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ENTREVISTA A ROLDÁN JIMENO (Gara 3/12/15)

dic 7, 2015   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Medalla de oro de Nafarroa a Jose María Jimeno Jurío

“En lo que hoy denominamos memoria histórica mi aita fue el auténtico pionero”
Roldán Jimeno

Historiador, etnógrafo, precursor en el campo de la memoria histórica y de la historia del euskera… Es difícil resumir con una sola palabra el vasto trabajo de José María Jimeno Jurío, sin duda una de las grandes personalidades de la cultura navarra, y sin embargo, no siempre justamente reconocida. Hoy, Día de Nafarroa y Día Internacional del Euskera, recibe por fin la Medalla de oro de la Comunidad, a título póstumo y de la mano de su hijo Roldán Jimeno, con quien GARA ha charlado sobre la figura imprescindible del historiador, pero también sobre sus aspectos más familiares. 

Patxi Irurzun. Iruñea

Sus investigaciones sobre los crímenes de la guerra civil en Nafarroa y la posterior represión (por las que recibió amenazas) pusieron las bases para una obra referencial como es Navarra 1936, De la esperanza al terror. Sobre sus estudios sobre el euskera Txillardegi escribió que lo que Koldo Mitxelena había supuesto para la lingüística vasca, Jimeno Jurío lo supuso para la historia del euskera. .Recorrió todos los caminos de Nafarroa, habló, siempre de igual a igual, de manera humilde y afable,  con los vecinos de cada pueblo, para recuperar su toponimia y su historia. Convirtió la Historia en algo cercano y humano, aproximándose a lo pequeño, a lo local.  Roldán Jimeno, su hijo y alumno privilegiado, evoca en esta entrevista la figura del pequeño gran historiador de Artaxoa, de quien Eugenio Arraiza escribió: “Sin él, Nafarroa sería distinta, menos soberana, menos plena, menos hermosa”.

¿Cómo recibieron usted y su familia la noticia de este reconocimiento póstumo, hay sensaciones contradictorias o agridulces?

La concesión de la Medalla de Oro ha supuesto toda una sorpresa inesperada. Cuando falleció mi aita, en 2002, diversas entidades culturales y sociales le propusieron para el premio Príncipe de Viana de la Cultura. El Gobierno de Navarra de entonces, para evitar la polémica ante una no concesión, cambió las bases para que no se otorgase a título póstumo. Aquello nos dolió mucho. De alguna manera, este premio, aunque tardío, cicatriza aquella herida.

En su caso particular, además, supongo que es imposible separar a Jimeno Jurío como personalidad y como padre y maestro…

Yo he sido un gran afortunado, pues, en efecto, fue un lujo para mí tener un maestro doméstico, que me guió en mis primeros pasos y con el que trabajé codo con codo en mis primeras investigaciones. Además, después de fallecido, con la preparación de sus Obras completas, he seguido aprendiendo de él y lo sigo haciendo, pues todavía nos queda una docena de libros por sacar. Por suerte, también he heredado muchísimas de sus amistades, muchas de ellas del gremio de los historiadores, por lo que, no lo voy a negar, hacerme yo un hueco en este mundo me ha resultado mucho más fácil.

¿Qué recuerdos más tempranos tiene en cuanto al trabajo de su padre?  ¿Despertaron su vocación o marcaron el camino que usted siguió?

Yo soy hijo único, y me tocaba ir con mis padres a todas partes. Formaban parte de mi cotidianeidad infantil las exhumaciones de fusilados del 36 o el trabajo de campo etnográfico, por no decir las fotocopias de documentos antiguos que mi aita podía tener desplegados por su mesa. Supongo que todo eso caló en mí. Durante mi adolescencia a mí me gustaba la Historia, pero tampoco me veía como historiador, quizás por esa edad rebelde en la que uno no quiere distanciarse de sus progenitores. Yo, más allá de creerme en aquellos años anarquista, no sabía muy bien hacia dónde iba a encaminar mi vida. Y cuando llegó el momento de escoger un camino, fue cuando afloró en mí esa vocación oculta, y, la verdad, acerté de lleno. Primero estudié la carrera de Historia, en la que los consejos de mi aita siempre fueron determinantes, y luego la de Derecho.

