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Archive from julio, 2026

VERANOS CALIENTES: SANFERMINES DEL 78

Jul 26, 2026   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
Detalle de la portada de la revista '¡Viva San Fermín!'. / Cedida


El día que, en los sanfermines de 1978, la Policía Nacional irrumpió armada -y haciendo uso de la fuerza- en la plaza de toros de Pamplona al final de la corrida, aquel 8 de julio fatídico en que una bala disparada por un miembro de este mismo cuerpo asesinaba en las inmediaciones del coso pamplonés a Germán Rodríguez, un grupo de dibujantes navarros se habían citado a la hora de la salida de las peñas para vender una revista titulada “¡Viva San Fermín!” en la que el argumento de una de las historietas era que la policía irrumpía armada -y haciendo uso de la fuerza- en la plaza de toros de Pamplona.

Distopía sanferminera

Ernesto Murillo “Simonides” fue el dibujante pitoniso, si bien el murchantino resta importancia a sus dotes adivinatorias, alegando que situaciones de ese tipo -cargas y detenciones policiales indiscriminadas, asaltos y palizas en bares a cargo de cuerpos parapoliciales o guerrilleros de Cristo Rey, etc.- eran por entonces el pan nuestro de cada día. De hecho, en “Viva San Fermín”, revista en la que participaron, entre otros, los pintores Joaquín Resano, Alicia y Pedro Osés, los escritores Ramón Irigoyen y Javier Mina o el músico y productor Marino Goñi, apareció otra colaboración, un relato futurista firmado por F. de Fran, en el que los antidisturbios -o los provocadisturbios, como son llamados- cargan contra la población en los días previos a las fiestas.

También la historieta de Murillo recurre a la ciencia ficción, en una delirante distopía en la que una Iruña poblada por alienígenas obligados a defecar de manera industrial se rebelan y acaban devorando a los “carcamales”, una especie de reses androides que han sustituido a los toros en los encierros. Como respuesta, la autoridad decide prohibir estos, lo cual desata, por una parte, una revuelta popular, y, por otra, el asalto de las Fuerzas de Orden Público a la plaza de toros, durante una de las corridas de feria, temiendo que la famélica multitud vuelva a hincar el diente a los carcamales lidiados esa tarde.

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Cubos de sangría llenos de piedras

La catástrofe, en definitiva, se mascaba en el aire. “Aquel 8 de julio -recuerda Simonides- merendamos en la Rotxa. Necesitábamos cargarnos de energía para salir a vender nuestra flamante revista. Después de merendar, nos topamos con multitud de gente, madres con niños y ancianos, que bajaba huyendo de Pamplona. Los grises habían cargado contra las peñas en la plaza de toros, sembrando el terror. No nos extrañó. Precisamente, mientras confeccionábamos la revista en un piso alquilado de la calle Navarrería, habíamos tenido problemas para entrar y salir por culpa de la represión policial de las manifestaciones diarias pidiendo amnistía. Suspendimos la venta antes de haber comenzado. La Jesusa -la compañera del dibujante- y yo avanzamos hacia la Plaza del Castillo a ver qué pasaba. Las terrazas estaban totalmente vacías. Nos sentamos en la del Iruña, se acercó un camarero, le pedimos dos gin-tonics y allí nos quedamos. Una cadena humana cruzaba la plaza transportando piedras en los cubos de sangría. Los cargaban en el Arga, cruzaban la plaza y se internaban en Carlos III. Allí los perdíamos de vista entre una suave neblina de polvo y botes de humo. Al parecer los mozos de las peñas, repuestos de la inicial sorpresa, estaban haciendo retroceder a la policía hasta las inmediaciones del Gobierno Civil. Oímos un gran estruendo producido por la gente que golpeaba al unísono las persianas metálicas de los comercios, además de disparos y gritos. Por las ventanas bajas de la Diputación salían llamas y humo. La gente que estaba en el Gayarre viendo el cabaret no pudo abandonarlo hasta el día siguiente”.

