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DE ANGIOLILLO A BUNBURY pasando por el manicomio y la cárcel

sep 3, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog, seis grados  //  No Comments

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Publicado en ON, suplemento semanal de los diarios de Grupo Noticias 02/09/2017

 

SEIS GRADOS
La teoría de los seis grados de separación dice que podemos conectarnos con  cualquier otra persona del planeta Tierra a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios. Aquí, además, hacemos el camino de vuelta.

Patxi Irurzun

DE ANGIOLILLO A BUNBURY
pasando por el manicomio y la cárcel

Resultado de imagen de angiolilloAntonio Cánovas del Castillo fue, además de presidente del gobierno de España, un notable historiador al que, sin embargo, se le daba fatal pronosticar los acontecimientos futuros. «Para acabar con la insurrección en Cuba sólo hacen falta tres balas, una para Martí, otra para Maceo y otra para Gómez”, sentenció, por ejemplo (aunque gastó muchas más, en una guerra sangrienta e inútil a la que, bajo otra frase demoledora, “Hasta el último hombre y hasta la última peseta”, envió como carne de cañón a miles de hombres, que morirían  para nada, que es como se muere casi siempre defendiendo una patria, una bandera o a Dios). Las tres balas de Cánovas acabarían volviéndose contra él mismo, cuando el anarquista italiano Michele Angiolillo lo asesinara en el balneario de Santa Águeda, en Arrasate, disparándole tres veces, precisamente. Fue el 8 de agosto de 1897 y solo un año más tarde Cuba vencería la guerra de independencia y sumiría a España en una profunda y prolongada crisis.

Michelle Angiolillo, el asesino de Cánovas, era un periodista y linotipista italiano que había dado tumbos por Europa haciendo germinar las flores del evangelio ácrata sobre la sangre y el sudor obreros, derramados profusamente sobre la piel como un fósforo del viejo continente. Tras múltiples peripecias que incluían detenciones, fugas y cambios de identidad, recaló en Barcelona. En esa ciudad, en el año 1896, una bomba arrojada durante la procesión del Corpus acabó con la vida de doce personas y desató una represión indiscriminada que terminaría con casi quinientos detenidos encerrados en el castillo de Montjuic, muchos de los cuales sufrieron brutales torturas. Angiolillo, impresionado cuando algunos compañeros anarquistas le mostraron sus cicatrices, decidió tomarse la justicia por su mano y un año más tarde, el 8 agosto de 1897, se desplazó al balneario de Santa Águeda y atentó contra el presidente del Gobierno mientras este leía un periódico que ya estaba lleno de sangre antes de los disparos. Angiolillo había llegado días atrás al balneario, donde se inscribió bajo el alias de Emilio Rinaldi, corresponsal de Il popolo, y es probable que se hubiera cruzado en más de una ocasión con Cánovas o que incluso se hubieran saludado o entablado conversación.  Tras el asesinato, Angiolillo fue detenido sin ofrecer resistencia y trasladado a la cárcel de Bergara, donde sería ajusticiado a garrote vil días más tarde. Moriría gritando “¡Germinal!”, título de la famosa novela de Emile Zola y consigna de guerra anarquista.Resultado de imagen de revista globo rojo mondra´gon

Una de las consecuencias menores del atentado fue la caída en desgracia del balneario, un remanso de paz cuyas aguas se habían visto súbitamente enturbiadas y su reconversión en hospital psiquiátrico, tras ser adquirido por la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.  Hasta entonces los enfermos mentales vascos acostumbraban a ser enviados al manicomio de Zaragoza, y la apertura del nuevo establecimiento supuso el regreso a “casa” de muchos de ellos, que volvieron en un tren denominado el tren de los locos, al igual que sucedió años más tarde, en 1904, con los pacientes navarros, o los alienados, como los calificaba la prensa, que se hizo amplio eco de la apertura del nuevo Manicomio Vasco-Navarro (así se llamaba, cuando a todo el mundo, hasta al Diario de Navarra, decir vasco-navarro le parecía lo más natural del mundo) y del traslado al mismo, en un tren especial, de ciento cincuenta orates procedentes de Zaragoza. Las crónicas incluían algún que otro detalle jocoso, como un diálogo entre uno de los directores del nuevo frenopático y uno de los locos, en el que el primero preguntaba al segundo si era epiléptico y este contestaba que no, que de Cascante.

