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Archive from diciembre, 2017

ENTREVISTA A LENDAKARIS MUERTOS

dic 11, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

 

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Foto: Galder Izagirre

“La premisa a la hora de formar el grupo fue, y sigue siendo, divertirse”
Aitor “Ibarretxe”, cantante de Lendakaris muertos

Vuelve el punk gamberro e ingenioso de Lendakaris muertos en su nuevo trabajo Podrán cortar la droga pero no la primavera, grabado durante su reciente gira americana el pasado verano, y que se publica, bajo sello propio, acompañado de un DVD con un concierto en directo.

Miren Lacalle. Iruñea / Gara 10/12/2017

Podrán cortar la droga pero no la primavera, el último disco de Lendakaris Muertos es, por muchos motivos, un disco lendakarísimo y desgobernado, escrito y grabado al más puro estilo Puigdemont, durante el exilio de los lendakaris en América. Como los grandes grupos internacionales han compuesto sus canciones durante la gira “pandamericana” que el grupo realizó en el verano de 2017 por Estados Unidos, México, Colombia, Argentina y Chile.  No es la única novedad: además, por primera vez graban con sello propio, “Qué mala patria”, y aunque los temas vuelven a ser los recurrentes del grupo (problema vasco, sexo, drogas…) concentrados en las habituales pilulas punk, en esta ocasión aderezan algunos de ellos con arreglos como coros, pequeños punteos… El trabajo, que comenzarán a presentar en directo el día 21 en el gaztetxe de Arrasate y el 23 en Zentral de Iruña, viene acompañado de un DVD con un concierto en directo en la sala But de Madrid.

Si lo comparamos con los anteriores, este disco es algo diferente, tiene algunas canciones largas ¡de más de dos minutos!, con coros… ¿Cómo lo están recibiendo sus seguidores?

Todavía no hemos empezado a tocar en directo, que es donde se ve realmente si las canciones funcionan: le gente abajo te pide, “Toca esta, toca aquella”. Hay canciones que a nosotros nos gustan mucho y luego ves que en directo no son las preferidas. Pero sí hemos hecho promo ya en Madrid, Barcelona, Bilbao y vemos que a la gente le ha gustado. La única pega es que algunos dicen que es muy corto, pero bueno, lo malo es que se les hubiera hecho largo… Y además hemos incluido un DVD con un directo, que grabamos la pasada primavera en Madrid y que quedó muy bien.

Otra diferencia es que grabaron el disco durante la gira que hicieron en agosto por diferentes países de América. ¿Cómo fue el proceso?

Los discos anteriores los habíamos hecho siempre igual, cogíamos fecha para el estudio, y a dos meses vista empezábamos a ensayar las canciones, con esa presión de las fechas y de saber que no podíamos retrasarnos. En este caso,  en América, teníamos dos semanas primero de conciertos y dos de grabación, habíamos cogido un estudio en Chile y otro en Argentina, y en México y Colombia también salas de ensayo. En un principio fuimos desde aquí con la idea de ir ya ensayados, pero al final no hicimos nada, y fuimos sin nada concreto, a ver qué salía. Yo, en realidad siempre tengo ideas en la cabeza, pero fuimos sin nada definido, sin canciones preparadas ni ensayadas y el disco es lo que salió allí, durante esa gira. Son diez canciones, en principio eran once pero una se nos olvidó grabarla, nos dimos cuenta en el avión de vuelta.

Era la primera vez que tocaban en países como Estados Unidos, Colombia, México… Supongo que la gira también les habrá proporcionado un montón de experiencias.

Sí, por allí la gente vive todo de otro modo, con más pasión, el rock, sobre todo en Argentina y Chile, es parecido al fútbol, la gente tiene sus grupos y defiende sus colores, lo hemos visto tanto en conciertos nuestros como en los de otros grupos que fuimos a ver. Antes de viajar hubo mucha gente que nos metió miedo, nos dijo que era peligroso, que a nosotros iría a vernos lo peor de cada casa, y para nada fue así, todo la experiencia fue muy positiva…

¿También a nivel personal, entre ustedes como grupo?

