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Entrevista a Maialen Gurbindo (Chica Sobresalto)

Dic 14, 2021   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

“Me inventé a Chica Sobresalto para hacer todo lo que a Maialen le daba vergüenza”

Publicada en magazine ON (diarios Grupo Noticias) 11/12/21

Con su segundo trabajo, Sinapsis, publicado tras su paso por OT, la artista navarra ha alcanzado el número uno en las listas de ventas. Pero los focos no la  deslumbran, ella sigue su propio camino, en busca siempre de una canción mejor. Ese es su verdadero triunfo.

Patxi Irurzun

Maialen acude a la entrevista acompañada de su perro Murphy, un galgo también superhéroe (fue rescatado de una cuneta). Murphy, de hecho, lleva puesto un chaleco que recuerda ligeramente al estilismo que Chica Sobresalto utilizó en su primer disco, Sobresalto. Entre este y el segundo, Sinapsis, publicado recientemente y que la llevó  al número uno en las listas de ventas, la cantante de Villava pasó por OT, una experiencia que recuerda con cariño y a la que  llegó preparada, con los superpoderes intactos para que la fama no se volviera una villana: pagó, por ejemplo, aquel primer disco con lo que consiguió ahorrar trabajando duro como limpiadora; perdió el miedo escénico actuando en pequeños locales que, medio vacíos, parecían campos de fútbol; o, ya convertida en triunfita, decidió desoír cantos de sirena -o de pirañas- y grabar Sinapsis con El Dromedario, la discográfica de Iruña que le dio la primera oportunidad y con la que  se siente como en casa, pues respeta su ritmo, su visión de la música y el camino propio que se ha trazado. Un camino que Maialen recorre sin prisas, sin dejarse atropellar, con la vista puesta siempre en  su sueño desde que era niña: la canción perfecta, el disco redondo,  el sobresalto, el orgasmo creativo final, que tal vez no llegue nunca pero cuya persecución es lo que le permite volar. 

¿De dónde viene su afición por la música, ha querido ser artista desde pequeña?

Esto de la música empieza por el aita, a mi aita le encanta la música y escuchaba mucha en casa, recuerdo, por ejemplo que me ponía vídeos de Madonna haciendo cosas superincreíbles y que yo decía “¡Ostras yo quiero ser como ella!”, luego, la gente no me cree, pero mi mayor referente desde pequeña es Shakira, me encantaba. Pero el aita me ponía de de todo, Rammstein y luego Mike Oldfield, que le flipaba, y me decía “Ponte aquí, que se escucha mejor”, y yo también flipaba, quería ir a la escuela de música… Empecé en Hilarión Eslava, en Burlada, primero guitarra, luego hice canto, acabé en la escolanía, cantar en coro me pareció increíble… Y así. Por otra parte,  siempre que veía a una chica punki con guitarra y que hacía cosas “trambólicas” me gustaba muchísimo, y me pegaba todo el día en mi habitación haciendo yo también mis supershows…

Las escuelas de música han sido una gran cantera de artistas en Navarra…

Sí, yo en Hilarión Eslava hice todos los cursos posibles, de hecho hice incluso la preparación para el conservatorio, aunque luego nunca fui, pero como veía que en aquellos cursos podía aprender muchas cosas… Además tuve la suerte de que estaba en ese momento María Eugenia Echarren dando clases de canto, estuve con ella desde los once a los dieciséis, luego entré al Orfeón Pamplonés, estuve también en una electrocharanga, luego, con diecisiete años hicimos nuestro primer grupo, que se llamaba Biluzik. Me gustaba todo. Y paralelamente siempre con la guitarrica, que la había dejado de lado para hacer canto, pero a los trece años, como he tenido insomnio toda mi vida, la saqué del armario una noche, comencé a ver tutoriales, a aprender acordes… Y como me aburría me decía “Pues canto por encima”. Y de repente vino un día mi cuadrilla a casa y les dije “Estoy haciendo esto últimamente” y una de ellas va y se me pone a llorar.  “Pero, Maialen, ¡que has hecho una canción!”, me decía, y yo “¿Cómo voy a hacer una canción?” Porque no fue ni a posta. Yo quería hacer música, siempre había tenido la idea de que acabaría haciendo música, pero aquella vez ni siquiera fui consciente. No sabía cómo había pasado, cómo lo había hecho, pero a la vez fue algo que no había sentido nunca, una liberación brutal. Y realmente a mí lo que más me gusta del mundo y de la profesión, es eso, el momento de componer, siento algo que no me ha dado nunca nada más en mi vida.

