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De Joaquín Luqui a Goya, con la aparición estelar de Torrebruno

ago 20, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog, seis grados  //  No Comments
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SEIS GRADOS
La teoría de los seis grados de separación dice que podemos conectarnos con  cualquier otra persona del planeta Tierra a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios. Aquí, además, hacemos el camino de vuelta.

Patxi Irurzun

De Joaquín Luqui a Goya
con la aparición estelar de Torrebruno

 

Resultado de imagen de joaquin luqui“¡Hola, hola, hola!” Así, entre otras fórmulas,  acostumbraba a iniciar sus emisiones radiofónicas Joaquín Luqui, el carismático locutor del pelo y la voz alborotados. Su voz era inconfundible, tal vez porque en realidad no era una voz para la radio (el pelo daba igual porque no se veía). Era una voz que sonaba hacia dentro y a la vez entusiastamente esforzada, como si el de Caparroso nunca hubiera logrado sacudirse la timidez que en realidad le provocaba colocarse ante la alcachofa. No era una voz para la radio y a la vez era la mejor voz para la radio, como lo son las de otros periodistas, Roge Blasco o Juan de Pablos,  a los que precisamente sus limitaciones fónicas distinguen y dotan de personalidad.

En el caso de Juan de Pablos, el locutor de Radio 3, quien por cierto, vivió parte de su adolescencia en Pamplona, probablemente sea el locutor menos dotado físicamente para un programa de radio: balbucea, tartamudea, respira fuerte, finaliza sus frases —cuando las finaliza— con una risita nerviosa… Y sin embargo en la garganta tiene atravesada una flor de pasión, que es justamente lo que les falta a todos los locutores de las radiofórmulas con sus voces amaestradas, irritantes, tan perfectas como falsas, esas voces que suenan todas igual, y por tanto vacías.Resultado de imagen de juan de pablos

Pero volvamos a Joaquín Luqui, a quien si bien es cierto que asociamos a la radio musical más despiadadamente comercial, como Los 40 (o los 40 criminales, como eran popularmente conocidos entre sus detractores), en su juventud fue uno de los fundadores de Disco Exprés, el que sería el primer semanario musical del estado, dedicado al rock y al pop, una publicación que se comenzó a editar en 1969 desde Pamplona (la fría, oscura y conservadora Pamplona, que sin embargo, a la vez era capaz de convertirse puntualmente en capital de la vanguardia, con acontecimientos como los famosos Encuentros del 72); en Disco Exprés, por ejemplo colaborarían en posteriores etapas los que acabarían siendo reputados críticos, escritores y periodistas musicales como Diego A. Manrique, Jesus Ordovás o Jordi Serra i Fabra.

Luqui fue además un beatlemaniaco declarado, que entrevistó en varias ocasiones a Paul Mcartney. Escribió también el libro Los Beatles que amo o una colección de artículos titulada con otro de sus latiguillos radiofónicos, Tres dos, uno, en la que daba cuenta, entre otras cosas, del paso del grupo de Liverpool por España en 1965, para ofrecer sendos conciertos en Barcelona y Madrid, y que dejaron imágenes de los más chuscas: los Beatles con montera, los Beatles venenciando jerez, los Beatles actuando en una plaza abarrotada… de grises (hay, sin embargo, miles y miles de personas que aseguran haber estado en el concierto de Madrid, que presentaba unas gradas bastante desangeladas, con lo cual esas personas o mienten o tienen un pasado algo siniestro).
El coResultado de imagen de beatles españancierto de Madrid, por otra parte y por si todo eso fuera poco,  tuvo un presentador de excepción: Torrebruno.  Rocco Walter Torrebruno Orgini era por entonces un cantante melódico, que había participado en festivales como el de San Remo o el Festival de la Canción Meditarránea, y que aunque gozaba de cierta popularidad en España, acabaría por no dar la talla —perdón por el chiste— como intérprete para adultos y reorientaría  su carrera hacia el público infantil, al que quizás odiaba con todo su alma, o al menos esa era lo que transmitía su sonrisa forzada, tensa y desconfiada,  de dientes apretados en los que parecía estar masticando su frustración, rodeado de pequeños tigres y leones que querían ser todos los campeones, buena parte de los cuales le pasaban además la cabeza.