Pero volvamos a Arrasate. En su manicomio comenzaría a publicarse muchos años después, en la década de los 80, una revista llamada Globo Rojo, escrita y encuadernada por los propios internos (el título fue elegido entre otros muchos como Estoy de pastillas hasta las pelotas, Dirección de juventud o Los salvajes se pegan) que alcanzaría su momento de gloria cuando en el centro recaló uno de los poetas más ilustres e idolatrados en el altar del malditismo de las últimas décadas, Leopoldo María Panero, que no solo escribió en aquel lugar alguno de sus más célebres libros, como Poemas del manicomio de Mondragón, sino que colaboró activamente en la susodicha revista (cuyos números pueden descargarse en este enlace: https://drive.google.com/drive/folders/0B_JcP4T6G7QjTk5QRmNCYlFFUEk).

Imagen relacionadaLa poesía tenebrosa, alunada, escatológica, culta, pop, inquietante y visionaria de Panero atrajo en sus últimos años de vida, como una lata de cocacola atrae a las moscas, a numerosos artistas y músicos, a los que recibía a cambio de cigarrillos rubios que fumaba con la avidez con que solo fuman los locos y sus dedos y sus cerebros amarilleados y descosidos por las quemaduras. Panero, que despertaba esa fascinación, no se sabe si tanto por sus versos como por su leyenda (es magistral la biografía del poeta escrita por J. Benito Fernández: El contorno del abismo, en donde el abismo es Leopoldo María Panero untando curasanes en los charcos de París y el contorno la España opresiva y enloquecedora en la que vivió —Leopoldo María Panero, homosexual,  atrabiliario, desequilibrado, era hijo de Leopoldo Panero, poeta oficial del régimen franquista—).

Entre los artistas que visitaron a Panero, no ya en Mondragón, sino en el psiquiátrico de Las Palmas de Gran Canaria, se encontraba Enrique Bunbury, que grabaría un disco con versos del poeta junto a Carlos Ann, Bruno Galindo o José María Ponce (no lo he escuchado, pero espero que sea menos sonrojante que el video titulado Un día con Leopoldo Panero, en el que Bunbury y Ann sacan de paseo a Leopoldo María; aunque la desconcertante presencia en ese disco de Ponce, actor y productor porno, no es muy halagüeña).

Panero ha inspirado, además,  a otros artistas: lo han cantado, por ejemplo,  Ruper Ordorika, en el tema Peter Punk; ha sido trasunto literario en novelas de Roberto Bolaño o Jesús Ferrero (quien, por cierto, lo invitó a un ciclo de conferencias en Pamplona, en el que también participó Roberto Bolaño, quien en la última entrevista que concedió antes de morir confesó haber sentido en aquella ocasión miedo no de Panero, sino de sus fans); y al poeta Gsus Bonilla Panero se le estuvo apareciendo durante algún tiempo, después de muerto, como recoge en su libro El del medio de los Panero, una reivindicación del poeta, más allá del espantajo y el monstruo de barraca de feria en el que se convirtió al final de sus días. Es más que probable que alguno de los libros de Bonilla o de Panero se encuentren en las baldas de Angiolillo liburutegia, la biblioteca del gaztetxe de Bergara, pues este ocupa la cárcel vieja de esta localidad, la misma cárcel en la que fuera ejecutado el anarquista italiano, ubicándose dicha biblioteca, en la que no faltan clásicos de la literatura ácrata, en la mismísima celda en que permaneció encarcelado Michele Angiolillo, en una sorprendente carambola del destino.

 

DE LOPE DE AGUIRRE A OBAMA, pasando por Tarantino, los Gremlins o Tiburcio de Redín

ago 27, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog, seis grados  //  No Comments

 

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Publicado en ON, semanario de los diarios de Grupo Noticias (26/08/17)

SEIS GRADOS
La teoría de los seis grados de separación dice que podemos conectarnos con  cualquier otra persona del planeta Tierra a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios. Aquí, además, hacemos el camino de vuelta.

Patxi Irurzun

 

DE LOPE DE AGUIRRE A OBAMA
pasando por Tarantino, los Gremlins o Tiburcio de Redín

 

Resultado de imagen de TIBURCIO DE REDÍNQuizás Lope de Aguirre, también conocido como la cólera de Dios, el traidor o Lope el loco, sea el más tronado entre nuestros aventureros y conquistadores (y cuando digo nuestros me refiero a los conquistadores vascos, y cuando digo los conquistadores vascos no me refiero a Juanito Oiarzábal ni a Korta, sino a conquistadores de los que iban matando indios y esas cosas, que también los hemos tenido, y bien sanguinarios: el baztanés Pedro de Ursua, a quien asesinó Lope de Aguirre, precisamente; Miguel de Legazpi, que posa muy pizpireto en una estatua en la plaza de Zumárraga, pisando a un filipino;  Blas de Lezo, que acabó hecho un ecce homo, cojo, manco y tuerto tras recibir diferentes cañonazos y disparos de arcabuz; el pamplonés Tiburcio de Redín, que parece más bien el personaje de una novela picaresca, aunque este de alta cuna, y que amenazó con bombardear Sevilla cuando una lugareña le dio calabazas; o Alonso Ercilla que no solo era aficionado a exterminar mapuches sino que luego dejó constancia de lo lírico de esa actividad en su poema épico La Araucana.