¿Qué pasó con esa canción?

Pues se me ocurrió subirla a Youtube, en 2008 o así, con quince años, y de repente todo el instituto la había visto, y la cantaba, me pareció increíble y pensé “Pues sigo” y allí estaba yo en mi casa con la cámara digital que me había regalado Olentzero, subiendo canciones, hasta que me engañaron para hacer un concierto en un bar, el Ziaboga, que fue mi primer bolo de cantautora con diecisiete años, y lo pasé fatal, me cagué, porque allí estaba toda mi gela, mi familia, mi cuadrilla, todos a tope conmigo… Así que me dije “Yo no hago más esto”.

Pero siguió adelante, de hecho, ahora toca en conciertos multitudinarios, o en platós de televisión ante millones de personas. ¿Cómo superó aquel momento de pánico?

Me ayudó un montón el momento cómico, cuando empecé a hacer chistes entre canción y canción, yo no sabía qué hacer, me encontraba como muy desnuda delante de todo el mundo, hasta que me di cuenta de que cuando la gente se reía me sentía arropada. Pero sí que es cierto que yo he ido muy despacio, hasta que he podido gozar en el escenario. Es verdad que cuando estás con la banda estás más protegida, pero ahora también me encanta ese momento kamikaze, sola. Y en cuanto a lo del plató, en realidad en Operación Triunfo solo he estado a gusto en el escenario dos veces, como mucho, porque era otra cosa distinta, pero a la vez me ha dado muchas tablas, el hecho de haber estado incómoda tantas veces ahora hace que me sienta relajada y que tenga la sensación de que nada es para tanto, de que por muy parda que la líes no se va acabar el mundo.

¿Es usted tímida, le transforma el escenario?

Sí, de hecho en la vida real hace años yo no era capaz ni de llamar por teléfono a un sitio, para reservar para cenar con la cuadrilla, por ejemplo, yo me preguntaba cómo era posible que me pasara eso y luego me subiera al escenario a cantar y a contar chistes malos, no sé muy bien por qué pasaba. Y de ahí salió en parte lo de  inventarme un personaje, una superheroína que sí se atreviera a hacer todo lo que a Maialen le daba vergüenza.

Chica Sobresalto, ese personaje, es su nombre artístico y el de su primer disco. ¿Cómo consiguió sacarlo adelante, fue costoso?

Fue bastante horrible, porque no sabía dónde me estaba metiendo, quería juntar las canciones que había ido haciendo durante esos años y grabar un disco. Y me encontré con todos los problemas del mundo. Primero porque yo no podía pagarlo, con lo que ganaba limpiando. Después no tenía ni idea de cómo se subía un disco a Spotify, empecé a ver tutoriales en Youtube, que estaban en inglés, y yo no sé inglés… Recuerdo que nos fuimos a Zestoa a grabar con Eñaut Gaztañaga, que se portó genial con nosotras, y era levantarse superpronto, hacer comida para todas, coger el coche, llevar a todo el mundo… De todo aquello aprendí un montonazo, a base de cagarla, eso sí.

¿Cómo nace Chica Sobresalto, era algo ya pensado previamente o que se le ocurre tras grabar el disco?

Recuerdo que Eñaut me dijo que con aquel nombre de “Maialen canta”, que era como yo ponía en los carteles, no iba muy lejos. Me di cuenta de que necesitaba un nombre artístico. Toda mi vida me ha divertido hacer listas de palabras favoritas, palabras que me gustan, por cómo suenan o qué significan  (por ejemplo, “trombólico”). Iba haciendo un ranking, que solía escribirlo en clase -por eso suspendía todo- y en ese momento estaba la primera sobresalto, y eso se juntó con lo de la superheroína (así era como yo me sentía, sacando adelante aquel disco que tanto me había costado), o sea, que decidí que sí, yo era una superheroína  y mi misión iba a ser mostrarle a la gente que la vida no es un suspiro, sino un sobresalto. Así fue como nació Chica Sobresalto.

Poco después de ese primer trabajo, de repente se cruza OT en su vida. ¿Cómo llega hasta allí?

