a la vez, ahora que puede mirarlos desde fuera, que ha dejado de estar abducido, le alivia no ser uno de ellos, haberse desprogramado, dejar de escribir todo en mayúsculas, Obra Social, Banca Cívica, EG -así se refieren al Director General, por sus iniciales -, de hablar su jerga, proactivo, ok, implementar, “malditos marcianos”, piensa, y vuelve a sentir el vértigo, porque sabe que tarde o temprano lo hará, tiene que hacerlo, entrará a la nave nodriza y hará una escabechina, quizás sus excompañeros se libren, después de todo son prescindibles, piezas de la maquinaria que no importan a nadie, sí, quizás vaya directo al despacho de algún director adjunto, o del propio EG, la abeja reina, o quizás irrumpa en algún Consejo General, y agarre por el cuello a la alcaldesa o al presidente de la Comunidad, o a alguno de los traidores de los sindicatos, y se suba con él a la azotea, hay que hacerlo pronto, porque cada vez son más las naves nodrizas, cerca de la Avenida Carlos III hay otras tres, el edificio de Hacienda y El Corte Inglés y las oficinas del Diario, sí, Spiderman sabe que solo entonces los enemigos comprenderán que no va ser tan fácil, que un hombre puede ser muy peligroso cuando lo tratan como a una mierda o como a un loco, cuando hacen que sus propios hijos se avergüencen de él, sí, Spiderman lo sabe, el mundo libre lo necesita, y también sabe que el día que se cargue a uno de esos hijosdeputa, esa será la señal para la Revuelta, para que los hombres y mujeres de la Resistencia, por fin, dejen de ser células dormidas y se levanten contra la invasión de los putos alienígenas.

Un cuento en Vinalia Trippers

Ago 20, 2010   //   by admin   //   Blog  //  No Comments

Vicente Muñoz Alvarez, el agitador sideral y capitán de tripulaciones tronadas, que le seguirían sin vacilar hasta los confines del espacio exterior y más allá, me ha publicado en el blog intergaláctico de Vinalia Trippers este cuento incluido en La polla más grande del mundo

2045 Resistencia versus Ciborgs
Yo intuía que había algo raro en aquel tipo y creo que aquel tipo intuía que yo intuía que había algo raro en él. Quizás por mi forma de caminar, clavando los talones con fuerza para alimentar con la energía imprimida en cada paso mi wearable, el liliputiense ordenador alojado en la varilla de mis gafas ahumadas de ozonosol. Además, los datos que me iban llegando a través de La Red se reproducían en la pantalla de la lente izquierda, que era precisa y jodidamente el lado por el que caminaba “Woodstock II @27025”, así me había dicho que se llamaba.

-Yo soy Igor Iribertegui- le contesté, y ya entonces comencé a sospechar que quizás mi contacto era un topo, que me habían tendido una trampa.

Le di mi nombre con mi apellido porque si era un cyborg conseguiría despistarle. Hacía ya tanto tiempo que era obligatorio utilizar el email como nombre que casi todos habían olvidado quienes éramos. Sólo éramos ese número, tras la arroba, que nos identificaba de inmediato en las bases de datos, pues correspondía con nuestra fecha de nacimiento, y el nombre que antecedía a la arroba, y que sólo podía utilizarse por un recién nacido cada día. Ya ni siquiera éramos libres para llamarnos como quisiéramos. Por otra parte los cyborgs pensaban que quienes renunciábamos a ese número éramos ingenuos idealistas, que renunciábamos también a las ventajas de la ciencia. Así que, si mi contacto era un topo quizás le costara imaginar que a través de mi wearable estaba enviando mensajes criptográficos a todos las células de resistentes alertándoles de mis sospechas, al tiempo que intentaba recabar información sobre el tal Woostock II @27025.