Pero, decía, quizás sea Lope de Aguirre, el más majara de todos ellos, y lo sea, entre otras cosas, por culpa de Klaus Kinski, el actor que lo interpretó en la película de Werner Herzog, Aguirre, la cólera de Dios. Kinski, temperamental, irascible, maniaco sexual no tuvo que esforzarse mucho para ponerse en la piel de un psicópata. Rodó con Herzog varias películas memorables, como Fitzcarraldo (que cuenta la historia de un hombre que sueña con construir un palacio de la ópera en mitad de la selva amazónica; es decir, otro pirado), todo ello a pesar de que actor y director no se soportaban y de que, como cuenta este último en el documental que dedicó a Kinski, Mi enemigo íntimo, los dos planearon Nastassja Kinski in The Hotel New Hampshireasesinarse mutuamente.

Klaus Kinski es el padre de la también actriz Nastasia Kinski (y es actriz además otra de sus hijas, Pola Kinski, quien en un libro autobiográfico denunció haber sufrido abusos sexuales durante su infancia por parte del a cada línea más desaprensivo Kinski). Nastasia participó en decenas de películas, como Las amistades peligrosas, Paris, Texas, o El hotel New Hampshire, adaptación de la novela del escritor estadounidense John Irving, aunque quizás muchos no la recuerden en esta última porque se pasa buena parte de la película debajo de un disfraz de oso.

Las novelas de John Irving están plagadas de personajes de ese tipo, excéntricos, con vidas rocambolescas y absurdas. La más conocida de todas ellas probablemente sea El mundo según Garp, pero también destacan otras como Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra que fue llevada al cine, con guión del propio Irving,  bajo el título Las normas de la casa de la sidra (quizás una de la pocas ocasiones en que un cambio de título gana; por no hablar de las traducciones que a veces se hacen de los títulos originales, esas en las que tú, aunque la poliglotía no esté entre tus facultades, lees en los créditos Braindead y la voz en off dice Tu madre se ha comido a mi perro; por aquí, eso sí, y hablando de madres,  no hemos llegado al extremo de cargarse vía spoiler la peli ya desde el principio, por ejemplo con Psicosis, que en algunos países se tituló La madre era él).

Pero volvamos a Jhon Irving, quien a pesar de caracterizarse por escribir novelas caudalosas, también es autor de algunos relatos cortos, como los recogidos en Besteen ametsak, publicado por Txalaparta y que fueron traducidos por Idoia Gillenea, quien también ha volcado al euskara obras de Roald Dalh, el autor inglés del cual el año pasado celebramos el centenario de su nacimiento.

Dalh es uno de los autores de literatura infantil más conocidos del mundo. ¿A quién no le suenan Matilda, Charlie y la fábrica de chocolate o Los Gremlis? Muchos de sus libros, efectivamente, también han sido llevados al cine.  Pero el éxito de los libros para niños y jóvenes de Dalh eclipsó en cierto modo sus obras para adultos, entre las que destacan sus colecciones de relatos, que, sin embargo, no pasaron desapercibidos para otro cineasta, como Alfred Hitchcock, quien adaptó varios de los cuentos para su inolvidable serie televisiva Alfred Hitchcock presenta, aquella que comenzaba con el director encajando su oronda figura en una silueta mientras sonaba la Marcha fúnebre para una marioneta, de Charles Gounoud, pipipiribiripipí…

Resultado de imagen de hitchcock presentsEntre los relatos de Dalh adaptados para la televisión se encuentran Veneno, en el que un hombre despierta con una serpiente venenosa sobre el pecho o Cordero para cenar, donde (atención, spoiler) una mujer asesina a su marido con una pata de cordero congelada que posteriormente pondrá de cenar a los policías que investigan el caso, deshaciéndose así de la prueba del delito (recurso que por cierto utilizaría más tarde Almodóvar en Qué yo hecho para merecer esto sustituyendo la pata de cordero por un jamón).