Al principio está ese romaticismo, tú sacas tu disco, todo es maravilloso, vas con toda tu ilusión, piensas en tocar en todas partes, que va a gustar a todos, hasta que te das cuenta de que eso no es así, o no lo fue en mi caso, yo mandaba como unos veinticinco emails cada día, tenía un Excel con discográficas, festivales, salas… cogía la guitarra y me iba con un blabacar al quinto huevo, perdía pasta por un tubo… Y así, hasta que ya con veinticinco años me planto, me doy cuenta de que me estaba quemando, porque si al menos viera que iba hacia arriba, despacito… pero no funcionaba. Yo había visto OT de siempre, pero nunca me había planteado ir a la tele, aunque me gustaba el programa. Vi que en los casting iban a valorar el tema de componer, y entonces pensé que podía encajar, y decidí ir a uno de ellos, con la idea de que no me iban a coger pero como esos casting iban a ser visibles igual eso me venía bien. Con que me siguieran quinientos seguidores más en instagram me valía, igual así iba a tocar a Madrid y venían a verme veinte personas, en vez de cuatro. Y así fui pasando casting,  sin querer, de hecho, al casting final casi ni voy, porque estaba cagadísima, pero yo veía que pasaba y cuando ya llegué a los dieciocho de la gala cero, me dije “¿A que entro? ¿Y ahora qué?”. Y de repente era como “¡No, no, no quiero!”, pero entré, y la primera noche estaba asustadísima, hay un vídeo que se ve cómo vamos todas a la habitación a elegir cama y yo aparezco la última, con una cara de susto, como una niña pequeña el primer día al cole. Luego me lo pasé muy bien, eso sí.

Por cierto, en aquel primer casting usted cantó Contra todos de Robe…

Sí, porque me daba cuenta de que no pintaba nada allí y aquella canción me representaba. Aunque también canté Madonna por ser fiel a la Maialen pequeña. Y en el segundo casting una de mis canciones, Navegantes, con mi guitarra. ¡Yo que sé! No sabía ni que estaba haciendo, la verdad.

¿Una vez dentro de OT, siente vértigo, se siente de nuevo desnuda, expuesta?

Bueno, al entrar ya con veinticinco años y sabiendo para qué lo hacía estaba tranquila, no me planteaba estar más de una semana, ni pensé nunca en ganar, competir, quería aprender, yo no daba clases desde Hilarión Eslava o el Orfeón, entonces para mí era muy guay tener clase, no tener que ir a trabajar, me hacían comida especial para mí, vegetariana, no había que pagar facturas, estaba contentísima. Bueno, las tres primeras semanas lo pasé fatal, pero porque me nominaron y yo pensaba que me iba… Yo en OT hice lo que me dio la gana, cuando me plantearon sacar  Oxitocina dije que quería que fuera con mi banda, y así fue, dije que quería que Ibai, el bajista de mi grupo,  hiciera la portada y la hizo… Se respetó todo lo que yo propuse. Y además la gente que conocí era majísima.

En cuanto a esto, al trato con sus compañeros, las relaciones afectivas, ¿es cierto eso que se dice de que “los sentimientos se magnifican” o es un tópico?

Se magnifican porque estás encerrada, no tienes ningún estímulo exterior, todo es raro, no es la vida real, y el vínculo que estableces con cualquier persona no se parece a ningún otro. Son personas a las que igual nunca en tu vida te habrías acercado… Por ejemplo, yo la primera vez que vi a Nia pensaba que no tenía nada que ver con ella, sin embargo ahora tengo con ella una relación brutal, o ahora estoy en Madrid, me rayo un día, llamo a Samantha… Nos entendemos un montón, aunque hagamos cosas muy distintas, son relaciones raras, pero me alegro un montón de tenerlas.

¿Qué piensas sobre los prejuicios que se tienen a veces sobre ustedes, los triunfitos, y sobre el programa?