Una noche en el Toki Leza

El pintor Pedro Osés, por su parte, refiere una situación similar, un grupo de gente atrapado durante toda la noche, en este caso en el bar Toki Leza de la calle Calderería. Osés no iba a participar en el reparto de la revista, pues su compañera trabajaba esa tarde en dicho bar y él se fue con la hija de ambos, de tres años, al parque de la Taconera. “No supe nada de los del grupo ni de lo que estaba pasando en el centro y a última hora volví a casa. Al amanecer llegó Carmen y me contó que un grupo de gente se quedaron encerrados en el bar por la bronca que se había liado en lo viejo. Estuvieron horas tumbados en el suelo, en silencio y a oscuras porque la policía estuvo patrullando por allá, hostigando y con ganas de machacar a alguien. Así que si tengo alguna imagen es la del interior del bar a oscuras y unas siluetas policiales pasando por delante de la puerta”.

Detalle del cómic de Simonides.

Libros y documentales

“Viva San Fermín” sería finalmente distribuida con gran acogida durante aquel verano caliente del 78 en otros acontecimientos festivos como el Festival de Jazz de Donostia o los memorables y familiares sanfermines txikitos de finales de septiembre. Simonides, por su parte, publicaría tiempo después otro cómic titulado “Preludio de los sanfermines 78” en el que retrataba el clima social que se vivía en la ciudad durante los días previos a aquel fatídico 8 de julio. Y los sanfermines del 78 serían igualmente reflejados en documentales como “Sanfermines 78”, de Juan Gautier y José Ángel Jiménez, o libros como el diario “1978”, de Vicente Huici Urmeneta (quien fue, además, compañero de pupitre de Germán Rodríguez), la exhaustiva novela de Juan Retana “22 de septiembre, San Fermín”, o la crónica “¡No os importe matar!” de Sabino Cuadra, a la cual da título una de las frases recogidas por la frecuencia de radio de la policía aquel 8 de julio, y a la que se sumaron otras perlas dialécticas como la infame “Al fin y al cabo lo nuestro serán errores, pero lo otro son crímenes”, de Rodolfo Martín Villa, por entonces ministro de Interior, y en consecuencia uno de los máximos responsables de lo acontecido, sin que hasta el momento nadie haya pagado por ello o se hayan desclasificado los documentos oficiales referidos a aquellos funestos sanfermines de 1978.

HUMO EN EL AGUA

Jul 26, 2026   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
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Publicado en «Rubio de bote», colaboración quincenal para magazine ON (diarios Grupo Noticias) 18 de julio de 2026

Ian Gillan, el vocalista de Deep Purple, fue también Jesucristo Superstar, la famosa ópera rock, que posteriormente Camilo Sesto adaptaría en una visceral y estremecedora versión en castellano.

El grupo británico ofreció un concierto en Pamplona el pasado 5 de julio, víspera de las vísperas de San Fermín, y, ciertamente se diría que sobre el escenario el cantante británico todavía consigue que su prodigiosa voz camine sobre el agua -el milagro se obra también en las facultades del resto de miembros del grupo, todos ellos igualmente históricos del rock-.

Deep Purple se fundó en 1968 y desde entonces han ofrecido miles de conciertos, han vendido millones de discos e incontables aprendices de guitarrista se han iniciado en el rock trasteando los famosos acordes de Smoke on the water (yo mismo, que estoy tan dotado para la música como Donald Trump para la diplomacia, soy capaz de perpetrarlos).

