• Subcribe to Our RSS Feed
Tagged with "seis grados Archivos - Página 2 de 4 - Patxi Irurzun"

De Miguelín el «cashero» a Emilia Pardo Bazán, y por esos caminos de Dios el cura Santa Cruz, Shane MacGowan o Paquirri.

Ago 4, 2025   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

SEIS GRADOS
La teoría de los seis grados de separación dice que podemos conectarnos con cualquier otra persona del Planeta Tierra a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios. Aquí, además, hacemos el camino de vuelta.

Publicado en magazine On (02/08/25)

Miguelín, Miguelín el cashero… ¿Quién no ha tarareado y bailado alguna vez el famoso y pegadizo tema de los gasteiztarras Potato? ¿Y quién no se ha preguntado si ese tipo sencillo, campesino y nada pendenciero existió realmente, está inspirado en alguien o es solo una invención del autor de la letra? Se lo preguntamos a este, Pedro “Aianai” Espinosa, quien nos revela que la canción está ligerísimamente basada en un amigo suyo, un tendero que dispensaba sus hortalizas y frutas en las inmediaciones de la madrileña plaza del Cascorro “como si estuviera en permanente estado de tripi”, y al que Pedro conoció durante su etapa de estudiante en la capital del reino. Pese a lo cual, añade, son varios los desconocidos que a lo largo de su vida se le han acercado para agradecerle que les hubiera dedicado la canción (a aquel Miguelín original de Lavapiés, por su parte, Ramocíntambién le dedicó otro tema: Cómete una paraguaya).

La prosa garbancera

Las canciones se encienden a veces en la mente de sus autores de maneras peregrinas: a partir de casualidades, alentadas por chispas que prenden residuos de la memoria, en noches de insomnio (fue el caso de Miguelín el cashero, como veremos más adelante)…

Un gran insomne es, por cierto, El Drogas, el que fuera bajista y cantante de Barricada, grupo con el cual a lo largo de su carrera Potato compartió cartel y escenario en más de una ocasión. El Drogas, ya en su carrera en solitario, escribiría muchos años más tarde una canción titulada Soy el oso, que parte de un relato de Julio Ramón Ribeyro, al que descubrió de manera casual durante una de sus caminatas, al toparse en un puesto callejero una colección de cuentos del escritor peruano que le llamó la atención y en la que se incluía Fénix, la impactante historia de un circo, narrada desde la perspectiva de seis narradores.

Ribeyro es uno de los grandes escritores peruanos, no quizás tan conocido como César Vallejo, Alfredo Bryce Echenique o Mario Vargas Llosa, con quien Ribeyro mantuvo una larga amistad que acabaría deteriorándose y distanciándolos (lo mismo le sucedería al Premio Nobel con tantos otros, como Gabriel García Márquez, a quien propinó un puñetazo tan célebre como casi cómico, de tebeo; de hecho, García Márquez estuvo aplicándose para sanar el hematoma chuletones crudos en el ojo averiado). Vargas Llosa, por lo demás, no solo acostumbró a ajustar cuentas con sus contemporáneos, sino que también se despachó a gusto ejerciendo como crítico literario con autores que lo precedieron, como Benito Pérez Galdós, a quien dedicó un libro, La mirada quieta, en el que si bien ensalza al tímido autor canario (aunque al parecer, el autor de Fortunata y Jacinta no se mostraba nada tímido en las fogosas cartas que escribía a Emilia Pardo Bazán, con quien mantuvo un apasionado romance), también le reprocha alguno de los defectos que ya décadas atrás hizo célebres Ramón María del Valle-Inclán, quien en Luces de Bohemia se refirió a Galdós como “Don Benito, el garbancero”, acuñando la famosa y despectiva expresión “prosa garbancera”.