Es que a mí me pasa lo de siempre, voy a OT, no pinto nada, salgo de OT, tampoco, entonces ¿no pinto nada en ningún sitio?, ¿qué soy? Hay muchísima gente que no ve OT pero sabe que has ido, y de repente te encasillan en que no compones, que te ha llovido la suerte del cielo… Esa es otra, yo llevaba años de trayectoria y había comido bastante mierda antes de entrar, pero… ¿y si no?, ¿la peña no se merece que le pase algo bueno de repente? Además, por mucho que hayas estado en OT, si no curras, todo lo que has tenido allí, los seguidores, la fama, es mentira, es efímero, te coloca en una posición en la que no estás, y poco a poco vas a volver a la tuya… Entonces yo ese tipo de prejuicios, todo eso de la triunfita… ¿Cómo te vas a quitar esa etiqueta? Yo no quiero quitármela. Puedo ser muchas cosas que a ti te choquen, puedo ser la triunfita pero al mismo tiempo estamos intentando entrar en la escena indie porque nos gusta mucho y es donde más cómodas estamos, y a la vez somos más punkis que la hostia… Soy todas esas cosas  y a quien le choque, pues, bueno, enhorabuena…

De hecho usted entró con su disco, que publicó una discográfica de Pamplona, El Dromedario, salió, ha seguido con ellos.  Parece tener bastante claro su camino y quién quiere que le acompañe en él…

Sí, porque creo que el sitio en el que estés tiene que ser afín a ti y a tu proyecto, para mí, por ejemplo, mi banda es la mejor del mundo, tengo que estar en un sitio con gente donde esté a gusto, que me eche mis risas en la furgo, que si estás rayada tengas a tus colegas al lado… Creo que lo he hecho bien en el sentido de que me voy todos los días a dormir superagusto.

No hemos hablado todavía se su disco nuevo, Sinapsis, otro disco de alguna manera conceptual, relacionado en este caso con la química. ¿Qué nos puede contar sobre él, cuál sería la sinapsis de sinopsis?

El disco nace en un momento en el que estoy estudiando psicología por la UNED. Yo siempre me había peleado con la ciencia porque creía que las emociones no se podían estudiar de una forma pragmática, porque eran demasiado poéticas para ello, pero de repente me pongo a estudiar esto y me doy cuenta de que sí, de que la manera pragmática de estudiar el cerebro humano es increíble y no le resta su poesía, me pareció muy guay todo ese mundo, las palabras, las imágenes. Encima, entendí muchas cosas sobre mí misma, que me tranquilizaron, me ayudó a comprender que no soy tan especial, lo cual fue un respiro. Y así fue cuando empecé a pensar cuál sería el nombre de las canciones, de esas canciones que hablan de emociones. La primera canción, por ejemplo,  Oxitocina habla sobre mi sexualidad.

¿Ha ido acomodando las canciones a ese tema o ha sido algo que ha ido surgiendo?

Al principio fue algo casi sin querer, después ya lo fui forzando un poco, o se fue hilando. Por ejemplo,  quería hablar sobre la endometrósis, para contar la historia de mi prima Laura, como ella ha convivido con eso y con el hecho de ser madre, y pensé “Ya tengo Progesterona”,  o mi abuelo se puso muy malito y le escribí una nana y pensé “Ya tengo Melatonina”. Era como que en mi cabeza todo se iba uniendo.

No sé si se puede contar, pero hay incluso una canción escondida, como en los discos de antes

Sí, sí, se puede contar, ya la subimos a Spotify y todo. Se llama Inconstantes vitales. Cuando yo escuchaba música de pequeña con el aita pasaba eso en algunos discos, se acababa la última canción, había varios minutos de silencio y luego sonaba una canción secreta, me parecía superguay y pensaba que algún día lo iba a hacer yo. Me hizo ilusión además porque casi todas las canciones son previas a OT, y al pasarme algo tan tocho,  quería dejar plasmado cómo estaba yo por dentro en ese momento, y en verano, al salir de OT, compongo la canción, además con el método que Zahara nos explicó en el programa, que seguí a rajatabla.

Ha citado a Zahara, que aparece en el disco. Háblenos de las colaboraciones de Sinapsis.

Sí, está Alex, de Nixon, el grupo que me llevó de gira de telonera, y fue superbonito, y me apetecía que estuvieran ahí porque habían formado parte de mi historia; y luego otra parte muy importante de mi carrera, aunque ella no lo supiera es Zahara, a la que tengo como un referente, no solo musical, me parece una revolucionaria, así que le propuse participar y me dijo que sí, y de todas las veces que me han dicho sí en la vida es una de mis favoritas.