Gillan tiene ya 80 años y lógicamente se movía con cautela por el escenario, reservando los alardes físicos para los gorgoritos de su voz superdotada. Y entre el público abundaban los espectadores de la misma quinta que el cantante. Mi localidad en la grada estaba justo al inicio de una escalera, por la que vi bajar a varios de ellos con las rodillas hechas puré, todo ello mientras me preguntaba si la banda interpretaría uno de sus clásicos, Child in time. La leyenda cuenta que durante la grabación del famoso disco Made in Japan, a mitad de esta hipnótica canción, un espectador, tras alcanzar el nirvana, decidió quitarse la vida con un disparo que quedó registrado en la grabación. En realidad, parece ser que la detonación obedeció a algún tipo de accidente o error en el sonido; de hecho, en el concierto de Osaka no apareció ningún cadáver, algo que, sin embargo, podía haber sucedido perfectamente en el Navarra Arena, a juzgar por las dificultades de los jevis de la tercera edad para descender los peldaños. Tal vez para evitar desgracias, el grupo no interpretó finalmente Child in time.

Fuera bromas (macabras), hace dos semanas hablábamos en esta misma página de la capacidad que tiene la cultura para hacernos sobrevivir, algo que corrobora la admirable vitalidad y pasión de personas como Gillan, o como muchos de quienes fueron a verle, a quienes la música, el rock, en este caso, todavía consigue transmitirles la energía necesaria para levantar una mano cornuda frente al rostro de la muerte.

Por último, cabe señalar que, en el concierto de Pamplona, el teclista de Deep Purple, el legendario Don Airey, interpretó la notas del “Uno de enero, dos de febrero…siete de julio, San Fermín”. Un dato que, sin duda, debe constar en los anales (con perdón) del rock.

DÍAS FELICES EN EL INFIERNO

Jul 26, 2026   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
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Publicado en «Rubio de bote», 4 de julio de 2026

En el campo de concentración francés de Gurs, donde fueron internados miles de vascos que huían del franquismo, en varios de los islotes en que fueron agrupados los casi cuatrocientos barracones en que se hacinaban los prisioneros, se reservaron algunos de esos barracones como espacios dedicados a representar obras de teatro, ofrecer charlas, tertulias, clases de alfabetización, acoger grupos de danzas…

Sometidos por el hambre, el frío, el calor, el barro, las enfermedades, rodeados de alambres de espino y ahogados en barro, los presos de Gurs consideraron imprescindible para su supervivencia levantar los llamados barracones de la cultura.

Más al este, en otro campo, el de Argèles-sur-Mer, en la costa mediterránea, donde las condiciones de vida eran si cabe más extremas y los presos excavaban en la arena de la playa para acurrucarse en hoyos que los protegieran de los latigazos de la Tramontana, artistas como el navarro Gerardo Lizarraga combatían y desafiaban a la muerte dibujando caricaturas. A Lizarraga, de hecho, sus dibujos le salvaron la vida literalmente, pues su mujer, la pintora surrealista Remedios Varó, supo de su paradero y acudió en su rescate tras ver en un cine de París un retrato suyo tomado por el fotógrafo húngaro Chiki Weisz, quien, acompañado de otro fotógrafo, el famoso Robert Capa, documentaba la vida en Gurs, y a quien le llamó la atención la imagen de uno de los presos -Lizarraga- garabateando con un lápiz en un cuaderno.

En “Días felices en el infierno”, las memorias de otro artista húngaro, el poeta György Faludy, en las que relata su internamiento en un gulag, cuenta cómo mientras otros prisioneros intentaban ahorrar energías acostándose apenas regresaban a sus barracones de realizar trabajos forzados, él y otros intelectuales menos acostumbrados al trabajo físico se reunían para leer, conversar, compartir inquietudes artísticas, y cómo, a diferencia de muchos de sus compañeros, consiguieron salir con vida del campo.

Lo recordaba el otro día el filósofo Santiago Alba Rico, en un programa de radio en el que trataba de responder a la pregunta de para qué sirve la literatura. La literatura -señalaba Alba Rico- sirve para que los flacos, los débiles, también tengan su oportunidad; para que se sientan, a través de la ficción, otros; para que se sientan fuertes. Y eso lo podemos aplicar a la cultura, en general. ¿Para qué sirve la cultura? La cultura sirve -si acaso tiene que servir para algo o esa palabra es la más pertinente- para sobrevivir. Puede que suene pomposo, pero los ejemplos anteriores creo que lo dejan más que claro.

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