Su madre también fue un apoyo importante para Jimeno Jurío, trabajó a menudo con él… ¿Hay una parte de esta medalla de oro también para ella?

Qué duda cabe. Mi aita y ella se llevaban catorce años. Coincidió, además, que mi aita, que trabajaba de bibliotecario para la Caja de Ahorros Municipal, fue un pionero en las prejubilaciones de las cajas, en 1983. Tenía una edad fabulosa para seguir investigando, por lo que él era el que estaba entre casa y los archivos, y mi ama trabajando, trayendo la parte importante del jornal a casa. Pero también le echaba una mano en sus cosas, si era necesario, y, por supuesto, los fines de semana le solía acompañar a realizar entrevistas etnográficas o lo que fuera menester.

El método de trabajo de su padre estaba muy ligado al trabajo de campo, el contacto con la gente, escuchar a todos por igual, prestar atención a las pequeñas cosas… Algo que corre el riesgo de caer en desuso en una sociedad tan tecnológica y especializada como la actual.

Para el trabajo de campo, ya sea para la recogida de datos etnográficos, para los testimonios toponímicos o incluso para la recuperación de la memoria histórica, hace falta tener una sensibilidad especial, una empatía con tus entrevistados, un cariño inmenso hacia lo que haces, y un conocimiento profundo de lo que investigas.

Se destaca también en ese sentido, con respecto a ese modo de trabajar de José María Jimeno Jurío, su carácter afable y humilde, capaz de abrirle muchas puertas…

Son, en efecto, dos de los rasgos que caracterizaban su personalidad y que, en efecto, le abrían muchas puertas. Quizás por eso mi aita conectaba con todo el mundo desde el primer momento. Provenía de una familia de agricultores de Artajona, profundamente tradicionalista, y conocía muy bien la idiosincrasia de la Navarra rural, que era la suya. Igual le daba hablar con un pastor, con un cura viejo que con la persona más insigne. De todos aprendía y con todos conectaba bien, con cada cual en su registro, pero siempre desde ese carácter afable y humilde.

Jimeno Jurío, además, abarcó muchos campos (toponimia, folklore, memoria histórica, euskera…), y se convirtió en un referente en muchos de ellos, todo ello sin tener títulos universitarios (se le vetó, por ejemplo,  el acceso a la Universidad de Navarra)…

Mi padre estudió Magisterio y fue maestro de primera enseñanza. Luego fue al Seminario y durante los años en los que estuvo de sacerdote, compaginó su labor pastoral con la docencia, ya fuera en el Puy de Estella, en el Instituto Laboral de Alsasua, donde fue jefe de estudios… en aquella época se matriculó en primero de Historia de la Universidad de Navarra y sacó, con buenas notas, varias de las asignaturas en las que se matriculó. Luego se hizo cura rojo, se secularizó, e intentó retomar sus estudios en ese centro, cuando ya había publicado varios libros y decenas de artículos. Entonces le pusieron el veto, so pretexto de que no tenía perfil de historiador. Aquello fue un escándalo que tuvo su reflejo en la prensa. Mi padre se quedó con la pena de no haber podido tener la carrera, pero, francamente, yo solo puedo decir que he aprendido más Historia de mi aita que en la propia carrera de Historia.

En el campo de la memoria histórica José María Jimeno Jurío abrió el camino en Navarra, aunque tuvo que enfrentarse también a muchas dificultades, amenazas, y dificultades… ¿Qué le debemos en ese apartado?