Los relatos de Dahl, en definitiva, tanto para adultos como para niños, resultan en general muy cinematográficos y a ellos han recurrido, además de Hitchock directores como Danny de Vito (Matilda), Tim Burton (Charlie y la fábrica de chocolate), Tarantino (Four Rooms) o Steven Spielberg, en la reciente Mi amigo el gigante, una adaptación del libro El gigante bonachón.

Uno de los últimos trabajos de Spielberg, por cierto, fue un biopic de Obama en el que al penúltimo presidente de Estados Unidos lo iba a interpretar Daniel Day Lewis (que, recordemos, es blanco), pero finalmente protagonizó el propio Obama interpretando a Daniel Day Lewis interpretando a Obama; un auténtico lío, cuya única explicación es que en realidad se trataba solo de una broma (o de una maniobra de promoción de otra película de Spielberg sobre otro presidente yanki,  Lincoln).Resultado de imagen de LA FÁBRICA DE CHOCOLATE

Todo esto para contar que el director del equipo creativo que diseñó el logo de Obama en la campaña electoral de 2008 fue Sol Sender, y que el mismo es nieto del escritor oscense Raul J. Sender (el cual se exilió a Estados Unidos tras la guerra civil), autor de obras como Requiem por un campesino español, Crónica del Alba, o, ahí queríamos llegar,  La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, novela histórica que sirvió, por cierto, como inspiración para la película de Herzog en la que el monstruoso Kinski interpretaba al sanguinario y trastornado conquistador vasco y en la que Sender narra las andanzas amazónicas de Aguirre el loco, Aguirre el traidor, Aguirre, la cólera de Dios.

 

 

 

De Joaquín Luqui a Goya, con la aparición estelar de Torrebruno

ago 20, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog, seis grados  //  No Comments
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La teoría de los seis grados de separación dice que podemos conectarnos con  cualquier otra persona del planeta Tierra a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios. Aquí, además, hacemos el camino de vuelta.

Patxi Irurzun

De Joaquín Luqui a Goya
con la aparición estelar de Torrebruno

 

Resultado de imagen de joaquin luqui“¡Hola, hola, hola!” Así, entre otras fórmulas,  acostumbraba a iniciar sus emisiones radiofónicas Joaquín Luqui, el carismático locutor del pelo y la voz alborotados. Su voz era inconfundible, tal vez porque en realidad no era una voz para la radio (el pelo daba igual porque no se veía). Era una voz que sonaba hacia dentro y a la vez entusiastamente esforzada, como si el de Caparroso nunca hubiera logrado sacudirse la timidez que en realidad le provocaba colocarse ante la alcachofa. No era una voz para la radio y a la vez era la mejor voz para la radio, como lo son las de otros periodistas, Roge Blasco o Juan de Pablos,  a los que precisamente sus limitaciones fónicas distinguen y dotan de personalidad.

En el caso de Juan de Pablos, el locutor de Radio 3, quien por cierto, vivió parte de su adolescencia en Pamplona, probablemente sea el locutor menos dotado físicamente para un programa de radio: balbucea, tartamudea, respira fuerte, finaliza sus frases —cuando las finaliza— con una risita nerviosa… Y sin embargo en la garganta tiene atravesada una flor de pasión, que es justamente lo que les falta a todos los locutores de las radiofórmulas con sus voces amaestradas, irritantes, tan perfectas como falsas, esas voces que suenan todas igual, y por tanto vacías.Resultado de imagen de juan de pablos

Pero volvamos a Joaquín Luqui, a quien si bien es cierto que asociamos a la radio musical más despiadadamente comercial, como Los 40 (o los 40 criminales, como eran popularmente conocidos entre sus detractores), en su juventud fue uno de los fundadores de Disco Exprés, el que sería el primer semanario musical del estado, dedicado al rock y al pop, una publicación que se comenzó a editar en 1969 desde Pamplona (la fría, oscura y conservadora Pamplona, que sin embargo, a la vez era capaz de convertirse puntualmente en capital de la vanguardia, con acontecimientos como los famosos Encuentros del 72); en Disco Exprés, por ejemplo colaborarían en posteriores etapas los que acabarían siendo reputados críticos, escritores y periodistas musicales como Diego A. Manrique, Jesus Ordovás o Jordi Serra i Fabra.