Ya nadie se acuerda del puñetazo más literario del siglo (pasado) |  Vozpópuli

Un cura trabucaire

Es bien sabido que Valle-Inclán (y después de este paréntesis literario vamos volviendo poco a poco al terreno musical) sintió una fuerte atracción estética, más que ideológica, hacia el carlismo, que se refleja en obras como Sonata de invierno o la trilogía La guerra carlista, la última de cuyas novelas, Gerifaltes de antaño, cuenta la historia del trabucaire, temerario y fanático cura Santa Cruz, quien tras realizar todo tipo de escabechinas al mando de una sanguinaria partida de guerrilleros carlistas obtuvo el perdón de la pena de muerte a la que fue condenado y la absolución del mismísimo Papa de Roma (es lo que tiene ser católico) y pasó sus últimos años de vida como misionero jesuita, primero en Jamaica (a donde, para variar, se querían pirar los de Potato) y más tarde en Colombia, donde murió tras cuarenta años de abnegada entrega a la enseñanza, y donde no consta que fusilara a ninguno de sus alumnos.

Al cura Santa Cruz le dedicó una canción el grupo de folk radikal vasco Bizardunak: Santacruz apaizaren kondaira. Los navarros han vuelto por sus fueros −nunca mejor dicho− recientemente a los escenarios, con un ímpetu juvenil y rabioso, alentados por el espíritu rebelde y festivo de Shane MacGowan, cantante de The Pogues, la principal referencia del grupo. The Pogues, por cierto, tocaron en el Teatro Gayarre de Iruña, en el año 1991, en un concierto en el que, dicen los que se acuerdan de algo, rodaron las botellas por el patio de unas, aquel día, sufridas butacas.

James Bond a ritmo reggae

Y The Pogues, por supuesto, compartieron cartel en diversas ocasiones con grupos de ska y música jamaicana, como UB40. El diario El País, por ejemplo, publicó la crítica de un concierto de ambos grupos durante las fiestas de San Isidro de 1989, acompañados por unos teloneros de urgencia llamados Death Paquirri y los Pantojas, en la que, además de señalar algunos despropósitos de la organización (como cachear celosamente en la entrada a los asistentes al concierto en busca de botellas u otros objetos arrojadizos y encontrar una vez dentro del recinto un suelo cuajado de piedras del tamaño de un puño o barras de bar en las que se dispensaba la cerveza en latas), se describe la actuación del cantante irlandés en estos términos: “Shane MacGowan, cantante del grupo, no tomó en ningún momento las riendas de la actuación, desentendiéndose de cualquier responsabilidad vocal, seguramente por encontrarse bajo los efectos de una aparente sobrecarga etílica. Entre este desbarajuste escénico, y un sonido infernal, discurrió el decepcionante directo de una banda que tenía fama de hacer de sus canciones pequeñas fiestas”.

En lo que respecta a UB40, seguramente interpretaron en ese concierto alguna de las versiones de los clásicos de reggae jamaicanos que acostumbraban a incluir en su repetorio, como Sweet Sensation, un tema original de Byron Lee & The Dragonaires, grupo que fue una institución de la música caribeña y que se popularizó internacionalmente al interpretar en Dr. No, la primera de las películas de la saga de James Bond, la banda del hotel en la que se alojaba el Agente 007.

Pues bien, hablando de versiones, Byron Lee & The Dragonaires versionaron a su vez un tema del cantante jamaicano Eric “Monty” Morris titulado Sammy Dead, que si lo escuchan les resultara tremendamente familiar, pues −volviendo al inicio de este artículo y a nuestra conversación con el miembro fundador de Potato, Pedro Espinosa−, como nos hace saber este, Miguelín el cashero no es sino otra versión de la susodicha Sammy Dead, cuya letra (“¿Te acuerdas de Miguel? Se enrollaba muy bien…”) prendió en su “drogada mente” tras escuchar dicho tema (el original de Eric “Monty” Morris) una noche en blanco de 1984.

DE TXANTXILLO A GRACE KELLY, y por el camino Ernest Hemingway, Rafael Berrio o Josephine Baker.

Jul 21, 2025   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
Txantxillo
Publicado en magazine ON (diarios Grupo Noticias) 19/07/25


La teoría de los seis grados de separación dice que podemos conectarnos con cualquier otra persona del Planeta Tierra a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios. Aquí, además, hacemos el camino de vuelta.