En lo que hoy denominamos memoria histórica mi aita fue el auténtico pionero, ya no solo en Euskal Herria, sino en todo el Estado. Comenzó con sus investigaciones en 1974, todavía en el franquismo, y desde luego en la clandestinidad más absoluta. Su objetivo en aquel momento fue realizar un listado identificando a los fusilados navarros a raíz del golpe de 1936, que fue completando con trabajos de mayor calado. Con los años fue rellenando miles de fichas, que convergieron finalmente en el proyecto de Altaffaylla. Actualmente esas fichas se han digitalizado por el Fondo documental UPNA-Parlamento de Navarra, y en los dos últimos años han servido como apoyatura documental para la exhumación, al menos, de una docena de cuerpos.

Y en lo que se refiere al euskera debía de ser una imagen impagable verlo a él, a Pablo Antoñana y a Jorge Cortés Izal  recibiendo clases, ya mayores,  de Asisko Urmeneta.

Aquellas clases de euskera eran increíbles. Y doy fe que, aunque Asisko lucía en aquel entonces ligera cresta y se evadían hablando de todo lo divino –para criticarlo, claro– y de todo lo humano, había un hueco para el euskera. En varias ocasiones me veía yo ayudando a mi padre con las etxerako-lanak del nor-nori-nork y demás con las que venía a casa. Aquel cuarteto de maestro y discípulos fueron, incluso, a un programa navideño de la ETB, a cantar con Oskorri. Nos organizaron un microbús y allá fuimos todas las familias. Fue una experiencia inolvidable.

Esta medalla de oro es importante, pero sin duda el mejor homenaje para su padre supongo que es la edición de sus Obras Completas (que además usted mismo dirige) y que lo será ahora y siempre leerlo…

Siempre digo que el mayor homenaje que se le ha tributado a mi padre ha sido este proyecto, del que ya hemos sacado 50 volúmenes y acabarán siendo alrededor de 65. Supone la reedición de todas sus publicaciones, pero también la publicación de infinidad de trabajos que dejó sin publicar, algunos tan importantes como la monografía de la represión del 36 en Sartaguda, el pueblo de las viudas. Ha sido un proyecto titánico, que ha podido ser una realidad gracias a la editorial Pamiela, que ha contado con la colaboración de Udalbide y Euskara Kultur Elkargoa.

Publicado en Gara 3/12/15

 

 

‘EL BOTÍN’ DE MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ EN GARA

sep 15, 2015   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

miguel

“Detrás de este libro hay mucho dolor, y no es fácil permanecer al margen de él”
Miguel Sánchez-Ostiz. Escritor.

En El Botín, la esperada continuación de El escarmiento, el escritor navarro consigue retratar el clima de arbitrariedad, crueldad y rapiña que establecieron los vencedores tras el golpe militar de 1936. Un saqueo, económico e histórico, cuya sombra se ha alargado hasta nuestros días.

Patxi Irurzun. Iruñea
Publicado en Gara (15/09/2015)

Miguel Sánchez-Ostiz presentó el pasado viernes 11 de septiembre su última obra, El Botín, la continuación de El Escarmiento, “una obra magna, y una valiosísima aportación para avanzar en el conocimiento y en la socialización del mismo y para hacer conocer lo que realmente pasó y divulgarlo”, tal y como señaló el historiador Josu Chueca, quien acompañó al escritor en el Koldo Mitxelena Kulturenea de Donostia, donde tuvo lugar el acto.

La elección de Donostia no fue casual. “La idea de El Escarmiento surgió en esta ciudad, en el despacho de un escritor al que yo admiro mucho: José de Arteche”, explicó Sánchez-Ostiz. Arteche—contó a continuación el autor—  mantuvo durante el verano de 1967 un encuentro con el también escritor navarro José María Iribarren, que fue secretario del general Mola durante los primeros meses del golpe militar de 1936. Hablando de sus respectivas memorias de guerra Iribarren se lamenta de que él no puede relatar lo que realmente quisiera, porque todavía viven muchos de los hijos y los nietos de los vencedores, que son tratados además como dioses. Y en un momento dado, al referirse a Mola, Iribarren cuenta que aquel hombre, que “no pensaba más que en matar”, decía que a los vascos había que hacerles un buen escarmiento. “De ahí, de ese momento recogido por Arteche en su magnífico libro Un vasco en la postguerra surge la idea de El Escarmiento, y por tanto de El Botín que no es más que una continuación de aquel”, señaló Sánchez Ostiz.