¿Se puede decir que esa popularidad que le ha dado OT le ha permitido este privilegio de tener acceso a artistas que admira?

Claro, y es muy guay, hace poco, por ejemplo, le escribí a Santi Balmes, de Love of lesbian, porque me hacía ilusión mandarle una camiseta y un disco, y así es mucho más fácil que si no me conociera, o no tuviera ni idea de quién soy.

El disco incluye también un pequeño libreto sobre la manera en que usted compone las canciones… ¿Se puede explicar el momento creativo? A veces usted lo compara con un orgasmo.

Igual es algo que me lo estoy inventando, pero a mí me da la impresión de que hay como dos formas de componer, una más visceral, menos premeditada (por ejemplo, en este disco Fusión del núcleo es una canción “escupida”, al cien por cien) y otra en la que está más estudiado. Yo creo que lo mejor es un equilibrio entre las dos. En mi caso llevo mal la segunda parte, la de pensar. Yo sabía algo de armonía pero no lo sabía usar para componer, entonces ahora estoy dando clases para nutrir esa parte y ser mejor compositora cada vez, eso es lo que más me obsesiona del mundo, hacer canciones mejores cada vez, ese es mi objetivo vital, hacer no las mejores canciones del mundo, sino las mejores para mí. Hay una cosa en ese sentido que me preocupa y es que creo que cada vez que acabo una canción pienso que se ha gastado la creatividad, que no da más de sí, porque como no sé hacerlas a posta, pienso que no va a volver a salir, y por eso quiero hacer esa gimnasia compositiva, no quiero dejar a la suerte de la musa todo, aunque me sienta poderosa y me sienta increíble cuando eso pasa, por eso lo asemejo a veces a los orgasmos y la sexualidad, porque me hace sentir dueña de lo que quiero hacer con mi vida y con mis cosas.

¿Esa sensación de que ha agotado su creatividad tiene que ver también con algo que comenta en ese libreto, con la idea perseguir siempre la canción o el disco perfectos, redondos?

Sí, es esa idea que tengo desde pequeña, la de hacer una obra increíble, el disco de mi vida, igual resulta que esa obra es todo, o igual no existe, yo qué sé, es una paranoia a la que igual hay que no hacer mucho caso.

“A todo y toda aquella que tiene prisa en esta industria de pirañas sin talento”, escribe en la dedicatoria de Somatropina.  ¿Una puya a la industria musical, las prisas, las presiones a los artistas?

Sí, yo entro en ese mundo y me doy un susto increíble, veo como la gente quiere correr, no han terminado y una canción y ya necesitan otra porque hace falta un single tras otro… Yo no quiero que me atropelle eso, no busco una estrategia, o sí, pero quiero que mi estrategia se adapte a mí, y no al revés, no yo a una estrategia que no sé de dónde sale ni quién dice que es la buena, no quiero que a mí me pase eso, que la prisa perjudique al proceso creativo.

Camina sin prisas. ¿Cómo se imagina más adelante, dentro de un tiempo, por ejemplo con cincuenta años, piensa en eso?

Sí, yo, por ejemplo, veo a Love of Lesbian y quiero ser como ellos, ves cómo evolucionan, como se quieren, como han ido construyendo poquito a poco lo suyo, y yo quiero eso, no quiero esas prisas, quiero ir despacito y poniendo unos cimientos sólidos. Eso es lo que me gustaría, a donde quiero llegar. Y así es como me veo dentro de unos años: componiendo. 

PERSONAL

Nombre:  Maialen Gurbindo

Fecha y lugar de nacimiento: “Soy de Atarrabia”, aclara, “porque en muchos sitios ponen que soy de Burlada y luego me riñen. Y del 94, eso también lo suelen poner mal, me quitan un año”

Trayectoria: Estudió música en la escuela de música Hilarión Eslava, formó parte del Orfeón Pamplonés y de una electrocharanga. Su primer frupo fue Biluzik. En 2017 ganó los Encuentros de Arte Joven. Su primer trabajo, Sobresalto, lo publicó ya con el nombre de su alter ego, Chica Sobresalto.  En 2020 se convirtió en una de las triunfitas de OT. Un año después , con su segunda trabajo, Sinapsis, en el que colaboran artistas como Zahara, ha llegado al número uno de las listas de ventas. 

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