A pesar de ellos Torrebruno presentó en la televisión numerosos programas infantiles, como Sabadabadá, que pasaría a llamarse Dabadabadá cuando dejó de emitirse los sábados. A Torrebruno, grande como ninguno, le tomaría el relevo en aquel programa una joven y pizpireta presentadora,  Sonia Martínez, que encarnó en sí misma el resumen perfecto de aquella época, proclamada por

nos pocos oficialmente feliz mientras toda una generación caía devastada por la heroína y el SIDA. Sonia Martínez y su belleza ochentera Resultado de imagen de sonia martinezy algo salvaje enamoró pronto a los más pequeños de la casa, y también a sus padres y a algún jefazo de la televisión pública, que, dicen,  rechazado por la presentadora acabaría despidiéndola y arrojándola por una cuesta abajo que desembocó en los poblados y cañadas reales de la droga y en las portadas rastreras de interviú,  negociadas a caballo ganador contra la indigencia y el síndrome de abstinencia. Sonia Martínez, que también fue actriz,  pudo haber protagonizado La Vaquilla pero le tocó Perras callejeras. Murió enferma de SIDA en 1984 y a su entierro, que se sepa,  no  acudió Cayetano Martínez de Irujo, con quien la prensa amarilla la relacionó durante alguna temporada.

No sabemos si Sonia Martínez llegaría a conocer en algún momento a la que pudo ser su suegra, Joaquín Luqui, uy, perdón Cayetana Fitz James Stuart, la tercera duquesa de Alba más famosa de todos los tiempos, después de la maja vestida y de la maja desnuda, a las que inmortalizaría el gran Francisco de Goya, autor también (y vamos haciendo ya el recorrido de vuelta) de una obra desde luego mucho menos conocida que alberga el Museo de Navarra: el retrato del Marqués de San Adrián, localidad en la que cada año se celebra un importante certamen de pop-rock, por el que han desfilado a lo largo de sus más de veinte ediciones artistas como Celtas Cortos, Alaska o Loquillo, a los cuales el locutor de la voz y el pelo alborotados, Joaquín Luqui, pinchó y entrevistó innumerables ocasiones, antes de morir  como consecuencia de un accidente doméstico (se cayó por una escalera) en el año 2005, a la edad de 57 años.

DE ESKROTO A GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER a ritmo de mariachi y Rafaella Carrà

ago 14, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog, seis grados  //  No Comments

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Publicado el 12/08/2017 en ON, semanario de diarios de Grupo Noticias

 

SEIS GRADOS
La teoría de los seis grados de separación dice que podemos conectarnos con  cualquier otra persona del planeta Tierra a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios. Aquí, además, hacemos el camino de vuelta.

Patxi Irurzun

 

DE ESKROTO A GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER
a ritmo de mariachi y Rafaella Carrà

Unir al gran Marco Antonio Sanz de Acedo, también conocido como Eskroto, también conocido como Gavilán, con el poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer, es fácil, basta con trazar un hilo a partir de la canción ¡Qué solos se quedan los muertos!, que ya en sus primeras maquetas cantaba Tijuana in blue, y cuya letra está extraída de la rima LXXIII de Bécquer, incluida en su célebre Rimas y leyendas (como curiosidad, una de las leyendas transcurre en Fitero, como es bien sabido; lo que quizás no es tan conocido es que el poeta sevillano adoptó su nombre artístico, Bécquer, hurtándoselo a su padre, un pintor costumbrista, quien a su vez había utilizado este apellido para sustituir el suyo materno, que no era otro sino el muy euskaldun Insausti).

Pero, aldeanadas aparte y volviendo a Tijuana in blue, el hilo trazado es en realidad solo una excusa para enredar en la historia de la irrepetible banda pamplonesa.Resultado de imagen de tijuana in blue

Jimmi Errea, que compartió micrófono con Eskroto al frente del grupo, me confesó en una ocasión que escribir una biografía de Tijuana in blue, o al menos una biografía al uso, sería misión imposible. Vivieron a toda velocidad una época convulsa, envuelta en una nube de botes de humo y vapores de clarete y speed, nada propicia para hacer memoria. Vivirla y sobrevivirla (no todos) ya fue más que suficiente, y los recuerdos estallan como burbujas en un calderete, dejando en el aire solo la esencia. Algo quizás extrapolable a todo el rock radikal vasco, que espera su gran película, su gran novela, porque solo desde la ficción quizás sea posible contarlo como se merece. Yo la novela me la pido, y en el caso de Tijuana in blue  nada más pedírmela a mi cabeza ya vienen algunas imágenes.

