• Subcribe to Our RSS Feed
Archive from noviembre, 2018

ENTREVISTA A VENDETTA. Agur, Vendetta! Kaixo, vértigo!

nov 29, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
Foto: Guillermo Urkijo

Foto: Guillermo Urkijo

 

Agur, Vendetta! ¡Kaixo, vértigo!

El próximo 28 de diciembre el grupo navarro de ska Vendetta se despide de los escenarios, tras diez años, cincos discos y canciones como Begitara begira!  que ya forman parte del repertorio sentimental de más de una generación. El concierto será en Atarrabia, en la carpa de Hatortxu Rock, un día antes que este festival comience. Las sensaciones antes de la despedida, son de intensidad y vértigo, tal y como nos cuentan Javiero Etxeberria y Luisillo Kalandraka, los dos miembros de la banda con los que hemos hablado

Patxi Irurzun. Publicado en Gara 29/11/2018

Ya falta menos. El próximo 28 de diciembre Vendetta se subirá por última vez a un escenario (el del Hatortxu Rock, pero en un concierto previo e independiente a este festival) y echará la persiana a diez años de un recorrido ascendente, que termina en su momento más dulce y álgido, como un buen tema de ská. Llevan preparando el bolo durante todo un año, en el que cada concierto de su última gira ha sido a su vez una pequeña despedida. Hace unos días hicieron una frenética y sorpresiva minigira de acústicos a lo largo de todo Euskal Herria por los diferentes puntos de ventas de entradas y ya no habrá ninguna ocasión más de verlos hasta el “Agur, Vendetta!” definitivo de Atarrabia.

“El otro día en Zamudio hicimos el último concierto antes del último concierto, nuestra despedida en Bizkaia, una de nuestras plazas fuertes, y las sensaciones fueron intensas,  porque empezamos a ser conscientes de que esto se acaba”, nos cuenta Javiero Etxeberria, cantante y guitarrista de la banda. Aunque Luisillo Kalandraka, el otro miembro de Vendetta que recibe a GARA, apostilla: “A mí se me hace raro hablar de último concierto. De hecho, este es mi segundo último concierto en Bizkaia, antes también nos despedimos con Skalariak, y en realidad sé que dentro de nada, con otros grupos,  volveremos a estar allí”.

Nuevos proyectos
Y es que los cinco músicos de Vendetta, apenas van a darse un respiro, y ya andan todos ellos con la cabeza en nuevos proyectos: por ejemplo, Javiero con Los Hollister, el grupo que ha formado con sus hermanos, la saga Etxeberria (Montxo —Tijuana in blue, Huajolotes…— y Juanlu —Enemigos íntimos, Keltiar Aldea…—) y que en breve publicarán con GOR;  o el batería Enrikko Rubiños y el trompetista Rubén Antón, que forman parte ya de Modus Operandi, banda en la que también militan varios exmiembros de Betagarri y que también tiene nuevo disco recientemente editado… “También hay gente de la banda que vamos a seguir juntos en otras historias… Pero lo que tenemos claro es que Vendetta somos los cinco, y si no estamos los cinco no es Vendetta”, dice Javiero.

La banda, de hecho,  ha acabado como empezó, siendo un grupo de amigos, que, como sucede en la vida, toman caminos diferentes, que los demás respetan. Sin más. “Igual a la gente se le hace raro, porque la mayoría de los grupos se separan a hostias, pero es que en nuestro caso es así, somos amigos y vamos a seguir siéndolo”, dice Luisillo. Un ambiente de camaradería que se refleja en el video que han lanzado en los últimos días. “Es un testimonio de estos diez años”, explica Javiero, quien también apunta que, en un futuro, si se terciara, no tendrían problemas para volver a tocar juntos en un momento puntual y para una buena causa.