En efecto, si en El escarmiento Sánchez-Ostiz hablaba de la feroz represión desatada en Navarra tras el golpe militar, y en La sombra del Escarmiento de cómo las consecuencias del mismo se alargaron siniestramente hasta nuestros días, El Botín detalla el saqueo económico al que fueron sometidos los vencidos. “Allí el que no robó fue porque no quiso, no porque no pudo. Tras la caída de Irún, de un Irún en llamas en el que sin embargo no se quemó todo, la carretera del Bidasoa se convirtió en un rosario de hormigas. Se robó de todo, desde las gallinas de los caseríos guipuzcoanos, que acabaron comiéndoselas los frailes capuchinos de Pamplona, hasta barcos. Todo lo que pudieron cayó en manos de una gente que, como se decía, salió bien de la guerra”, explicó el escritor navarro durante la presentación, en la que añadió que en realidad lo que haría falta para determinar qué sucedió y saber quién se benefició de ese saqueo sería un trabajo exhaustivo de investigación en los registros de la propiedad. “Yo me daría por satisfecho si con El botín hubiera conseguido dibujar un poco el clima de miedo, represión, injusticia, crueldad y arbitrariedad”.

Arbitrariedad (“Lo mismo acababas en la cuneta que en Francia con un pasaporte firmado por el jefe de la Junta de Guerra Carlista”) y chocarrería, como demuestra otros pasaje con tintes berlanguianos, pero tristemente real, que también relató el autor: el del casino clandestino que montaron los requetés en las oficinas de la Junta de Guerra Carlista de Iruñea y en el que, cuando fue descubierto por su propia policía, la preocupación no consistió en investigar de donde procedía el dinero del juego sino en saber si los participantes blasfemaban o no. Aquel dinero, con toda seguridad, procedía de las multas abusivas y de la rapiña generalizada e institucionalizada, que se cebó especialmente con las clases más desfavorecidas: campesinos, pequeños propietarios, profesionales liberales…  “Gente que con la desaparición del padre, la madre o el abuelo  se quedó radicalmente en la miseria y con la supervivencia comprometida. Eso lo urdieron con un sistema legal, hicieron legar aplastar al otro”, dijo Sánchez-Ostiz. “Hay, por ejemplo,  una cosa que no está apenas investigada: a dónde fueron a vivir los hijos y las viudas de los asesinados, a los que se echó de sus pueblos con una mano delante y otra detrás,  después de quitarles todo”.

Un saqueo que, por otra parte, no solo fue económico, sino también histórico: “Los vencedores desde el primer momento dictaron la realidad, se convirtieron en dueños de ella. Lo que la gente recibía, no solo a través de la prensa, sino también en la calle eran consignas… El bombardeo de Gernika no fue obra de los alemanes; las matanzas en Málaga y Badajoz no pasaron nunca… Y eso se trasladó hasta los años sesenta, setenta…”.

Escribir El Botín no ha sido fácil para Miguel Sánchez-Ostiz. “Detrás de este libro hay mucho dolor y no es fácil permanecer al margen de él, acabas muchas veces tocado por esa brutalidad… Estás tratando además con dramas de los que conoces los escenarios, la tierra, la gente… Contar esto desde Manhattan, o desde una buena casa en Madrid y apoyado por un gran medio de comunicación o una buena universidad está muy bien, pero cuando escribes desde Pamplona, los nombres que aparecen son los de tu familia, tus amigos, tus compañeros de colegio, tus vecinos… Y como le dijo un campesino a la rapera La Chula Potra: todavía hay mucho fuego”.