Sí, hemos estado un mes entero conviviendo, y al final cuando tienes que cocinar juntos o lavarle los calzoncillos al bajista, o al revés,  es cuando se ve cómo es una relación, y nosotros no hemos tenido ni una sola bronca ni desacuerdo. Y eso que aparte de estar en otro país, con otras costumbres, comidas, etc., teníamos la presión de los conciertos, acabar el disco… La experiencia, en definitiva, aparte de lo musical, en lo personal ha sido una pasada.

Es también la primera vez que graban con sello propio

Sí,  “Qué mala patria”, se llama. Era algo que llevábamos tiempo queriendo hacer, pero por una cosa u otra hasta ahora no se había dado, tampoco sabría explicar por qué, quizás no teníamos los medios o la información suficiente, pero aprovechando que el año pasado cambiamos de manager, y empezamos con Panda, ellos nos dan la opción de la autoproducción, que es algo que varios de sus grupos, Berri  txarrak, Gatibu, Porco Bravo, llevan haciendo tiempo, y ahí vimos que era el momento. El disco acaba de salir y aún no podemos valorar si ha sido una buena decisión o no, pero de momento estamos muy contentos.

En cuanto a las canciones y las letras se mantienen los temas lendakarianos pero quizás últimamente hay muchas alusiones a las nuevas tecnologías, en temas como Lamentablet o el ramoniano  El 4k se llevó a  mi chica

Los temas lendakarianos siempre son los mismos: el problema vasco, terrorismo, algo de sexo, drogas, temas sociales…  En los últimos discos cada vez hemos metido más temas sociales y está claro que los móviles y su influencia en nuestras vidas están ahí.  Cuando nosotros comenzamos en el grupo los móviles se usaban para llamar, enviar SMS y el uso que se hacía de las nuevas tecnologías comparado con ahora era muy limitado. Estaba el myspace, que ahí se quedó… Ahora, en cambio, está claro que todos estamos enganchados a los móviles, o más bien, de manera general a las pantallas, ya sea tele, series, tablets, teléfonos… Y eso es así allá donde vayas, tanto en países desarrollados como no… Yal final el uso que se les da por parte de algunas personas, entre las que nos incluimos, no es un uso adecuado, es como con las drogas, con la diferencia de que hay mucha gente que no se droga porque no tiene acceso a ellas, o por salud, pero en el caso de los móviles todo el mundo tiene uno, es algo mucho más extendido, lo cual es preocupante.

¿Cómo se maneja un grupo de punk clásico, que viene de una época anterior, con esas nuevas tecnologías?

Nosotros nos drogamos también, usamos las nuevas tecnologías: a un grupo como el nuestro le ayuda, tenemos muchos seguidores jóvenes para los que las redes sociales forman parte de su vida.  Pero intentamos controlar, yo por ejemplo no tengo Facebook propio pero sí del grupo.

Pero los Lendakaris ¿son realmente un grupo de punk, una parodia de un grupo de punk, una broma que algunos se toman en serio?…

No sé. Hombre, el Potxeta fue punk, en los 80, de los de verdad, con Ultimatum… Luego las cosas han ido cambiando, el punk surgió en un tiempo y una situación determinados, que ya no existen, puede haber situaciones parecidas, pero ya no es lo mismo, de alguna manera ahora estamos metidos en el sistema, llevamos una vida con algunos aspectos más o menos dentro de él, aunque otros permanezcan fuera, pero no sé qué baremos hay que utilizar para decir si alguien es punki o no… Nosotros creo que lo somos, musicalmente y en cuanto a las letras, pero no vamos arrastrándonos con una litrona por la calle, por ejemplo…

Lo que sí está claro que diferencia y define a Lendakaris muertos es el humor…

El punk nos gusta a todos, los grupos clásicos, es cierto, pero sí que notábamos esa carencia, nosotros creíamos que se podía decir lo mismo pero sin estar amargado y enfadado todo el día, gritando siempre contra la policía y el gobierno. Puedes hacer lo mismo, pero de otro modo, divirtiéndote, además. Mantenemos el fondo, pero hemos cambiado la forma, en ese sentido. Y esa fue además la premisa a la hora de hacer el grupo, y sigue siéndola: pasarlo bien.

Lo que también parece que está claro es que eso del “No future” tampoco lo cumplen ustedes, porque su intención es seguir mucho tiempo y sacando a disco por año…

Sí, de hecho en nuestros inicios era así, sacamos tres discos en tres años, y a mí es algo que a mí me gustaría mantener, siempre que tengamos canciones con calidad, claro, tampoco es sacar por sacar. Es como un reto, mantener siempre esa tensión.