Kaixo, vértigo!
Vendetta inició su recorrido en el año 2008, tras la separación de Skalariak, grupo del cual formaban parte cuatro de los músicos de la banda (Javiero, Luisillo, Enrikko y Rubén) y a los cuales se suma, a la voz y el trombón, un jovencísimo y talentoso Pello Reparaz. Comienzan tocando en bares, pero pronto empiezan a girar por otros países, como Suiza (otra de sus plazas fuertes, de la cual les apena no haberse despedido, pues allí siempre han sido muy bien acogidos) y poco a poco se convierten en una banda capaz de llenar plazas y poner las salas a reventar, con seguidores de diferentes generaciones. “Nuestros recorrido ha sido un poco como esperábamos, no hemos sido una banda de pegar de repente un pelotazo, si no que hemos ido poco a poco, currando mucho, de un modo ascendente, hasta al final poder llenar los sitios y disfrutar tocando”, resume Javiero.

“Echando la vista atrás, la sensación es la de habernos quedado súper a gusto”, señala Luisillo, por su parte, a quien le preguntamos también qué es lo que van a echar más de menos: “Quizás las giras (Vendetta han girado, prácticamente cada año, por lugares como Sudamérica, Suiza, los campamentos saharauis, Turquía…), que es cuando vives realmente la experiencia de la banda, de estar despegado de todo, de tu entorno, y haciendo lo que te gusta hacer”, responde, y añade: “Me parece que hemos dejado atrás una historia bonita, esa es la sensación que tenemos ahora. Eso y el vértigo a empezar otra vez de cero. Pero eso es bueno, es señal de que no nos vamos a quedar en casa, comiéndonos la cabeza, cuando acabe este último concierto”.

Agur, Vendetta!
Un último concierto que será el día 28 de diciembre en Atarrabia, en la carpa de Hatortxu rock. La venta de entradas va muy buen ritmo, lo que no evita que los nervios estén a flor de piel, pues el grupo se ha ocupado esta vez de todo: “Aparte de lo especial que es el concierto para nosotros, esta vez no tenemos que preocuparnos solo de tocar, hay también miles de detalles de lo que estar pendientes”. Por ejemplo, las diferentes autorizaciones para menores (Vendetta es un grupo con gran tirón entre los adolescentes), que, recuerdan,  son obligatorias y hay que bajarlas desde la web del grupo, www.lavendetta.org (no desde las del Hatortxu Rock; el concierto de Vendetta, repetimos, no forma parte de este festival, solo comparte su carpa).

En Agur, Vendetta! habrá colaboraciones de músicos y coristas que han trabajado en el estudio con Vendetta y con los que en directo resultaba imposible contar en las giras. El repertorio, para el que han recuperado canciones que habitualmente no tocaban en los conciertos, se alargará hasta las dos horas y media, por lo menos. Y habrá alguna sorpresa más que no quieren desvelar.

¿Y cuando las luces se hayan apagado, qué?, preguntamos.  “Normalidad”, contesta Javiero. Luisillo, por su parte, ha alquilado ese fin de semana una casa rural con amigos y algunos seguidores fieles de Vendetta. “Buena comida, un poco de fiesta y… seguimos adelante”, concluye, como el estribillo de una de sus canciones. Seguro que sí. Para tener vértigo primero hay que haber llegado arriba. Ellos han estado en los dos sitios, arriba y abajo, así que conocen de sobra el camino.

 

 

 

 

Entrevista a Antxon Iturriza («Cuando la montaña es un cuento»)

nov 29, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

 “Las historias que suceden en torno a las cumbres son una proyección de la sociedad”

Antxon Iturriza, escritor

En Cuando la montaña es un cuento el mendizale y periodista de montaña Antxon Iturriza ha reunido más de una veintena de relatos de ficción con las cumbres como paisaje de fondo y que, paradójicamente, convierten las narraciones en un fiel reflejo del mundo en que vivimos. Publicado por Sua, los cuentos vienen acompañados por acuarelas de Jenny Egusquiza.