Por ejemplo, la furgoneta del grupo, regresando de madrugada de algún concierto, con la música a todo trapo —Raffaella Carrà o Boney M o Paquita la del Barrio— y cruzándose con las filas de currelas que esperaban otras furgonetas y autobuses, los que los llevarían al turno de mañana en los polígonos industriales; currelas escupiendo su vida convertida en vaho al cielo; los ojos soñadores de Eskroto mirando por la ventanilla, con una mezcla de culpabilidad y de orgullo por haber escapado a ese destino (“Ay mamacita, yo quiero ser artista (…)/Volver a casa siempre de amanecida/Mientras los otros se van a trabajar”, cantaría años después con los Huajolotes); esos ojos despiertos, preguntándose si todo aquello solo era un sueño, una ilusión, una tregua (Gavilán, de hecho, tras volar libre durante algunos años, acabaría trabajando como panadero o conductor de excavadoras).

Me imagino también al grupo recorriendo de noche los montones de basura, en las bocacalles, antes de que hubiera contenedores, cuando los gatos eran los señores de la noche en la ciudad; me los imagino buscando entre los desperdicios viejos televisores, lavadoras, que después destrozarían en sus Resultado de imagen de boney Mactuaciones, o vísceras que arrojaban al público, o cualquier tito o trapo imposible que convertía sus conciertos en una fiesta, en una misa negra, en una nave de locos.

Me imagino (como me imagino, por ejemplo, para esa gran novela del rock radikal vasco, a Natxo Etxebarrieta, el cantante de Cicatriz, el sobrino de Txabi Etxebarrieta,  besando a su primera novia, la hija de un guardia civil), me imagino a Marco Antonio Sanz de Acedo, también conocido como Eskroto, también conocido como Gavilán, me lo imagino a solas en su habitación; me imagino su mente proyectando en el techo toda aquella efervescencia que no le cabía en la cabeza ni en el pecho, todo el salero que desparramaba y también toda la tristeza que debió de tragarse en silencio; la tristeza de saberse demasiado grande para un mundo tan pequeñito, un mundo cruel al que no podía cambiarse con canciones. ¿En qué habría pensado Gavilán, antes de su último vuelo?

Gavilán acabaría quitándose la vida, tras un efímero y triunfal regreso de Tijuana in blue a los escenarios. En el concierto de despedida no interpretaron ¡Qué solos se quedan los muertos!, acaso con carácter premonitorio,  pues a Gavilán nadie lo olvida, que es lo que pasa con quienes hacen felices a los que lo rodean. Su impronta sigue presente en las nuevas hornadas de grupos de napar-mex, como Los zopilotes txirriaos o Marianitoz blai, y recientemente el grupo Balerdi Balerdi lo ha homenajeado en su tema Bi izar, junto a Josetxo Ezponda. La estrella de Gavilán, pues, sigue brillando en lo alto,  aunque a veces él  la descabalga para montarse en el pepino de su primo Félix, su primo más querido, y los dos dejan una estela de humo blanco en el cielo que desde abajo los que no saben de qué hablo confunden con el rastro de un avión.

En cuanto a Bécquer, bueno, todos lo estudiamos en el colegio y sabemos por ello que fue una de las figuras más destacadas del romanticismo, aunque ninguno nos aprendimos demasiado bien la lección y seguimos confundiendo lo romántico con una película de Antena 3 un domingo por la tarde o con una novela de Corín Tellado, cuando de lo que Bécquer, Espronceda o Navarro Resultado de imagen de giuseppe garibaldiVilloslada en realidad hablaban en sus relatos era de ruinas y cementerios, o exaltaban en ellos el yo frente a la masa,  la libertad individual y también de los pueblos, por la que algunos románticos incluso cambiaron la pluma por la espada, como es el caso de Lord Byron, que moriría en Grecia tras combatir a favor de su independencia.

Lord Byron fue, por cierto, un modelo para Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida Insausti, alias Bécquer, e incluso recientemente se le atribuyó una obra que en realidad no era sino una traducción del escritor inglés, quien a su vez contaba entre sus ídolos al héroe revolucionario italiano Giuseppe Garibaldi.

Lo cual nos lleva hasta la famosa Plaza Garibaldi, en Mexico DF,  que debe su nombre no al libertador italiano, si no a su nieto, quien siguiendo los pasos de su abuelo participó de manera destacada en la revolución mexicana. Y por la plaza Garibaldi, en fin, que es hoy el santa sanctorum de los mariachis, el lugar en el que a cualquier hora del día y de la noche se puede contratar a uno de ellos, atizarse un tequila o descargarse un toquecito eléctrico, por esa plaza, qué duda cabe, debió de andar, arrastrando una maleta llena de discos, nuestro Eskroto, en uno de sus viajes iniciáticos a México que lo convertirían en Gavilán, el cantante de Kojón Prieto y los Huajolotes, el mariachi más punk, el conjunto más libre y salvaje de cuantos en el mundo han sido, chispún.