 

Entrevista a Alex Ayala, autor de “La vida de las cosas”

sep 7, 2015   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

Publicado en Gara, 07/08/2015
Foto: Patricio Crooker

0906_kul_ayala“Siempre me ha gustado llegar a las grandes historias a través de los pequeños detalles”

Alex Ayala, periodista

 

El periodista gasteiztarra-boliviano Alex Ayala, acaba de publicar La vida de las cosas, una recopilación de historias en la que los objetos —un pijama de Spiderman, una colección de latas de cerveza,  el cinturón de campeona de una cholita voladora… — revelan las increíbles vidas de la gente común.

Patxi Irurzun, Iruñea

Alex Ayala (Gasteiz, 1979) vive habitualmente en La Paz, donde trabaja como periodista para diferentes medios. En 2008 ganó el Premio Nacional de Periodismo de Bolivia y acaba de recibir la prestigiosa beca de periodismo de viajes Michael Jacobs. Fue director del dominical de La Razón de Bolivia, donde se publicaron originalmente las cincuenta historias que se compilan en La vida de las cosas. Durante este verano ha estado de vacaciones en Vitoria, con su familia boliviana, y aprovechó para presentar el libro, publicado por Libros del K.O. La vida de las cosas es un magnífico ejercicio de periodismo doméstico en el que a través de los objetos y las anécdotas de quienes los conservan, los coleccionan o los arrastran consigo en mudanzas de un continente a otro, Ayala (“uno de los cronistas más originales y agudos que hay hoy en América latina”, han dicho de él) nos habla de sentimientos universales, como el dolor, la pérdida o la supervivencia.

La vida de las cosas habla de historias cotidianas, que a menudo revelan muchas más cosas que las “grandes” historias o reportajes ¿Partió con esa premisa o surgió de modo casual?

Siempre me ha gustado llegar a las grandes historias a través de los pequeños detalles que te lo cuentan todo. Por lo tanto, no es algo casual. Y siempre he pensado que los grandes protagonistas de nuestro tiempo son aquellas personas sencillas con las que podemos identificarnos, y no los políticos, los artistas o los futbolistas.

Y son sus objetos los que le dan las claves para contar sus vidas… ¿Por qué nos aferramos a veces con tanta fuerza a algunas cosas u objetos?

Durante la etapa de investigación, los objetos fueron una excusa para conocer gente. Y creo que nos aferramos a ellos porque son custodios de nuestra memoria, una parte importante de nuestra biografía. Los objetos nos ayudan a recordar.

En una de las historias, El cuarto oscuro, uno de los protagonistas dice además que las cosas tienen a menudo muchos significados…

Los objetos pueden contarnos muchísimas cosas. A través de una cartera extraviada y luego recuperada podemos hablar de los objetos perdidos. A través de algo tan sencillo como un llamador de pájaros podemos conocer la infancia de alguien, sus orígenes. A través de unas simples estampitas de santos podemos conocer el poder de la devoción en ciertas familias. Y no siempre los objetos son lo que parecer ser a primera vista.

Es algo que además se ve en sus textos, y en la forma en que los estructura, una primera parte en la que cuenta la historia particular de un objeto y otra en la que eleva la historia a otro escalón…

Sí, no me quería quedar en la anécdota. Quería que los objetos me sirvieran para hablar de temas más grandes y universales, como el duelo, la supervivencia, las creencias, la itinerancia, el apego, etc.

Y aunque son historias en las que usted como narrador no intenta molestar ni despistarnos, también aparece, en una de ellas,  como una pequeña perla y casi sin querer, una historia personal muy emotiva…
Mis padres murieron más o menos jóvenes. Ambos de cáncer. Y en su momento me quedé con varios objetos que hacen que me sienta más cerca de ellos. Algunos de esos objetos que me unen a mi historia familiar los menciono en ese texto.