Patxi Irurzun / Publicado en Gara 29/11/2018

Cuentos futuristas en los que los sherpas han sido sustituidos por robots; otros que vuelven la vista al pasado y en los que encontramos a Don Quijote batallando con gigantes que en realidad son cabras montesas… De Castil de Tierra en Las Bardenas al Everest; de las montañas de Costa de Marfil al altiplano boliviano… El donostiarra Antxon Iturriza, autor de obras como Biografía sentimental del montañismo vasco, Euskal Herria en los techos del mundo o Montañas de papel, entre otras,  ha encontrado en la ficción un refugio a la crónica pura y dura de montaña que ha escrito durante años para medios como GARA, con estas historias plenas de imaginación y narradas con un atinado pulso literario.

¿Cómo se conforma este libro, son historias que ha ido escribiendo a lo largo de los años?

El contenido del libro es una mezcla experiencias personales más o menos lejanas, disfrazados con argumentos imaginarios. Casi todas estas tramas delatan en su trasfondo unas inquietudes personales sobre las relaciones humanas, los problemas medioambientales, los desafíos que plantea el progreso,  todo ello proyectado en el escenario de la montaña.

Un escenario que usted conoce bien, pero ¿son todos lugares en los que ha tenido experiencias personales?

Suelen decir que todo relato de ficción siempre tiene un inevitable punto biográfico. En este caso es válida esta teoría literaria; buena parte de los paisajes y entornos en que están descritos en los cuentos son la evocación de imágenes que conservo en el recuerdo de mis pasos por las montañas.

En el prólogo afirma que la literatura de montaña es casi siempre testimonial, a menudo épica, pero que no se suele abordar desde el terreno de la ficción. En su caso, ¿cómo surge el impulso creador, es una válvula de escape al periodismo?

La literatura de montaña tiene una parte fundamental basada en testimonios directos y reales de sus autores. Es algo lógico e inevitable, porque se transmiten vivencias de una intensidad enorme, que tiene por sí mismas un peso argumental muy fuerte. Durante  más de treinta años he estado reflejando en la prensa o en libros estas realidades contadas de primera mano por sus propios protagonistas, porque tenían valor por sí mismas. Pero, personalmente – y a falta de experiencias excitantes propias que contar— sentía la necesidad de escapar de esa realidad tan apasionante, y al propio tiempo un tanto limitante, y dejar volar la imaginación.  La ficción está en todos los campos de la literatura y el alpinismo no puede ser una excepción.

¿La montaña propicia especialmente la evocación o la fantasía?

El encuentro con la naturaleza, en muchos casos en sus manifestaciones más extremas, es, por sí misma, una fuente de sensaciones muy potente. Desde la sutileza de escuchar el canto de un pájaro o contemplar una flor, hasta estar atrapado en medio de una tormenta, son percepciones muy distintas pero que llegan hasta lo más profundo de tu conciencia. A partir de esas vivencias tan sugerentes, cada cual tiene un campo infinito para contarlas tal como las ha vivido o, basándose en ellas, montarse en el caballo de la imaginación.

Muchos de los relatos del libro propician reflexiones sobre nuestra condición humana y el mundo en que vivimos. ¿El mundo de las cumbres funciona como un reflejo de lo que sucede bajo ellas?

El hecho de subir a las montañas, por muy altas que sean, no convierte al montañero en un ángel o un ser que trascienda de su condición humana. Las historias que suceden en torno a las cumbres son siempre una proyección de la sociedad en la que vivimos, solamente que puesta en situaciones que muchas veces pueden ser críticas y que, quizás por ello, más cercanas y reales a la verdadera realidad humana.