 

 

De Joseba Sarrionandia al lobo hombre en París, aú, usando el método OULIPO

ago 6, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog, seis grados  //  No Comments
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SEIS GRADOS
La teoría de los seis grados de separación dice que podemos conectarnos con  cualquier otra persona del planeta Tierra a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios. Aquí, además, hacemos el camino de vuelta.

Patxi Irurzun / Publicado en semanario ON (diarios de grupo Noticias) 05/08/2017

De Joseba Sarrionandia al lobo hombre en París, aú, usando el método OULIPO

En su colección de recuerdos Akordatzen, Joseba Sarrionandia escribe: “ETAkoa nintzela, ETAk nire lagun baten aita hil zuela akordatzen naiz, eta itzelezko tristura eta hondamendi sentsazioa sentitu nuela” (Me acuerdo de que cuando pertenecía a ETA, ETA mató al padre de un amigo mío, y que tuve una terrible sensación de tristeza y ruina). Esas dos líneas podrían resumir la historia de Euskal  Herria de las últimas décadas, con las diferentes interpretaciones que cada cual quiera darles. Lo que es innegable es la contundencia y la capacidad de evocación que tiene esa manera de narrar: los “Me acuerdo”, pequeñas frases en las que el escritor anota recuerdos que vienen a su cabeza casi de manera automática, y que Sarrionandia utilizó como imitación del Je me souviens del escritor Georges Perec y del Me acuerdo del estadounidense Joe Brainard.

Brainard fue el primero en utilizar esta técnica, un hallazgo literario extraordinario en su simpleza, que consigue conectar la memoria individual del autor con el imaginario colectivo, por lo general, de las personas de su generación. Brainard, por ejemplo, que escribió Me acuerdo en  1970 , se acuerda en él del día que mataron a John Kennedy, y del que mataron a Marilyn, del gusto que da tomarse un vaso de agua fría después de un helado, de que ir vestido de verde y amarillo los jueves en su colegio quería decir que eras gay, de que con sus primeras erecciones pensaba que tenía una terrible enfermedad, de Love me tender o de preguntarse cuando era niño por qué si Jesucristo podía curar a los enfermos solo curaba a algunos de ellos.Resultado de imagen de akordatzen joseba sarrionandia

Y así durante ciento cincuenta deliciosas páginas.

Pero quizás el Me acuerdo más famoso sea el Je me souviens que siete años más tarde, siguiendo la estela de Brainard, escribiría Georges Perec, a pesar de que en él abundan más referencias desconocidas para nosotros a películas y personajes de la cultura popular francesa, o de que los recuerdos se narran de una manera más neutra. Perec, sin embargo, contaba a su favor con la originalidad de su obra en su conjunto (Brainard, por el contrario, solo escribió un libro) y con su forma de peinarse, o sea, de no peinarse.

Georges Perec formó parte del movimiento OULIPO, un autodenominado “Taller de literatura potencial” que experimentaba y jugaba con el lenguaje, la literatura, los géneros, aplicándoles recursos de las matemáticas, el ajedrez o la ciencia. Es el autor, por ejemplo,  del palíndromo más largo del mundo (un palíndromo es una frase que se lee igual del derecho que del revés; el más conocido es “Dábale arroz a la zorra el abad”, no sé por qué, pues hay otros mucho menos extraños, como “Yo hago yoga hoy”  o “No maree, Ramón”). Ni más ni menos que cinco mil caracteres, es decir aproximadamente la extensión de este artículo, escribió Perec en capicúa. Otra de las proezas de Perec fue una novela titulada La desaparición en la que no aparece la letra e; y como eso no le pareció suficiente, también escribió Les revenentes,  en la que compensa  a esta vocal permitiéndole ser la única presente a lo largo de las más de cien páginas del libro.

Las restricciones voluntarias, pues, los juegos, los caprichos lingüísticos, caracterizan al movimiento OULIPO, que fue fundado por Raymond Queneau  (uno de cuyos libros más famosos es Ejercicios de estilo, en el que narra hasta de cien maneras diferentes un suceso completamente anodino: un tipo que se queja de que otro le empuja en un autobús abarrotado) y del que también formaron parte otros ilustres y juguetones escritores como Italo Calvino o Boris Vian.