—A mi puedes llamarme Woodstock, a secas— intentó confundirme él también, y me explicó que sus padres le habían llamado de esa manera, en memoria del segundo festival de música celebrado en aquel lugar el siglo pasado. Éste en su momento se contrapuso, por su violencia y su claro mercantilismo, al primero, al que acudieron jipis de todo el mundo, pero a la larga las consecuencias de lo sucedido en el segundo fueron mucho más revolucionarias, porque si bien los jóvenes se habían despreciado previamente a si mismos pasando por caja y asumiendo su rol de mercancías y meros espectadores finalmente reaccionaron, se liberaron quemando a los mercaderes. Fue el cambio, la revolución más rápida de toda la historia y aunque se presentó como actos de vandalismo ya entonces comenzó a arder el viejo mundo. Años más tarde la contrarrevolución volvería a triunfar, esta vez con mucha más fuerza, controlando absolutamente nuestras vidas, pero esa es otra historia. Esta historia, contra la que luchamos en la Resistencia.

Continuaba enviando datos, pero no me llegaba respuesta. Ahora estaba casi convencido de que había caído. Cada vez que uno de aquellos monos-policía clonados se cruzaba con nosotros notaba en las pantallas las interferencias de su radar. Si su rastreador de palabras como topo, trampa, conseguía finalmente entrar en mi ordenador se activaría el chip incrustado en la zona cerebral que activaba su agresividad animal y se abalanzarían sobre mí mordiendo, arañando, saltando…

Pensé que debería canalizar mis esfuerzos y la información recibida para escapar, pero entonces llegó la respuesta.

—Woodstock II @27025, DGS (Dirección General de Seguridad), agente nº ****, leí en la minipantalla, pero enseguida me di cuenta de que en realidad estaba leyendo aquello en la lente derecha de las gafas de ozonosol.

El cyborg se había colocado ante mí y me mostraba su chapa. Intenté revolverme pero sus músculos anabolizados me redujeron sin dificultad. Fue en ese momento, en el forcejeo, cuando descubrí la disquetera en la parte posterior de su cráneo. Había cometido un error de principante: aquello debería haber sido lo primero en qué fijarme.

Lo que sucedió a continuación fue el proceso habitual: tras pasar por la DGS, ser juzgado “online”, con un abogado de oficio virtual, me internaron en el centro de reeducación desde el que emito este mensaje. Hasta el momento he conseguido ocultar la microestación de radio insertada bajo un empaste, pero se acerca el momento de la operación en la que se me implantarán los electrodos en el cortex cerebral y su propia estación de radio entre el cráneo y el cuero cabelludo y entonces descubrirán las interferencias. Me despido de todos vosotros con, quizás, mis últimas lágrimas, y os animo a continuar la lucha. Destruid el poder cyborg, y si en la pelea os cruzais con Igor@20728, no dudéis en aniquilarlo.

ABDUCIDO

Jul 8, 2010   //   by admin   //   Blog  //  No Comments

Hoy, 8 de julio, a las 22: 59, temperatura en la tierra 32 grados centígrados, he sido abducido cuando bajaba a tirar la basura, una hora antes de partir a Gijón, con un encuentro en la tercera fase previo con Juan Kalvellido, otro abducido. Spiderman tiene vértigo.

http://vinaliaplan9espacio.blogspot.com/

LA POLLA MÁS GRANDE DEL MUNDO

Jun 24, 2010   //   by admin   //   Blog  //  No Comments

Este es el segundo cuento que me publican en la revista Groenlandia, y el que da título a mi libro La polla más grande del mundo, que, una vez más lo aclaro, no es una autobiografía.