 

AGUR, CÓRDOBA

nov 19, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments
20180827_204526
Publicado en «Rubio de bote», colaboración quincenal para el magazine ON de los diarios de Grupo Noticias (17/11/2018)

 

¿Quién me iba a decir a mí, por muy rubio de bote que sea, que un día acabaría escribiendo sobre coches? A mí, que en lugar de por marcas y modelos los distingo por colores. A mí, que aborrezco conducir —aunque tenga que hacerlo todos los días—. A mí, que me saqué el carnet ya siendo MILF y solo para poder volver a escuchar música y cantarla a pleno pulmón (no hay nada mejor que cantar mientras conduces, no sé cómo todavía nadie, ni siquiera Tom Waits, ha grabado un disco en un coche). A mí, en fin, que cuando voy a un taller me siento como un pulpo en un garaje (perdón por el tópico, pero aquí no me negarán que está bien traído)…

Hace dos meses jubilé mi SEAT Córdoba, veinte años y cuatrocientos mil kilómetros después. El pobre ya no aguantaba más: era incapaz de controlar los esfínteres y me dejaba el suelo perdido de manchas de gasoil (cada vez que aparcaba tenía que poner antes un trapo o una bandera en el suelo); la artritis se extendía por todo su cuerpo (debía bajarme en los peajes a pagar porque el elevalunas había dejado de funcionar); se olvidaba cosas por el camino (una vez salieron volando los limpiaparabrisas)… Eso sí, nunca se volvió loco, como mi primer buga, con el que tenía que dar las luces para poner la radio, colocarme unas botas viejas cada vez que entraba en él porque los pedales me escupían minilapos de aceite en los pies, o poner la radio para dar las luces. No, mi SEAT Córdoba  fue toda su vida un coche cuerdo, educado, discreto y gris, y cuando  me dejó tirado siempre lo hizo en el garaje de casa, o en un lugar en el que pudiera aparcar sin molestar a nadie ni ponérselo difícil a la grúa.

Aunque eso pasó pocas veces. Recuerdo emocionado cómo al final de cada viaje le daba unas palmaditas de agradecimiento sobre el salpicadero, como si fuera un ser vivo, un caballo, 98 caballos. Mi viejo SEAT Córdoba me llevó desde las puertas del bar Los Pepes en el Puerto de Santa María  a La esquina del Zorro, en el Valle del Kas. Del salvaje oeste al sur, en el desierto de Tabernas, al cabezo del bandido Sanchicorrota, en  las Bardenas. Sin aire acondicionado ni GPS. Y también de la guardería al euskaltegi, de la fábrica a la oficina del INEM…

Es todo eso lo que echo de menos, no sus hierros, ni sus manguitos, ni su motor TDI, que nunca supe qué era. Los momentos que pasé dentro de él:  el tetris en el maletero cada vez que nos íbamos de vacaciones; las monedas que aparecían como un tesoro, al levantar los asientos traseros, entre pelusas y gusanitos de maíz resecos, cuando lo llevábamos a lavar —o sea,  cada seis  u ocho meses—; las novelas que imaginé, en lugar de sacarme mocos,  mientras esperaba la luz verde de los semáforos; todos los besos que me dio mi mujer cuando la recogía del trabajo; el día que nos pilló la madre de todas las granizadas y los niños lloraban atrás y yo trataba de tranquilizarlos, mientras conducía, y cuando salimos de aquel infierno de hielo les pregunté qué tal estaban y ellos no contestaban y era que se habían quedado sopas; todas las veces que cantamos  juntos Cocody Rock y Starman y por ahí viene Joselito, el de la voz de oro…

Toda una vida, en fin, que vendí después por cien miserable euros en un taller con fotos de tías en bolas y de coches tuneados. No me lo perdonaré jamás. Tengo pesadillas en las que me cruzo  un día el Córdoba por la carretera y lo conduce a toda pastilla un tío con la gorra para atrás que va escuchando a Maluma. Eso es lo peor de todo. Y por eso me ha salido este artículo sobre coches. A mí, que tengo corazón de peatón. Para despedirte, en condiciones, viejo amigo. Agur, agur betirako, mi querido Córdoba.