Resultado de imagen de boris vianBoris Vian fue el autor de novelas a la altura de la contundencia de sus títulos, como Que se mueran los feos  o Escupiré sobre vuestra tumba;  bueno, en realidad, él no, o sí, pero con otro nombre, con un heterónimo, es decir un nombre falso: el de un personaje inventado al que un escritor hace firmar parte de su obra. Vian los usaba por docenas, acaso porque era la única manera de dar salida a su prolífica obra, como periodista, autor de teatro, poesía, músico y como escritor de canciones, que dejó rastro en multitud de artistas: Serge Gainsbourg, Georges Brassens, Magali Noel (la inolvidable y felliniana Gradisca de Amarcord),  Charlie Parker (el jazz fue una de las pasiones del escritor francés, y quizás sea Boris Vian, junto con Cortázar —que también retrata magistralmente a Parker en su magistral cuento El perseguidor, aquel donde el protagonista decía “Esto lo estoy tocando mañana”— quien mejor supo trasladar sus cadencias a la literatura)… Entre nosotros, como curiosidad pop, la canción Lobo-hombre en París, de La Unión, aú, está inspirada en uno de sus cuentos. Y probablemente Bailaré  sobre tu tumba, de Siniestro total, en la ya mencionada novela Escupiré sobre vuestra tumba, que Vian firmó como Vernon Sullivan.

Por cierto, Vernon Sullivan, Charles de Casanove, Boriso Viana, el Gran Capitán y todos aquellos otros que habitaron a Boris Vian, murieron con él de un infarto al corazón mientras veían el preestreno de una película que había adaptado esa novela, Escupiré sobre vuestra tumba. Boris Vian había participado inicialmente en ella como guionista pero abandonó el proyecto por desavenencias con el director. Está claro que para Vian, que se había colado de incógnito en la sala de cine, las desavenencias eran gordas.

Pero volviendo a Siniestro total, los gallegos  compartieron cartel con Kortatu al menos en una ocasión, el día 19 de julio de 1985 en Ermua;  y si acaso este atajo para regresar hasta Joseba Sarrionandia no vale (pues no podemos asegurar que Bailaré sobre tu tumba esté inspirada en la novela de Vian, aunque recoja todo el espíritu violento de la misma —¿hay acaso algo más violento que hacerte tragar una colección de casetes?—), tenemos otro: a Kortatu y a Boris Vian los citan Los chicos del maíz en la misma canción: Abierto hasta al amanecer.

La explicación de la presencia de Kortatu en el texto es evidente y no sorprenderá a nadie concluir que su famoso tema Sarri, Sarri, que lo bailaba en las verbenas de los pueblos hasta el lehendakari Patxi López,  y que en realidad es una versión del Chatty Chatty de los jamaicanos Toots an the Maytals, cuenta la fuga que protagonizó Joseba Sarrionandia junto con Iñaki Pikabea de la prisión de Martutene escondidos ambos en los altavoces del cantante Imanol Larzabal, tras una actuación del mismo en esa prisión.

Por lo demás, los más avezados lectores ya habrán apreciado que este texto ha sido escrito siguiendo el método OULIPO y sin utilizar en ningún momento a lo largo del mismo la diéresis ni la palabra austrohúngaro.

 

Patxi Irurzun

DE DUNCAN DHU A DUNCAN DHU pasando por Mark Twain, Bukowski o Sid Vicious

jul 30, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog, seis grados  //  No Comments

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SEIS GRADOS (tercera entrega del serial veraniego para semanario ON, diarios del Grupo Noticias 29/07/2017)

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Patxi Irurzun

DE DUNCAN DHU A DUNCAN DHU
pasando por Mark Twain, Bukowski o Sid Vicious

Resultado de imagen de secuestrado stevenson¿Cómo eligen los grupos de música sus nombres? Tarzán y su puta madre okupando piso en Alcobendas, Me voy ke me estoy kagando, Mari Cruz Soriano y los que afinan su piano… Son algunos de los poéticos nombres con los que algunos conjuntos han tenido a bien llamarse, pero otros menos audaces han preferido recurrir a la inspiración ajena y existe un buen número de músicos que se han bautizado tomando sus nombres de  títulos o personajes literarios. Es el caso de los donostiarras Duncan Dhu, que comparten nombre con uno de los personajes de Secuestrado, una novela de aventuras de Robert Louis Stevenson que daría a imprenta el mismo año que El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde y tres antes que La isla del tesoro, sus obras más conocidas. El Duncan Dhu de Stevenson, escocés, amante de la música y enemigo de la violencia, propone en un pasaje del libro solucionar una disputa entre dos huéspedes que aloja en su casa con un duelo de gaitas, duelo que se salda alegremente entre tragos de whisky y baladas, mientras fuera la niebla cae y los clanes de las tierras altas afilan sus cuchillos.