Luqui fue además un beatlemaniaco declarado, que entrevistó en varias ocasiones a Paul Mcartney. Escribió también el libro Los Beatles que amo o una colección de artículos titulada con otro de sus latiguillos radiofónicos, Tres dos, uno, en la que daba cuenta, entre otras cosas, del paso del grupo de Liverpool por España en 1965, para ofrecer sendos conciertos en Barcelona y Madrid, y que dejaron imágenes de los más chuscas: los Beatles con montera, los Beatles venenciando jerez, los Beatles actuando en una plaza abarrotada… de grises (hay, sin embargo, miles y miles de personas que aseguran haber estado en el concierto de Madrid, que presentaba unas gradas bastante desangeladas, con lo cual esas personas o mienten o tienen un pasado algo siniestro).
El coResultado de imagen de beatles españancierto de Madrid, por otra parte y por si todo eso fuera poco,  tuvo un presentador de excepción: Torrebruno.  Rocco Walter Torrebruno Orgini era por entonces un cantante melódico, que había participado en festivales como el de San Remo o el Festival de la Canción Meditarránea, y que aunque gozaba de cierta popularidad en España, acabaría por no dar la talla —perdón por el chiste— como intérprete para adultos y reorientaría  su carrera hacia el público infantil, al que quizás odiaba con todo su alma, o al menos esa era lo que transmitía su sonrisa forzada, tensa y desconfiada,  de dientes apretados en los que parecía estar masticando su frustración, rodeado de pequeños tigres y leones que querían ser todos los campeones, buena parte de los cuales le pasaban además la cabeza.

A pesar de ellos Torrebruno presentó en la televisión numerosos programas infantiles, como Sabadabadá, que pasaría a llamarse Dabadabadá cuando dejó de emitirse los sábados. A Torrebruno, grande como ninguno, le tomaría el relevo en aquel programa una joven y pizpireta presentadora,  Sonia Martínez, que encarnó en sí misma el resumen perfecto de aquella época, proclamada por

nos pocos oficialmente feliz mientras toda una generación caía devastada por la heroína y el SIDA. Sonia Martínez y su belleza ochentera Resultado de imagen de sonia martinezy algo salvaje enamoró pronto a los más pequeños de la casa, y también a sus padres y a algún jefazo de la televisión pública, que, dicen,  rechazado por la presentadora acabaría despidiéndola y arrojándola por una cuesta abajo que desembocó en los poblados y cañadas reales de la droga y en las portadas rastreras de interviú,  negociadas a caballo ganador contra la indigencia y el síndrome de abstinencia. Sonia Martínez, que también fue actriz,  pudo haber protagonizado La Vaquilla pero le tocó Perras callejeras. Murió enferma de SIDA en 1984 y a su entierro, que se sepa,  no  acudió Cayetano Martínez de Irujo, con quien la prensa amarilla la relacionó durante alguna temporada.

No sabemos si Sonia Martínez llegaría a conocer en algún momento a la que pudo ser su suegra, Joaquín Luqui, uy, perdón Cayetana Fitz James Stuart, la tercera duquesa de Alba más famosa de todos los tiempos, después de la maja vestida y de la maja desnuda, a las que inmortalizaría el gran Francisco de Goya, autor también (y vamos haciendo ya el recorrido de vuelta) de una obra desde luego mucho menos conocida que alberga el Museo de Navarra: el retrato del Marqués de San Adrián, localidad en la que cada año se celebra un importante certamen de pop-rock, por el que han desfilado a lo largo de sus más de veinte ediciones artistas como Celtas Cortos, Alaska o Loquillo, a los cuales el locutor de la voz y el pelo alborotados, Joaquín Luqui, pinchó y entrevistó innumerables ocasiones, antes de morir  como consecuencia de un accidente doméstico (se cayó por una escalera) en el año 2005, a la edad de 57 años.

DE ESKROTO A GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER a ritmo de mariachi y Rafaella Carrà

ago 14, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog, seis grados  //  No Comments

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Publicado el 12/08/2017 en ON, semanario de diarios de Grupo Noticias

 

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La teoría de los seis grados de separación dice que podemos conectarnos con  cualquier otra persona del planeta Tierra a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios. Aquí, además, hacemos el camino de vuelta.

Patxi Irurzun

 

DE ESKROTO A GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER
a ritmo de mariachi y Rafaella Carrà

Unir al gran Marco Antonio Sanz de Acedo, también conocido como Eskroto, también conocido como Gavilán, con el poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer, es fácil, basta con trazar un hilo a partir de la canción ¡Qué solos se quedan los muertos!, que ya en sus primeras maquetas cantaba Tijuana in blue, y cuya letra está extraída de la rima LXXIII de Bécquer, incluida en su célebre Rimas y leyendas (como curiosidad, una de las leyendas transcurre en Fitero, como es bien sabido; lo que quizás no es tan conocido es que el poeta sevillano adoptó su nombre artístico, Bécquer, hurtándoselo a su padre, un pintor costumbrista, quien a su vez había utilizado este apellido para sustituir el suyo materno, que no era otro sino el muy euskaldun Insausti).