 

 

 

 

 

MICKEY MOUSE CON UN DETONADOR

nov 3, 2018   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments


Publicado en Rubio de bote, colaboración quincenal en el semanario ON (diarios Grupo Noticias) 03/11/2018

 

Cuentan que Jorge Oteiza, el mismo Jorge Oteiza que esculpió los catorce apóstoles de la basílica de Arantzazu, estuvo obsesionado durante algún tiempo con la idea de bombardear con una avioneta otra basílica, la de San Pedro del Vaticano.

Me he acordado de ello estas últimas semanas en las que se han promovido iniciativas y manifiestos para volar mamotretos fascistas como el Valle de los Caídos o el Monumento a los Caídos de Pamplona.  Y me he acordado también del Mickey Mouse que durante semanas estuvo agonizando pegado al techo de este último edificio. El ratón, que en realidad era un globo, probablemente se le escapó de la mano a algún niño, supongo que espantado por este paquidérmico mausoleo, cuyo nombre original en sí mismo ya es macabro y debería convertirlo en ilegal y demolible: Monumento de Navarra a sus muertos en la cruzada.

La anécdota del pobre ratón, que murió expirando helio sin que nadie pudiera bajarlo de allá arriba, ilustra a la perfección el fin último de este templo del mal que difícilmente puede reconvertirse en nada bueno: un monumento sin otra utilidad que elevarse a la mayor gloria de los golpistas (de los de verdad, no los que los berreadores Pablo Casado y Albert Rivera quieren hacer pasar como tales y que son todos menos ellos dos y el de Vox); un túmulo infame al crimen y a la dictadura, que, por cierto, se sigue, presuntamente, ensalzando en su cripta durante las misas secretas que cada 19 de mes celebra la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz; y digo secretas porque por “revelación de secretos” ha denunciado esta asociación a los activistas culturales Clemente Bernad y Carolina Martínez, acusados de hacer algo —investigar esas misas— que en realidad debería haber hecho la policía, si no fuera porque el propio jefe de la misma en Navarra hasta hace unos días podría ser uno de los que acudieran a rezar a la cripta, a juzgar por sus tuits enalteciendo a Tejero, José Antonio Primo de Rivera o Santiago Abascal.

En el documental que Bernad y Martínez rodaron se pregunta a personas que habitualmente pasan o viven junto al Monumento a los Caídos si saben qué es este, y las repuestas son de lo más peregrinas: hay quien dice que bajo su cúpula están enterrados los reyes católicos o quien atribuye su construcción a los romanos. Se impone un ejercicio de pedagogía, por tanto, que ayude a comprender qué es realmente ese mausoleo: una loa al fascismo escrita con piedra y sangre, que incumple además la ley de memoria histórica y que por todo ello debería desaparecer.

Yo supongo que la idea de Oteiza de volar el Vaticano la imaginó más bien desde una perspectiva estética y del mismo modo creo que la demolición o voladura del monumento o del valle de los caídos podrían convertirse en grandes perfomances, por ejemplo, con dobles de Oteiza bombardeándolos con apóstoles de piedra o un Micky Mouse accionando el detonador… Se podría incluso cobrar entrada o vender los derechos de la retransmisión para sufragar los gastos. Yo, de hecho,  pagaría por ver volar esas mierdas colosales. Sería, además, algo radicalmente simbólico e higiénico: quitar de en medio las sombras que durante tantos años han arrojado sobre nosotros ciertas cúpulas y cruces, dejar después que entre el aire y que se lleve todo el polvo, que limpie toda la roña franquista que todavía hoy permanece en algunos ámbitos de la política, la justicia, las fuerzas armadas, y que se han visibilizado en los últimos días en homenajes a torturadores como Billy el niño o auténticos golpistas como Tejero, o en ese auge de la ultraderecha, a cuyas nuevas cruzadas y peregrinaciones, como la de mañana en Altsasu, solo falta que encima les mantengamos santuarios.

ga('create', 'UA-55942951-1', 'auto'); ga('send', 'pageview');