“Una pesetita, por favor”. En la cabeza de muchos donostiarras todavía resonará la vocecita de Txantxillo, de quien recordarán también su menuda figura, acarreando bolsas de la compra, o tocando La internacional en su destartalado xilófono.

Al “xelebre” trotacalles donostiarra lo citaron Sanchis y Jocano en su Crónica de San Sebastián, atinado retrato musical del reverso de una ciudad que no es “tan bonita como la pintan en esos jodidos mapas que te dan para veranear”. Escuché por primera vez esa canción cuando tenía dieciséis o diecisiete años, tras ganar un concurso literario en una radio libre cuyo premio era un lote de discos de heavy metal y punk entre los que se deslizó de manera inesperada Sanchis y Jocano, una galleta de pop canalla que contra todo pronóstico hice girar muchas más veces que los gorgoritos metálicos o los regüeldos sonoros de los otros grupos. Las canciones de Santi Gasca y Juan Carlos Landa se pegaban con facilidad a la piel de los últimos de la fila en la universidad y de quienes comenzábamos a hacer carrera y a aprender la vida cerrando bares.

La Donostia subterránea

Sanchis y Jocano formaron parte de una bohemia donostiarra que se alejaba del estereotipo, del San Sebastián turístico y burgués, una especie de Donostia subterránea que se reunía en tascas de vino de Egia o Amara viejo, y en la que militaron poetas como Karmelo Iribarren o Pablo Casares, dibujantes como Detritus, guionistas como Michel Gaztambide o músicos como Diego Vasallo o Joserra Semperena. A todos ellos los aglutinó la tertulia errante del gran Rafael Berrio, el cantante del existencialismo luminoso y las letras perfectas, cuya figura y obra se agigantan a medida que pasan los aniversarios de su muerte (acaba de publicarse No es para menos, un trabajo que recoge 47 canciones inéditas).

El recorrido musical de Berrio es largo y sinuoso, y junto con pildorazos de rock y profundos remansos de canción de autor, podemos encontrar también, en comandita con Joserra Semperena, una adaptación de la ópera chica de Pablo Sorozabal Adiós a la bohemia, cuyo libreto fue escrito por Pío Baroja, autor al que Berrio admiraba. Berrio llegó incluso a dar alguna conferencia sobre el escritor, en la que incluyó un apartado referido a la chismografía barojiana, de modo que sin duda estaría al corriente de la visita que en el lecho de muerte de don Pío hizo a este Ernest Hemingway.

“¡Caramba! ¿Y este tío a qué viene?”, se dice que comentó el escritor donostiarra, cuando le anunciaron la llegada del Nobel. Hemingway obsequió a Baroja con una botella de un whiski que seguramente sería capaz de resucitar a un muerto, pero por lo visto al autor de El árbol de la ciencia o Zalacaín el aventurero, cansado ya de vivir, no le hacían mucha gracia los licores espirituosos.

Layla E. - [Anécdota de Hemingway junto al lecho de muerte ...

Hemingway enamorado

Por el contrario, a lo largo de su vida Hemingway, como es sabido, se lo había bebido todo y en todo tipo de circunstancias. En Hemingway enamorado, una libro biográfico en el que el periodista A.E. Hotchner recoge algunas confesiones del escritor, este revela que en una ocasión pasó toda una noche trasegando champán junto a la bailarina Joséphine Baker, a la que describió como «la mujer más sensacional que nadie haya visto jamás», y que ella cubría su cuerpo desnudo solo con un abrigo de pieles.

Todavía más ligera de ropas, la vedete afroamericana de las piernas, los ojos y los pechos saltarines, escandalizó a buena parte de la pacata Pamplona de 1930 con su actuación en el Coliseo Olimpia de la ciudad (que luego sería el cine Carlos III y actualmente un bloque de viviendas de lujo). “Ese vergonzoso espectáculo es contrario a la moral, al decoro y al sentimiento general del público honrado de Pamplona. Sus efectos son desastrosos para la juventud, pues tiende a excitar las bajas pasiones y los groseros instintos de la parte animal del hombre con las danzas lúbricas del salvajismo primitivo”, escribía el periódico local La Tradición Navarra, y lo hacía, como suele ser habitual en estos casos, sin haberse llevado a cabo todavía el espectáculo.