Volviendo a lo de antes, no es frecuente en la prensa escrita encontrarse con historias de gente común.

Es una pena y creo que vamos por muy mal camino. Si queremos ganarnos a la gente como periodistas, deberíamos empezar a hablar de la gente. Quizás así no perderíamos a tantos lectores. Entre otras cosas, la gente está dejando de leer medios escritos porque somos predecibles y aburridos.

Y aún es menos frecuente encontrar historias bien contadas, que cuiden el estilo, o que, como en su caso, sean capaces de contar tanto en tan poco, a veces en una sola frase, o con una anécdota aparentemente sin importancia. ¿ Cuál es su sistema de trabajo?

Soy bien instintivo. Leer me parece la base de todo, el principio. Luego me dejó guiar por lo que me sorprende o me llama la atención. Y finalmente trato de captar el interés del lector desconocido al que nunca veré la cara. Por otro lado, trabajo casi siempre con libreta y suelo intentar tener siempre los ojos bien abiertos.

En qué anda metido ahora, en qué va a emplear la beca Michael Jacobs para periodismo de viajes.

Bueno, la beca Michael Jacobs es para escribir un libro de no ficción y en eso estoy trabajando ahora. En el libro hablaré sobre la muerte a través de 23 historias, 12 largas y 11 cortas. Por otro lado, como freelance escribo perfiles y crónicas habitualmente para medios de América Latina. Y con eso seguiré.

ENTREVISTA A ANDONI URZELAI CON SU “DEMENCIA” PARA GARA

ago 17, 2015   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

ANDONI

“¿Cómo aceptar que nos moriremos el día menos pensado? Es difícil de digerir”

Andoni Urzelai, escritor

El escritor, director y realizador de televisión Andoni Urzelai publica Demencia, su primera novela en castellano, en la que narra el viaje interior hacia la locura de un hombre mediocre y vencido que se enrola en un despiadado reality show en el que tendrá que asomarse a los abismos que lo habitan.

Patxi Irurzun, Iruñea

Andoni Urzelai (Aretxabaleta, 1967), plantea en su primera novela en castellano, tras otras dos en euskara, Zirkulua y Haginkadaka, la historia de un anodino personaje que participa en un reality show extremo y que lo revela como un personaje al límite. En Demencia (publicada por la editorial canaria Baile del Sol) los diferentes participantes y la personalidad múltiple del protagonista, Agapito Rumiante, alias Smirnoff se someten a un desguace emocional ante las cámaras. Andoni ha trabajado detrás de ellas, como realizador y director, en programas como ‘Bricomanía’ o ‘Karlos Argiñano en tu cocina’. Con Demencia firma una novela de corte existencialista, con toques de humor disparatado y escatológico e intensas páginas de vapuleo social.

Demencia, el título de su novela,  podría aplicarse también para calificar el mundo que vivimos ¿Hay algo de metáfora en el libro?

Supongo que sí. No hay duda de que en esta sociedad embrutecida quien no acaba un poco tocado es o bien porque es tan superficial que no lo necesita, o bien porque ya viene desencajado de fábrica… En fin, no sé. Es difícil hallarle alguna lógica a la vida en sí. Quiero decir, ¿cómo aceptar que nos moriremos el día menos pensado? Es difícil de digerir esa realidad tan bruta… En la novela, más que una radiografía más o menos acertada de la sociedad lo que pretendo es mostrar la angustia vital del individuo en sí, en este caso el protagonista, habitado a su vez por otras tantas personalidades… El protagonista trata de luchar de manera despiadada contra la enfermiza razón que lo esclaviza (simbolizada en la figura paternal de Mengele)  y guiarse tan solo por sus intuiciones más primarias. De cualquier manera, supongo que el libro podría tener múltiples lecturas, puesto que también trato de reivindicar una vida menos encorsetada y rígida que la actual…

-Al final de la novela, habla precisamente de lo contradictorio de las redes sociales, Internet… en las que estamos más expuestos que nunca y a la vez más aislados del contacto humano. ¿Las relaciones humanas son hoy como esa caja de cristal en la que viven sus protagonistas?