Una elección, pues, a contrapelo, la de Mikel Erentxun, Diego VasalloJuan Ramón Viles (el tercer miembro original del grupo, que años más tarde acabaría siendo concejal del PNV en el ayuntamiento de Donostia), habida cuenta de que por aquella época se estilaban más nombres de grupos más belicosos o que dieran un poco de asco: Eskorbuto, Vómito, Cicatriz, Basura, Kagando duro (lo de cagar con k era, y es, como vemos, recurrente: además de los ya mencionados, tenemos a Kagando entre dos coches, Kaka de Lux, Hemorroides Band, Ojete calor…).

Después se pondrían de moda nombres más largos como Ella baila sola, El sueño de Morfeo o La oreja de Van Gogh que no se sabía si pretendían dar gracia o pegarse el moco y que en esa indefinición acababan por resultar ridículos.

Pero esa es una opinión personal y además un servidor también publicó un libro de cuentos titulado La tristeza de las tiendas de pelucas, así que volvamos a los grupos con nombres inspirados por obras literarias.

Resultado de imagen de vetusta morla tortugaVetusta Morla, por ejemplo, que homenajea a la gigantesca y vieja tortuga sumida en un pantano de tristeza de La historia interminable (un pequeño paréntesis sobre esta obra: su autor,  Michael Ende, que como el protagonista del libro se vio atrapado dentro de la historia sin poder salir de ella, excepto para pedir a su editor más tiempo para escribirla, tal y como se merecía su fantástico hallazgo literario, consiguió que este accediera a publicarla con sus famosas dos tintas, verde y roja,  lanzándole un órdago a la grande: la novela, reclamó inicialmente, debía editarse con tapas de cuero e incrustaciones de madreperla).

Sigamos: Patrullero Mancuso toma su nombre de uno de los personajes secundarios de la genial novela de John Kennedy Toole La conjura de los necios, el incompetente policía a quien su jefe tóxico obliga a disfrazarse de las maneras más humillantes y estrafalarias, incluso para una ciudad como Nueva Orleans. The Velvet underground debe su nombre a un libro sobre masoquismo. Moby, a Moby Dick… La lista es larga, pero para cortarla de una vez e ir al grano (es decir, los seis grados de separación que nos llevarán de Duncan Dhu a Duncan Dhu, pasando por Mark Twain, Sid Vicious o Bukowski, entre otros), volvamos a tierras escocesas y añadamos por último a My chemichal romance, quienes se inspiraron en el libro del escritor de Edimburgo Irvine Wehls, Éxtasis: Tres relatos de amor químico (Ecstasy: Three Tales of Chemical Romance).

Resultado de imagen de iggy pop atolladeroWehls es también el autor de la novela Trainspotting, cuya adaptación cinematográfica todos recordamos, así como su banda sonora, en la que participaban, entre otros Iggy Pop (y ahora, una pequeña pirueta, de Iggy Pop a Iggy Pop, pasando por, entre otros, Antonio Alcántara): Iggy Pop,  además de en los escenarios, ha exhibido su anatomía nervuda de iguana humana en varias
películas, como El color del dinero, un anuncio de tónica  o Sid y Nancy (adaptación de la estupenda novela de Gerard Cole), en la que se narra la historia de amor de Sid Vicious,  el bajista de los Sex Pistols, y Nancy Spungen, que aparecería muerta en una habitación del Chelsey Hotel, el legendario hotel neoyorkino, por cuyas habitaciones han pasado escritores como Mark Twain o  Dylan Thomas (de quien cuenta la leyenda que murió tras atizarse 18 whiskys, no sabemos si escoceses o no, y quien, por cierto, también inspiró a Bob Dylan su nombre artístico), o músicos como Leonard Cohen y Janis Joplin, e incluso Janis Joplin y Leonard Cohen muy juntos, como atestigua la canción de este último, Chelsey hotel, en la que hasta un caballero como Cohen tiene un desliz y da indiscreta cuenta de la felación que le practicó el chico más feo del instituto, como llamaban a Janis Joplin en su juventud (a mí, sin embargo, siempre me ha parecido una de las mujeres más bellas del mundo).

