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UNA RESEÑA DE ‘DIOS NUNCA REZA’ EN ‘EL RINCÓN DEL QUEJICA’

Nov 7, 2011   //   by admin   //   Blog  //  1 Comment

Decía el recientemente fallecido escritor y agitador cultural Felix Romeo que la literatura española contemporánea es ante todo una literatura de señoritos, una literatura que mira a los seres humanos por encima del hombro, de arriba abajo y no de abajo arriba, incapaz de mostrarlos en toda su desoladora grandeza, una literatura mezquina, costumbrista y petulante. Y no le faltaba razón al maño si solo reparamos en lo que se estila en los diferentes suplementos literarios de la prensa autotildada de seria, donde se supone que se publicita, más que se habla, de la literatura también tildada como tal, aquella supuestamente de mayor calado artístico e intelectual que la que copa los primeros puestos de venta o simplemente los escaparates de cualquier librería, cada vez más parecidos a los de las grandes superficies comerciales. Se trata, en cualquier caso, de una literatura que se presenta como culta a toda costa, exquisita más bien, de lo que hay que estar empapado, que trata tanto de los grandes temas de la vida como de sus personajes. Una literatura que ilustra además de entretener, que ayuda a entender el mundo…

Claro que eso es de lo que presumen los que la consumen en su mayor parte como complemento de lo que juzgan inherente a su educación, siquiera solo a su clase. Y como son ellos los que, ya por su mayor poder adquisitivo o por su influencia dentro de lo que es el cotarro intelectual-mediático del país, los que en realidad hacen que sobreviva mal que bien el negocio editorial que no se nutre en exclusiva del bestseller de turno, pues qué otra cosa pueden y creen que deben hacer las editoriales de relumbrón sino proporcionales aquello que buscan, esto es, textos que les ayuden a mirar de arriba abajo a los seres humanos, petulancia a cualquier precio, libros para señoritos.

Pues bien, la literatura de Patxi Irurzun, y ya en concreto este diario de nombre DIOS NUNCA REZA, es todo lo contrario de lo que busca esa gente que el propio autor define en el libro como no-gente que no viene a trabajar en autobús, que nunca tiene problemas para llegar a mes y cuyo único nexo con el mundo es lo que leen en los dominicales de los periódicos progres. Los diarios de Irurzun tienen que disgustar a la fuerza a los señoritos que cuando frecuentan este género casi siempre lo hacen para empaparse de las peripecias vitales de los grandes personajes de la Historia o la Cultura, gente con la que acaso cotejar su propia existencia, no destilan poca soberbia ni nada estos pavos.

De este modo, este diario de Patxi Irurzun peca divinamente de mal gusto porque no está a la altura de lo que exige el negocio. Y es que este diario habla de las cuitas de la gente corriente, la gente trabajadora, que no por ello humilde, que a ver de qué, y sobre todo, lo hace, cómo si no, mirando de abajo arriba, y también mirando a su alrededor con la suficiente maestría en la escritura para que la ironía, el sarcasmo, la mala leche, no desentone con la ternura y la nunca lo suficientemente ponderada lírica de lo cotidiano.

Así pues, en DIOS NUNCA REZA encontramos lo que creo que buscamos la mayoría para los que la literatura no es una afirmación de clase, distinción intelectual o cualquier otra mierda por el estilo, los que buscamos el gozo del texto bien, primorosamente incluso, escrito -al menos no como juzgan los talibanes de la gramática y ortografía que tiene que serlo, siempre a la caza de la errata o la frase dudosa- por sincero, divertido y ácido, sobre todo ácido. Pero de una acidez que no corroe tanto como reconforta porque nos ayuda a mirar a nuestro entorno a través de los ojos de su autor y percibir cosas de las que si no nos las dice él apenas nos damos cuenta. Y eso es acaso lo que más satisface de la verdadera literatura, de la que tiene además de estilo también tiene alma, una voz propia como la de Patxi, en la que no solo nos reconocemos sino que además aprendemos a hacerlo de otra manera, a veces riendo, enfadándonos, enterneciéndonos, y siempre, siempre, reflexionando sobre el verdadero significado de que detalles como unos inmigrantes jugando al baloncesto en la cancha de un barrio de extrarradio nos parezca el colmo de la melancolía, de que las reflexiones acerca de la amistad del autor nos resulten tan cercanas que no podamos evitar emocionarnos, de que los apuntes tomados de la realidad sociológica de su entorno, o sus cuitas como escritor periférico, y con esto no me refiero a lo geográfico, también tan cercano y a ratos puede que hasta idéntico, ya sean del trabajo o simples anécdotas del roce diario con el paisanaje, nos lleven en un santiamén desde el cabreo a la risa:

Esta mañana he llevado a Urko a la ludoteca. (…..) En el patio me he fijado que había bastantes padres extranjeros, ecuatorianos, marroquíes, rumanos… Pero a mí solo se me ha acercado una madre con dos pequeños vestidos de Osasuna, y ha comenzado a hablar conmigo con complicidad, o buscando protección. Pero yo no la conocía, ni me interesaba nada lo que me estaba contando, así que no le he prestado demasiada atención, ni siquiera recuerdo lo que me ha dicho, solo que ha intentado introducir en su conversación algunas palabras claves que nos diferenciaran de los demás (algo sobre los recientes sanfermines, o las pastas Beatriz de la calle Estafeta -que ha comprado para llevar a su madre-, algo muy de Pamplona). Me he fijado también en que sus dos hijos llevaban unas viseras de los campamentos urbanos municipales. (…)

Por lo demás, antes de entrar en la ludoteca, le he dicho algo a Urko en euskera y a la señora se le ha demudado el rostro, se ha alejado de mí disimuladamente, como si fuera un extranjero, otro de los padres argentinos, rusos, senegaleses, a los que no quería acercarse.