No soy apocalíptico en lo que se refiere al mundo digital y los nuevos paradigmas de relaciones humanas que éstas han originado. Sin embargo, soy de los que considera que hay andarse con ojo con toda esta maraña de información y relaciones que han abierto Internet y las redes sociales, a poco que uno se descuide corre el riesgo de convertirse en un ser asocial. De cualquier manera, no creo que el individuo moderno esté más confuso que el de hace unos años. Vivimos igual de desconcertados que antes, al fin y al cabo, es la existencia misma la que nos resulta incomprensible.

A pesar de ser una novela, Demencia tiene también algo de ensayo existencialista sobre nuestro modo de vida, ese tipo de relaciones… ¿Ha usado a sus personajes para exponer ideas, reflexiones, y, puesto que son personajes al límite, para hacerlo además de un modo radical?

 Imagino que en todo libro el autor trata de trasladar ideas y conceptos propios. Yo, por lo menos, lo hago. No sé escribir de otra manera. Imagino que hay bastante de mí en cada uno de los personajes.

-El personaje de Agapito/Smirnoff tiene mucha fuerza, ha pensado en recuperarlo para nuevas historias?

 La fuerza del personaje Smirnoff se acrecienta o empequeñece en función del estado de ánimo de los yos que lo habitan. No sé si volveré a utilizarlo alguna vez, quién sabe, por ahora sigue recluido en el pabellón número seis.

-Esta es su primera novela en castellano,  ¿cómo ha sido ese tránsito desde el euskara?

 En efecto, he escrito dos novelas en euskara y esta es mi primera en castellano. Lo cierto es que me ha salido de manera natural. Lo que comenzó siendo una especie de juego intelectual se convirtió de pronto en algo normal. No sé, tanto el euskara como el castellano coexisten en mí de manera natural. Leo y hablo ambos idiomas, de manera que no me ha supuesto ningún problema escribir en castellano.

-¿Qué ha tenido que ver su experiencia en televisión para describir el experimento televisivo que se escenifica en Demencia?

Trabajo en televisión e imagino que uno siempre escribe tomando como referencia aquello que le es más familiar. De cualquier manera el hecho de que la novela esté contextualizada en el ámbito televisivo es algo muy casual. Intuyo que, de tenerla, la influencia televisiva se entrevé más en la manera de contar las cosas.

 

http://www.naiz.eus/eu/hemeroteca/gara/editions/2015-08-14/hemeroteca_articles/como-aceptar-que-nos-moriremos-el-dia-menos-pensado-es-dificil-de-digerir

 

 

 

ENTREVISTA A KIKE SUÁREZ PARA GARA

ago 7, 2015   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

“Quizás sea un náufrago, pero es que la cordura de la tierra me espanta”

Kike Suárez, cantante y escritor

Kike Suárez y La Desbandada presentan su nuevo disco, “Sueño a la vista”, en una minigira por Iruñea, Irun y Errenteria, los días 6, 7 y 8 de agosto. El artista madrileño y su inconfundible voz diseñada para contar historias vuelven a casa, el escenario, tras un viaje familiar alrededor del mundo.

Patxi Irurzun. Iruñea

Kike Suárez, el artista antes conocido como Kike Babas (King Putreak, The Vientre, Huevos Canos…) ha vuelto a casa, después de dar la vuelta al mundo acompañado de su compañera y sus dos hijos, demostrando que para una aventura de ese calado no hace falta ser millonario, excepto en amigos y curiosidad.  Antes de partir, guardó en el frigorífico de los sueños, que en su caso nunca deja que se quede vacío, un puñado de canciones. Son las que componen el último disco que ha publicado junto con La Desbandada, “Sueño a la vista”, y en las que la caverna en la voz de Kike se nos muestra de nuevo profunda, llena de recovecos y grietas en los que crecen historias de barrio, carcelarias o hermosas baladas a la paternidad, narradas todas ellas con el inconfundible sello de su banda a ritmo de rock, rumba, tango… El de Hortaleza presentará en los próximos días “Sueño a la vista” en una minigira por Euskalherria a cuyo fin promete llevarse en la boca un regusto a sangre.