Pero, aldeanadas aparte y volviendo a Tijuana in blue, el hilo trazado es en realidad solo una excusa para enredar en la historia de la irrepetible banda pamplonesa.Resultado de imagen de tijuana in blue

Jimmi Errea, que compartió micrófono con Eskroto al frente del grupo, me confesó en una ocasión que escribir una biografía de Tijuana in blue, o al menos una biografía al uso, sería misión imposible. Vivieron a toda velocidad una época convulsa, envuelta en una nube de botes de humo y vapores de clarete y speed, nada propicia para hacer memoria. Vivirla y sobrevivirla (no todos) ya fue más que suficiente, y los recuerdos estallan como burbujas en un calderete, dejando en el aire solo la esencia. Algo quizás extrapolable a todo el rock radikal vasco, que espera su gran película, su gran novela, porque solo desde la ficción quizás sea posible contarlo como se merece. Yo la novela me la pido, y en el caso de Tijuana in blue  nada más pedírmela a mi cabeza ya vienen algunas imágenes.

Por ejemplo, la furgoneta del grupo, regresando de madrugada de algún concierto, con la música a todo trapo —Raffaella Carrà o Boney M o Paquita la del Barrio— y cruzándose con las filas de currelas que esperaban otras furgonetas y autobuses, los que los llevarían al turno de mañana en los polígonos industriales; currelas escupiendo su vida convertida en vaho al cielo; los ojos soñadores de Eskroto mirando por la ventanilla, con una mezcla de culpabilidad y de orgullo por haber escapado a ese destino (“Ay mamacita, yo quiero ser artista (…)/Volver a casa siempre de amanecida/Mientras los otros se van a trabajar”, cantaría años después con los Huajolotes); esos ojos despiertos, preguntándose si todo aquello solo era un sueño, una ilusión, una tregua (Gavilán, de hecho, tras volar libre durante algunos años, acabaría trabajando como panadero o conductor de excavadoras).

Me imagino también al grupo recorriendo de noche los montones de basura, en las bocacalles, antes de que hubiera contenedores, cuando los gatos eran los señores de la noche en la ciudad; me los imagino buscando entre los desperdicios viejos televisores, lavadoras, que después destrozarían en sus Resultado de imagen de boney Mactuaciones, o vísceras que arrojaban al público, o cualquier tito o trapo imposible que convertía sus conciertos en una fiesta, en una misa negra, en una nave de locos.

Me imagino (como me imagino, por ejemplo, para esa gran novela del rock radikal vasco, a Natxo Etxebarrieta, el cantante de Cicatriz, el sobrino de Txabi Etxebarrieta,  besando a su primera novia, la hija de un guardia civil), me imagino a Marco Antonio Sanz de Acedo, también conocido como Eskroto, también conocido como Gavilán, me lo imagino a solas en su habitación; me imagino su mente proyectando en el techo toda aquella efervescencia que no le cabía en la cabeza ni en el pecho, todo el salero que desparramaba y también toda la tristeza que debió de tragarse en silencio; la tristeza de saberse demasiado grande para un mundo tan pequeñito, un mundo cruel al que no podía cambiarse con canciones. ¿En qué habría pensado Gavilán, antes de su último vuelo?

Gavilán acabaría quitándose la vida, tras un efímero y triunfal regreso de Tijuana in blue a los escenarios. En el concierto de despedida no interpretaron ¡Qué solos se quedan los muertos!, acaso con carácter premonitorio,  pues a Gavilán nadie lo olvida, que es lo que pasa con quienes hacen felices a los que lo rodean. Su impronta sigue presente en las nuevas hornadas de grupos de napar-mex, como Los zopilotes txirriaos o Marianitoz blai, y recientemente el grupo Balerdi Balerdi lo ha homenajeado en su tema Bi izar, junto a Josetxo Ezponda. La estrella de Gavilán, pues, sigue brillando en lo alto,  aunque a veces él  la descabalga para montarse en el pepino de su primo Félix, su primo más querido, y los dos dejan una estela de humo blanco en el cielo que desde abajo los que no saben de qué hablo confunden con el rastro de un avión.