En el Chelsey Hotel se alojó también el rey de los escritores malditos, Charles Bukowski, a quien en el año 2008 más de treinta escritores españoles homenajearían en un libro titulado Resaca / Hankover. Un homenaje a Charles Bukowski (Caballo de Troya, 2008)Resaca/Hank Over. Uno de los coordinadores de ese libro, Vicente Muñoz Alvárez, había publicado años atrás otra antología de relatos titulada Golpes, entre cuyos participantes se encontraba el cineasta Oscar Aibar, que ha dirigido numerosos capítulos de la serie Cuéntame (yo rezo todos los días para que no me toquen de vecinos una familia como la de Antonio Alcántara, que atraen todas las desgracias), y que a mediados de los 90 rodó en las Bardenas un western futurista titulado Atolladero que… ¿a quién tenía por protagonista? A Iggy Pop, en efecto.

Y tras la pirueta, recojamos a la iguana de Detroit y recorramos ya el último tramo del camino. En el año 2008 Iggy Pop sorprendió a propios y extraños franqueando la entrada al salón de la fama a Madonna e interpretando dos versiones de canciones de esta artista, quien también ha participado como actriz en numerosas películas. Entre ellas,  Dick Tracy, la adaptación al cine de las aventuras del famoso personaje de comic estadounidense, estrenada en el año 1990 y en cuya banda sonora de la versión hispana, tachán, encontramos la canción Herida de miel de… ¡Duncan Dhu!

 

DE CERVANTES A LA BRUJA AVERÍA, Y VUELTA A EMPEZAR

jul 25, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog, seis grados  //  No Comments
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Publicado en ON, semanario de Grupo Noticias, 22/07/2017
SEIS GRADOS

La teoría de los seis grados de separación dice que podemos conectarnos con  cualquier otra persona del planeta Tierra a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios. Aquí, además, hacemos el camino de vuelta.


DE CERVANTES A LA BRUJA AVERÍA
y vuelta a empezar

 

“Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro ­­­—que en nuestra edad de hierro tanto se estima— se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío”.

Así escribe en el capítulo XI de la primera parte del Quijote un Cervantes libertario del cual, aprovechando el 501 aniversario de la publicación  de su universal obra, nos vamos a ocupar hoy en esta sección, que arranca con el manco de Lepanto —que en realidad no lo era—  y acabará desembocando  en los bares de rocanrol del Casco Viejo de Pamplona y otras cuevas, como la de la Bruja Avería.

¿Que por qué 501 aniversario?, pregunta una voz al fondo. Pues para romper con la tiranía de las fechas y las horas redondas. ¿Por qué fijar las citas a las horas en punto o a su cuarto o su mitad? ¿Por qué no a las dos y veintitrés o a las veintitrés y dos? ¿Por qué los centenarios y no los cientounarios? ¿Y qué mejor homenaje para dos locos maravillosos como Alonso de Quijano y Cervantes que una sandez como esta?…
Resultado de imagen de el quijote de alcaláLocos, libertarios y antisistema, así al menos ha titulado el historiador Emilio Sola un libro dedicado al escritor de Alcalá de Henares: Cervantes libertario. Cervantes antisistema. A menudo se nos ha hecho tragar ruedas de molino para acabar identificando al Quijote con las esencias patrias más rancias y carpetovetónicas, pero en esta obra Emilio Sola deja constancia de cómo también los anarquistas han reivindicado para sí su triste figura y la de Cervantes. Y así, en Cervantes libertario. Cervantes antisistema se nos cuenta la peripecia de un grupo de exiliados republicanos a Argel que promovieron un homenaje al escritor colocando una placa en la gruta en la que este se refugió tras escapar de su cautiverio a manos de corsarios berberiscos.

Al frente de este grupo se encontraba el periodista y escritor navarro José María Puyol. Nacido en Cascante en 1881, Puyol fue una de las 2638 personas que en marzo de 1939 lograron embarcar en un cascarón llamado Stanbrook y huir desde Alicante hasta Orán sorteando las bombas fascistas. Tras permanecer a bordo del barco cuarenta días, sin apenas agua ni alimentos, Puyol sería confinado en diferentes campos de concentración y liberado tras largos sufrimientos. En los años posteriores colaboraría prolíficamente en diferentes periódicos libertarios, como Solidaridad obrera, primero en Orán y más tarde en Francia, bajo cuyo sello también publicó un libro titulado Don Quijote de Alcalá de Henares, con el que intentó propagar su devoción laica por Cervantes, a quien consideraba una especie de santo ácrata.La imagen puede contener: texto

No sería este el único libro que escribiera el cervantista PUYOL (así, solo con su apellido y en mayúsculas lo firmó); publicó también la novela El rodar de las almas y fue autor de una biografía, que nunca llegó a editarse y acabaría perdiéndose, sobre quien fuera su compañero de correrías, el legendario Pedro Luis de Gálvez, icono de la bohemia literaria de principios del siglo XX (aunque la vida del propio Puyol tampoco se queda manca —como no se quedó Cervantes— y necesitaríamos otro artículo entero para contarla).