¿Qué le lleva a lanzarse a dar la vuelta al mundo y de ese modo: con la familia y, supongo, poco dinero?

Se dio el momento y además la posibilidad de endeudarme. Me fui un año con los dos peques y la madre: una inmejorable fotografía de familia, luego los polluelos crecen o las parejas se separan, así que capturamos el instante, nos dimos el regalo.

¿Y qué se trajo de ese viaje?

Del viaje me traje un cuento que acaba de editarse “Housito y la vuelta al mundo en familia”, ilustrado por Ramone, que cuenta la superación de miedos de mi hijo menor a lo largo de un trayecto que circunvala el globo. También me traje una fuerte sensación de que el capitalismo no es el camino para una coherente convivencia humana, antes bien… aunque de eso algo ya intuía.

-¿Hay algo de ese viaje en el disco nuevo, “Sueño a la vista”?

Las canciones que hice por el mundo irán al próximo trabajo. Mi nuevo “Sueño a la vista” lo dejé grabado a falta de mezclar y masterizar. El año fuera me vino bien para alejarme del disco, tomar perspectiva y retomar a la vuelta, al disco le ha sentado bien.

-¿Las canciones, dice, son para usted sueños, ¿qué ha soñado esta vez, con este disco?

Tengo sueños recurrentes: en el barrio, por aquello del exceso químico, hubo épocas que nos dimos ‘mala vida’ y la falta de libertad o de cordura es una constante onírica que viene de ahí, yo no invento personajes. Al latir del corazón también le saco estrofas: amor-desamor, ausencias, paternidad. Y siempre está el pellizco social, es algo inherente a mi personaje, por ejemplo “Vis a Vis”, cuya música es de Leiva, que la hizo con enorme sensibilidad.

-“Sueño a la vista”. ¿La música, las canciones, son para usted una forma de evitar el naufragio, de poder llegar a tierra, poder pisar sobre ella sin volverse loco?

Para mi desarrollar la creatividad -musicando o escribiendo- hace que el mundo tenga sentido. Quizás sea un náufrago que camina sobre las aguas, pero es que la cordura de la tierra me espanta.

-¿Cómo es, por cierto, el proceso creativo con La Desbandada, ese tránsito desde la almohada, donde dice que sueña las canciones, hasta el local de ensayo?

No sé tocar ningún instrumento, desconozco las notas. Las canciones se me quedan en la cabeza, las canto al aire con estructura. Si alguna se olvida es que no valía. Actualmente las que se quedan se las canto primero a mis hijos, que son los que opinan si el tema merece, y después a La Desbandada, que hacen de aquello una canción de verdad.

-¿Y qué tipo de conciertos o de formato van a ofrecer en esta minigira por Euskal Herria?

Nuestra cita primera es el jueves en El Caballo Blanco, de Iruñea, nos presentamos terriblemente ilusionados y con la banda al completo (menos Esther la vocalista de baja por maternidad); hay una relación de cariño y respeto mutuo con Alfredo & co… Como diría El Drogas: “A gusto”. El viernes en trío acústico de voz, acordeón y bajo -¿curioso, no?- haremos el Onki Xin, tambén en Iruñea, y con esa misma formación el sábado haremos doblete en Errenteria (Zuketz) e Irun (Kabigorri). Lo suyo será llegar al final de la minigira con un cierto regusto a sangre en la boca… ¡de bien cantao!

 

Publicado en Gara (07/08/2015)

 

 

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