En cuanto a Bécquer, bueno, todos lo estudiamos en el colegio y sabemos por ello que fue una de las figuras más destacadas del romanticismo, aunque ninguno nos aprendimos demasiado bien la lección y seguimos confundiendo lo romántico con una película de Antena 3 un domingo por la tarde o con una novela de Corín Tellado, cuando de lo que Bécquer, Espronceda o Navarro Resultado de imagen de giuseppe garibaldiVilloslada en realidad hablaban en sus relatos era de ruinas y cementerios, o exaltaban en ellos el yo frente a la masa,  la libertad individual y también de los pueblos, por la que algunos románticos incluso cambiaron la pluma por la espada, como es el caso de Lord Byron, que moriría en Grecia tras combatir a favor de su independencia.

Lord Byron fue, por cierto, un modelo para Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida Insausti, alias Bécquer, e incluso recientemente se le atribuyó una obra que en realidad no era sino una traducción del escritor inglés, quien a su vez contaba entre sus ídolos al héroe revolucionario italiano Giuseppe Garibaldi.

Lo cual nos lleva hasta la famosa Plaza Garibaldi, en Mexico DF,  que debe su nombre no al libertador italiano, si no a su nieto, quien siguiendo los pasos de su abuelo participó de manera destacada en la revolución mexicana. Y por la plaza Garibaldi, en fin, que es hoy el santa sanctorum de los mariachis, el lugar en el que a cualquier hora del día y de la noche se puede contratar a uno de ellos, atizarse un tequila o descargarse un toquecito eléctrico, por esa plaza, qué duda cabe, debió de andar, arrastrando una maleta llena de discos, nuestro Eskroto, en uno de sus viajes iniciáticos a México que lo convertirían en Gavilán, el cantante de Kojón Prieto y los Huajolotes, el mariachi más punk, el conjunto más libre y salvaje de cuantos en el mundo han sido, chispún.

 

 

De Joseba Sarrionandia al lobo hombre en París, aú, usando el método OULIPO

ago 6, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog, seis grados  //  No Comments
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SEIS GRADOS
La teoría de los seis grados de separación dice que podemos conectarnos con  cualquier otra persona del planeta Tierra a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios. Aquí, además, hacemos el camino de vuelta.

Patxi Irurzun / Publicado en semanario ON (diarios de grupo Noticias) 05/08/2017

De Joseba Sarrionandia al lobo hombre en París, aú, usando el método OULIPO

En su colección de recuerdos Akordatzen, Joseba Sarrionandia escribe: “ETAkoa nintzela, ETAk nire lagun baten aita hil zuela akordatzen naiz, eta itzelezko tristura eta hondamendi sentsazioa sentitu nuela” (Me acuerdo de que cuando pertenecía a ETA, ETA mató al padre de un amigo mío, y que tuve una terrible sensación de tristeza y ruina). Esas dos líneas podrían resumir la historia de Euskal  Herria de las últimas décadas, con las diferentes interpretaciones que cada cual quiera darles. Lo que es innegable es la contundencia y la capacidad de evocación que tiene esa manera de narrar: los “Me acuerdo”, pequeñas frases en las que el escritor anota recuerdos que vienen a su cabeza casi de manera automática, y que Sarrionandia utilizó como imitación del Je me souviens del escritor Georges Perec y del Me acuerdo del estadounidense Joe Brainard.

Brainard fue el primero en utilizar esta técnica, un hallazgo literario extraordinario en su simpleza, que consigue conectar la memoria individual del autor con el imaginario colectivo, por lo general, de las personas de su generación. Brainard, por ejemplo, que escribió Me acuerdo en  1970 , se acuerda en él del día que mataron a John Kennedy, y del que mataron a Marilyn, del gusto que da tomarse un vaso de agua fría después de un helado, de que ir vestido de verde y amarillo los jueves en su colegio quería decir que eras gay, de que con sus primeras erecciones pensaba que tenía una terrible enfermedad, de Love me tender o de preguntarse cuando era niño por qué si Jesucristo podía curar a los enfermos solo curaba a algunos de ellos.Resultado de imagen de akordatzen joseba sarrionandia

Y así durante ciento cincuenta deliciosas páginas.

Pero quizás el Me acuerdo más famoso sea el Je me souviens que siete años más tarde, siguiendo la estela de Brainard, escribiría Georges Perec, a pesar de que en él abundan más referencias desconocidas para nosotros a películas y personajes de la cultura popular francesa, o de que los recuerdos se narran de una manera más neutra. Perec, sin embargo, contaba a su favor con la originalidad de su obra en su conjunto (Brainard, por el contrario, solo escribió un libro) y con su forma de peinarse, o sea, de no peinarse.