LA POLLA MÁS GRANDE DEL MUNDO

El ojeador de monstruos descubrió su vocación cuando su papá le compró uno de aquellos pollos que vendían en las fiestas de los pueblos, todos apelotonados en una caja de galletas y pintados de colores chillones, a la mayoría de los cuales a los dos días comenzaban a pelárseles el culo, y después venían los temblores y finalmente el pollito moría trágicamente ante los ojos como sartenes de los niños, en los que se empezaba a cocinar la idea todavía imprecisa de la muerte, pero al ojeador de monstruos el pollito le sobrevivía, el color se iba desdibujando hasta quedar sólo algunos ridículos corronchos fosforitos en las alas despeluchadas, y después le salía una cresta punk, y como lo alimentaba con ositos de gominolas, y panteras rosas, el bicho engordaba a lo bestia, y un día aparecía un huevo extraño, como una canica blanca, así que el pollo era en realidad polla, la polla más grande del mundo, que era como la anunciaba el ojeador de monstruos entre sus compañeros del colegio, a los cuales cobraba cinco duros por enseñarles aquel adefesio, hasta que un día su mamá se cansaba, porque la casa se le estaba llenando de cagadas, y se llevaba la polla al gallinero del cuñado en el pueblo, donde finalmente acababa sus desdichados días entre las fauces de un perro malo maloso, eso nunca se lo contaban al ojeador de monstruos, aunque hubiera dado igual, él ya llevaba el veneno en el cuerpo, y cuando en el colegio les mandaban aquello de las semillas y los algodones dentro de un tarro vacío, él se las ingeniaba de modo que a sus raíces les brotaran unas hojas con calcamonías de Popeye, unas hojas tan raras que ahora para verlas la tarifa subía hasta los diez duros, y de esa manera era como nuestro héroe iba medrando, por ejemplo cuando descubrió en el bloque de enfrente a aquella pareja que se vestían como batman pero a lo «jevi», con cadenas, y se daban de hostias sobre el colchón, antes de hacer el amor, el alquiler de los prismáticos alcanzaba ya el talego, y así iba tirando, hasta que acabó el colegio, entonces se enroló en con unos titiriteros, «pasen y vean al hombre más pequeño del mundo, el cordero de dos cabezas, el policía bueno», se desgañitaba sin demasiado éxito, pues el mundo del circo agonizaba, todos los monstruos y payasos se habían trasladado ahora la televisión, la mujer barbuda fue sustituida por una folclórica, los leones que rugían por presentadores de telediario, los domadores por ministros del interior…, y para allá que se fue el ojeador de monstruos, cameló a una chica del barrio algo chocholoco, ésta a su vez a un picoleto corrupto, que había estado casado con la hija de otra folclórica, y a triunfar, al principio era así de sencillo, no había más que aplicar el viejo truco de la polla más grande del mundo, instruir a su pupila para que contara quien entre los que se tiraba ostentaba aquel récord, y a esperar a que el móvil, al que había programado el tono de una caja registradora, empezara a echar humo, pues la programación se había reducido en todas las cadenas a una sucesión de programas del bajovientre entre los cuales se insertaban algún que otro telediario en el que sólo hablaban de Arzalluz y del Real Madrid, aunque, eso sí , después al ojeador de monstruos la niña acabó fugándosele con el mejor abogado ultraderechista del país, que andaba algo flojillo últimamente, ahora ya le hacían la mayoría -la mayoría absoluta- del trabajo otros, y había tenido que abrirse de patas a otros mercados, así estaban las cosas, los nuevos famosos no daban más que disgustos, y el ojeador de monstruos pasó una mala temporada, hasta que llegó su gran oportunidad, el público se había encanallado ya tanto que ya no se conformaba con la foto de un pito retocada con photoshop, ahora se trataba de subir al pedestal y ver hacer el ridículo, entre carcajadas malsanas, a auténticos fenómenos de feria, y ahí nadie le ganaba, él era único, y no tardó en reunir a la cuadrilla más «freak» imaginable, uno que parecía Heidi con peluca, otro que aseguraba haber invitado a Michael Jackson a comer macarrones a su piso, y sobre todo, ella, su joyita, la nueva diva, y su canción, una sarta de mentiras, cuando el público se aburriera de ella no seguiría siendo la misma, si cambiaría, si cambiaría, si cambiaría, y no lo podría soportar, pero ese era ya no era su problema, el ojeador de monstruos había tocado techo y, eso él no lo sabía, fondo al mismo tiempo.