 

LA POLICÍA DEL PENSAMIENTO

dic 3, 2017   //   by Patxi Irurzun Ilundain   //   Blog  //  No Comments

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Artículo publicado en magazine semanal ON (diarios Grupo Noticias) / Rubio de bote/ 2/12/17

Desde hace unos días parezco una lagartija: cada vez que salgo o entro de casa o del trabajo voy andando pegado a la pared y asomándome en la bocacalle para ver si ha venido ya la guardia civil a llevarme.

Y todo por un tuit.

Fue hace unos días, cuando falleció el fiscal general del Estado, Maza, al que sustituyó provisionalmente el fiscal Navajas. No me dirán que no inquieta un poco. Si no fuera porque el ministro de Justicia se llama Catalá, se diría que a la hora de adjudicar algunos cargos el apellido es determinante. Eso, o algo parecido, fue lo que escribí en twiter. Después, cuando escuché en las noticias que la policía iba a investigar todos los tuits sobre la muerte de Maza que pudieran constituir un delito, releí el mío una y mil veces. “No, no puede ser, aquí no hay ninguna intención ofensiva, es solo una ironía, un chiste, y ni siquiera me parece de mal gusto. Creo que hasta podría contarse en el funeral del fiscal sin que ninguno de sus familiares o allegados se molestara”, me decía para mí, pero a la vez me daba cuenta de que también era lo que iba preparando para, llegado el caso, declarar ante el juez (al tiempo que pensaba en otros detalles logísticos: ¿cómo consigue uno un abogado, quién lo paga, los retretes de la cárcel tienen puerta?…).

Hace algunos meses Kutxi Romero, el cantante de Marea, me decía en una entrevista: “El día que pongan la policía mental para detenerte por lo que piensas, que va a ser mañana, a mí va a ser al primero que se lleven. Bueno, ya te detienen por lo que piensas, pero tienes que decirlo”. Y yo entonces creía que exageraba, pero lo cierto es que hoy ya es mañana, ya está instaurada la policía del pensamiento, ya no es solo un augurio en 1984, la novela de Georges Orwell. Es decir, la guardia civil probablemente no venga a buscarme a casa o al trabajo, porque ya la tengo metida en la cabeza, decidiendo qué es lo que puedo escribir o lo que no, con qué debo de tener cuidado, qué podría considerarse, llegado el caso, un delito de odio, de ultraje, de enaltecimiento o de sedición (la lista es cada vez más larga).

Hace unos años, por ejemplo,  a uno no se le pasaba por la cabeza la idea de que expresar lo que cada cual siente cuando una persona muere pudiera convertirte en un delincuente. ¿De verdad se puede juzgar penalmente, más allá del mal o el buen gusto o del nivel ético, que alguien se alegre o desee la muerte de otra persona? Hoy parece ser que sí y quizás mañana la policía del pensamiento obligará a loar a determinados muertos, da igual que hayan sido corruptos, fascistas redomados o fans de Enrique Iglesias.

O sea, que vamos para atrás. Hace unos años yo escribía cosas por las que hoy me fusilarían al amanecer. Aunque quizás solo se tratará de que entonces no tenía miedo ni a la policía del pensamiento apuntándome desde dentro de mi cabeza. De hecho, en una ocasión una emisora de radio estuvo a punto de denunciarme por un cuento, que leyó un colaborador en antena, en la que el protagonista —un atracador de bancos— profería un “¡Vaya pedazo de cabrón!” tras oír una noticia en la que se decía que Su Majestad el Rey había abatido un macho cabrío de más de cien kilos de peso. En realidad, yo me enteré años después, cuando ese colaborador me lo contó (y también que lo habían despedido a cuenta de ese cuento, a pesar de lo que no me guardaba rencor), de modo que esa vez me ahorré muchas horas pensando argumentos para defenderme ante el juez, del tipo: “Señoría, se trata todo de un problema de comprensión lectora”, “En todo caso, a quién usted debería juzgar es al atracador de bancos, no a mí”, etcétera.

Me pregunto si hoy volvería a escribir aquel cuento. Y también si lo que me  convertiría realmente en una lagartija sería escribirlo o no hacerlo.

 

 

 

 

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