*¿Que de qué la inserción en esta entrada de este vídeo de La Polla? ¡Leed el libro!

http://quejicakexontzia.blogspot.com/2011/11/dios-nunca-reza-patxi-irurzun.html

LA VIDA (LITERARIA) TE DA SORPRESAS…

Nov 7, 2011   //   by admin   //   Blog  //  2 Comments


Llevo unos días haciendo de escritor. No siempre es lo mismo hacer que ser. Quiero decir que yo soy siempre escritor, sobre todo cuando estoy en mi casa escribiendo, que es cuando más escritor soy, pero -que me estoy liando-, el caso es que llevo unos cuantos días haciendo vida literaria, vida pública, digamos, como si fuera un profesional, uno de los buenos, uno de esos escritores que un día están en la tele, otro en el chat de un periódico, al siguiente en la entrega de unos premios.. uno de esos que uno se pregunta cuándo escriben… Durante estos días he tenido un club de lectura, una presentación, he grabado un video … ¡Si hasta he ganado un premio! Ha sido el Villa de Murchante, con un relato titulado «Peaje». Estoy muy contento, por supuesto, hacía tiempo que no me ponía en plan cazarecompensas, pero todavía no he perdido facultades y me he llevado la bolsa, aunque esto suele ser a menudo un capricho del azar y uno no acaba de entender del todo cómo funciona. Esta vez, mi cuento ha resultado ganador entre 1255 relatos. Hace poco presenté otro cuento a un concurso de una revista de literatura muy moderna y muy festivalera y ni siquiera fue elegido entre la primera criba de doscientos cuentos. Y a mí me gustaba bastante más este cuento que el ahora afortunado. Si uno se para a pensar, ponerse a concursar en plan atleta con la literatura es ridículo, pero a veces hay que pagar este peaje. Nadie -bueno, yo al menos- se hace cazarecompensas por vocación, sino por necesidad.

El viernes que viene iré a Murchante a recoger el premio, a tartamudear mientras leo el cuento, y conoceré a Fernando Iwasaki, que ha ejercido como jurado del certamen.


Por lo demás, el viernes presenté en la FNAC de Zaragoza, ‘Dios nunca reza, con Dani Sancet y mi editor Jorge Giménez Bech, que vino a acompañarme desde Irún, y pude conocer al cantautor Joaquín Carbonell, toda una institución en Aragón (le paraba la gente por la calle para hacerse fotos con él), a quien yo también acompañaré dentro de unos días en Pamplona cuando venga a presentar «Pongamos que hablamos de Joaquín«, una biografía de Sabina, el que fuera su amigo, cualquier cosa menos hagiográfica. En la FNAC yo, entre otros, salía anunciado en un cartel debajo de una gran foto de Alberto Olmos, a quien últimamente parece que persigo o él sin saberlo a mí, igual porque le debo dos hostias, como el propio Olmos escribió en su odiado y admirado blog.

Al día siguiente, muy pronto (a eso de las cinco y media de la mañana) viajé con Dani Sancet y todo el grupo Insolenzia, hasta una masía en el Maestrazgo turolense para rodar un videoclip de en el que yo hago de Dick Grande, el protagonista de mi novela ¡Oh, Janis, mi dulce y sucia Janis! pero cuando el personaje todavía es barrendero, no estrella del porno, y mejor, porque hacía un frío que todavía estoy entumecido (aunque a los del grupo sí que les tocó desnudarse, y esa fue la parte fácil del video). Ha sido toda una experiencia la del vidrioclip, casi 24 horas del tirón rodando (bueno, yo en realidad solo tenía unas tomas, y acabé de todos modos baldado), pero sobre todo compartir una vez más unas horas con los insolentes y ver desde dentro cuánto cuesta hacerse un hueco, también en el mundo del rocanrol, y cómo resisten y arriesgan y se dejan la piel algunos, como Dani Sancet y los suyos y encima sin perder nunca el buen humor. A su lado (sobre todo por esto último, yo que de natural soy más mustio) uno se siente intruso y fuera de lugar, a pesar de que tengamos muchas cosas en común. Mucha gente no sabe, no valora, no tiene ni idea, de cuánto trabajo hay detrás de un disco, o de un libro, cuánta ilusión y si esto no les vale cuánto tiempo invertido, desde luego mucho, muchísimo más que pinchar en descargar y esperar a tener ese disco, o ese libro entre tus manos.

Por fin, el domingo por la noche, volví a casa, que es donde yo de verdad estoy a gusto, todavía pude acostar a uno de los niños, la otra ya había caído roque, y después lo hice yo, como un tronco, y mientras dormía tuve pesadillas pensando en que la vida literaria continuaba, y yo ya no era escritor, ni siquiera cazarecompensas, tan solo escribía en mi blog, y contaba qué me había pasado en presentaciones, rodajes, entregas de premio, como si a alguien le importara algo todo eso.

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