Josephine Baker, la bailarina y cantante que se convirtió en un icono de  los "felices años veinte"

Días de vino y rosas

Joséphine Baker era ya para entonces una artista reconocida en todo el mundo. Aunque no todas las épocas de su vida fueron para ella días de vino y rosas, de champán y visón. Hija de un músico callejero de origen español, su madre se ganaba la vida trabajando como empleada doméstica en casas de familias pudientes de San Luis (Misuri), que maltrataron y humillaron con frecuencia a la pequeña Joséphine. Y al final de sus días, tras una vida rutilante (George Simenon trabajó para ella como secretario, acompañó a Martin Luther King en la famosa marcha sobre Washington, ejerció de espía para la Resistencia francesa…) sería desahuciada de un palacete en el que vivía al mando de la tribu del arcoíris, doce hijos adoptivos de diferentes razas y procedencias. Fue entonces cuando acudió en su auxilio una de sus amigas íntimas: Grace Kelly, la princesa Gracia de Mónaco.

Grace Kelly y juan carlos de España

Pues bien −vamos acercándonos ya al final−, la rumolorogía del corazón sostiene que durante la fiesta de despedida de soltera que organizó otro príncipe, Constantino de Grecia, para su hermana Sofía y nuestro rey emérito, Juan Carlos de Borbón, este pasó más tiempo bailando en brazos de Grace Kelly que de su prometida. Juan Carlos había recibido, sin duda, la herencia venérea de su abuelo, el famoso pichabrava y pornógrafo Alfonso XIII, y este a su vez de su predecesor, Alfonso XII, del que fue asesor militar el general José Gómez de Arteche, quien en San Sebastián cuenta con una calle a su nombre, General Artetxe, en el barrio de Gros, en uno de cuyos portales, en un quinto piso sin ascensor, vivió durante muchos años un tal Santiago Hernández Redondo, al que los donostiarras conocerán mucho mejor por su sobrenombre: Txantxillo.

DE PABLO SARASATE A TORRENTE pasando, entre otros, por Sherlock Holmes, Celia Gámez o Houdini

Jul 21, 2025   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
Pablo de Sarasate | rhap.so.dy in words
Publicado en magazine ON (diarios Grupo Noticias) 12/07/25

La teoría de los seis grados de separación dice que podemos conectarnos con cualquier otra persona del Planeta Tierra a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios. Aquí, además, hacemos el camino de vuelta.

Sobre Pablo Sarasate, el universal violinista navarro, Pío Baroja escribió: Era uno de los hombres más amadamados y grotescos del mundo. Lo estoy viendo pasear, con sus melenas, su trasero redondo y unos zapatos con unos taconcillos de a cuarta, que le daban el aire de una cocinera gorda, de esas que se disfrazan de hombre en Carnaval”.

Sarasate, sin embargo, tuvo miles de admiradores en todo el mundo que no lo juzgaban por su aspecto, sino por su indiscutible talento. Uno de esos fans debió de ser el escritor Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, quien en una de sus novelas, La liga de los petirrojos, retrasa sus sagaces indagaciones para acudir a un concierto del virtuoso músico pamplonés. Y es que a Holmes, cuando no estaba resolviendo algún caso, le gustaba tocar el violín (bueno, cuando no estaba resolviendo algún caso ni boxeando ni dedicándose a la apicultura ni realizando algún experimento químico −y no incluiremos entre estos el consumo de cocaína, a la que era adicto, lo cual tampoco es de extrañar, con una vida tan ajetreada−).