De Pedro Luis de Gálvez se narran decenas de desmesuras: sablazos, borracheras, asesinatos en serie de monjas, presidio, finalmente ejecución ante un pelotón de fusilamiento… Pero sin duda la más conocida y escabrosa de todas es aquella que recoge Pío Baroja en La caverna del humorismo, donde lo retrata recorriendo los cafés madrileños con una caja de pasas bajo el gabán en la que transportaba el cadáver de su hijo, fallecido al nacer. Gálvez pedía limosna para enterrarlo y para un vaso de vino que le aliviara el dolor.

Gálvez aparece además en Luces de bohemia, la magistral obra de teatro de Valle-Inclán, haciendo de sí mismo en el coro de modernistas que aclaman a Max Estrella (personaje que probablemente también inspiró el propio Gálvez junto con otros bohemios hardcore como Alejandro Sawa). Por cierto, que de los espejos deformantes del Callejón del Gato que aparecen en la obra de Valle y que deberían ser hoy en día, cuando el esperpento gobierna el mundo, más que nunca monumento nacional, solo quedan una réplicas birriosas que adornan con más pena que gloria la fachada del bar Las Bravas, en Madrid, famoso por sus patatas ídem (aunque los dueños del bar aseguran que los originales pueden verse dentro).

De Gálvez se ha ocupado mucho y bien otro escritor, el baracaldés, sí, baracaldés —al menos de nacimiento— Juan Manuel de Prada, por ejemplo en su inspiradísima novela Las máscaras del héroe;  de él y de otros escritores raros, bohemios y generalmente malogrados, como Armando Buscarini, Emilio Carrere o Ramón Gómez de la Serna. Emulando a este último, autor además de sus famosas greguerías, de una obra titulada Senos, Prada publicó la Resultado de imagen de JUAN MANUEL DE PRADA COÑOScolección de relatos  Coños, sí, Coños, así se las gastaba por entonces (y últimamente también) el columnista de ABC, cuya firma durante la década de los 90 no era extraño encontrar en fanzines revoltosos como Monográfico, junto a la de otros autores emergentes como Ray Loriga, Lucía Etxebarría, o, ejem, ejem, Patxi Irurzun.

Monográfico, que además de un fanzine era la mejor guía de garitos del país, pues en sus páginas aparecían anunciados todos aquellos que la distribuían, se podía encontrar, por ejemplo y si no recuerdo mal, en bares míticos de La Kutxi gasteiztarra o de lo viejo de Pamplona, como el Toki Leza (el bar, por cierto, al que Barricada bautizó como La esquina del zorro en su canción homónima, aunque en realidad no hiciera esquina, del mismo modo que el manco de Lepanto no era estrictamente manco, es decir no perdió la mano en aquella batalla, sino que se le quedaría tonta como consecuencia de un arcabuzazo) o el Terminal, que este año celebra treinta años programando conciertos (a nosotros para este artículo nos habría venido mejor que fueran 29 o 31, pero todo no puede ser).Resultado de imagen de FANZINE MONO GRÁFICO

Por el apretado escenario del Terminal (menudo nombre para un bar, por cierto, si uno tiene problemas con la bebida, al menos) han pasado infinidad de grupos, algunos de los cuales acabarían años después llenando pabellones, como es el caso de los madrileños Pereza. “¿Y para cuándo lo de la Bruja Avería?, pregunta impaciente la voz del fondo. A eso vamos, pues resulta que Pereza grabó una versión de La bruja avería en un disco recopilatorio y solidario titulado Patitos feos en el que diferentes grupos de rock versionaban clásicos infantiles, como, entre otros, Casimiro, a cargo de La Cabra Mecánica, Mi mono Amedio y yo, que interpretaron Los piratas, y en el que también participaba Mago de Oz que revisitaba (atención, porque con esto cerramos el círculo) la canción Sancho, Quijote de la recordada serie de dibujos sobre el ingenioso hidalgo al que en buena hora dio vida Miguel de Cervantes Saavedra.

 

 

 

 

 

 

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