Georges Perec formó parte del movimiento OULIPO, un autodenominado “Taller de literatura potencial” que experimentaba y jugaba con el lenguaje, la literatura, los géneros, aplicándoles recursos de las matemáticas, el ajedrez o la ciencia. Es el autor, por ejemplo,  del palíndromo más largo del mundo (un palíndromo es una frase que se lee igual del derecho que del revés; el más conocido es “Dábale arroz a la zorra el abad”, no sé por qué, pues hay otros mucho menos extraños, como “Yo hago yoga hoy”  o “No maree, Ramón”). Ni más ni menos que cinco mil caracteres, es decir aproximadamente la extensión de este artículo, escribió Perec en capicúa. Otra de las proezas de Perec fue una novela titulada La desaparición en la que no aparece la letra e; y como eso no le pareció suficiente, también escribió Les revenentes,  en la que compensa  a esta vocal permitiéndole ser la única presente a lo largo de las más de cien páginas del libro.

Las restricciones voluntarias, pues, los juegos, los caprichos lingüísticos, caracterizan al movimiento OULIPO, que fue fundado por Raymond Queneau  (uno de cuyos libros más famosos es Ejercicios de estilo, en el que narra hasta de cien maneras diferentes un suceso completamente anodino: un tipo que se queja de que otro le empuja en un autobús abarrotado) y del que también formaron parte otros ilustres y juguetones escritores como Italo Calvino o Boris Vian.

Resultado de imagen de boris vianBoris Vian fue el autor de novelas a la altura de la contundencia de sus títulos, como Que se mueran los feos  o Escupiré sobre vuestra tumba;  bueno, en realidad, él no, o sí, pero con otro nombre, con un heterónimo, es decir un nombre falso: el de un personaje inventado al que un escritor hace firmar parte de su obra. Vian los usaba por docenas, acaso porque era la única manera de dar salida a su prolífica obra, como periodista, autor de teatro, poesía, músico y como escritor de canciones, que dejó rastro en multitud de artistas: Serge Gainsbourg, Georges Brassens, Magali Noel (la inolvidable y felliniana Gradisca de Amarcord),  Charlie Parker (el jazz fue una de las pasiones del escritor francés, y quizás sea Boris Vian, junto con Cortázar —que también retrata magistralmente a Parker en su magistral cuento El perseguidor, aquel donde el protagonista decía “Esto lo estoy tocando mañana”— quien mejor supo trasladar sus cadencias a la literatura)… Entre nosotros, como curiosidad pop, la canción Lobo-hombre en París, de La Unión, aú, está inspirada en uno de sus cuentos. Y probablemente Bailaré  sobre tu tumba, de Siniestro total, en la ya mencionada novela Escupiré sobre vuestra tumba, que Vian firmó como Vernon Sullivan.

Por cierto, Vernon Sullivan, Charles de Casanove, Boriso Viana, el Gran Capitán y todos aquellos otros que habitaron a Boris Vian, murieron con él de un infarto al corazón mientras veían el preestreno de una película que había adaptado esa novela, Escupiré sobre vuestra tumba. Boris Vian había participado inicialmente en ella como guionista pero abandonó el proyecto por desavenencias con el director. Está claro que para Vian, que se había colado de incógnito en la sala de cine, las desavenencias eran gordas.

Pero volviendo a Siniestro total, los gallegos  compartieron cartel con Kortatu al menos en una ocasión, el día 19 de julio de 1985 en Ermua;  y si acaso este atajo para regresar hasta Joseba Sarrionandia no vale (pues no podemos asegurar que Bailaré sobre tu tumba esté inspirada en la novela de Vian, aunque recoja todo el espíritu violento de la misma —¿hay acaso algo más violento que hacerte tragar una colección de casetes?—), tenemos otro: a Kortatu y a Boris Vian los citan Los chicos del maíz en la misma canción: Abierto hasta al amanecer.

La explicación de la presencia de Kortatu en el texto es evidente y no sorprenderá a nadie concluir que su famoso tema Sarri, Sarri, que lo bailaba en las verbenas de los pueblos hasta el lehendakari Patxi López,  y que en realidad es una versión del Chatty Chatty de los jamaicanos Toots an the Maytals, cuenta la fuga que protagonizó Joseba Sarrionandia junto con Iñaki Pikabea de la prisión de Martutene escondidos ambos en los altavoces del cantante Imanol Larzabal, tras una actuación del mismo en esa prisión.

Por lo demás, los más avezados lectores ya habrán apreciado que este texto ha sido escrito siguiendo el método OULIPO y sin utilizar en ningún momento a lo largo del mismo la diéresis ni la palabra austrohúngaro.

 

Patxi Irurzun

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