Sherlock Holmes de pega

Pack Sherlock Holmes Visto Por Ja (Breviarios)

La intensidad del famoso detective acabó por cansar a su propio creador, que decidió finiquitarlo en uno de sus relatos, El problema final, en el que Holmes se precipita por una catarata durante una pelea con su archienemigo, el profesor Moriarty. Doyle, sin embargo mató mal a su criatura (o, mejor dicho, sus seguidores no se resignaron a que este desapareciera) y durante los años posteriores fueron numerosos los autores que resucitaron al personaje en historias apócrifas, hasta crear casi un género en sí mismo.

Uno de los Holmes de pega más llamativos y desternillantes es el que, de manera paródica, versiona Enrique Jardiel Poncela. El autor de cimas del humor surrealista como Amor se escribe con hache o La tournée de Dios nos presenta a un Sherlock Holmes que habla español con acento argentino, que ha llegado a Londres disfrazado de perro vagabundo (no pregunten, cosas de Jardiel) y que ofrece al escritor convertirse en su ayudante, propuesta que este acepta, sustituyendo al doctor Watson en los siete relatos que componen Novísimas aventuras de Sherlock Holmes y en la novela corta Los 38 asesinatos y medio del castillo de Hull, dos obras que les recomiendo encarecidamente si quieren reírse a mandíbula batiente.

Tony Leblanc se come una manzana

Jardiel Poncela forma parte de una estirpe de escritores humoristas (es arriesgado juntar estas dos palabras, porque suele tenderse a degradar, de manera injusta, las obras cómicas hasta una especie de categoría inferior de la literatura) en la que podríamos incluir a autores como Wenceslao Fernández Florez, Joaquín Belda, Miguel Mihura, Rafael Azcona… de quienes recogerían posteriormente el testigo artistas de otras disciplinas como Gila, Berlanga, o más recientemente José Luis Cuerda, Faemino y Cansado o La hora Chanante. El legado es incluso sanguíneo, pues el bisnieto de Jardiel Poncela es Darío Paso-Jardiel, actor al que muchos recordarán como el Bombilla, el “informático”del comando que Torrente, el rijoso personaje de Santiago Segura, recluta en la primera entrega de la saga.

En esa misma película también participaba otro actor, Tony Leblanc, que bebe de las mismas fuentes del humor absurdo (recordemos su número televisivo comiéndose una manzana) y que incluso llegó a figurar en el reparto de alguna película basada en una obra de Jardiel Poncela, como Fantasmas en la casa.

Un rey pornógrafo

El largo recorrido artístico de Leblanc, el “Tigre de Chamberí”, que antes de convertirse en actor intentó ser boxeador (fue campeón amateur de los pesos ligeros en Castilla), se inicia como bailarín de claqué y “boy” en una revista de Celia Gámez, la célebre vedete de origen argentino, una de las figuras más destacadas del género sicalíptico, que se caracterizaba por sus canciones y bailes salpicados de dobles sentidos, los cuales despertaban los bajos instintos de machos de todas las raleas, incluida la real: se dice que Celia Gámez fue amante del Alfonso XIII, monarca de sexualidad borbónica y alborotada, hasta tal punto que se convirtió en un pionero del mundo de la pornografía (mandó instalar una pequeña sala de cine en el Palacio Real, en la que se proyectaban las primeras películas eróticas filmadas en España, que a menudo él mismo producía, eligiendo de manera personal las protagonistas entre prostitutas del barrio chino de Barcelona).

El rey que promovió el cine porno en España | PalabrasClaras.mx

Intento de regicidio

La fidelidad no era, pues, una de las virtudes de Alfonso XIII, acaso porque los augurios para su matrimonio en el día de su boda, el 31 de mayo de 1906, no fueron muy halagüeños: cuando la comitiva nupcial se dirigía desde la madrileña iglesia de los Jerónimos al Palacio Real, atravesando la calle Mayor, el anarquista Mateo Morral (a quien, por cierto, Pío Baroja, había frecuentado en el café Candelas de la calle Alcalá) arrojó un ramo de flores en cuyo interior se ocultaba una bomba, que desviada por un cable de la luz, acabó cayendo entre la multitud y matando a veinticinco personas, ninguna de ellas con sangre azul.