PEDOS DE COLOR DE ROSA

Jun 15, 2010   //   by admin   //   Blog  //  3 Comments
En el número 8 de la revista Groelandia me publican dos cuentos, Pedos de color de rosa, y La polla más grande del mundo. Ahí va el primero.

PEDOS DE COLOR DE ROSA

Todavía hoy, después de tanto tiempo, cuando me levanto de madrugada para ir a la fábrica y te veo ahí, tumbado a mi lado, cuando veo tu espalda desnuda hinchándose y deshinchándose, me cuesta creer que te haya tenido a mi lado durante toda la noche, y pienso que eres como un pequeño planeta que respira e insufla con su respiración la mía. Miro tu pelo desordenado y todo se ordena en mi interior, me acerco a tus labios y huelo tu aliento, y descubro en él el olor de las cosas pequeñas, domésticas, que se hacen grandes porque las compartes conmigo: el último cigarro, el último café antes de acostarnos, esa muela podrida que podías ir de una vez a sacarte, cabrón, las bufas que te tiras y que hueles, metiendo tu cabezota debajo de las sábanas. Dicen que una pareja está verdaderamente unida cuando supera «la prueba del pedo», cuando uno de los dos miembros de la misma tiene la suficientemente confianza para tirarse el primer y sonoro pedo. Tú debes de pensar que no hay nadie en el mundo tan unido como nosotros.
Recuerdo cuando te conocí, aquel verano, en la playa, cómo entonces ya cada mañana espiaba tus rutinas y pensaba que ello me hacía formar parte de ellas, cómo te veía llegar por el malecón, desenredándote el árbol pulmonar con las caladas del primer cigarrillo, cómo escupías sus esquejes podridos al mar, cómo extendías tu toalla sobre la arena y te rascabas los huevos antes de quitarse la camiseta. Y recuerdo que entonces todo aquello me gustaba, quizás porque a continuación, cuando te desnudabas, yo imaginaba que lo hacías sólo para mí, que si yo lo deseaba podría acercarme, apoyar mi cabeza sobre aquel torso moreno, y que tú atusarías mi cabello de manera que con cada una de tus caricias todas mis preocupaciones se esfumaran.
En aquella época de mi vida tenía la sensación de estar siempre esperando algo que nunca llegaría, a alguien que me amara… Tal vez por eso cuando quise despejar la duda de saber si tú podrías haber llegado a fijarte en mí lo hice de una manera tan rocambolesca. Hubiera sido tan fácil acercarme hasta ti, en aquella playa y preguntártelo… Pero busqué alguien que conociera a alguien que conociera a alguien que te conociera, y así conseguí tu dirección, y te escribí, y esperé, por pura rutina, porque pensaba que tú nunca responderías y esa sería una forma más de seguir esperando.
Tú , sin embargo, respondiste.
-Me gustó que hicieras complicado algo que podía ser tan aburridamente sencillo- dijiste.
Y la verdad es que si, que a ti te encanta complicar las cosas, siempre te las arreglas para que te echen de todos los trabajos, o para mear en la tapa de la taza, o para seguir durmiendo a pierna suelta mientras yo me levanto para ir al trabajo.
Creo que, de todas maneras, incluso si no tuviera que levantarme cada mañana para ir a la fábrica, si no tuviera que soportar a todos esos borrachos que regresan tambaleándose a casa y me piden fuego mientras espero tiritando al autobús, me levantaría igualmente de madrugada y miraría tu espalda, que lo haría sólo para sentir ese agradable hormigueo que me provoca pensar cuánto te quiero y cuánto te odio, cuánto me gustaría asesinarte con un beso en la nuca, recostarme sobre tu torso desnudo y comerte el corazón, que lo haría para acompasar mi respiración con la tuya y sentir que sigo viva, que todavía tengo paciencia para esperar a que alguien me ofrezca un poco de su amor.
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