HUMO EN EL AGUA

Publicado en «Rubio de bote», colaboración quincenal para magazine ON (diarios Grupo Noticias) 18 de julio de 2026
Ian Gillan, el vocalista de Deep Purple, fue también Jesucristo Superstar, la famosa ópera rock, que posteriormente Camilo Sesto adaptaría en una visceral y estremecedora versión en castellano.
El grupo británico ofreció un concierto en Pamplona el pasado 5 de julio, víspera de las vísperas de San Fermín, y, ciertamente se diría que sobre el escenario el cantante británico todavía consigue que su prodigiosa voz camine sobre el agua -el milagro se obra también en las facultades del resto de miembros del grupo, todos ellos igualmente históricos del rock-.
Deep Purple se fundó en 1968 y desde entonces han ofrecido miles de conciertos, han vendido millones de discos e incontables aprendices de guitarrista se han iniciado en el rock trasteando los famosos acordes de Smoke on the water (yo mismo, que estoy tan dotado para la música como Donald Trump para la diplomacia, soy capaz de perpetrarlos).
Gillan tiene ya 80 años y lógicamente se movía con cautela por el escenario, reservando los alardes físicos para los gorgoritos de su voz superdotada. Y entre el público abundaban los espectadores de la misma quinta que el cantante. Mi localidad en la grada estaba justo al inicio de una escalera, por la que vi bajar a varios de ellos con las rodillas hechas puré, todo ello mientras me preguntaba si la banda interpretaría uno de sus clásicos, Child in time. La leyenda cuenta que durante la grabación del famoso disco Made in Japan, a mitad de esta hipnótica canción, un espectador, tras alcanzar el nirvana, decidió quitarse la vida con un disparo que quedó registrado en la grabación. En realidad, parece ser que la detonación obedeció a algún tipo de accidente o error en el sonido; de hecho, en el concierto de Osaka no apareció ningún cadáver, algo que, sin embargo, podía haber sucedido perfectamente en el Navarra Arena, a juzgar por las dificultades de los jevis de la tercera edad para descender los peldaños. Tal vez para evitar desgracias, el grupo no interpretó finalmente Child in time.
Fuera bromas (macabras), hace dos semanas hablábamos en esta misma página de la capacidad que tiene la cultura para hacernos sobrevivir, algo que corrobora la admirable vitalidad y pasión de personas como Gillan, o como muchos de quienes fueron a verle, a quienes la música, el rock, en este caso, todavía consigue transmitirles la energía necesaria para levantar una mano cornuda frente al rostro de la muerte.
Por último, cabe señalar que, en el concierto de Pamplona, el teclista de Deep Purple, el legendario Don Airey, interpretó la notas del “Uno de enero, dos de febrero…siete de julio, San Fermín”. Un dato que, sin duda, debe constar en los anales (con perdón) del rock.