A pesar de que algunos dirigentes anarquistas, como Ángel Pestaña, secretario general del sindicato CNT, desautorizaron este tipo de atentados, es más que probable que Morral hubiera estado relacionado con él, bien de manera personal, bien a través de otros anarquistas como Salvador Seguí o Francisco Ferrer Guardia, creador en Barcelona de la Escuela Moderna, en la que el regicida Morral trabajó como bibliotecario.

El mayor secreto de Houdini, el mago del escapismo | Un día como hoy

Harry Houdini, espía

Tanto Morral como Pestaña viajaron con frecuencia por Europa, predicando el credo libertario. En el caso de Ángel Pestaña, pasó varios meses en Rusia en 1920, en compañía de correligionarios a los que probablemente había seguido los pasos un ilustre espía: ni más ni menos que el famosísimo mago y escapista Harry Houdini, quien, sorprendentemente, durante una temporada trabajó para los servicios secretos de Scotland Yard, vigilando a anarquistas rusos.Pues bien, ¿de quién fue amigo íntimo Houdini? ¡Efectivamente, de Sir Arthur Conan Doyle! Es decir, del creador de Sherlock Holmes, detective, boxeador, drogadicto, violinista y rendido admirador de Pablo Sarasate, con quien empezábamos esta primera entrega de “Seis grados” y con quien, como habíamos prometido al inicio de la misma, terminamos, cerrando el círculo.

LA RUTA DE LAS GARGANTAS QUEBRADAS

Jun 17, 2025   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Boni (Barricada) | @ XVIII Certamen de Rock de San Adrián (5… | Celes  Pellegrini | Flickr

Publicado en «Rubio de bote», colaboración para magazine ON (diarios Frupo Noticias) 01/09/2024

Retomamos por un día, a petición de algunos lectores, la subsección «Seis grados» y en esta ocasión vamos a intentar rizar el rizo, pues, además de hacer el recorrido circular, las personas que conectemos compartirán una característica: todos ellos son músicos con una zarza en la garganta.

Comenzamos con Lemmy Kilmister, el cantante de Motörhead, de quien versionó el tema Ace of spades el grupo salmantino 1945 con la colaboración de otro artista de voz aguardentosa: Kutxi Romero. “Quien no quiere a Barricada no quiere a su madre”, ha proclamado en alguna ocasión el cantante de Marea, y como buen vástago él regaló a sus progenitores artísticos la canción El trompo, interpretada por Boni, la voz más desgarradora del rock urbano, que nos dejaría huérfanos hace tres años al fallecer como consecuencia de un cáncer de laringe.

Otra Boni, Bonnie Tyler, la cantante galesa con una sima en la garganta, imprimió en nuestras meninges himnos como It’s a heartache, traducido al cancionero popular como “¡Qué se vayan, diles que se vayan!”. A Tyler la han comparado a menudo con Rod Stewart y de hecho los dos grabaron juntos una canción, Battle of the sexes, en la que resulta difícil distinguir sus voces… y sus peinados.

Rod Stewart, por su parte, es autor de una canción titulada Forever young, es decir, igual que la de Bob Dylan. Tan igual que Stewart tuvo que compartir los derechos del tema con el Premio Nobel de Literatura, a quien también versionó Joaquín Sabina en otro tema: El hombre puso nombre a los animales. Se dice que a Dylan no le gustó nada la versión de Sabina y que prohibió a este interpretarla. Cosa que no hizo el de Úbeda con Mikel Erentxun en el disco Tributo a Sabina, donde el donostiarra del diente mellado reinterpreta Lo niego todo.

Erentxun, me dirán ustedes, no pertenece al club de las gargantas arenosas, pero sí su compañero en Duncan Dhu, Diego Vasallo, y a ambos ha acompañado en alguna ocasión como músico durante sus giras el beratarra Joseba Irazoki, quien a su vez ha colaborado habitualmente con su paisano Petti, el cual grabó un disco compartido con Barrence Whitfield, músico que ha acompañado en alguna gira a Tina Turner, quien ha hecho más de un dueto con Joe Cocker. Cocker, a modo de curiosidad actuó en 1989 en Alsasua en un festival a favor de la ikastola local, donde seguramente incluyó en el repertorio su famosa versión del tema de los Beatles Whit a little help from my friends.

Y de otro tema de los Beatles, precisamente, Back in the USSR −y con él terminamos, es decir, regresamos una vez más a nuestro punto de partida−, hizo igualmente una versión uno de sus fans más inesperados: el terrible cantante de Motörhead, Lemmy Kilmister.

DE EZKABA AL ROCK & RÍOS (Seis grados)

Nov 27, 2023   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
Rock & Rios: Miguel Rios: Amazon.es: CDs y vinilos}

Publicado en «Rubio de bote» colaboración quincenal para magazine ON (diarios Grupo Noticias), 25/11/23

“¡A los nietos del rocanrol, bienvenidos!”, tuneaba para la ocasión la letra de su canción Miguel Ríos en el concierto del cuarenta aniversario del Rock & Ríos, aquel disco doble que muchos nos aprendimos de memoria a inicios de los 80. Estuve viéndolo hace unos días, en el Navarra Arena. Llegué por los pocos pelos que me quedan.

Venía del estreno de una obra de teatro, Ezkaba, que el grupo Iluna Producciones puso en escena en la abarrotada Casa de Cultura de Artica, en las mismísimas faldas del monte del mismo nombre que dicha obra. En la cima de este se levanta −aunque, en realidad, está hundido en la tierra como un enorme ataúd de piedra− el Fuerte de San Cristóbal, penal franquista del cual el 22 de mayo de 1938 huyeron ochocientos presos, que padecían condena en unas condiciones deplorables. Más de doscientos de ellos fueron abatidos por las laderas de Ezkaba o fusilados los días posteriores. El resto, apresados de nuevo. Solo tres pasaron la frontera, como dice la canción.

Mientras escuchaba a un, a sus 79 años, pletórico Miguel Ríos, me sentía raro, viejo y joven a la vez, y desubicado, sobrecogido todavía por la interpretación de los actores de Iluna. Para sacudirme esa extrañeza se me ocurrió hacer un ejercicio que ya en otras ocasiones he traído a estas páginas: los seis grados de separación, esa teoría que dice que mediante solo seis pasos es posible conectar a cualquier persona del mundo con otra. ¿Sería posible, pues, llegar de ese modo, además de en coche, desde Ezkaba hasta el Rock & Ríos?

Vamos allá. Uno de los presos que protagonizan Ezkaba, la función de Iluna, es un afiliado del sindicato anarquista CNT, en el que también militaba Federica Montseny, la que fuera la primera mujer ministra en España y quien durante un tiempo tuvo como chófer a un muchacho que mantenía una relación sentimental con la hermana de Sabicas, el gitano universal de la calle de la Mañueta de Pamplona, uno de los mayores genios de la guitarra flamenca de todos los tiempos, que contó entre sus admiradores y discípulos al gran Paco de Lucía, invitado en cierta ocasión a una de las entregas del programa “¡Qué noche la de aquel año!”, que presentaba… ¡Miguel Ríos!

Y para rematar, como hemos llegado de un extremo a otro en una sola frase, podemos hacer además el camino de vuelta, es decir, desde el Rock & Ríos hasta Ezkaba, ahorrándonos varios de los pasos, pues resultó que uno de los invitados de Miguel Ríos en el Navarra Arena fue El Drogas, quien en el disco de Barricada La tierra está sorda dedica una de las canciones a la fuga del fuerte (22 de mayo, aquella en la que precisamente entona eso de “Solo tres pasaron la frontera”) .

La canción en la que acompañó Enrique Villareal a Miguel Ríos fue, por cierto, Rocanrol bumerang. Y a mí −aunque quizás solo lo entendiera yo− me pareció muy apropiada para la ocasión.

Páginas:«1234»
ga('create', 'UA-55942951-1', 'auto'); ga('send', 'pageview');